El “Cerro de Barafañez”, un antiguo castro desaparecido.


El curso medio del río Tajuña acogió algunos poblados agrícolas que fueron objeto de un trabajo de campo en 1975 por J.M. Abascal Palazón, publicado en 1982 en la revista Wad-al-Hayara. El autor describe cuatro poblados celtibéricos de la edad del Hierro: el castro de Tomellosa, “el Castejón” de Armuña de Tajuña (del siglo VI antes de Cristo y con 35 hectáreas), el “cerro de la Colmena” en Romanones y el “Cerro de Barafañez”. Aguas abajo, quizá el “castillejo de los moros” de Aranzueque fue, en sus comienzos, otro castro.

camino cerro Barafañez    piedeas lateral cerro Barafañez

Los mínimos y destrozados restos del antiguo castro celtibérico del “Cerro de Barafañez” se hallan (o hallaban) al inicio de una estrecha loma en cuyos extremos se encuentran las triples mojoneras de los términos de Fuentelviejo, Tendilla y Armuña de Tajuña (sudoeste), y de Armuña, Tendilla y Romanones (nordeste). La linde entre Armuña y Tendilla corre a lo largo del centro de la loma, quedando el lugar repartido entre los dos términos. A un lado está el barranco de Valdeandrés, lado por el que se domina el arroyo de la Vega de Tendilla y la N-320 en dirección hacia Cuenca, y por el otro el barranco de La Rosaca, divisándose y dominando el Tajuña y el centro de comunicaciones vía satélite de Armuña, con el camino a Horche y Guadalajara. Al lado oeste de la loma está el circuito de motocross La Rosaca.

Abascal Palazón encontró un pequeño castro celtibérico de la Edad del Hierro, relacionado con los otros poblamientos agrícolas de la zona y que, incluso, fue mencionado por Ceán Bermúdez en su libro póstumo de “Antigüedades” de 1832. Encontró “fragmentos de pared con engobes y barnices rojizos, y algún fragmento de cerámica a torno de color gris”. Asimismo cita los restos de vasijas de ancha boca, 40 cm, probablemente usadas en la agricultura. Los altos entre Tendilla y Romanones junto al “Cerro” están cubiertos de olivos desde finales de la Edad Media, pero ahora parte del terreno no se cultiva y los olivos crecen salvajes donde cuesta que llegue la maquinaria. En medio de las localidades hay una zona de pastos y cereal.

El “Cerro de Barafañez” era lugar de paso para realizar labores agrícolas, por lo que el paso de la moderna maquinaria y el ensanchamiento del camino abierto fue desplazando los materiales a los lados, arrasando hace décadas el pequeño castro del que apenas queda nada. Evidentemente, quien pasó por allí, ignoraba lo que había. No conozco que haya Carta Arqueológica ni hubo datos arqueológicos hasta la publicación de Abascal Palazón. Lo que si sabían los mayores de Tendilla (y villas vecinas) de haberlo oído a sus padres y abuelos, es la leyenda de que aquí estuvo Alvar Fáñez de Minaya, lugarteniente del Cid Campeador y caballero de la corte de Alfonso VI, que conquistara Guadalajara y otras villas de la provincia. Para la imaginación popular, también pasó por aquí el propio Rodrigo Díaz de Vivar, que dio de comer a su caballo.

En la Relación enviada desde Tendilla al rey Felipe II en 1580 se escribió que “un Capitán llamado Albar Fañez tubo un Castillo media legua desta villa hacia el puniente en una sierra que agora llaman el Cerro del bara fañez por haber corrompido el vocablo, en el qual se han hallado muchos rastros, y materiales, monedas antiguas, y otras cosas de armas, y municiones, y edificios antiguos”. La Relación enviada desde Romanones (1575) indica que la villa “se dice la ganó Alvaro Yañez, y ansi rnismo  á la parte del mediodia (..falta texto ..) Albar hañez en el cual se han hallado y hallan muchas armas de guerra como azadones moriscos, y yerros de lanzar y otras cosas”.

piedras cerro Barafañez    piedras cerro Barafañez

En los Aumentos a la Relación de Tendilla, el Cronista Provincial Juan Catalina García escribió que “Francisco de Torres, en su Historia de Guadalajara, obra del siglo XVII, todavía inédita, cuenta que entre Armuña y Romanones hay un cerro que debe ser continuación ó remate de la sierra que cobija á Tendilla, y en su cumbre una piedra á manera de pesebre (probablemente un sepulcro), y que es fama que aquella piedra sirvió de pesebre al caballo de Alvar Fañez”, así como que “aún se ven allí cimientos de edificios”.

Más adelante, en la Relación enviada en 1786 por la villa de Tendilla al cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, se menciona que: “lo cierto es que dicho Albarfañez fundó otro castillo a poco más de un tercio de legua de la población hacia poniente en una Tierra, que llamaron después (corrompido el vocablo) Barafañez, oy el Pesebre del Cid, en la altura del cerro que forman los valles de ValdeAndrés y Riosaca, en el qual se han hallado muchos rastros, monedas antiguas, municiones y armas, y oi permanecen indicios de los cimientos de dicho Castillo”. Riosaca es la actual La Rosaca.

En los textos anteriores aparece cierta confusión con el “pesebrico del Cid”, que en realidad es la parte inferior de un sarcófago humanoide, y que se halla al lado sur del arroyo de la vega de Tendilla, en el término de Fuentelviejo.

Cipriano Catalán, Jesús Sánchez y Manuel Muñoz, mayores de Tendilla, cuentan repetidas anécdotas de cuando subían al “cerro” en su infancia y juventud. Con ayuda de Alberto Pastor y Daniel Cea, lo he visitado varias veces. El camino agrícola tiene unos tres metros de ancho, agrandado por el sucesivo paso de la maquinaria, y los restos del castro quedan hacia los lados, dejando el terreno liso y llano. En el lado hacia La Rosaca, se encuentran enterrados los posibles restos. Hacia Valdeandrés, quedan varios pequeños tramos de muros con piedras sin ninguna argamasa, de unos cinco metros de longitud. La extensión de los restos indica un pequeño poblamiento de casi mil metros cuadrados, a falta de medición por un experto arqueólogo y de conocer qué hay bajo la tierra.

 

Autor: J.L.G. de Paz, e-mail: depaz@uam.es Versión de 3 de marzo de 2011. Incluye material procedente de otros textos anteriores del autor.



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