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METODOLOGÍA |
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1. EN EL CAMPO El estudio de los restos faunísticos nos permite obtener información acerca de la paleoeconomía de las poblaciones del pasado. El estudio de las cabañas domésticas nos permite conocer la naturaleza de los rebaños y el grado de desarrollo de las técnicas pecuarias. La identificación de especies silvestres nos permite conocer el grado de dependencia de los recursos naturales del entorno. La posesión de rebaños puede determinar la posición social, de tal manera que la concentración de animales es un buen indicativo del grado de riqueza de un asentamiento o de un grupo particular dentro de un núcleo de población. 1.1. Recogida del material. El contexto de los hallazgos arqueofaunísticos no solo puede ayudarnos a comprender su contexto, sino que en muchas ocasiones es determinante para reconocer su naturaleza y poder interpretarlo. En términos general podemos sistematizar los yacimientos arqueofaunísticos como:
1.2. Microfauna. La recogida del material se debe llevar a cabo mediante dos métodos: por un lado recogiendo a mano y por otro lado cribando el sedimento de aquellas zonas donde se aprecie una mayor potencialidad de restos microfaunísticos, o donde el excavador y/o arqueozoólogo considere oportuno. El hombre en su relación
con la fauna de su entorno no distingue entre animales de gran y pequeño
tamaño, sino entre aquellos que le ofrecen mayor rentabilidad desde el
punto de vista del aporte cárnico y productos secundarios (pieles,
marfil, leche, etc). En esta categoría se incluiría la macrofauna en
general, tanto salvaje como doméstica, pero también la meso y microfauna,
como así lo demuestra el papel de ovicaprinos y gallináceas a lo largo
de la Historia, por poner un ejemplo. Además debemos tener en cuenta la
presencia de todo un conjunto de especies parásitas, también llamadas
comensales (pequeños roedores y algunas aves) que comparten hábitat con
poblaciones humanas, y que nos aportan datos de gran valor acerca de las
condiciones medioambientales de cada período histórico. Los animales
pequeños son más sensibles a los cambios climáticos y se adaptan con
gran rapidez, por lo que son buenos indicadores paleoclimáticos.
La presencia en yacimientos arqueológicos de pequeños animales es muy elevada, de ahí la importancia de los métodos de recogida. Si no se criba el sedimento estaremos perdiendo una información de gran valor. El estudio de los pequeños roedores nos puede ayudar a comprender en qué condiciones climáticas se desarrolló la vida en un yacimiento. El estudio de las aves y los peces, por ejemplo, puede indicarnos en qué épocas del año fue ocupado. El estudio de los moluscos marinos puede ayudarnos a delimitar las antiguas líneas de costa, y el análisis de los exoesqueletos de los insectos nos aportará datos relevantes acerca del clima y la vegetación del entorno. Toda esta información desaparecerá si no se criba el sedimento. La criba se puede realizar en el campo o en el laboratorio. En el campo con una luz de malla de 1 mm. podemos recuperar huesos de pequeños mamíferos y restos de aves y peces. En el laboratorio una luz de malla de 500 micras nos permitirá recuperar restos de moluscos terrestres y una luz de malla de 300 micras recuperar restos de insectos. 1.3. Macrofauna. Los grandes mamíferos nos ayudan a obtener datos de la dieta en diferentes períodos históricos, además de información complementaria acerca del grado de desarrollo de las técnicas pecuarias (paleoeconomía) o del grado de implantación de la iconografía animal en las manifestaciones simbólico-culturales. La técnica de recogida del material en este caso no difiere de la empleada para recuperar otros restos materiales como la cerámica. La criba del sedimento es fundamental dado que permite recuperar fragmentos de huesos o porciones anatómicas que por su decoloración, o simplemente, por su fragmentación, pasen inadvertidos en un principio. 1.4. Etiquetado Finalmente el correcto etiquetado del material permite que en el laboratorio se puedan contextualizar correctamente los materiales. Un buen etiquetado ahorra tiempo y facilita el trabajo. Permite localizar cada conjunto muestral dentro del contexto general del yacimiento, dato éste de vital importancia ya que debemos tener en cuenta que no siempre el excavador es la persona que analiza la fauna.
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Fuentes Arqueológicas/Bibliografía/Autoevaluación I/ Autoevaluación II |