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Si preguntamos a una persona de la calle
por el nombre de algún teorema, es prácticamente
seguro que nombrará el teorema
de Pitágoras. Muchos (sobre todo aquellos
que leyeron el número anterior de la hoja
volante) serán capaces de recitar como loros el enunciado del mismo: “En un
triángulo rectángulo, la suma de los cuadrados
de los catetos es igual al cuadrado
de la hipotenusa”. Y algunos incluso
podrán demostrarlo; no en vano, existen
cientos de pruebas de este hecho.
Otra cosa bien distinta es si hablamos del
recíproco del Teorema de Pitágoras, a
saber, “Si en un triángulo se tiene que la
suma de los cuadrados de dos de los lados
es igual al cuadrado del tercero entonces el
triángulo es rectángulo”.
Los dos enunciados dicen cosas distintas y
no deben ser confundidos. No es lo mismo decir que en los triángulos rectángulos se
satisface cierta cosa que decir que siempre que se satisface esa cosa el triángulo es
rectángulo. Por ejemplo, en todo triángulo rectángulo la suma de sus ángulos interiores
es 180º, pero el hecho de que la suma de los ángulos interiores de un triángulo
sea de 180º no implica que el triángulo sea rectángulo, pues como bien sabemos (¡si no
lo sabes probar a qué esperas para buscarlo!)
esto ocurre en cualquier triángulo.
Si bien, como hemos dicho, existen muchas
pruebas muy conocidas del teorema de Pitágoras, no son tan conocidas las de su
recíproco. De hecho, pese a que como veremos
se puede probar con argumentos muy
sencillos, podríamos hacer sonrojar a más de un matemático si le pedimos una
demostración del recíproco del teorema de
Pitágoras. Veamos una posible prueba
Tenemos un triángulo ABC en el que se
satisface la fórmula a2 + b2 = c2.

Dibujamos un triángulo adyacente AB’C,
rectángulo en C y tal que el lado B’C mida
lo mismo que el lado BC. Estos dos triángulos
han de ser iguales (congruentes)
porque:
1. Comparten el lado AC.
2. El lado B’C mide lo mismo que BC.
3. Usando el teorema de Pitágoras (se
puede usar el teorema para probar su recíproco,
lo que no podríamos hacer es usarlo
para probar el teorema de Pitágoras)
|AB’|2 = a2 + b2 = c2,
de donde AB’ mide lo mismo que AB.
Al ser los tres lados iguales, los triángulos
son congruentes, por lo que ABC también
es rectángulo. Esto termina la prueba.
Y tras ello, la pregunta obligada ¿qué tiene
que ver todo esto con el billar?

Y la respuesta, que comienza con otra pregunta ¿qué es lo más importante en el
billar? Jugar posición. Cualquier experto
nos lo diría. Los burdos aficionados nos
ponemos muy contentos con tan sólo golpear
una bola con la bola blanca y meterla
en cualquier agujero sin pensar en nada
más, pero una pequeñísima reflexión nos
convencerá de la importancia de saber, o mejor controlar, dónde irá a parar la bola
blanca tras chocar con la otra.
¿Tienes una mesa de billar cerca? Si no,
haz un esfuerzo mental. Imaginemos que
golpeas a la bola blanca sin que ésta tenga ningún tipo de rotación horizontal (o sea,
sin efecto). Imaginemos también que la
bola blanca choca con otra bola. Una posibilidad
es que lo hayas hecho de modo “tan perfecto” que las dos bolas continúen
en la misma línea recta tras el choque. Pero lo más probable es que la bola golpeada
y la bola blanca salgan cada una en una
dirección. ¿Qué ángulo formarán entonces
las direcciones de las bolas?

Si miras el
dibujo o si
haces algunas
pruebas en una
mesa de billar,
te será fácil
convencerte de
la regla más
importante del mundo del
billar:
La regla de los
90 grados. Si
dos bolas (de la
misma masa) chocan (suponiéndose el choque
totalmente elástico), tras el impacto saldrán
despedidas formando un ángulo de 90 grados.
¿Y por qué? Vayamos a un libro de Física
y busquemos la fórmula de la conservación del momento lineal. Si llamamos m a la
masa de las bolas, v a la velocidad con que
la bola blanca llega al choque y v1 y v2 a las
velocidades con las que sale cada una de las
bolas del choque, tenemos la siguiente
ecuación vectorial:
mv = mv1+ mv2
y tachando las emes, esto nos dice que los
vectores v, v1 y v2 forman un triángulo.
Ahora (¿pero ya has guardado el libro de
Física?) aplicamos la fórmula de la conservación
de la energía mecánica (si suponemos
que no hay rozamiento y que el choque
es totalmente elástico la energía cinética se
conservará) y tenemos la ecuación escalar:
m|v|2/2 = m|v1|2/2 + m|v2|2/2.
Tachemos los doses y las emes y el recíproco
del teorema de Pitágoras nos dirá que el
triángulo que forman los vectores v, v1 y
v2 es un triángulo rectángulo con catetos
v1 y v2. Esto prueba la regla de los 90 grados.
Para los que no confíen en la Física y tengan
que ver para creer, nos fuimos a echar
una partidita de billar y a hacer algunas
fotos. Fotografiando con velocidades de
obturación lentas, podemos ver el recorrido
de las bolas. El resultado:

Ya sabes, la próxima vez que juegues al
billar no olvides tu transportador de ángulos...
Agradecemos la sugerencia del tema por parte de
Manuel Silva. |