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TERRITORIAL: CRUZADAS, RECONQUISTA Y REPOBLACIÓN La llamada a la Cruzada de Urbano II en Clermont (1095): ¡Que vayan pues al combate contra los infieles --un combate que merece la pena emprender y que merece terminarse en una victoria-- los que se dedicaban a las guerras privadas y abusivas en perjuicio de los fieles! ¡Que sean en adelante caballeros de Cristo los que no eran más que bandidos. Que luchen ahora en buena ley contra los bárbaros los que combatían contra sus hermanos y parientes! Estas son las recompensas eternas que van a conseguir los que se hacían mercenarios por un miserable salario: trabajarán por el doble honor aquellos que se fatigaban en detrimento de su cuerpo y de su alma. Estaban aquí tristes y pobres; estarán allá alegres y ricos. Aquí eran los enemigos del Señor; allá serán sus amigos. F. DE CHARTRES, "Historia Hierosolymitana". Recoge A. Lozano y E. Mitre, "Análisis y comentarios de textos históricos", Madrid, 1979, p. 182. La Orden de Santiago:
2.- A los prelados de sancta ecclesia den honor e reverencia, a todos los fideles de Christo, monges e calonges, templeros, hospitaleros, e a los ministros del Sancto Sepulcro e a todos los de las órdenes de qual orden que quier que sean segund la providencia del maestre e segund la habundancia de la mesón les fagan aiutorio. 3.- Mas los huéspedes con toda alegría sean recibidos e denles las necessarias cosas, segund la facultad de la casa, e si de alguna orden fueren per tres dias mais ornable mientre sean tenidos que los otros freyres, e si de mandado de so maestro andidieren e en nuestra casa quisieren morar, denles las neccesarias cosas asi cuemo a los freyres de la casa. 4.- E los pobres de Christo assi como ermanos sean recibidos,
e denles las cosas necessarias segund el poder de la mesón. 14.- Tod aquel que es deffendedor cumple aquellas cosas que Dios dirá a los iustos el dia del iudizio. Houi fambre a distes me de comer, houi sed e diestes me a bever. Assí com el deffendedor libra a alguno de captividad que non sea presso, éste da a comer a fambriento, e da a bever al sediento e viste al desnudo e visita aquel que iaze en la cárcel. ¿Qui ha más fambre o más sed que aquel que es en poder de moros? 15.- Ond si algún frayre fuere medroso e non fuere convenible
por yr en cavalgada segunt la providentia de so maestro, faga algunas cosas otras de la
mesón, que non sea embalde mas faga aquello quel mandaren, ca, como dize sant Ierónimo,
faz alguna cosa que el diablo no te falle vagaroso. 33.- De Vestibus. Vesteduras ayan de blanco e de negro e de pardo color e pieles corderins e otras de poco precio e todas estas cosas sobredichas sean guardadas con la providencia del maestro. 34.- La entención de todos sea en deffender la ecclesia de Dios por Jhesu Christo dar sus ánimas e yr contra moros non por cosa de rapina mas por acrescemiento de la fe de Dios. (...) "Constituciones de la Orden de
Santiago". Recoge D.W. LOMAX "La Orden de Santiago", Madrid, 1965, pp. 221-
227. Toma de Vitoria y Guipúzcoa por el rey de Castilla, Alfonso VIII: Después de esto, el noble rey Alfonso, queriendo vengar las injurias del rey de Navarra, congregó con su fiel amigo, el rey de Aragón, un ejército contra Navarra y obtuvieron el Roncal y Aybar, que tocaron al rey de Aragón. Obtuvieron también Insura y Miranda (de Arga), que quedaron en poder del noble rey. Y así ambos reyes, realizadas algunas devastaciones, volvieron a sus tierras. De nuevo, sin embargo, el rey de Castilla, Alfonso el Noble, empezó a invadir Ibida (hoy condado de Treviño) y Alava y combatió durante un largo asedio Vitoria. Mientras tanto, Sancho, rey de Navarra, fuerte y vigoroso, estrenuo en las armas, pero obstinado en sus propósitos, abandonando el reino a su suerte, se marchó a tierras árabes con pocos magnates, compañeros de emigración, y, viviendo entre ellos durante algún tiempo, esperó la vuelta de emisarios que había enviado al Miramamolín ultramarino. Y habiendo éstos traido dinero y regalos al rey, sin embargo, desviado de su causa, continuó recorriendo las ciudades de los árabes, morando en su tierra. Al mismo tiempo, los sitiados de Vitoria, fatigados por las luchas y trabajos y extenuados por la falta de víveres, vinieron a situación de tener que entregarse. El venerable García, obispo de Pamplona, ciudando generosamente de su libertad, como comprendiese el peligro del hambre, se fue apresuradamente al rey Sancho, en tierra de los árabes, con uno de los sitiados, y expuesta la realidad de las cosas, obtuvo del rey que se entregase Vitoria al de Castilla. Volvió en el tiempo marcado con aquel caballero que habían enviado los sitiados de Vitoria y expuso la orden de Sancho de que se entregase la ciudad y el castillo. Obtuvo de este modo el noble rey Alfonso, Vitoria, Ibida, Alava y Guipúzcoa con sus plazas y castillos, excepto Treviño (castillo), que en trueque de Inzura le fue después dado. Dio también del mismo modo Miranda (de Arga) por Portilla. Adquirió San Sebastián, Fuenterrabía, Beloaga (valle de Oyarzun), Zaitegui, Aizcorroz (Arlabán), Arlucea, Arzorocia, Vitoria la Vieja (Vitoriano), Marañón, Ausa (Elosua), Ataun, Irurita y San Vicente (de Arana). Ciertamente, el rey de Navarra volvió cargado de regalos del agareno, pero despojado de todo lo dicho y del honor. R. XIMENEZ DE RADA, (El Toledano), "Rerum in Hispania Gestarum o De rebus Hispaniae", Lib. VII, cap. XXXIII. Reproducido por G. Balparda en "Historia crítica de Vizcaya y sus fueros, Bilbao, 1933-34, Tomo II, pp. 410-413. Botín catalán tras la ocupación de Córdoba: (...) Partieron los francos y su vanguardia llegó a Zaragoza; vejaron en ella con dureza a sus habitantes, maltratando a sus esclavos, sus hijos y sus mercaderes, y se acuartelaron en sus casas. Wadih se dirigió con ellos hacia Toledo para reunirse allí con Ben Abd al-Chabbar. Cuando Sulayman al-Mustain Billah se enteró de ello, el lunes 5 de Xawwal (22 de mayo de 1010), llamó a los habitantes de Córdoba a guerrear contra los francos. Pero los cordobeses, demostrando desgana y temor de pelear, pidieron ser dispensados de hacerlo, y Sulayman consistió en ello. El 14 de Xawwal (31 de mayo del 1010) , Sulayman partió de Córdoba para oponerse a los francos; los dos ejércitos se enfrentaron el viernes (2 de junio). Los berberiscos colocaron a Sulayman detrás, con la caballería de los magrebíes, y le dijeron: "No te retires de tu puesto, ni siquiera si la caballería se te viene encima". Luego avanzaron y recibieron una violenta arremetida de los francos (catalanes). Entonces abrieron sus filas, con la intención de tender una insidia a sus enemigos; pero Sulayman, como viera la caballería de los francos romper las líneas de los berberiscos, se imaginó que éstos hubiesen sido derrotados, y huyó inmediatamente con los que estaban en derredor suyo. Los berberiscos, en cambio, rodearon a los francos, los deshicieron y dieron muerte a su rey Ermeqund (Armengold de Urgel) y a gran número de oficiales. De la infantería de los berberiscos perdieron la vida cerca de 300 hombres y un solo caballero. Más cuando los berberiscos vieron a Sulayman en fuga, se retiraron a Al-Zahra, e hicieron salir de ella a sus familias, con sus hijos y sus bienes. Todos, sin excepción alguna, abandonaron la ciudad la noche del sábado. Sulayman, con los de su séquito, llegó, huyendo, a Játiva. El populacho de Córdoba entró en Al-Zahra y saqueó allí los muebles y utensilios de los bereberes y dió muerte a todo el que encontraron y penetraron en la mezquita catedral y arrebataron los tapices, las lámparas, los ejemplares del Corán, las cadenas de las lámparas y los batientes de las puertas. Muhammad ben Abd al-Chabbar y Wadih, que habían ido rumbo a Córdoba, entraron en ella y el primero retomó el mando (...) "Bayan al-Mugrib" de BEN IDHARI, versión de Lévi Dellavida, "Cuadernos de Historia de España", V, 1945. Recoge J.L.MARTIN, "Historia de España", 3. Alta Edad Media, Historia 16, Madrid 1980, p. 110. Descripción de Vasconia y de sus habitantes hecha por el peregrino francés Aimery Picaud en el siglo XII: Navarros y vascos tienen un mismo aspecto y calidad en comidas, vestidos y lengua, pero los vascos presentan un aspecto más blanquecino que los navarros. Los navarros visten con paños negros y cortos hasta las rodillas solamente, al uso de los escoceses, y los calzados, que llaman "lavarcas", hechas de cuero peludo, no acabado, con correas atadas cerca del pie y con las plantas de los pies sólo envueltas; llevan las piernas desnudas. Pero usan capotes de lana oscura, largos hasta los codos a manera de "penule", con bordes, a los que llaman "saias". Si los vieres comer, los considerarías perros o cerdos. Si los oyeres hablar, te acordarías de los perros que ladran, pues tienen una lengua de todo punto bárbara: al Señor llaman "Urcia"; a la Madre de Dios, Andrea María; al pan, "ogui"; al vino, "ardum"; a la carne, "aragui"; al pescado, "araigu"; a la casa, "echea"; al dueño de la casa "iaona"; a la dueña, "andrea"; a la iglesia, "elicera; al prebítero, "belaterra", que se interpreta bella tierra; al trigo, "gari"; al agua, "uric"; al rey, "ereguia"; a Santiago, "Iaona domne Iacue" (...) El navarro o el vasco, cuando camina, suspende del cuello un cuerno, como cazador, y dos o tres dardos, que llaman "auconas". "Liber Sancti Iacobi, Codex Calixtinus", Ed. W.MUIR WHITEHILL, trad. A. Moralejo, C. Torres y J. Feo, Santiago de Compostela, 1951, pp. 519-520. Sancho III de Navarra y el reparto de sus dominios: l.- También el rey Sancho III mereció disfrutar largo tiempo y con felicidad de la compañía de sus hijos, a los que en vida, con gran benignidad, repartió entre ellos sus reinos. A su primogénito García lo puso al frente de los pamploneses; a Fernando, el preferido de su padre le encargó el gobierno de la bélica Castilla; a Ramiro, que había nacido de concubina, le dió Aragón, que era el reino más alejado de todos sus territorios, sin duda para que ante los ojos de los otros hermanos, el ser desigual en el linaje materno, no fuera igual en la herencia de sus estados. 2.- Entonces, unos asesinos, parientes suyos, mataron al
infante García, pues éste era merecedor de tal venganza. Seguidamente, Sancho III se
llevó consigo a la infanta Sancha, a la cual devuelve a Castilla, intenta casarla con su
hijo primogénito Ramiro, el que había nacido de una noble señora de Ayvar, pero los
castellanos se oponen con toda razón. La infanta Sancha, tres años más tarde, y con el
beneplácito de su hermano Vermudo, cuando ya tenía 18 años, casó con el infante
Fernando, hijo menor de Sancho III, nacido de su matrimonio con Urraca. Vermudo entregó a
Fernando el condado de Castilla. El rey Sancho III tuvo una larga vejez, y cuando su hijo, el rey García hubo regresado de la ciudad de Roma, murió a consecuencia de una enfermedad en el año 1073. Su hijo Fernando lo enterró, con todos los honores que le eran debidos, en el monasterio de Oña. "Crónica Najerense". Estudio preliminar, edición crítica e índices por A., UBIETO ARTETA. Textos medievales, 16, Valencia 1966, p. 91. La coronación de Alfonso VII como emperador: En el mismo año en que acontecieron estos sucesos, el conde Ramón de Barcelona, cuñado del rey, y su pariente, el conde Alfonso de Tolosa, vinieron a presencia de aquél y le prometieron obedecerle en todo; se hicieron sus vasallos, tocando la diestra del príncipe para reconocer solemnemente la fidelidad que le debían, y recibieron del rey leonés, el conde de Barcelona, Zaragoza, en "honor" o tenencia, conforme a las costumbres de León, y el de Tolosa con la "honor", un vaso muy bueno de oro que pesaba 30 marcos, muchos caballos y otros muchos regalos. Después acudieron unánimes al rey todos los nobles de Gascuña y de la tierra vecina hasta el Ródano y Guillermo de Monte Pesulano, recibieron del príncipe plata y oro, diversos, variados y preciosos dones y muchos caballos, y se sometieron a él, obedeciéndole en todo. Más tarde llegaron también ante el rey muchos hijos de los condes, jefes y potestades de Francia y muchas gentes de Poitou, recibieron de él armas y otros muchos regalos, y así se extendieron los límites del reino de Alfonso, soberano de León, desde el gran Oceáno, junto a Padrón de Santiago, hasta el Ródano. Ocurridos estos sucesos, en la era de 1173 señaló el rey el día cuarto de las nonas de junio, festividad del Espíritu Santo, y la ciudad regia de León, para celebrar un concilio o asamblea plena de su curia con los arzobispos, obispos, abades, condes, príncipes y jefes de su reino. El día establecido llegaron a León el rey, su mujer la reina doña Berenguela, su hermana la infanta doña Sancha, García, soberano de los pamploneses, todos cuantos el monarca leonés había convocado, una gran turba de monjes y de clérigos, y una muchedumbre innumerable de gentes de la plebe que habían acudido a León para ver, oir y hablar la palabra divina. El primer día del concilio se reunieron con el rey en la iglesia de Santa María todos los grandes y quienes no lo eran, para tratar de las cosas que les sugiriese la clemencia de Nuestro Señor Jesucristo y fueran convenientes a la salvación de las almas de todos los fieles. El segundo día en que se celebraba la venida del Espíritu Santo a los apóstoles, los arzobispos, obispos, abades, nobles, y no nobles y toda la plebe, se juntaron de nuevo en la iglesia de Santa María, y estando con ellos el rey García de Navarra y la hermana del soberano de León, siguiendo el consejo divino, decidieron llamar emperador al rey Alfonso, porque le obedecían en todo el rey García, Zafadola rey de los sarracenos, Ramón conde de Barcelona, Alfonso conde de Tolosa, y muchos condes y jefes de Gascuña y de Francia. Cubrieron al rey con una capa óptima tejida de modo admirable, le pusieron sobre la cabeza una corona de oro puro y piedras preciosas, le entregaron el cetro, y teniéndole del brazo derecho el rey García y del izquierdo el obispo Arriano de León, le llevaron ante el altar de Santa María con los obispos y abades que cantaban el "Te Deum laudamus". Se gritó viva al emperador, le dieron la bendición, celebraron después misa solemne y cada uno regresó a sus tiendas. Para solemnizar la ceremonia, dió el emperador en los palacios reales un gran convite, que sirvieron condes, príncipes y jefes, y mandó repartir grandes sumas a los obispos, a los abades y a todos, y hacer grandes limosnas de vestidos y alimentos a los pobres. El tercer día se juntaron el emperador y todos los otros en los palacios reales como solían hacerlo, y trataron de los asuntos relativos al bien del Reino y de toda España. Dió el emperador a todos sus súbditos leyes y costumbres como las de su abuelo el rey Alfonso; mandó devolver a todas las iglesias las heredades y colonos que habían perdido injustamente y sin resolución judicial, y ordenó que se repoblasen las ciudades y villas destruidas durante las pasadas discordias y que se plantasen viñas y todo género de árboles. Decretó también que todos los jueces desarraigasen los vicios de aquellos hombres que los tuviesen contra la justicia y los decretos de los reyes, príncipes, potestades y jueces (...) Mandó, asimismo, a los alcaides de Toledo y a todos los habitantes de Extremadura, que organizaran sus huestes asiduamente, que hicieran guerra a los infieles sarracenos todos los años y que no perdonasen las ciudades y castillos, sino que los tomasen todos para Dios y la ley cristiana. Terminadas estas cosas y disuelto el concilio, marchó cada uno a su casa lleno de gozo, cantando y bendiciendo al emperador y diciendo : "Bendito seas tú y bendito sea el reino de tus padres y bendito sea el Dios excelso que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, el Dios que nos visitó y tuvo con nosotros la misericordia prometida a los que esperan en él". "Cronica Adefonsi Imperatoris". Edición y estudio por L. SANCHEZ BELDA, Madrid, 1950, nº 67-72, p. 53. La "presura" en Portugal: En el año de la era 1102. En el nombre de Dios y con su misericordia. En este año el rey don Fernando, que tenga un descanso eterno, conquistó esta ciudad de Coimbra y la reconquistó al pueblo musulmán por medio de su espada, con la ayuda del Señor rey de los Cielos. La reconstruyó y dió en custodia, oh Dios, a un príncipe fiel suyo, el señor Sisnado, bendecido por Dios. En aquellos dias Sisnando la habitó junto con sus barones, sus vasallos y sus fieles. Permitió que cada uno de ellos tomara en presura poblaciones para habitarlas y edificarlas, pudieran heredarlas sus hijos o sobrinos y sus sucesores, con la ayuda de Dios así lo hicieron. En este tiempo, tomó en presura este duque, el señor Sisnando, la villa que se llama Horta. Entonces el Señor Dios envió al corazón y al alma de Sisnando temor por todos sus pecados y miedo por el día del Juicio Final, haciendo donación de esta villa de Horta a favor del cementerio y basílica de San Vicente, situada en la villa, que se llama Vicariza. Esto lo hizo a favor del abad don Alvito que estaba allí establecido con sus monjes y hermanos, bajo la orden de la santa regla y confesión. "Portugaliae Monumenta Historica. Diplomata et Chartae", vol. I, doc. 656, pp. 391-392. Recoge M.Riu , "Textos comentados de época medieval, siglos V al XII), Barcelona, 1975, pp. 658-660. Explotación del peregrino en Santiago de Compostela en el siglo XII: Los malos posaderos, dice, de la ciudad de Santiago, la primera comida la dan en balde a sus huéspedes y se esfuerzan para que les compren velas o cera. ¡Oh, fingida caridad¡ ¡oh, falsa piedad¡ ¡oh, largueza encubridora de toda clase de fraudes¡ Si, por ejemplo, se hospedan en una casa doce peregrinos bajo unas mismas condiciones, el mezquino posadero les pone un plato, ya de carne, ya de pescado, que en el macelo de la ciudad puede comprar por ocho dineros, y al fín les mete doce velas a seis dineros cada una, siendo así que en la plaza pública habrían podido comprarlas a cuatro dineros. O después de aquella fraudulenta comida la cera que podían comprar por cuatro dineros, se la vende en seis. Y por la comida en que empleó ocho dineros les exige dos sueldos, o sea veinticuatro dineros. ¡Oh que nefando contrato¡ ¡Oh que detestable lucro¡. Otros mezclan con la cera sebo de carnero o de cabra y habas cocidas sin monda, y de esta mezcla hacen velas. Otros, cuando los peregrinos les preguntan por los venerandos hechos del apóstol Santiago, les refieren fabulosas y detestables patrañas. Algunos hay que hacen salir hasta Puertomarín al encuentro de los peregrinos a algún criado, el cual así que los ve: "Hermanos y amigos míos, les dice, yo soy vecino de la ciudad de Santiago, pero no me hallo aquí por causa de buscar huéspedes, sino porque estoy ciudando de una mula que mi amo tiene aquí enferma: hareís el favor de decirle que pronto se pondrá buena, y si queréis parar en mi casa, aunque no sea más que en agradecimiento de la noticia que lleváis, os han de tratar bien". Así lo hacen los peregrinos, pero reciben un trato pésimo. Otros le salen al encuentro en Barbadelo o en Triacastela y después de saludarlos, traban conversación con ellos sobre cosas indiferentes, hasta que cuando creen llegado el momento oportuno;-- Yo tengo la dicha, les dicen, de ser ciudadano de Santiago, pero vine aquí a ver a un hermano que reside en esta villa. Y justamente podéis parar en mi casa, porque de seguro que si mi mujer y mi familia saben que me habéis visto y que habléis hablado conmigo, se desvelerán para que no os falte de nada. Si queréis os daré una señal para que os reconozcan--. Y, en efecto, a unos peregrinos les da como señal un cuchillo, a otros su cinturón, a otros una llave, a otros una correa, a otros un anillo, a otros un gorro o montera, a otros un guante, etc...Llegan los peregrinos a su casa y se hospedan en ella; y después de la comida, una vela que sólo vale cuatro dineros, la mujer se la vende en ocho o diez. Así son engañados por los posaderos muchos peregrinos de Santiago. Y si algún peregrino lleva para vender algún marco de plata
que valga treinta sueldos, su mal posadero lo dirige a un monedero con quien está en
connivencia, y le aconseja que debe darle el marco en veinte sueldos. El posadero no
pierde su tiempo, porque recibe en premio del comprador doce dineros, o más o menos. O si
el peregrino quiere vender alguna cosa que sea de gran valor, el posadero se la desprecia
y aconseja que debe venderla en tanto o cuanto para recibir un buen premio del comprador,
o, si acaso, de comprador y vendedor. ¿Y qué diréis de aquellas mujeres que hacen velas de cera
para vender, y les meten tales pabilos, que se consumen antes de acabar la Misa o las
lecciones? ¿O de aquellas que cuando ven llegar una muchedumbre de peregrinos, venden el
pan, el vino, la avena, el trigo, el queso, la carne o las aves más caro que lo de
costumbre? Si la marca de plata fina del peregrino vale treinta sueldos, el mal cambiador sólo se da por ella veinte. El cambiador inicuo tiene diversos pesos, unos grandes y otros pequeños; con los primeros compra la plata, con los segundos la vende. Pondera y pone en las nubes su oro y su plata; pero rebaja y desprecia la ajena. Va pesando uno a uno los dineros en la balanza que llaman "trebuqueto", y al que halla de más peso lo vende más caro, o lo funde con otra plata en el crisol. A los dineros que tienen mayor módulo que el ordinario, los recorta con la tijera y luego los bate con el martillo para que no se conozcan. Vende, si puede, anillos, cálices, candeleros u otros obras de bronce plateado, como si fueran de plata pura. De un sermón pronunciado en Compostela. "C. SANCHEZ ALBORNOZ y A. VIÑAS, "Lecturas históricas españolas", Madrid, 1981, pp. 90-92. El tratado de Tudillén: En el nombre de la Santa e Indivisible Trinidad. Esta es la verdadera paz, firme armonía y perpetua concordia, que por consejo de la suma deidad y para honor de Dios y de toda la cristiandad, se ha hecho y firmado entre el ilustre Alfonso, emperador de España, y su hijo, el rey Sancho, con el venerable Ramón, conde de Barcelona, la cual se acuerda en los siguientes términos: En primer lugar todos los agravios, insultos y ofensas
existentes entre ellos hasta el día de hoy, cualesquiera que sean, quedan olvidados y
perdonados, siempre que fueran hechos de buena fe y estén carentes de mala intención.
Ciertamente éstos son los acuerdos y deciden dividir todo el reino y todas las tierras,
sean ciudades, castillos, villas, montañas y llanuras, desiertos y poblados, tenía o
poseía el rey García en el día de su muerte. Así es el acuerdo y la concordia sobre
las fronteras: el emperador tenía jurisdicción sobre la tierra llamada Maragno y todo el
territorio que el rey Alfonso, su abuelo, tenía el día de su muerte, situado más allá
del río Ebro hasta el reino de Pamplona. El conde de Barcelona ocuparía todo el resto
que había sido del rey García y que había pertenecido con anterioridad al reino de
Aragón. Pero toda aquella tierra del reino de Pamplona, por la cual rey Sancho y el rey
Pedro habían hecho homenaje a Alfonso, rey de León, el dicho emperador y el citado conde
tienen que dividirla equitativamente en dos mitades y por aquella mitad que el citado
conde tuviese, él haría el antedicho emperador Alfonso el mismo homenaje, el cual
hicieron el rey Sancho y el rey Pedro al rey Alfonso, abuelo del emperador Alfonso. La
ciudad de Estella estará en la parte que le corresponde al emperador y la ciudad de
Iruña estará en la que le corresponde al conde. Es evidente que lo que está acordado
sobre Estella e Iruña será respetado al realizarse la división. Igualmente será
dividida por la mitad y de manera justa la ciudad de Tudela con todas sus
pertenencias y los castillos con todas sus jurisdicciones que habían sido del rey García
y que estaban al sur del río Ebro hacia el monte Gaudio, con excepción de aquellos
castillos que ya fueron del conde. Además el emperador Alfonso VII y el conde Ramón
Berenguer IV acuerdan y dan su beneplácito y aprobación que de la tierra de España, que
ahora tienen los sarracenos, el conde tenga la ciudad de Valencia con todos sus
territorios que se extienden desde el río Júcar hasta los límites del reino de Tortosa,
la ciudad y reino de Denia con los mismos límites que tuvo en tiempos de los musulmanes.
Se acuerda que el conde tenga estas poblaciones en nombre del emperador con igual
homenaje, que el rey Sancho y el rey Pedro hicieron con Pamplona al rey Alfonso, abuelo
del emperador. Asimismo el emperador Alfonso dona al conde y le concede igualmente la
ciudad de Murcia y todo su reino, menos los castillos de Lorca y de Bera con todas sus
jurisdicciones, con estas condiciones: que el emperador ayudará al conde de Buena fe y
sin fraude a adquirir y conquistar esta ciudad de Murcia con todo su reino. Una vez
conquistado y sometido, el conde lo tenga y lo posea en nombre del emperador, del mismo
modo que tiene en su nombre la ciudad de Zaragoza y todo su reino. Pero si el emperador, a
causa de enfermedad o por justa y conocida causa, sin que existiera ningún engaño, no
puede ayudar al conde y no le ocasiona ningún perjuicio y el conde la puede conquistar
cuando le sea a él posible, todo esto lo tenga por el emperador del mismo modo que
tendrá la ciudad y reino de Zaragoza. Pero si el emperador no ayuda al conde a conquistar
y adquirir, aunque no exista engaño, la ciudad y reino de Murcia o no quiera ayudarle y
el mismo conde pudiera adquirirlas, sea cualquiera el modo en que lo pudiera hacer y una
vez conquistado, lo tenga por el emperador del mismo modo que tiene el reino y ciudad de
Valencia. Yo, Ramón, conde, de igual modo acuerdo con vosotros, el emperador y su hijo, con fe confirmamos y firmamos en el lugar, que se dice Tudillén, junto a Aguas Caldas, a seis kalendas de febrero del año de la Encarnación del Señor 1150, en presencia de los nobles abajo firmantes, los cuales lo confirmaron con su juramento. Yo, el conde Ponç, juro a ti Ramón, conde de Barcelona, que, los dichos acuerdos y convenios hechos y concordados con el emperador Alfonso y su hijo, el rey Sancho, los cuales han sido escritos y ordenados en este documento, así pues el emperador y su hijo Sancho han hecho y concordado con el conde todas estas cosas. Lo juro por Dios y los cuatro Santos Evangelios. De igual modo, yo Gontérriz Fernando lo juro y lo firmo. De igual modo yo, Ponç Menerba lo juro y confirmo (...) "Liber Feudorum Maior", ed. F.MIQUEL
ROSELL, vol. I, doc. nº 29, pp.39-42. F. Javier Villalba Ruiz de Toledo |
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