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Los cocodrilos europeos que convivieron con los dinosaurios

08/02/2019
Reconstrucción artística de Lohuecosuchus megadontos | Javi Godoy Reconstrucción artística de Lohuecosuchus megadontos | Javi Godoy

Iván Narváez, ex alumno del título de experto de la UAM en Comunicación Pública y Divulgación de la Ciencia, nos cuenta cómo el yacimiento conquense de Lo Hueco ha revelado piezas claves para conocer la historia evolutiva de los cocodrilos actuales.

 

Por Iván Narváez

“¡Hueso!”, gritó el paleontólogo mientras hacía señales al maquinista para que detuviera la retroexcavadora. Uno de los movimientos de la pala había dado con un resto fósil. Son los primeros días de diciembre de 2007 y el frío arrecia en la pequeña localidad de Fuentes, a unos veinte kilómetros de Cuenca.

El paleontólogo se acerca para valorar el descubrimiento. Tras remover algo de la arcilla que rodea al fósil se da cuenta de que podría ser parte de un maxilar. Camina hasta la retroexcavadora y dice al maquinista: “Parece coco. Voy a ver si alguien se puede poner con ello y continuamos un poco más allá”.  

Fernando Escaso, codirector de la excavación, recuerda: “A pesar del intenso frío que dominaba el yacimiento durante los últimos días de la intervención, los técnicos paleontólogos no desfallecían en su labor de rescatar esa magnífica e ingente colección de restos fósiles que quedaban al descubierto”.

Era la etapa final de esa campaña, y el grupo –unas 30 personas, entre paleontólogos, peones de obra y maquinistas–, se esforzaba por rescatar el mayor número posible de fósiles. “Todos éramos conscientes de la magnitud del hallazgo. Lo Hueco se convertiría en un referente para la paleontología actual”, agrega el investigador.

El yacimiento había sido descubierto en mayo de ese año, durante las obras de un falso túnel del tren de alta velocidad Madrid-Valencia, en el término municipal de Fuentes (Cuenca). En cuanto la empresa encargada de la obra empezó a utilizar maquinaria pesada, afloró tal cantidad de fósiles que un mes después, en junio, se emprendió una intervención paleontológica de urgencia.

Al principio, el número de paleontólogos no llegaba a veinte, pero la magnitud de los hallazgos hizo que, para agosto, en la segunda fase de campaña, se llegara al centenar de trabajadores. Al final de las obras, en 2008, se había conseguido extraer más de ocho mil fósiles correspondientes a plantas y animales invertebrados y vertebrados. Entre una inmensa variedad de peces, tortugas, cocodrilos y lagartos, destacaban por su número los restos de dinosaurios.

Al material fósil de Lo Hueco le debemos una colección de restos craneales de cocodrilos única en Europa, tanto por el número de cráneos rescatados prácticamente completos –una docena– como por la época a la que se remontan –Cretácico Superior–, setenta millones de años atrás­. Puesto que esta época queda muy cerca del evento de extinción que acabó con los dinosaurios, Lo Hueco representa para los paleontólogos una oportunidad para desentrañar buena parte de la historia evolutiva de los cocodrilos.

 

El origen de los cocodrilos actuales

Los cocodrilos que habitan hoy el cinturón tropical del planeta representan una muestra mínima de la diversidad y dispersión que mostró este linaje durante el Mesozoico, y en la actualidad se dividen en tres grandes grupos: los aligatores y caimanes (incluidos en el grupo Alligatoroidea), los gaviales (grupo Gavialoidea), y los cocodrilos en sentido estricto (grupo Crocodyloidea).

Se considera que el antecesor común a todos estos convivió con los dinosaurios en algún momento hacia el final del Mesozoico. Sin embargo, el grupo al que pertenecen los tres linajes de cocodrilos actuales, Crocodylia, está escasamente representado en el registro fósil durante esa época de convivencia. De hecho, la mayor parte de la información que tenemos sobre sus orígenes procede de la comparación con sus parientes más cercanos.

Gracias a los hallazgos en el yacimiento de Lo Hueco, entre otras localidades europeas, se ha podido conocer recientemente que el grupo de parientes más cercano a los cocodrilos actuales habitó Europa durante el Cretácico, y que fue muy abundante en la última parte del Mesozoico, aunque no parece sobrevivir a la extinción que se produce al final de este periodo.

La información disponible sobre estos cocodrilos había sido escasa hasta hace unos años, provocando cierta incertidumbre en la interpretación de la historia y la diversidad del grupo. Ahora, el estudio de los nuevos ejemplares procedentes de Europa, está permitiendo describir y conocer mejor a estas especies, incluidas en un nuevo grupo denominado Allodaposuchidae.

 

Allodaposuchus precedens, un cocodrilo rumano del Cretácico Superior

Hasta hace unos años, muchos de los cocodrilos del Cretácico Superior hallados en el occidente de Europa se habían relacionado con la especie Allodaposuchus precedens, que habitó el territorio de la actual Rumanía durante ese periodo.

La especie fue descrita en 1928 por el barón Ferenc Nopcsa, un científico peculiar. Fue un incansable luchador por la independencia de Albania, nación para la que se llegó a postular como monarca, y fue espía durante la I Guerra Mundial. Terminaría su vida de manera tempestuosa, suicidándose luego de matar a su secretario y amante. A pesar de ello desempeñó un papel crucial en la paleontología de su época, realizando importantes avances en el conocimiento de la vida de los dinosaurios y otros reptiles del pasado. Fue él quien, a partir de material craneal recuperado en la cuenca de Hațeg (Transilvania), describió la especie Allodaposuchus precedens, que consideró como un aligatoroideo primitivo.

No fue hasta finales del siglo XX, con el descubrimiento de nuevos fósiles y la reevaluación de los ejemplares publicados por Nopcsa, cuando Allodaposuchus precedens vuelve a adquirir una importancia notable dentro de las relaciones de parentesco de Eusuchia, el grupo de los cocodrilos modernos que incluye a Crocodylia.

En 1997, Angela D. Buscalioni, investigadora de la UAM, describió junto a sus colaboradores una nueva especie de aligatoroideo basal, Musturzabalsuchus buffetauti, a partir de material hallado en el yacimiento finicretácico de Laño (Condado de Treviño, España).

Por otra parte, el equipo de Buscalioni redescribió en 2001 el material publicado por Nopcsa en 1928, considerando que otros ejemplares del Cretácico Superior de Armuña (Segovia), Vilamitjana (Lleida), Laño (Condado de Treviño) en España y Bellevue (Aude) en Francia, podrían pertenecer también a Allodaposuchus precedens.

Los investigadores atribuyeron todos estos restos a una misma especie, basándose en la presencia de un conjunto de características ampliamente extendidas entre los eusuquios basales, que aparentemente no comparten los cocodrilos actuales. En el análisis de parentesco efectuado por estos autores, Allodaposuchus precedens quedaría como la especie hermana del grupo de los cocodrilos actuales.

Posteriormente, en 2005, Jeremy E. Martin y Eric Buffetaut revisaron el material asignado a cocodrilos procedentes de la localidad de Massecaps, en Cruzy (Francia), datado como Cretácico Superior. Estos autores discutieron la pertenencia a Allodaposuchus precedens de un fragmento craneal de este yacimiento, ya que consideran que comparte con el material descrito por Buscalioni y colaboradores algunos de los caracteres primitivos que utilizaron para definir la especie.

No obstante, Martin y Buffetaut plantean dudas sobre la validez de Allodaposuchus precedens y sobre la relación de los restos franceses y españoles entre sí y con el resto de los representantes de la especie.

Tres años más tarde, Martin y Buffetaut publicaron la revisión de material clásico de la cuenca de Fuveau, en el sur de Francia, descrito en 1869 por Philippe Matheron, asignándolos a la especie Crocodilus affuvelensis. El principal problema que presentaba este material es que la mayor parte de los ejemplares descritos y figurados por Matheron habían desaparecido. Pero Martin y Buffetaut describirían un nuevo material procedente de la cuenca de Fuveau, no mencionado en la publicación de Matheron, y establecieron una nueva especie, Massaliasuchus affuvelensis, a la que consideran un aligatoroideo basal.

 

Nuevos descubrimientos: nuevas hipótesis

En 2008, un científico de la Università degli Studi de Turín, Massimo Delfino, describió junto a su equipo un nuevo cráneo completo procedente de Oarda de Jos (Rumanía), que atribuyen a Allodaposuchus precedens.

La inclusión de esta nueva forma en los análisis de parentesco daba como resultado una posición basal de Allodaposuchus precedens dentro de Eusuchia, algo congruente con la hipótesis obtenida por Buscalioni y colaboradores en 2001.

Años después, Jeremy E. Martin publica la descripción de un cráneo completo de la localidad de Fox-Amphoux (Francia), que identifica como Allodaposuchus, y permite al autor proponer una enmienda a la diagnosis del género. Martin lleva a cabo diferentes análisis de parentesco en los que obtiene una posición más derivada de Allodaposuchus, quedando situados en la base de Alligatoroidea tanto el Allodaposuchus precedens de Oarda de Jos como el Allodaposuchus de Fox-Amphoux.

A partir de entonces se sucede una cascada de publicaciones de material asignado a cocodrilos del Cretácico Superior de la Península Ibérica. En 2011, un equipo de investigadores de la Universidad de Zaragoza dirigidos por Eduardo Puértolas, publica un cráneo incompleto procedente de la localidad oscense de Arén, describiendo una nueva especie denominada Arenysuchus gascabadiolorum.

“El ejemplar tipo de Arenysuchus fue descubierto por José Manuel Gasca y Ainara Badiola en unas labores de prospección. Gasca encontró un bloque desprendido de un nivel de microconglomerado en el que se veía algo de hueso. Al no parecer importante, abrieron el bloque golpeándolo con un martillo y apareció el cráneo”, cuenta Puértolas. Los autores consideraron a Arenysuchus el representante más primitivo del grupo de los crocodílidos conocido hasta el momento en Eurasia.

Puértolas y colaboradores describieron en 2013 otro cráneo casi completo recuperado en el Pirineo de Huesca. Su estudio les permitió asignar una nueva especie: Allodaposuchus subjuniperus.

“Durante una prospección en la zona de Serraduy, encontramos de forma fortuita algunos restos fósiles en unos niveles de arenisca. Como era el último día de campaña, se taparon y protegieron hasta el año siguiente. En 2010, volvimos a la zona y tras dos o tres días de excavación, encontramos el cráneo completo. Fue una excavación complicada, en niveles muy duros y llenos de raíces, de ahí que el nombre específico haga referencia a que el cráneo se encontraba bajo un árbol”, recuerda Puértolas.

En su análisis de parentesco, los autores obtuvieron un grupo formado por esta nueva forma de Allodaposuchus ibérico, el Allodaposuchus precedens de Oarda de Jos y el ejemplar de Fox Amphoux, en la base de Eusuchia, como un grupo más primitivo que el que forman el grupo de cocodrilos actuales, Crocodylia.

En 2014, un nuevo material procedente del Pirineo catalán fue publicado por Alejandro Blanco y colaboradores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, quienes describieron una nueva especie de Allodaposuchus a partir de un esqueleto parcial procedente del yacimiento de Fumanya (Barcelona).

“El ejemplar fue descubierto durante una salida al campo con estudiantes de geología. Se excavó entre 2004 y 2008 y se depositó en un museo local dedicado a la minería, el Museo de las Minas de Cercs, hasta que lo estudiamos casi una década después de su hallazgo”, afirma Blanco.

La nueva especie, Allodaposuchus palustris, incluía material craneal y postcraneal fragmentario y posibilitaba una nueva visión del género Allodaposuchus. El mismo grupo de investigadores publicó un año más tarde la descripción de otro esqueleto parcial recuperado en la localidad de Casa Fabà, en la cuenca de Tremp (Lleida), que asignaron a otra nueva especie de Allodaposuchus, que denominaron Allodaposuchus hulki.

“El nombre hace referencia a Hulk, el superhéroe de Marvel, ya que cuando comparamos los huesos postcraneales de especies actuales y extintas con los de nuestro ejemplar, nos llamó la atención la presencia de inserciones musculares mucho más extensas y desarrolladas en este último –explica Blanco–. Al principio se iba a llamar Allodaposuchus robustus, pero terminando la última versión del manuscrito, en un día que no estaba de muy buen humor, dije algo así como me voy a acabar poniendo grande, verde y muy cabreado... y sin llegar a terminar la frase me quedé pensando y dije... como el cocodrilo. Ya teníamos nombre”.

En la hipótesis de parentesco de Blanco y colaboradores, Allodaposuchus quedaba en una posición más derivada que la que se consideraba en publicaciones precedentes. No obstante, en ese momento parecía existir consenso en pensar que gran parte del material asignado a eusuquios y recuperado en el Cretácico Superior europeo conformaría un grupo de formas relacionadas con el género Allodaposuchus. Tanto en las especies de Allodaposuchus como en otras especies descritas hasta la fecha, la escasez de material, con especies basadas mayoritariamente en ejemplares únicos de diferentes localidades, y a veces con muy poca información disponible, hacían que las relaciones de parentesco obtenidas fueran muy inestables.

 

La clave estaba en Lo Hueco

Cuando se comenzó a trabajar en la descripción del nuevo material craneal obtenido en el yacimiento de Lo Hueco, muy completo y abundante, se pensó que podría ayudar a esclarecer las relaciones entre los ejemplares descritos en el Cretácico Superior europeo. Después de haber sido estudiado por investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y de la Universidad de Iowa, se ha concluido que los cocodrilos identificados en Lo Hueco pertenecen a dos especies diferentes: Lohuecosuchus megadontos y Agaresuchus fontisensis.

Lohuecosuchus megadontos (“el cocodrilo de Lo Hueco de grandes dientes”) presentaba una relación cercana con Allodaposuchus, pero también muchas diferencias con la forma rumana. La disponibilidad de varios cráneos y mandíbulas de excelente preservación en Lo Hueco permitió no solo describir esta nueva especie, sino identificar caracteres diferenciales de los cocodrilos del suroeste europeo respecto a los rumanos y comenzar a analizar la diversidad de algunos cocodrilos previamente asignados a Allodaposuchus en España y Francia. En este sentido, se propuso que Lohuecosuchus también estaba presente en yacimientos del sur de Francia, definiéndose la especie Lohuecosuchus mechinorum para los restos procedentes de la localidad francesa de Fox-Amphoux, ya descritos por Jeremy E. Martin.

La segunda especie descrita en el yacimiento conquense es Agaresuchus fontisensis. Su nombre significa “el cocodrilo de Agares de Fuentes”, y hace referencia a la localidad de Fuentes, donde se encuentra el yacimiento de Lo Hueco, y a Agares, que en demonología (rama de la teología) es uno de los grandes duques del infierno, representado como un anciano que monta a un cocodrilo y lleva un halcón en su puño. La comparación con otros ejemplares conocidos, permitió incluir dentro del género Agaresuchus a Allodaposuchus subjuniperus, la especie definida por Puértolas y colaboradores en 2013, ya que estaba más cercanamente emparentada con la especie de Lo Hueco que con el género Allodaposuchus, pasando a denominarse Agaresuchus subjuniperus.

Agaresuchus y Lohuecosuchus han permitido identificar un nuevo grupo de estos animales, denominado Allodaposuchidae, y que contiene las formas más cercanamente emparentadas con el antecesor común de los cocodrilos que han llegado hasta nuestros días.

Dentro de este grupo se han incluido las siguientes especies españolas: Lohuecosuchus megadontos, Agaresuchus fontisensis, Agaresuchus subjuniperus, Allodaposuchus palustris, Allodaposuchus hulki, Arenysuchus gascabadiolorum y Musturzabalsuchus buffetauti; así como las especies francesas Lohuecosuchus mechinorum y Massaliasuchus affuvelensis, y la especie rumana Allodaposuchus precedens.

Los alodaposúquidos tendrían un tamaño y morfología similar a los cocodrilos actuales, pero presentarían determinados caracteres diferenciales en su anatomía craneal. El análisis de estos cocodrilos procedentes de Lo Hueco ha permitido incrementar el conocimiento sobre los alodaposúquidos y proponer la distribución de sus representantes en España, Francia y Rumanía, a la vez que nos muestra los primeros pasos de los grupos de cocodrilos que han llegado a la actualidad.

Durante el Cretácico Superior, Europa estaba constituida como un archipiélago de islas, en un ambiente subtropical donde eran abundantes los cocodrilos. Agaresuchus y Lohuecosuchus son los habitantes mejor conocidos de una gran isla formada por la mitad norte de España y el sur de Francia que se conoce como Iberoarmórica. Se ha reconocido la presencia de estos dos cocodrilos en yacimientos del pirineo oscense y del sur de Francia, así como la de otros alodaposúquidos por toda Europa.

“El estudio de los cocodrilos de Lo Hueco está ayudando a reconocer que las faunas de reptiles del oeste de Europa presentan grandes diferencias con las faunas de las islas más orientales a finales del Cretácico, algo que ya se había reconocido en algunos grupos de dinosaurios”, explica Francisco Ortega, investigador del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y coautor de las especies de cocodrilos descritas en el yacimiento conquense.

La caracterización de estas dos nuevas especies de alodaposúquidos en Lo Hueco certifica la importancia de este yacimiento conquense a la hora de abordar el estudio de los ecosistemas de finales del Cretácico, como ya ha ocurrido en el análisis de otros grupos de organismos, como las tortugas o los dinosaurios. En la actualidad, las líneas de investigación en el yacimiento continúan intentando mostrar otros aspectos del modo de vida de estos cocodrilos, así como la composición de las faunas de la isla iberoarmoricana y la estructura de sus ecosistemas a finales del Cretácico.

 

 

 

Iván Narváez es doctor en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid. Es integrante del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y trabaja en el estudio de reptiles mesozoicos. Ha participado en diferentes campañas de excavación en yacimientos de Cuenca (Lo Hueco y Las Hoyas), Guadalajara (El Atance, Poyos y Algora), Castellón (Morella), Portugal o Estados Unidos entre otros. Colabora en los blogs de divulgación paleontológica El Cuaderno de Godzillin y Koprolitos.

 

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