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El brillante matemático Karl Weierstrass
dijo en cierta ocasión que “un matemático
que no tenga también algo de poeta no será
nunca un matemático completo”. En alguna
ocasión el excepcional mago Juan Tamariz
ha comentado que, hablando con el poeta
Joan Brossa, comparaban la poesía con la
magia: “mientras en la poesía se juega con las
palabras para crear metáforas, en la magia se
hace lo mismo con los objetos”. Quizá estas
palabras justifiquen el hecho de que todo
matemático deba ser un poco mago. Pero
para aquellos que se resistan y quieran otro
argumento antes de desempolvar la chistera, Fernando Blasco explica un hecho paradójico
en su nuevo libro “Matemagia”:
mientras que a los estudiantes no les suele
gustar conocer la prueba de los resultados
matemáticos y los creen a fe ciega, todo el
mundo, incluidos los estudiantes, quiere saber en qué se basa cualquier proeza mágica.
Esto explica por qué la magia puede ser
una excelente herramienta didáctica para la
enseñanza de las matemáticas, pues permite motivar a los alumnos para preguntarse
el porqué de algunos resultados. Dicho de
otro modo, puede despertar el espíritu crítico
en muchos estudiantes.
Obviamente, esto carecería de sentido si no
fuera porque una rama de la magia guarda
una estrecha relación con las matemáticas,
la magia matemática o matemagia.

Con este libro, Fernando Blasco pretende
acercar al lector a estas dos maravillosas
disciplinas, una más artística y la otra más
científica, la magia y las matemáticas.
La obra está dividida en 10 capítulos, cada
uno de los cuales toca más de cerca una “subrama” de la matemagia, relacionada de
alguna manera con el número del capítulo.
Así, el primer capítulo habla sobre juegos
mágicos que utilizan números, el segundo
sobre juegos basados en principios de paridad
o el sistema binario, el tercero tiene
como protagonista al triángulo, el cuarto
trata de juegos con cartas (hay cuatro palos
en la baraja), el quinto se centra en la divina
proporción (recordemos que esta aparece
en el pentagrama o estrella de cinco puntas),
el sexto revisa cuestiones combinatorias
(¿alguien ha dicho dados?), el séptimo
estudia los calendarios (¿cuántos días tiene
la semana?), el octavo se dedica a cuestiones
topológicas (si no entiendes esta palabra ya
estás tardando en revisar el artículo “La
conjetura de Poincaré” que aparece en el
número 10 de “la hoja”) y de nudos (recuérdese
la forma del número ocho), el noveno
habla sobre los dígitos de control (¿no
recuerdas la prueba del nueve que hacías de
pequeño?) y el décimo “cierra el círculo” y
en él se comentan problemas clásicos, algunos
relacionados con esta perfecta figura.
El libro está dirigido a personas de todas
las edades y condiciones (desde luego no
hay que ser un experto en matemáticas
para leerlo) y seguro que despertará afición
por las dos disciplinas, magia y matemáticas.
Gracias al atractivo de la magia, se
explican con sencillez los principios de las
matemáticas, siguiendo la cita del Albert
Einstein que aparece al principio del libro: “La mayor parte de las ideas fundamentales de
la ciencia son esencialmente simples, y deben,
como regla, ser expresadas en un lenguaje que
cualquiera pueda comprender”.
“Matemagia” de Fernando Blasco está editado por
Temas de hoy dentro de la colección Tanto por saber. |