Dra. Encarnación Mateos Sevillano
Médico Adjunto, Servicio de Anestesiología y Reanimación
Hospital Universitario de la Princesa, Madrid, España
CONTENIDOS
1) Perspectivas de la Unidad de Dolor
PERSPECTIVAS DE LA UNIDAD DE DOLOR
El presente documento es una reflexión sobre las perspectivas de la Unidad del Dolor y un compendio de los protocolos aplicables en esta área.
La información plasmada aquí no pretende mas que resumir mi punto de vista sobre lo que debe ser una Unidad de Dolor y ofrecer una referencia ordenada sobre los protocolos que he tenido la oportunidad de aplicar con éxito en el postoperatorio, durante mis años de servicio.
Las historias clínicas demuestran que los tratamientos rutinarios a base de inyecciones intramusculares de opioides no eliminan el dolor en más de la mitad de los pacientes postoperatorios por simple inframedicación. Queda claro por tanto que las prescripciones rígidas para el control del dolor postoperatorio son inadecuadas e inefectivas para muchos pacientes. La situación de los pacientes puede ser muy variada en cuanto la dolor postoperatorio, condiciones médicas subyacentes, experiencias de dolor, amplitud de la patología, respuesta a las intervenciones, preferencias personales o estado de salud.
La ineficacia en la eliminación del dolor postoperatorio y/o traumático es a menudo un factor determinante del estado general del paciente. El dolor puede provocar una función respiratoria deficiente, tos aguda seguida de retención de secreciones pulmonares, atelectasias y neumonía. También puede agravar la respuesta hormonal al stress provocando respuestas autónomas perjudiciales (incremento del ritmo cardíaco y presión sanguínea), deteriorar la respuesta del sistema inmunológico, alterar la cicatrización, facilitar la destrucción del tejido y provocar respuestas emocionales negativas. También puede retrasar la motilidad intestinal.
Los riesgos fisiológicos y psicológicos asociados con el dolor son todavía mayores en pacientes ya debilitados por la enfermedad de base. El tratamiento agresivo del dolor puede proporcionar importantes ventajas a corto y largo plazo incluyendo una pronta deambulación, mejora en la función respiratoria, mejor respuesta psicológica del paciente a condiciones de stress, menor morbi-mortalidad así como permanencias más cortas en los centros hospitalarios.
Los objetivos principales de la Unidad de Dolor son:
El campo de acción de estas unidades se extiende además al tratamiento del dolor agudo de orígen médico (angor inestable, pancreatitis, Herpes Zoster secundario a SIDA o neoplasia, etc.) y deberían estar coordinados con el equipo de anestesia obstétrica y con la Clínica del Dolor.
Surgieron como un intento de afrontar las diferentes formas de presentación del fenómeno "dolor agudo" pero impulsadas especialmente por el problema que plantea el primer contraste mencionado (dolor postoperatorio).
La primera Unidad concebida como tal fue difundida en la literatura médica por el Dr L.B.Ready en Seattle, Washington en 1988, e iba acompañada de un editorial de la revista Anesthesiology , firmado por su editor, en el que invitaba a todos los anestesiólogos interesados en esta faceta de su quehacer a seguir el ejemplo del mencionado autor. Desde entonces, y siempre con el apoyo y esfuerzo del personal de enfermería, han ido apareciendo diferentes modelos de organización.
El éxito de una Unidad de Dolor requiere una estrategia individualizada, establecida a partir de una reflexión sobre la situación del dolor postoperatorio en cada centro hospitalario y de las características intrínsecas de gestión, asistencia e investigación de cada Servicio de Anestesiología.
Los medios empleados en estas Unidades incluyen:
Se requiere una participación activa y una mentalización previa de los siguientes agentes:
Es requisito imprescindible una preparación técnica (PCA IV, PCA epidural y analgesia espinal fraccionada con opiáceos, funcionamiento bombas de PCA) tanto de los miembros del Servicio de Anestesiología (programación) como de enfermería (conexión, desconexión, alarmas)