Recordemos qué decía el acertijillo anterior:
Cien prisioneros estaban colocados en una fila, cada uno
podía ver a todos los que tenía delante y el guardián ponía en
la cabeza de cada uno un sombrero negro o uno blanco, y después
les preguntaba, empezando por el que podía ver a todos
los demás, cuál era el color de su sombrero. Los prisioneros
que acertaban eran liberados. Los prisioneros podían escuchar
lo que decía el resto y si era correcto o no y podían acordar
una estrategia de antemano y se pedía la mejor estrategia.
El último prisionero de la cola (el primero que habla) no tiene ninguna
información sobre su sombrero así que tiene un 50% de acertar
el color de su sombrero lo haga como lo haga. Pero, precisamente
por eso, puede usar su respuesta para comunicar información
al resto. Si, por ejemplo, dijera el color del sombrero del prisionero
que tiene delante, éste adivinaría, pero el siguiente estaría
en la misma situación que el primero. Repitiendo esta idea, 50 prisioneros
se salvarían seguro y 75 en media, pues es de esperar que
de los otros 50 se salvaran la mitad.
Pero se puede hacer mejor. En lugar de mirar al sombrero del que
tiene delante, el primer prisionero cuenta el número total de sombreros
blancos que ve. Si es impar dice “blanco” y si es par dice “negro”. Ahora, el que tiene delante puede contar el número de
sombreros blancos que ve: si tiene la misma paridad que decía el
primero su sombrero será “negro” y si cambia será “blanco”. El
siguiente en la fila sabe también por las respuestas de los dos anteriores
la paridad de los sombreros blancos que quedan y puede
acertar de la misma manera. Y así sucesivamente, adivinarán
todos menos el primer prisionero. Luego se librarán 99 con seguridad
y el otro con probabilidad 1/2. Esta es la mejor estrategia.
Es interesante comprobar que si hubiera un número mayor de
colores de sombreros, eso no supondría un problema. En el caso de
haber n colores, asignaríamos a cada uno un número del 0 al n-1 y
el primero de los prisioneros sumaría todos los sombreros que ve,
módulo n. Con esta información, el siguiente podría adivinar el
color de su sombrero sin más que calcular el número que le hace
falta sumar a lo que él ve, módulo n, para obtener lo que decía el
primero, y así sucesivamente... En cuanto a la relación que prometimos entre el acertijo y el Axioma de Elección, lee el artículo “El
Axioma de Elección” en este mismo número de la revista.
Enhorabuena por sus correctísimas respuestas a Alejandro
Gimeno, Javier Pérez y Mónica Vallejo.
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