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El impacto de la sobrepesca en los ecosistemas marinos

01/12/2017
12_05_pesca La sobrepesca es una de las actividades humanas que mayor impacto causan sobre la sostenibilidad de las poblaciones acuáticas (Foto: Marina Pérez Sanz).

Actualmente muchas especies marinas están siendo explotadas por encima de su umbral de supervivencia. Alejandro López Canorea, estudiante de Biología, nos describe en este artículo algunas de las consecuencias que acarrea esta situación.

Por Alejandro López Canorea


En 2014 se ofertaron 20 kg de pescado por persona, un máximo histórico debido en gran parte al aumento de la producción acuícola. Pero la verdad es que, como consecuencia de la sobrepesca y de la introducción de especies invasoras, nuestros mares y océanos están experimentando una disminución en la abundancia relativa de especies.

El impacto humano ha sido capaz de superar el umbral de resiliencia o recuperación del sistema, produciendo una regresión ecológica que afecta a toda la red trófica y que retroalimenta los efectos. Actualmente el 31% de las poblaciones marinas de peces de importancia comercial están siendo sobreexplotadas.

La historia demuestra que el impacto de la sobrepesca sobre las poblaciones de interés comercial no depende de un único factor. Las condiciones oceanográficas, las rentabilidades de cada región, la capacidad de las embarcaciones, la de los puertos de amarre y de destino, la duración de las faenadas o la distancia hasta los caladeros y expectativas expeditivas, suelen tener un impacto mayor o menor según las circunstancias en las que dichos factores ocurran.

En concreto, las reservas de atún rojo del Atlántico norte se encuentran prácticamente agotadas como consecuencia de la tradición pesquera en aguas de Noruega, Dinamarca y Suecia. La sobreexplotación sufrida por esta especie entre los años 1900-1950 debida a la sobrepesca y la pesca deportiva en Francia, Holanda, Inglaterra o Alemania, contribuyó a la desaparición de muchas poblaciones del Mar del Norte, Mar de Noruega, Skagerrak, Kattegat y Øresund (estrechos de la península de Escandinavia con la de Jutlandia y otras islas danesas). El uso de prácticas pesqueras con dinamita o cianuro tuvieron efectos tan destructivos que serán irremplazables.

Del mismo modo, el delfín jorobado que habita aguas del Indo-Pacífico (Sousa chinensis) puede ser un buen ejemplo de cómo la sobrepesca está afectando a todos los niveles de las cadenas tróficas. Este delfín muestra una dicotomía en su biomasa y presencia en hábitats de estuarios de Taiwán, según la disponibilidad de recursos alimenticios que tenga (fitoplancton, grandes invertebrados o peces), viéndose muy reducido en regiones de alta influencia pesquera. Este patrón se está reproduciendo con las reservas de bacalao en el Mar del Norte de Europa, las cuales comienzan a mostrar indicios de colapso.

El adecuado control de la trazabilidad en estos casos, permitiría realizar un seguimiento correcto de las cuotas de pesca y estado sanitario de las capturas, sin embrago se ha detectado que algunos países como China, principal comerciante pesquero a nivel mundial, etiqueta inadecuadamente o falsea denominaciones haciendo muy complicado el control de la trazabilidad de sus productos. El  95% de los productos chinos se etiquetan con nombres genéricos (98% de los lotes de salmón y 100% de los lotes  de atún), y un 80% de los lotes de bacalao están mal trazados o falseaban denominaciones.


Pesca con palangre

El uso de determinadas técnicas de pesca está provocando que muchas especies de interés comercial estén siendo explotadas por encima de su umbral de supervivencia. Esto afecta especialmente  a grandes depredadores como el atún, que ha sufrido un descenso de hasta un 90% en abundancia, debido en gran parte al desarrollo de la pesca industrializada en el Océano Índico y al uso de técnicas de pesca dañinas como el palangre.

La proliferación de embarcaciones con inmensas líneas de palangre, ideadas para la captura de atún, pez aguja y otros teleósteos, pone en peligro a otras muchas especies, como aves y otros animales marinos que aunque no son objetivo de pesca son capturados de forma incidental.

Esto está ocurriendo en el Océano Atlántico e Índico, siendo el pez vela (Istiophorus albicans) la especie más amenazada. Le siguen el marlín negro (Istiompax indica), la aguja azul (Makaira nigricans), el atún blanco o bonito del norte (Thunnus alalunga), el pez espada (Xiphias gladius), el atún claro o de aleta amarilla (Thunnus albacares), la caballa serpiente (Gempylus serpens), y el pez luna colitruncado o mola flaca (Ranzania laevis). Salvo las dos últimas, se tratan de especies de interés comercial amenazadas por la sobrepesca.


Pesca de arrastre

Algo parecido está ocurriendo en las regiones en las que se ha empleado la pesca de arrastre de fondo. Se ha visto que estas zonas presentan un 52% menos de contenido en materia orgánica, un ciclo de renovación del carbono orgánico más lento (37%,), una menor disponibilidad de meiofauna (pequeños animales que habitan entre los granos de arena y en los fangos), menor biodiversidad (50%) y menos especies de nematodos (25%). Todo ello como consecuencia del uso de esta técnica.

La pesca de arrastre es uno de los métodos más cuestionados tanto por la comunidad científica como por los propios pescadores. Esta técnica amenaza la biodiversidad y es el mayor peligro para la Posidonia oceánica del Mar Mediterráneo. La Unión Europea prohíbe la pesca de arrastre a 50 metros de profundidad, donde se encuentran las grandes praderas de Posidonia oceánica, aun así la pesca ilegal está afectando al 30-50% de las praderas.

Se necesitarán más de 80 años para que la pradera recupere solamente un metro del espacio destruido. En las redes de arrastre quedan atrapadas especies sin diferenciar, y arrasan el fondo marino a razón de una hectárea cada 20 minutos. Los científicos han concluido que el arrastre produce una desorganización del ecosistema litoral y una disminución de la biodiversidad.


Los descartes

Los descartes son una consecuencia del uso de métodos de pesca poco selectivos. Debido al sistema de cuotas de la UE, los barcos descartan (lanzándolos por la borda) los ejemplares capturados y muertos una vez superada esta cuota. Estas prácticas poco deseables provocan que solo en el Mar del Norte se tire anualmente más de un millón de toneladas de pescado al mar.

La finalidad es mantener altos los precios, pero la realidad es que se duplica la carga de trabajo, se da muerte al doble de especímenes y se gasta más tiempo y dinero en la captura de ejemplares que nunca llegarán a puerto. Se estima que el coste del pescado descartado es de 30.000 libras por viaje y embarcación. Las embarcaciones que emplean métodos tradicionales selectivos, sin embargo, no necesitarían realizar descartes si no fuera por el sistema de cuotas.

No obstante, la UE ha actualizado recientemente la Política Pesquera Común con la finalidad de que entre 2015 y 2020 las capturas de las flotas pesqueras sean más selectivas, disminuyendo la práctica de los descartes de manera progresiva. En 2015 comenzó el fin de los descartes de jurel, caballa, sardina, anchoa y merluza. En estos casos, las capturas fuera de cuota deben ser desembarcadas, y aunque no podrán ser usadas para consumo humano sí podrán utilizarse en la fabricación de piensos, aditivos, harinas, aceites, medicinas y productos cosméticos.


Las capturas incidentales

Las capturas incidentales son aquellas que se producen de forma involuntaria o accidental. Son frecuentes en las grandes embarcaciones pesqueras ya que en ocasiones se capturan delfines u otros cetáceos en los atuneros del Atlántico nororiental. Este tipo de capturas son evitables no solo utilizando métodos de captura y redes adecuadas, sino también con la realización de estudios sobre profundidad del hábitat, región, edad de los ejemplares capturados y sexo. Las embarcaciones que emplean métodos de pesca tradicionales selectivos prácticamente no realizan capturas incidentales.

Así pues, aún cuando las medidas que se están tomando permitan que en la próxima década el aumento de las capturas, el consumo y la demanda pesquera se ralenticen, será necesario abordar investigaciones holísticas de las relaciones interespecíficas, una drástica reducción de las capturas de grandes depredadores como tiburones o atunes pelágicos, así como la creación de extensas reservas marinas.

En el sector pesquero se propone acabar con la sobrepesca, regular de manera efectiva las capturas, subvencionar la actividad pesquera para ordenar su capacidad y sostenibilidad y proteger los ecosistemas costeros y marinos. Esto requerirá la regulación de usos, la regeneración de hábitats y poblaciones, la gestión de la pesca sostenible, el apoyo a la supervisión científica y el fomento de la divulgación y la concienciación pública.

La actividad humana debe permitir la sostenibilidad de los recursos que habitan los fondos marinos (bénticos y demersales), y esto pasa necesariamente por el control de las tasas de captura y la potenciación de técnicas de pesca tradicionales o selectivas, evitando descartes y protegiendo los ecosistemas.

Es imprescindible una adecuada regulación estatal orientada al mantenimiento de los ecosistemas, que ponga límites a la actividad pesquera, evite la sobreexplotación y asegure la perdurabilidad de nuestros caladeros. De no ser así, seguramente habrá consecuencias indeseables tanto para la economía como para poblaciones humanas dependientes.

 

Alejandro López Canorea es estudiante de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Entre sus intereses destacan la ecología humana y de sistemas, la antropología física y cultural y la interacción socioecológica de ambas disciplinas.