Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos
Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos
ISSN: 1887-4460
nº4 enero-abril de 2008

LA NATURALEZA COMPUESTA [1] DE LA SOCIEDAD MARROQUÍ
Paul Pascon
Lamalif, nº 17, diciembre de 1967

 


La sociedad marroquí aparece ante todos en su diversidad. En las diferentes regiones geográficas, en las distintas categorías sociales, en los diversos grupos de edad o de sexo, lo que domina, ante todo, es una especificidad tan grande al menos como la que se percibiría en un examen de las diferentes épocas históricas. Se tiene la impresión de una superposición de culturas, de sociedades.

¡País de contrastes! La idea se divulgó en los carteles turísticos y el viajero se queda atónito viendo la coexistencia del arado de bueyes, del torno del alfarero, de la tienda de lana, con el tractor, la cementera, los rascacielos.

El geógrafo opone nomadismo a trashumancia, el sedentario de los oasis al sedentario de las llanuras, el arboricultor de las montañas a los ciudadanos de antiguas y nuevas ciudades. El economista lo resuelve todo en una oposición simple de los sectores tradicional y moderno, el primero de débil inversión y establecido en una economía de subsistencia y una producción puramente alimenticia; el segundo con fuerte inversión productora de mercancías y viviendo del intercambio.  Tajantes oposiciones que satisfacen a la mayoría, con algunos matices en lo que respecta a un sector intermediario o semi-moderno. Los etnólogos, evidentemente, acentúan sus análisis sobre la noción de etnia que superponen a menudo a la de cultura: imaziguen, chleh, rifeños, saharianos, árabes, etc. Es verdad que desde Micaux-Bellaire y, despues, Montagne, las oposiciones arabo-beréberes, bled majzén y bled siba, chraa y orf, tiranía y democracia, han permitido a muchos responder sin dificultades, pero también sin matices, a todas las cuestiones, como si, por encima de estas discontinuidades, a veces reales, no hubiera una vigorosa unidad.

Varias sociedades superpuestas

Sería necesario prolongar la reflexión un poco más allá y superar las monografías, estáticas y no explicativas, y los caleidoscopios, por matizados que sean, que olvidan lo esencial, tanto más porque actualmente muchos se plantean grandes interrogantes sobre la naturaleza de la sociedad en la que viven.

En esta sociedad se afrontan en realidad varios tipos de organizaciones sociales completas en sí mismas. No nos encontramos frente a una sociedad, sino a aspectos parciales de varias sociedades que coexisten a veces en el mismo momento y en el mismo lugar. Así, un individuo determinado, pertenece, según sus diferentes comportamientos, a varias sociedades. Las pruebas son simples y cotidianas: campesinos, con derecho a tierras colectivas y cuyas mujeres van el día de la ansra [2] a la tumba de sus ancestros, a hacer libaciones y piden por la mañana a sus jammés que les traigan una mula, ciñen su kumiya (daga) y van al “bureau” a pedir colectivamente un crédito agrícola. En lugar de definirse aproximadamente por la edad, la etnia, la región, ¿no son acaso deudores de la coexistencia de varios tipos de sociedades, cinco en este caso?

¿Y un joven, diplomado, vestido a la europea, que telefonea a un responsable administrativo, pronuncia algunas palabras de árabe, recomienda en francés a una persona para reclutar y que, ante las reticencias, desgrana en árabe tres argumentos: que un pariente de la persona recomendada ha perdido su empleo y que la familia está sin recursos, que pertenece a una tribu del Marruecos central y que tiene muchos hijos, y que, para terminar, se encuentra con un rechazo basado en el reglamento, sin que la calificación del candidato haya sido incluso evocada? Se podrían multiplicar los ejemplos hasta el infinito: cada uno arrastra tras de sí las cacerolas de la Historia.

Parece que como si hubiera un ajuste de sociedades históricas sucesivas de las que sólo algunos aspectos perviven, aspectos que son las prolongaciones vivas de una sociedad anterior o las primicias de una sociedad en construcción  y que, cuando se las vuelve a situar, cobran todo su significado.

Y es porque la liquidación o la substitución son diferenciales que puede hablarse de coexistencia: a veces son los utensilios o las técnicas las que evolucionan primero, a veces las relaciones sociales, a veces también las instituciones, la jurisdicción, los contratos, la cultura, la moral, las costumbres, las actitudes, las creencias, los signos, la ideología, el ritual, o los comportamientos procreadores, etc…. 

¿Cuál es el motor?

Se podría oponer, en este caso,  infraestructuras y superestructuras, niveles, lo que ya se ha hecho en otros lugares, con más o menos éxito. Se podría también concebir que el motor de cada sociedad es propio y preguntarse si este papel desempeñado por las máquinas en las sociedades industriales capitalistas en sus comienzos, no ha sido reemplazado por la ideología en el caso de las nuevas sociedades industriales o si el paso de la azada al arado  ha sido menos importancia que la demografía o que la escritura en tal o cual época.Supongamos que existen sociedades-tipos, tales como las de Marx o de Gurvitch que, por otra parte, costaría definir viviendo en ellas.

Supongamos también que la duración de la existencia de estas sociedades no ha sido idéntica: algunas han podido durar siglos, otras algunos decenios, ciertas han podido alcanzar la madurez y borrar completamente a las que les han precedido, mientras que otras sólo fueron fugaces... El conocimiento de la estructura de la naturaleza inerte, nos ha habituado a un progreso en el detalle, replanteándose periódicamente el esquema de concepción general, pero este cuestionamiento no es válido más que con una comprensión más amplia de la explicación de los hechos adquiridos. Así, el análisis más elemental de Aristóteles (tierra, agua, fuego, aire…) o la distinción sumaria entre sólidos, líquidos y gases, no han sido replanteadas por la física atómica moderna, sino sólo comprendidas de otra manera, es todo. Por lo tanto, a lo que se debe llegar es a un método de clasificación sistemática. De lo contrario, los sociólogos serían como alquimistas medievales en búsqueda de la piedra filosofal de la sociología.

¿Se puede llamar anacrónico a lo que es contemporáneo? Una modalidad social puede dominar, prohibir, estorbar el desarrollo de otra modalidad social procedente de una sociedad diferente. Es una manera de comprender el concepto de alienación de Marx, entendido como el dominio de una categoría de hechos sociales superados sobre una categoría de hechos sociales en marcha, como le ocurre al trabajador cualificado que constituye en la sociedad industrial el valor de base de desarrollo de esta sociedad nueva, siga sin embargo alienado por una mentalidad retrógrada derivada del temor y respeto al jefe, secuela y motor de la sociedad feudal anterior.

La resistencia de las palabras

En cada sociedad histórica, en cada nivel, cuando hay coexistencia de rasgos anacrónicos, se puede decir que hay alienación y se puede extraer de ahí una teoría de la alienación generalizada que es la verdadera enfermedad de nuestra sociedad.

Por otra parte es bastante fácil constatar que los vocablos sobreviven a la desaparición o a la transformación de las nociones que enceraban, hasta designar a veces otros fenómenos, conceptos o instituciones totalmente diferentes, o incluso tomar el relevo de términos caídos en desuso. La permanencia de la terminología por encima de la movilidad de lo real, se debe a menudo a una economía de lenguaje, expresa a veces el pudor ante la novedad, el temor a liberar fuerzas oscuras. La tiranía también puede imponer a la vez el cambio del objeto y el mantenimiento de la palabra. En otros lugares, y especialmente en Europa occidental, la obsesión nominalista obliga a la atribución de un nombre a cada cosa nueva. En Marruecos se tiene la impresión de lo contrario. La preocupación por la unidad del cuerpo social es tan grande, el temor a la excomunión es tan fuerte, que la tendencia en estos últimos años, ha sido disimular las cosas nuevas bajo palabras antiguas. Ocurre así con numerosas reglas e instituciones consuetudinarias. Así la tuiza ha venido a designar sucesivamente y a la vez, una mutua ayuda campesina entre miembros de la misma tribu, una prestación servil para un señor, la participación en una obra para parados a cambio de alimento y un guateque de un género especial. Así, la palabra azib designa un establo para el pastoreo, una casa solariega, una tierra de renta agrícola y una granja moderna. Así, cheij quiere decir jefe, místico-religioso, antiguo, gerontócrata de una yema'a y agente de la autoridad gubernamental rural. Ocurre lo mismo para charika, bennus, yema'a, almocadén, etc. (ver un estudio aparecido sobre la yema'a en los Cahiers de sociologie) y a nadie escapa que cada una de estas acepciones puede relacionarse con una sociedad particular. Este aspecto, importante, de la resistencia de la terminología ante la evolución social, explica tal vez las dificultades con las que se topa toda clarificación de las situaciones socio-históricas.

Estructuras sociales

Mientras que las edades primitivas o las sociedades industriales han sido definidas con precisión por los grandes sociólogos europeos como sociedades-tipo, no se ha atisbado ninguna verdadera síntesis para el Magreb. Tal vez porque se considera que el conocimiento monográfico está aún en sus comienzos. ¿Pero qué monografías pueden hacerse sin hipótesis generales?

Por lo tanto, es preciso construir cadenas de coherencia sociológicas, identificar las solidaridades en la sociedad marroquí de hoy y emitir la hipótesis que cada una resulta de una coherencia-tipo, de una sociedad-tipo. Después, buscar en la historia, la geografía, las clases sociales, lo que parece ser el mejor arquetipo, estudiar su funcionamiento interno, sus leyes de evolución, sus contradicciones, los antagonismos que debe superar y contrastarla con los tipos precedentes y siguientes, para comprender un poco mejor el mundo que nos rodea. Así, nos encontraremos con solidaridades dominantes, la solidaridad agnática (patriarcal), místico-ideológica (teocrática, cofradías religiosas), político-territorial (tribal), tutelar o feudal (caidal) y técnico-económica (industrial). La primera domina claramente sobre las otras. La segunda siempre ha sido fugitiva, difícil de mantener. Se podría incluso escribir una historia de Marruecos, incluida la época moderna, como la sucesión de asaltos de los diferentes tipos de sociedades (teocráticas, tribales, caidales, industriales) contra la sociedad patriarcal, que no ha cedido aún completamente el terreno.

Cada una merece una descripción y una historia. Pero, entre tanto, se las puede hacer suceder así: sociedad patriarcal, sociedad tribal, sociedad caidal, sociedad industrial (esquema 1), cuyas duraciones e interferencias quedan por determinar. Seguidamente intervienen elementos de estratificación social como la edad, el sexo, la pertenencia regional o étnica… (esquema 2).

Esquema 1

Esquema 2

Ninguna de estas sociedades es históricamente perfecta, es decir, completa, puesto que arrastra tras de sí restos anteriores.

Sin embargo, ocurre que un tipo nuevo de sociedad aparece con estruendo y emerge arrolladora sobre la escena de la historia, liquidando de paso los mínimos relieves de las sociedades anteriores.

Los que han vivido las jornadas históricas de las revoluciones relatan esta impresión: “El mundo va a cambiar de base, los nada de hoy todo han de ser” (Internacional). La proyección de la utopía, es la intención de la sociedad-tipo, todo está en el grito. Pero la realización de esta intención está hecha en la práctica de combates, amputaciones, negociaciones, concesiones a la realidad, es decir, las fuerzas sociales, los comportamientos, los hechos de la sociedad histórica. Combates dudosos y permanentes donde nada está definitivamente adquirido si las alienaciones no son sucesivamente superadas hasta las últimas.

Si no, el trance retorna, la intención se convierte en utopía pasiva. El vulcanismo social se extingue, dejando algunas semillas que, si son favorables, va a comenzar a carcomer, a través de compromisos positivos, las estructuras de la sociedad histórica.

Notas

[1] La palabra original en francés es “composite”, más compleja que “compuesta”.

[2] Término bereber: primer día del verano  en el calendario juliano todavía en uso entre los bereberes

Traducción: Bernabé López García