TEXTOS
RECUPERACIÓN DEL SIGLO XV 

Tregua entre Castilla y la Hansa (1443):  

 Para gloria de la Santa Trinidad (...) y para incremento de su comercio en común, las naciones de la Hansa teutónica de Alemania y de España, grandes enemigos en tiempos pasados por culpa de Satán, llegan a los siguientes acuerdos: 

 1.- Primeramente, que dichas naciones reconocen y ratifican ambas una tregua durante los tres próximos años. 

 2.- Todos los mercaderes, marinos y súbditos de la nación alemana de la Hansa teutónica podrán con absoluta libertad y seguridad ir, volver, detenerse y morar según su conveniencia en todos los lugares, ciudades y puertos del muy ilustre rey de Castilla, con sus bienes, propiedades, mercancías y cuerpos. En caso de que marinos de la Hansa entraran en los puertos del dicho ilustrísmo rey con sus navíos y bienes de consumo excedentes, podrán verderlos y podrán embarcar todas las mercancías adquiridas con el producto de esta venta y trasportarlas donde quieran. Por el contrario, si los sobredichos marinos de la Hansa transportan en sus navíos otros bienes que los de consumo, ellos embarcarán las mercancías (adquiridas en intercambios) en navíos españoles, si se encuentran en dichos puertos dispuestos a dirigirse a los países y puertos a los que marinos o mercaderes quieren despachar su mercancía. 
(...) 

 9.- Si mercaderes y marinos de uno y otro país se encuentran juntos en un puerto y toman la salida al mismo tiempo, y se comprometen por juramento o por simple promesa de prestarse ayuda mutuamente contra sus enemigos o contra los piratas; y si cuando éstos aparecen en el mar, uno de ellos se desentiende y rehusa ayudar a su aliado, que sea castigado severamente por la nación de la que procede, a fin de que sirva de ejemplo a los demás en el futuro. 

 10.- Item, las dos partes se han puesto de acuerdo para que los mercaderes de la nación alemana que adquieran en el puerto de la Rochelle vinos y toda clase de artículos los embarquen de manera preferente y en las mayores cantidades en navíos españoles, con la condición de que los navíos españoles se dirijan a los puertos donde los comerciantes alemanes quieren trasladar su mercancía. 

PH. DOLLINGER, "La Hanse", París, 1964, doc. nº 11, año 1443. Recoge. J.L. Martín, "La Hansa", Cuadernos de Historia 16, Madrid, 1985.  

Carta Real Patente determinando el lugar de la feria y mercado de la ciudad de Vitoria (1484):  

 Don Fernando é doña Isabel. A vos el conçejo é alcaldes, justiçias e regodores, caballeros, escuderos, oficiales é homes buenos de la ciudad de Vitoria, salud égraçia. Bien sabeis como en esa dicha ciudad, el jueves de cada semana se fase un mercado la plaza delante las puertas de la Correría, é Zapatería é Ferretería, e otrosi se fase una feria cada año por el mes de junio é por parte de los vesinos e moradores de los barrios de la Cuchillería, é Pintorería é de la Aljama de los judíos de la dicha ciudad, nos fue fecha relacion que en se faser dicho mercado é feria donde se fase agora, ellos resciben grande agravio é dagno, é que si non se diese orden de como se fisiese el dicho mercado franco é la dicha feria una vez en el lugar donde agora se fase é otra entre el portal de la Cuchillería, e Pintorería é Judería, las dichas collaciones é barrios se despoblarían é todos pasarían a vivir a lo bajo de la dicha ciudad. E por su parte nos fue suplicado é pedido por merced que se fiziese los dichos mercados e feria franca, una feria a las puertas altas é otra á las bajas, élos mercados asimismos, mandando á todos los mercaderes é merceros, regatones é panaderas é regateras que viniesen con sus mercadurías é cosas susodichas cada mercado é feria á los lugares susodichos, ó que sobre ello les proveyésemos de remedio con justicia ó como la nuestra merced fuese. 

 E nos tovismoslo por bien, porque vos mandamos de aquí adelante fagais el dicho mercado un jueves en la plaza cerca de las dichas puertas de la Correría éZapatería é Ferretería, é otro mercado lo fagais en la plaza ante las puertas de la Cuchillería é Pintorería é Judería, é las ferias se fagan por la misma forma, de manera que de aquí adelante se faga un año en lo bajo de la ciudad, é en las puertas de la Correría é Zapatería é Ferretería, é otro año en lo alto de las dichas puertas de la Cuchillería, é Pintorería é Judería, e non en otra parte alguna. E desta forma e manera se fagan de aquí adelante para siempre jamas, mandando e defendiendo so graves penas á todas las personas que a los dichos mercados é ferias vinieren, é asimismo á los de la dicha ciudad, así á las panaderas como regatonas, é á todos los otros que continúan vender en la dicha plaza cualesquier mercaderías e otras cosas cualesquier de cualquier calidad que sea, que los dichos días de mercado é feria que so hobiere de faser en las dichas calles susodichas de la Cuchillería é Pintorería é Judería, pongan sus tiendas é mercaderías con todas las otras cosas susodichas en las dichas puertas. 

 E mandamos é damos licencia á los vecinos é moradores de los dichos barrios é collaciones de la Cuchillería é Pintorería é Judería, porque los dichos mercaderes é panaderas é regatonas puedan estar en junto para que hayan de facer é fagan en la dicha plaza desde la Puerta de la Pintorería fasta la iglesia de San Vicente del Castillo sus tiendas de tallado postizas. 

GONZALEZ, T. "Colección de Cédulas, Cartas-Patentes, Provisiones, Reales Ordenes y otros documentos concertados a las Provincias Vascongadas". Copaidos en el Real Archivo de Simancas, Madrid, Imprenta Real, 1829-1833. Recoge. J.A. García de Cortázar y otros, "Introducción a la historia medieval de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya en sus textos", San Sebastián, 1979, pp. 168-170.  

Marsilio de Padua y el concilio universal:  

 Voy a mostrar a continuación como la autoridad principal, mediata o inmediata, para efectuar tal determinación (definiciones en cuestiones de fe), descansa solamente o bien en el concilio general de los cristianos o bien en su parte preponderante, o aquellos en los cuales tal autoridad les ha sido conferida por el conjunto de los fieles cristianos; de tal manera que todas las provincias o comunidades notables del mundo de acuerdo con la determinación de su legislador humano, bien uno bien varios, y de acuerdo con su proporción en calidad y en cantidad de personas, eligen hombres fieles, sacerdotes, primero  y no sacerdotes, después, pero siempre personas idóneas, por ejemplo, hombres que hayan dado buenas pruebas de su conducta en su vida y los más expertos en materia de ley divina que, en tanto que jueces en el primer sentido del término, representantes del conjunto de los fieles, en virtud de la autoridad susodicha que les ha sido conferida por el conjunto de los fieles, se reúnan en un lugar determinado del mundo, que sea, sin embargo, el más conveniente según la decisión de la mayor parte de ellos; en este lugar, definirán al mismo tiempo todo aquello que, tocando a la ley divina, les parezca dudoso, útil, expediente o necesario para determinar; y también pondrán en orden todo aquello que, concerniente al rito de la iglesia o al culto divino, conduzca también al descanso o a la tranquilidad de los fieles. 

 Es, en efecto, vano e inútil que la multitud de los creyentes, inexpertos, se reúnan para tal asamblea; es inútil, por cuanto sería distraído para las tareas necesarias a la subsistencia de la vida corporal aquello que sería una carga y, tal vez, algo insoportable. 

MARSILIO DE PADUA, "Le defenseur de la Paix", vrsión de J. Quillet, París, 1968, pp. 396-397. Recoge A. Lozano y E. Mitre, "Analisis y comentarios de textos históricos.I. Edad Antigua y Media", Madrid, 1978, p. 215.  

El decreto Frequens del Concilio de Constanza (1417):  

 La frecuente celebración de concilios generales es uno de los mejores medios para cultivar el campo del Señor, porque arranca las malas hierbas, las espinas y los cardos de la herejía, del error y del cisma, corrige los excesos, reforma lo que ha sido deformado y lleva a la viña del Señor hacia la abundante cosecha que permite una tierra fértil, mientras que despreciar estos medios sólo sirve para extender y favorecer todos los males susodichos, desgracias que traen ante nuestra vista el recuerdo de los tiempos pasados y la consideración de los presentes. En consecuencia, por el presente edicto decidimos, decretamos, y ordenamos que se celebren en los sucesivos concilios generales, de tal manera que el primero que siga a la terminación del presente concilio se celebre dentro de cinco años, el segundo siete años después del anterior,  y a continuación de diez en diez años, en el lugar en que (...) el mismo concilio ha de fijar y designar. 

 Así, sin solución de continuidad, o bien el concilio estará en el ejercicio de su poder o bien se estará en su espera dentro del plazo fijado. El Soberano Pontífice, con consejo de sus hermanos cardenales de la Santa Iglesia Romana, puede abreviar los plazos de convocatoria si circunstancias fortuitas lo hacen preciso, pero de ningún modo alargarlos (...) El Soberano Pontífice está obligado a publicar y dar a conocer legítima y solemnemente cualquier cambio de lugar de celebración o acortamiento de plazos, con antelación de un año, a fín de que las personas susodichas puedan reunirse en la fecha fijada para la celebración del concilio. 

GILL, J. "Constance et Balê-Florence", París, 1965, pp. 338-329. Recoge M.A. Ladero, "Historia Universal de la Edad Media", Barcelona, 1987, pp. 810-811.  

La batalla de Azincourt (1415):  

 El 20, los señores franceses tuvieron noticia que los ingleses marchaban por la Picardía, y que monseñor de Charolais les acosaaba tan de cerca que les había cortado el paso. Entonces, todos los príncipes de Francia, salvo seis o siete, se lanzaron en su presecución y les dieron alcance en un lugar llamado Azincourt, cerca de Rousseauville. Allí tuvo lugar la batalla el día de San Crispín y San Crispiniano. Los franceses fueron derotados y muertos. Los más grands señores de Francia fueron conducidos cautivos. Por de pronto perecieorn en la batalla (y con ellos un buen millar de espuelas doradas): el duque de Brabante, el conde de Nevers, hermanos del duque de Borgoña, el duque de Alençon, el duque de Bar, el condestable de Francia, Carlos d'Albret, el conde de Marle, el conde de Roucy, el conde de Salm, el conde de Vaudemont, el conde de Dammartin, el marques de Pont. Entre los que fueron conducidos prisioneros a Inglaterra se encontraban el duque de Orleans, el duque de Borbón, el conde de Eu, el conde de Richemont, el duque de Vendome, el mariscal Boicicaut, el hijo del rey de Armenia, el señor de Torcy, el señor de Mouy, monseñor de Saboya y varios otros caballeros y escuderos de los que no se sabe el nombre. Nunca desde que Dios nació se había hecho tal cosecha de prisioneros en Francia, ni por los sarracenos ni por otros. También perecieron algunos bailíos que habían condcido al combate a las gentes de los bailiatos y que fueron pasados por el filo de la espada, como el baile de Vermandois, el de Macon, el de Sens, el de Senlis, el de Caen, el de Meaux y todas sus gentes. Así se dijo que aquellos que habían sido hechos prisioneros habían faltado de bondad y de lealtad hacia aquellos que habían muerto en la batalla. 

"Journal d'un bourgeois de París á la fin de la Guerre de Cent Ans", ed y selec de J. Thiellay, París, 1963, pp. 34-35. Recoge A. Lozano y E. Mitre, "Analisis y comentarios de textos históricos. I. Edad Antigua y Media", Madrid, 1979, p. 221.  

La Guerra de las "Dos Rosas":  

 Después de que volvieron a Inglaterra ninguno quería disminuir su estado, pero los bienes no eran suficientes en el reino para satisfacer a todos y se movió guera entre ellos, por el poder, que ha durado largos años: el rey Enrique VI, que había sido coronado rey de Francia e Inglaterra en París, fue puesto en prisión en la Torre de Londres, declarado traidor y criminal de lesa majestad,  y allí ha pasado buena parte de su vida y, al cabo, ha sido muerto. El duque de York, padre del rey Eduardo, muerto recientemente, se tituló rey. A los pocos días fue derrotado en batalla y muerto (...) El conde Warwick, que tanto poder ha tenido en Inglaterra, llevó al conde la Marché —luego llamado rey Eduardo— por mar a Calais, con algunas gentes, huyendo de la batalla. El mencionado conde de Warwick sostenía a la casa de York y el duque de Somerset a la casa de Lancaster. Tanto han durado las guerras que todos los de la casa de Warwick y de Somerset han sido decapitados, o muertos en batalla. 

 El rey Eduardo hizo morir a su hermano el duque de Clarence en una barrica de malvasía, porque se decía que quería hacerse con el trono. Pues después de que Eduardo murió, su hermano segundo, el duque de Gloucester, hizo morir a los dos hijos de Eduardo, declaró bastardas a las hijas, y se hizo coronar rey. Acto seguido pasó a Inglaterra el conde de Richemont, que ahora es rey (y que durante muchos años fue prisionero en Bretaña) y derrotó y mató en batalla a este cruel rey Ricardo, que poco antes había hecho morir a sus sobrinos. Y así, si no recuerdo mal, han muerto en estas disensiones de Inglaterra unos ochenta hombres del linaje real inglés. 

COMMYNES, "Mémoires". Livre Premier, chap. VII. París, 1958. Recoge M.A. Ladero, "Historia Universal de la Edad Media", Madrid, 1987, p. 924.  

Propuestas imperiales ante la Dieta de Francfort (1434):  

 1.- Que se de ordenanza en las tierras de Alemania de forma que se guarde derecho a todos y las guerras y hostilidades iniciadas sin causa justa sean abolidas. 

 2.- Que se respete y obedezca a los bandos imperiales. 

 3.- Que cesen las guerras y disensiones que ahora existen en tierras alemanas, especialmente en el diócesis de Tréveris y en las tierras de Gueldre, Juliers, Dinamarca y Magdeburgo. 
(...) 

 7.- Que los príncipes electores envíen sus honorables embajadores al Concilio de Basilea jusnto a los de nuestro señor el Emperador, para que estén con ellos y trabajen juntos para impedir que las jurisdicciones eclesiásticas se entrometan en cuestiones temporales o en litigios entre laicos y obligarlas a dejar a los jueces laicos la tarea de juzgar las cuestiones temporales, como conviene. 

 8.- Que la jurisdicción de la Iglesia venga en ayuda de la espada temporal, de forma que cualquiera que haya sido puesto fuera de la ley del Imperio durante año y día sea excomulgado por la jurisdicción de la Iglesia, y que del mismo modo, cualquiera que haya sido excomulgado por tiempo año y día sea puesto fuera de la ley por un emperador romano o un rey, de modo que ambas espadas se asistan y ayuden mutuamente. 

 9.- Que el Concilio decida no autorizar a los Papas a disponer según su voluntad de los obispados en tierras alemanas, en especial de los que pertenecen a los príncipes electores. 

"Deutsche Retchstagsakten", GOTHA, 1898, XI, nº 264. Ed. G. Beckmann. Trad. de la Ronciére, "L'Europe au Moyen Age", II. pp. 61-62. Recoge M.A. Ladero, "Historia Universal de la Edad Media", Barcelona, 1988, pp. 948-949.  

Campañas italianas de Alfonso "el magnánimo":  

 Teniendo el rey don Alonso puesto un recio cerco sobre Gaeta fue les forçado a los de la ciudad por la gran hambre que padecian echar de si todos los muchachos, muchachas, viejos y mugeres, y en fin alançar de la ciudad todos los que no eran buenos para la guerra. Todos estos assi alançados pararon de necessidad en el campo entre la ciudad y los enemigos, porque los suyos mesmos con armas y tiros crueles no los dexavan tornar a entrar, pues en el real del rey don Alonso  no les era lícito, porque eran sus enemigos, de tal suerte que era una cosa de muy grande compassion ver entre tantos los llantos y alaridos que esta pobre y desamparada compañía hazia, puesta en pelea de la cruel hambre que padecían, y de los de la ciudad que como enemigos los alançavan, de nosotros que como a enemigos no consentiamos que allegasen. Avia entre ellos muchos padres y hijos que lamentavan juntamente. Y quexandose de la crueldad de los sus Gaetanos, pedian a grandes bozes invocando la misericordia y clemencia del rey don Alonso, eran en este medio heridos y muertos departe de los unos y de los otros y alançados con toda manera de crueldad. El rey quando supo el caso como pasava, mando a todos los de su hueste que no passasen mas adelante en hazerles mas mal ni daño alguno. Y mando que se tuviese consejo sobre ello. Todos quasi fueron de parecer que en ninguna manera devian ser recebidos ni se permetia que fueran acogidos entre los nuestros, y que si por casi alli en el campo morian por hambre, o por algunas heridas, que la culpa desto sería de los de Gaeta y no del Rey ni de los suyos. Yo mismo  por no negar la verdad confieso en esto mi error, que siendo alli preguntado entre los otros del consejo mi parecer sobrello dixe, que ellos no avein de ser recebidos en nuestro real. Segun la ley de la guerra la cual manda, que estando algunos cercados y puestos en estrecho de hambre que puedan lançar los que fueren sin provecho para la guerra. Assi mesmo manda que los que tuviesen puesto el cerco, no perciban, antes alcancen de si los que assi vinieron alançados de parte de los enemigos. De tal manera que aviendo todos votado estavamos mirando al Rey y con mucho deseo esperando ver que era su deliberacion en este negocio. El entonces dixo por cierto, yo estimo mas nunca aver a Gaeta  ni a los que en ella viven, que vencellos tan fea y cruelmente. Yo soy venido aqui para pelear con varones y no con niños y mugercillas miserables. O Rey merecedor de toda inmortalidad digno de regir y governar el mundo todo, que juzgo ser ninguna la victoria que se avia de ganar con tanta crueldad, llantos y lloros. Mando por tanto que luego fuesen traydos a nuestro real todos quantos se hallasen de los alançados de Gaeta que no eran para hazer armas. Y que fuesen con mucha clemencia recebidos e reparados, y con mucha largueza hartos de las cosas necesarias. 

PANORMITANO, A. "De los dichos y hechos de Alfonso V". Recoge. C.Sanchez Albornoz y A. Viñas. "Lecturas históricas españolas", Madrid, 1981, pp. 214-215.  

Amonestaciones de Leonardo da Vinci al duque de Milán:  

 Todas las comunidades obedecen a sus jefes y son guiadas por ellos. Estos se alían con sus señores al mismo tiempo que son dominados por ellos de dos formas: por lazos de sangre o por lazos de propiedad. Por lazos de sangre, tomando a sus hijos como rehenes, éstos son seguridad y prenda contra toda sospecha de su fidelidad. Por lazos de propiedad, permitiendo a cada uno de ellos reconstruir una o dos casas en la ciudad del señor, de las que reciben algunos ingresos; asimismo pueden recibir rentas de diez ciudades de cinco mil casas con treinta mil habitantes. De esta forma el señor conseguirá esparcir tan gran multitud de gente, que apiñados como cabras, unos encima de otros, llenarán todo con su hedor, sembrando la pestilencia y la muerte. Así la ciudad llegará a tener una belleza igual a su nombre y será útil para el señor por sus rentas y la fama perenne de su crecimiento. 

LEONARDO DA VINCI, "Cuaderno de notas", Ed. Busma, Madrid, 1984, p. 268.  

La farsa de Avila (1465):  

 Los grandes del reino que en Avila estaban con el príncipe don Alfonso determinaron de deponer al rey don Enrique de la corona y cetro real, y para lo poner en obra eran diversas opiniones, porque algunos decían que debía ser llamado e se debía hacer proceso contra él, otros decían que debía ser acusado ante el Santo Padre de herejía e de otros graves crímenes e delitos que se podrían ligeramente contra él probar (...) Ninguna cosa les parecía ser más conveniente, ni que más sabiamente se pudiese hacer que la privación del tirano, al cual fallecía vigor del corazón e prudencia e esfuerzo e todas las otras habilidades que a buen príncipe convienen. Ninguna otra cosa le quedaba, salvo nombre de rey, el cual quitado él era todo perdido, lo cual no era cosa nueva en los reinos de Castilla e de León, los nobles e pueblo de ellos elegir rey e deponello (...) Para lo cual, en un llano que está cerca del muro de la ciudad de Avila se hizo un gran cadahalso (...) e allí se puso una silla real con todo el aparato acostumbrado de poner a los reyes, y en la silla una estatua, a la forma del rey don Enrique, con corona en la cabeza e cetro real en la mano, y en su presencia se leyeron muchas querellas que ante él fueron dadas de muy grandes excesos, crímenes e delitos (...) e allí se leyeron todos los agravios por él hechos en el reino, e las causas de su deposición, aunque con gran pesar y mucho contra su voluntad. Las cuales cosas así leídas, el arzobispo de Toledo, don Alonso Carrillo, subió en el cadahalso y quitóle la corona de la cabeza, como primado de Castilla, y el Marqués de Villena, don Juan Pacheco, le quitó el cetro real de la mano (...) y el conde de Plasencia, don Alvaro de Estúñiga, le quitó la espada, como Justicia Mayor de Castilla, y el Maestre de Alcántara, don Gome Solís (...) y el conde de Benavente, don Rodrigo Pimentel, y el Conde de Paredes, don Rodrigo Manrique, le quitaron todos los otros ornamentos reales y con los pies le derribaron del cadahalso en tierra y dijeron: "¡A tierra, puto¡". Y a todo esto gemían y lloraban la gente que lo veían. E luego, incontinente el príncipe don Alfonso subió en el mismo lugar, donde por todos los grandes que ende estaban le fue besada la mano por rey y señor natural de estos reinos. 

DIEGO DE VALERA, "Memorial de diversas hazañas", en Crónicas de los reyes de Castilla, ed. C. ROSELL, Madrid, 1953, Tomo III, cap. XXVIII, p. 33.  

Entrada de los reyes Católicos en Granada (1492):  

 E el Rey e la Reyna, vista la carta e embaxada del rey Baudili, aderezaron de ir tomar el Alhambra, y partieron del lugar real, lunes dos de enero, con sus huestes, muy ordenadas sus batallas; e llegando cerca de la Alhambra, salió el rey Muley Baudili, acompañado de muchos caballeros, con las llaves en las manos encima de un caballo, y quísose apear a besar la mano del rey, y el rey no se lo consistió descabalgar del caballo, ni le quiso dar la mano, e el rey moro le besó en el brazo y le dió las llaves, e dijo: "Toma, Señor, las llaves de tu ciudad, que  yo y los que estamos dentro somos tuyos", y el Rey don Fernando tomó las llaves y dióselas a la Reyna, y la Reyna se las dió al Príncipe, y el Príncipe se las dió al Conde de Tendilla, al qual, con el duque de Escalona, Marqués de Villena, e con otros muchos caballeros e con tres mil de a caballo e dos mil espingarderos, envió entrar en la Alhambra e se apoderar de ella, e fueron, e entraron, e mostraron en la más alta torre primeramente el estandarte de Cristo, que fue la Santa Cruz, que el Rey traía siempre en la santa conquista consigo; e el Rey e la Reyna e el Príncipe e toda la hueste se humillaron a la Santa Cruz e dieron muchas gracias e loores a Nuestro Señor; e los Arzobispos e clerecía dijeron Te Deum Laudamus (...) El rey moro Muley Baudili se fue a vivir y a reinar al Val Purchena, que es en las tierras que el Rey había ganado cuando ganó Vera, que era todo de mudéjares, donde el Rey le dió señorío e renta en que viviese, e muchos vasallos, e le alzó la pensión que de antes le debía, y le dió sus rehenes, que le tenía desque lo soltó sobre rehenes. 

"Historia de los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel", bachiller BERNALDEZ. Cronicas de los Reyes de Castilla,  Ed. C. ROSELL, Madrid, 1953, Tomo III, p. 642.  

Sobre la toma de Granada por los Reyes Católicos:  

 Dios misericordioso, que infundió la fuerza en el brazo del ínclito Fernando, quiso también infundir en su espíritu el consejo y la prudencia, porque al cabo de diez años Granada cayó en su poder, parte por rendición, parte por convenio, y parte debido al oro y la plata con que se untó a los alcaides moros de muchas fortalezas con el fín de que las entregaran, facilitándoles, además, los medios de huir a Africa y abundante conducho para que no desfalleciesen de hambre por el camino. 

J. MÜNZER, "Viaje por España y Portugal en 1494 y 1495". Trad J. Puyol, B.R.A.H., LXXXIV, (1924), p. 99.  

El individualismo en la Italia del Quattrocento:  

 Hállanse los hombres en superior condición que los restantes mortales, pues así por su naturaleza, como por la felicidad natural, sácanles grandes ventajas, por estar dotados de la inteligencia y libre arbitrio, condiciones las más adecuadas para conducirnos al estado de beatitud. 

 Suprema entre todas las criaturas es la mente angélica, así por la nobleza de su sustancia, como por su capacidad para alcanzar el fín, del que participa en modo particular, por estarle unida de manera más cercana. Pues cierto es ver, como arriba dejamos dicho, que con tal felicidad, ni las plantas, ni los brutos, ni el hombre, ni el ángel pueden alcanzar a Dios que es el bien supremo en su misma esencia, sino sólo en sí mismos. 

 Por donde vemos el grado beatitud variar relativamente a la capacidad natural. Así los filósofos que sólo hablaron de ella, dijeron estar la felicidad de cada cosa, en la perfección alcanzada en su obrar, según su naturaleza. Y los mismos ángeles, a los que llaman mentes e inteligencias, incluso reconociendo hallarse en ellos mayor perfección, por tener conocimiento de Dios, no admitieron sin embargo que posean otro conocimiento de El, sino en cuanto a sí mismos se conocen: de modo que comprenden de Dios aquella porción que se halla impresa en su propia sustancia. Acerca del hombre, aunque sustentaron opiniones diversas, todos se contuvieron en las lindes de las humanas facultades, diciendo hallarse la felicidad del hombre, ora en su misma búsqueda de la verdad —opinión que mantuvieron los Académicos—, ora en su misma conquista, mediante los estudios filosóficos, como afirmó Alfarabi. 

PICO DELLA MIRANDOLA, "Heptaplus (1489). Recoge, M. Artola, "Textos fundamentales para la Historia", Madrid, 1968, p. 197.  

La búsqueda de la verdadera ciencia según Leonardo da Vinci:  

Alquimia: 

 La naturaleza se preocupa de producir cosas elementales, pero el hombre produce con estas cosas sencillas una infinidad de compuestos. Sin embargo, el hombre es incapaz de crear una cosa alguna exceptuando otra vida como la suya: esto es, la vida de sus hijos. 

 Los antiguos alquimistas nunca han conseguido, ni por casualidad ni por ensayo, el crear elemento alguno de los que pueden ser producidos por la naturaleza son mis testigos. Por el contrario, los inventores de productos químicos merecen inmensa alabanza por la utilidad de las cosas que han inventado para uso del hombre, y merecerían mayores elogios sino hubiesen sido los inventores de cosas nocivas, como el veneno y cosas semejantes, que destruyen la vida o la razón, por las que no están exentos de culpa. Más aún, a base de mucho estudio y ensayo, están intentando el producir no las cosas  más ruines de la naturaleza, sino las más excelentes, el oro por ejemplo, verdadero hijo del sol por cuanto es el que más se parece al sol de entre todas las cosas.(...) 

De cómo escoger la luz más apropiada para dar gracia a las caras: 

 Es conveniente el disponer de un patio en el que la luz pueda ser cubierta con un toldo. Si se quiere hacer un retrato, debe hacerse en tiempo nublado o al caer la tarde, colocando al que se retrata con la espalda hacia una de las paredes del patio. Hay que fijarse en las caras de los hombres y mujeres cuando están en las calles a la caída del sol o cuando el tiempo está nublado, y procurar recibir su suavidad y delicadeza. Por lo tanto, el pintor tiene que disponer de un patio con paredes pintadas de negro y de un estrecho tejadillo que salga de las paredes. El tejadillo debe tener veinte brazos de largo, diez de ancho y diez de alto, y debe estar cubierto por un toldo cuando resplandece el sol. De lo contrario, debe pintar un retrato al atardecer o cuando el tiempo esté nublado; esta es la iluminación perfecta (...). 

LEONARDO DA VINCI, "Cuaderno de notas", ed. Busma, Madrid, 1984, p. 123-124 y 191.  
 
 

F. Javier Villalba Ruiz de Toledo