Marques de Santillana

 

Apuntes Históricos
y Biográficos compilados
por José L. G. de Paz..

 

Los inicios de la familia Mendoza

fueron los de unos hidalgos dispuestos a ascender aprovechando las luchas, los casamientos y el favor real.

Aldonza de Mendoza era la hermana de padre del futuro Marqués de Santillana. No se cuando nació pero las capitulaciones de boda de sus padres fueron en 1375 y su madre recibió la dote en 1379. Al tener un hermano mayor (muerto niño) y casarse su padre viudo en 1387 con la viuda Leonor de la Vega, podemos acotar su fecha de nacimiento. Aldonza era hija del futuro almirante Diego Hurtado de Mendoza y su primera mujer María Enríquez, hija fuera del matrimonio del rey Enrique II.

Su padre Diego fue repetidamente infiel a su segunda esposa Leonor, quien no contó con el aprecio de Aldonza. De hecho Diego murió en julio de 1404 lejos de su esposa (quien estaba en Carrión de los Condes), junto a su hija favorita Aldonza y en su la casa de Guadalajara con su amante y prima Mencía de Ayala, amiga de Aldonza. Mencía heredó Barajas y dineros. Aldonza heredó de su padre la mayoría de los bienes no incluidos en el mayorazgo como unas casas de Toledo, las villas de Tendilla, Cogolludo, Loranca, Cobeña, Algecilla, Palazuelos y Robredezarzas, tal y como manda Diego en su testamento de 1400 y codicilio de 1404. Asimismo Mencía y Aldonza guardaron para sí todo lo que de valor había en la casa dónde muriera Diego, reclamado inmediatamente por la viuda Leonor y fallado a favor de la viuda por Enrique III en 1405, que así recuperaría solo los bienes inventariados del marido.

Pero Aldonza reclamaría otros bienes que aducía tenía su padre por matrimonio por su madre y, por tanto, no debían pasar a su hermanastro. Se apodero de facto e inmediatamente del Real de Manzanares y de unas casas en Guadalajara. Necesitada de apoyos, seria ayudada por su marido Fadrique, conde de Trastamara y futuro duque de Arjona, lo que origino abundantes disputas con Iñigo y Leonor y un "baile" de sentencias judiciales acordes con la situación política, con el poder, de la facción a la cual apoyaba cada hermanastro.

Aldonza hizo un desgraciado matrimonio de conveniencia en Olmedo en febrero de 1405 con su primo segundo don Fadrique de Trastamara, Señor de Lemos, futuro duque de Arjona y rival en Galicia del Arzobispo Lope de Mendoza. Fadrique era hijo del muy poderoso noble gallego Pedro Enríquez, conde de Trastamara, y militó en el partido de don Alvaro de Luna contra los Infantes de Aragón a los que apoyaba Iñigo, el hermanastro y rival de Aldonza por la herencia paterna. En 1423 Fadrique alcanzó la cima de su poder al ser nombrado Duque de Arjona y miembro del Consejo Real, apoyando decididamente a Alvaro de Luna. Pero ello aumentó su osadía y ambición, acorde con su carácter violento con lo que en 1425 Fadrique formó parte de una facción contra don Alvaro de Luna uniendose a sus anteriores enemigos los infantes de Aragón. En 1426 la ambición de Fadrique le hizo destacarse en el bando opuesto a don Alvaro, pero éste logró retomar el poder en 1428 borrando del mapa a los Infantes de Aragón y encarcelando en 1429 a Fadrique que moriría misteriosamente en su prisión de Peñafiel en 1430.

No fue agradable la vida conyugal de Aldonza. Su marido tuvo tres hijos amancebado con la orensana Aldonza Alfonso (que también estaba casada) intentando que le heredara el llamado Alonso, paje en la corte de Juan II. El matrimonio no tuvo descendencia y Fadrique trató de modo violento, desconsiderado y cruel a Aldonza, con maltrato físico, robo de alhajas, otros bienes y dote. La tuvo en prisión durante dos años en Ponferrada y Aldonza testificó que le dieron hierbas que le hicieron perder el cabello y tener el pulso trémulo, según se indica en "Los Señores de Galicia" por Eduardo Pardo de Guevara (A Coruña, 2000). Parece probable que Fadrique solo la quiso para aumentar su influencia en la corte. Este personaje era "forzador de mujeres casadas y por casar" y que "robaba pan y cebada a los campesinos y caballeros", tuvo varias amantes como Isabel de Castro o su propia hermana Constanza (?), etc. Todos estos desgraciados datos apenas son consignados por los historiadores alcarreños, centrados en sus pendencias con su hemanastro, el futuro marqués de Santillana.


Detalle Sepulcro de Aldonza de Mendoza     Sepulcro de Aldonza de Mendoza. Museo Provincial Guadalajara

ALDONZA DE MENDOZA | SEPULCRO DE ALDONZA

 

Volviendo a los territorios en disputa con su hermanastro y a esa época, la situación se complica a la muerte de Enrique III en 1406 con la minoría del rey Juan II. La hábil, enérgica y prudente Leonor de la Vega mantuvo en sus manos sus posesiones familiares hasta su muerte, logró que su hijo conservara o recuperara la herencia paterna (salvo el Real) a costa de numerosos pleitos y concertó en 1408 una doble boda y alianza de Iñigo y su hermana Elvira con dos hijos de Lorenzo Suarez de Figueroa, maestre de Santiago y gran señor en Extremadura, realizada en 1412.

Iñigo y Aldonza de Mendoza llegaron a una concordia en 1422 (denunciada como forzada por Iñigo rápidamente) por la que si Aldonza no tenía descendencia, sus bienes pasarían a su hermanastro, guardando Aldonza desde el 22 de junio de 1423 para sí y su marido la posesión del Real de Manzanares, menos Guadalix y el actual Miraflores que serían de Iñigo. Éste no tenía por aquel entonces el favor real por apoyar a los Infantes de Aragón mientras que Fadrique tenía el del rey Juan II y el de su valido Alvaro de Luna y estaba en la cima de su poder.

Pero, como vimos, Iñigo logró el favor de Juan II (y especialmente de su favorito Alvaro de Luna) mejorando su posición en la corte mientras que Fadrique, el marido de Aldonza de Mendoza, era encarcelado en 1429 y moría en 1430. De hecho Iñigo recibiría del rey Fuentelviejo, Armuña, Aranzueque, El Pozo, Meco, Yélamos, Yunquera y otros lugares en 1430.

Viuda y sin hijos vivos de su marido, Aldonza de Mendoza se traslada y vive en Guadalajara, aparentemente en paz con su hermanastro con el que renovara el acuerdo de cederle el Real de Manzanares y otros bienes de su padre común a su muerte sin herederos. Tras sentirse repentinamente indispuesta, hace testamento en Espinosa de Henares el 16 de junio de 1435 y muere el 18 dejando algunos dineros a sus criados y diversas mandas piadosas a numerosas iglesias y ermitas (como la ermita de Santa Ana de Tendilla y el eremitorio de La Salceda) y al Monasterio jerónimo de San Bartolomé de Lupiana. Manda que le entierren "según mi estado demanda" de un modo "convenible a mi persona" en dicho monasterio de San Bartolomé. Luego dice textualmente "e para pagar e cumplir este mi testamento mando que sean vendidos mis bienes muebles y raíces salvo los que yo aquí mando especificados y salvo los que saben el prior de San Bartolomé y Juan de Contreras mi escudero que no se han de vender y han de ser dados a quien y como ellos saben que es mi voluntad .. Instituyo heredero universal (del resto, claro) al dicho adelantado Pedro Manrique mi primo con tal condición que el dicho Pedro Manrique cumpla mi voluntad según le fuere revelada y declarada por el dicho prior de San Bartolomé (fray Esteban de León, con fama de santidad) y por Juan de Contreras, mi escudero, los cuales la saben plenamente".

Tanto Pedro Manrique como otro Diego de Mendoza, primo y sirviente de Aldonza, escaparon nada más expirar Aldonza con las riquezas de la misma a Cogolludo siendo allí cercados militarmente por Iñigo López de Mendoza hasta que los enviados del rey les hicieron deponer las armas, con el consiguiente escándalo en la Corte. De paso, el rey Juan II cogió para sí Cogolludo, que acabaría tras trueque en manos de los De la Cerda, duques de Medinaceli y estrechos aliados del marqués de Santillana. ¿Quién era ese heredero oculto que sólo sabían el prior y Contreras?

Según cuenta Cristina de Arteaga en "La Casa de Infantado", vol I,pag 106 y 107, el prior y Contreras contaron al marqués la existencia de un hijo secreto de Aldonza, llamado Alfon. Este nombre aparece también en el libro de Pérez Bustamante dedicado al Marqués de Santillana. Según los testimonios reiterados de Contreras y fray Esteban el 13 y el 26 de septiembre de 1435 en Segovia, Aldonza de Mendoza desea que su antes odiado y despojado hermanastro Iñigo herede los bienes paternos "a condición de que Doña Mencía, hija de Don Iñigo López, case con Alfon, hijo de dicha duquesa". Arteaga y Bustamante marcan así el papel importante de Contreras y del hijo llamado Alfon.

Los datos que manejan los historiadores indican que quizá fuera un tal Diego de Mendoza, primo de Aldonza y que llevaba su casa, el posible amante y padre del famoso Alfon. Y de Alfon, aparte de los testimonios en papel de cuartilla de 1435 que Cristina de Arteaga fue la primera que encontró (donde además se dice que "se llama Alfon el doncel e agora dicen que se le llama Rodrigo de Mendoza") nunca más se supo. Pero todos esos papeles "tienen un ligero tufillo" a apaños para que Iñigo López de Mendoza recobrara lo que había pertenecido a su padre el Almirante. La recompensa que le diera Aldonza a Contreras en su testamento fue mantenida por Iñigo López de Mendoza en el suyo. Seguramente el doncel Alfon era un niño nacido entre 1430 en que murió el duque de Arjona, esposo de Aldonza, y 1435 en que murió ella.

Hay tres autores de Guadalajara (Sanz García primero y luego Del Olmo y Cuenca) que han elaborado una curiosa teoría diciendo que el hijo oculto serí el Almirante Cristobal Colón, criado en San Bartolomé tras la muerte de la duquesa. Por eso los Mendoza protegieron y ayudaron tanto al Colón. Del Olmo y Cuenca especulan que Aldonza muriera de postparto. Aparte de estos autores, la teoría alcarreña del origen de Colón no ha tenido ningún seguimiento.

Al cabo de siete años de pleitos tras la muerte de Aldonza, por fin Iñigo pudo recuperar la mayor parte de la herencia de su padre. La mayoría de las mandas del testamento de Aldonza no serían cumplidas aunque si sería enterrada en el monasterio de San Bartolomé de Lupiana en un bello sepulcro de hacia 1440 que es una de las joyas de la escultura gótica funeraria. En 1844 se trasladó al Museo Provincial de Guadalajara el sepulcro de Doña Aldonza de Mendoza, recuperándolo del ruinoso Monasterio de Lupiana. Esta pieza sería el orgullo del museo hasta su polémica donación en 1868 al Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Finalmente volvería a Guadalajara y se puede admirar en el Museo Provincial de Bellas Artes situado en el Palacio del Infantado de Guadalajara.

Mientras que en los libros editados en Guadalajara aparece como una hermanastra del famoso marqués que siempre estuvo en pelitos "dudosos" con él, en los libros gallegos aparece como una infeliz esposa de un marido brutal y despiadado, el duque de Arjona.


 

 

Creada por José L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 5 de Abril de 2002.
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