Marques de Santillana

 

Apuntes Históricos
y Biográficos compilados
por José L. G. de Paz..

 

Desde los libros de Literatura
a los libros de Historia

encontramos la figura señera del poeta marqués de Santillana, pero en su familia no fue el único que escribiera rimas. Aunque al marqués de Santillana le hemos conocido muchos por los libros de texto de literatura antes que por los de historia, el lector puede quedar sorprendido de que su pasión por las letras le viniera heredada de su padre el almirante Diego Hurtado de Mendoza y de su abuelo Pedro González de Mendoza.

Esta rama de los Mendoza emigró de Alava a Castilla en el primer cuarto del siglo XIV con Gonzalo Yáñez de Mendoza, quien estuvo casado con Juana de Orozco, miembro de otra familia vasca emigrada a la que, entre otros lugares, perteneció Hita, a esa Fita de su señorío, de la que ya dijo Gonzalo de Berceo:


	Fita es un castiello fuert e apoderado,
	inédito et agudo, en fondon bien poblado,

¿Pudo ser posible que Gonzalo, bisabuelo del marqués de Santillana, conociese y tratase al Arcipreste de Hita, habitante en la villa, y que habría, con toda seguridad, de decir las misas en el castillo de dónde era señor el hermano de su esposa Juana? El Arcipreste, el goliardo clérigo Juan Ruiz, fue uno de los mejores poetas españoles, jocundo y burlón, a veces libertino, a veces gran moralizador, unas urbano y pulido, y otras trascendiendo a flores rústicas y montaraces. Escribió una poesía castellana en su "Libro del Buen Amor" haciendo que cobrasen vida propia las canciones de serrana, desgarradas y ásperas (la verdad, describe a las serranas tirando a feas y hombrunas cuando cruzaba la sierra de Guadarrama hacia tierras segovianas):


	Passando una mañana
	El puerto de Malangosto
	Salteome una serrana
	A l'assomada del rostro:
	"¡Hadeduro!, diz, ¿cómo andas?
	¿Qué buscas o qué demandas
	por este puerto angosto?


sello de Pedro Gonzalez de Mendoza     Sello del marques, 1440

SELLO DE PEDRO GONZALEZ, s. XIV | SELLO DEL MARQUES 1440

 

Tras las descripciones poéticas que harían su hijo Pedro y su nieto Diego, las serranillas alcanzarían su más sublime y delicada expresión en las suaves y exquisitas del serranillas de su bisnieto el marqués de Santillana, en su bella descripción de las serranas de la sierra cercana a Manzanares o a los pies del Moncayo.

El hijo de Gonzalo, Pedro (o Pero) González de Mendoza puede ser considerado "el primer Mendoza alcarreño" pues, aunque no había nacido en Guadalajara, residió en esta villa siempre que se lo permitió el servicio de los Reyes y empezó a crear, tras heredar los bienes de los Orozco (sobretodo Hita y Buitrago), el dominio de los Mendoza en la provincia y ciudad de Guadalajara a la que, en palabras de un escritor alcarreño "le dió lustre con la alteza de sus propios hechos, así como con el favor y ayuda constantes que prodigó a la población".

El desenfado de Don Pero González de Mendoza lo demuestra en las canciones a una monja su enamorada, en la trayectoria poética en el "decir como a manera de cantiga a una serrana" que responde al nombre de Menga. En muchas poesías se llamaba con el nombre de "Menga" a la serrana a la que se canta o loa, como por ejemplo la "Menga Llorente" de Juan Ruiz. En alguna de las estrofas de esta serranilla de Pedro se aprecia la misma picardía que en el Arcipreste:

 

	Menga dame el tu acorro  
	e non me quieras matar. 
	¡Si supieras como corro,  
	bien luchar, mejor saltar! 
	Las mozuelas en el corro  
	paganse de mi sotar. 
	D’esto todo bien me acorro 
	e aun mejor del chicotar. 

	Menga, no me desampares, 
	Que bena ventura hayas; 
	E de çapatas dos pares 
	Dartelas he que las trayas 
	Porque sin miedo te pares; 
	Por doquiera que tu bayas, 
	Entre todas las tus pares, 
	Abras garnachas e sayas. 

	Menga, muy cara me cuestas  
	non te lo puedo negar; 
	con el mi zurrón a cuestas  
	tú me faces madrugar; 
	Ando por valles e cuestas  
	que sol no me das vagar 
	por a min non te acuestas 
	nin te quieres allegar 

	Menga, tras aquella peña, 
	Allí nos vamos casar; 
	Do el agua se despeña, 
	Allí fagamos yantar; 
	Darte yo manto con peña 
	E abarcas para luchar; 
	Tu manlieua y empeña 
	Que yo lo cuydo quitar. 
 

Este Pero González de Mendoza, abuelo del marqués, fue autor de numerosas composiciones presentes en el Cancionero de Juan Alonso de Baena y fue citado por su nieto en su "Proemio e carta al Condestable de Portugal". La familia Mendoza fue protectora interesada de moriscos y judíos en los lugares bajo su dominio. En su Dezir recogido en el manuscrito de la BN, Mss. 8788 menciona a los judíos de sus tierras:


	A mi grave me seria 
	dexar los prados con flores, 
	en mayo la fuente fría, 
	vergeles con ruyseñores, 
	por yr a la juderya 
	benir entre cortidores, 
	a do ay tales olores 
	donde buen olor no ha parte. 
 
	¡Cómo dexaré la sierra 
	do ay ayre y truchas finas 
	por yr morar a la tierra 
	do ay badeñas y porcinas, 
	a do la gente se encierra 
	con las espesas caninas, 
	fiesta e olor de adefinas, 
	que no siento a quien no mate! 
 
	Quando fallo buen venado 
	ponle canes el montero 
	e desina el del collado 
	¡adelante, cavallero! 
	Seria mal aconsejado 
	quien dexa de oyr a baquero 
	por oyr raby parlero 
	quando en la su ley departe. 
 
	¿Cómo dexaré perdices 
	en invierno que son sanas, 
	en verano codornices 
	de cazar por las mañanas 
	por yr con tales narices 
	a do biven las loçanas, 
	que con sus grandes ufanas  
	a todo hombre dan su mate'! 

con palabras en que se retratan circunstancias, diversiones y esparcimientos que hoy, después de cinco siglos, se conservan casi sin mudanza alguna en aquellos parajes.

En Guadalajara nació Diego Hurtado de Mendoza, hijo de Pedro González, gran Almirante de Castilla y padre del escritor y político Íñigo López de Mendoza, que quedó de jefe de la familia a los veinte años de su edad, al fallecer su padre Pedro en Aljubarrota. "Heredó de aquél -nos dice Layna Serrano en su monumental "Historia de Guadalajara y sus Mendozas"-algunas buenas cualidades, así como el cariño a Guadalajara, donde vivió siempre que lo consintieron aquellos tiempos inquietos, mejorando mucho sus casas", como queda reflejado en el libro "Generaciones y Semblanzas" de su austero pariente Fernán Pérez de Guzmán, señor de Batres, que dice así: "Hombre de muy sutil ingenio, bien razonado, muy gracioso en su decir, osado y atrevido en su fablar, tanto que el Rey Don Enrique Tercero se quejaba de su soltura y atrevimiento. Amó mucho su linaje e allegó con grande amor a sus parientes más que otro grande de su tiempo, e placíale mucho facer edificios e hizo muy buenas casas".

La línea poética familiar continua el gran Almirante, Don Diego Hurtado de Mendoza, que, fue poeta culto, dejándonos algunos de los poemas más refinados de la lírica de origen galaico-portugués, como su célebre "Cossante", que empieza así:

 
	A aquél árbol que vuelve la foxa 
	algo se le antoxa. 
  
	Aquél árbol del bel mirar 
	face de maniera flores quiere dar; 
	algo se le antoxa. 
  
	Aquél árbol del bel veyer 
	face de maniera quiere florecer; 
	algo se le antoxa.  
  
	Face de manera flores quiere dar: 
	Ya se demuestra, sallid las mirar. 
	Algo se le antoxa. 
  
	Face de manera quiere florecer: 
	Ya se demuestra, sallid las a ver. 
	Algo se le antoxa. 
  
	Ya se demuestra, sallid las mirar. 
	Vengan las damas las frutas cortar. 
	Algo se le antoxa. 
 
	Ya se demuestra, sallid las a ver. 
	Vengan las damas las frutas coxer. 
	Algo se le antoxa.  
 

Diego no se desdeña, siguiendo la tradición de su padre y del Arcipreste, de hacer canciones de serrana, como ésta que se nos ha conservado:


	Un día desta semana 
	partiendo de mi hostal, 
	vi pasar gentil serrana, 
	que en mi vida non vi tal. 

	Preguntéle dó venía 
	o á qué tierras paseaba; 
	Dixome que caminaba 
	al Prior de Rascafría, 
  
	A fazer, donde solía, 
	penitencia en la solana, 
	por dexar vida mundana 
	e tod’ pecado mortaL 


El Marques de Santillana     actual castillo de Manzanares el Real

MARQUES SANTILLANA | CASTILLO MANZANARES

 

En cuanto al marqués de Santillana, basta repetir lo que dice Layna Serrano en su citada historia: "Aunque nació en Carrión de los Condes, el 19 de Agosto de 1398, debe considerarse al primer marqués de Santillana como alcarreño, toda vez que en Guadalajara vivieron decididamente avecindados -como hemos visto- sus padres y abuelos, y allí tenían y tuvo él sus casas mayores. Fue ésta villa objeto de su predilección habitándola cuando lo permitió la vida azarosa que hubo de llevar, y en ella escribió no pocas de sus obras." En ella también fue formando su famosa biblioteca, y no se puede hablar del marqués de Santillana sin referirse largamente a su biblioteca alcarreña, y a la especie de corte literaria que le rodeó toda su vida y que halló en Guadalajara acomodo y asiento.

Según Hernando del Pulgar era "de mediana estatura, proporcionado en la compostura de sus miembros y hermoso en las facciones de su rostro ... Tuvo en su vida dos notables ejercicios: uno en la disciplina militar, otro en el estudio de la ciencia ... tenía gran copia de libros y dábale al estudio especialmente de la filosofía moral y de cosas peregrinas y antiguas"

Debo añadir que, aunque dirigidos desde Guadalajara, sus dominios se extendían asimismo por Cantabria, Castilla la Vieja y la provincia de Madrid. Con los pastos de Manzanares y el paso obligado por Buitrago, tuvo en la ganadería una importante fuente de ingresos y control económico. Su hijo primogénito sería conde del Real de Manzanares (Madrid), marqués de Santillana (Santander) y duque de las villas del Infantazgo (Guadalajara), indicando por aquel entonces dónde se hallaban los dominios a los que se consideraba más importantes. Combinando una (en general, y sobretodo a la vista de los resultados finales) acertada política de apoyos al rey o a los nobles, cambios de alianzas, matrimonios de conveniencia y "venta o alquiler" del poderío de toda esta rama de los Mendoza, los llamados "Mendozas de Guadalajara" pudieron pasar a ser una de las familias más importantes del reino de Castilla a finales del siglo XV, incluso a pesar de que algunos miembros de esta familia tuvieran una muerte temprana o una infancia complicada.

Poéticamente, mientras abuelo y padre del marqués hacen sus canciones y decires de serrana en octosilabos, el tercero de los Mendoza, cuyo oído poético está más afinado, conoce y empleará los nuevos modos italianos aprendidos desde su estancia de juventud en la corte del reino de Aragón. En siete de sus diez serranillas conservadas usa la antigua estrofa octosilaba, y hasta en una de ellas el nombre (ya mencionado para las serranas) de "Menga" (serranilla cuarta):


	Por todos estos pinares 
	nin en Navalagamella 
	non vi serrana más bella 
	que Menga de Manzanares. 
  
	Descendiedo el Yelmo a yuso 
	contral Bovalo tirando, 
	en ese valle de suso, 
	vi serrana estar cantando 
	Saludéle, segunt es uso, 
	e dixe "serrana estando 
	oyendo, yo non me excuso 
	de facer lo que mandares" 
  
	Respondióme cun ufana: 
	"bien vengades caballero. 
	¿Quién vos trae de mañana 
	por este valle señero? 
	ca por toda aquesta llana 
	ya non dexo andar vaquero, 
	nin pastora, nin serrana, 
	sinon Pascual de Bustares. 
  
	Serranas del Manzanares 
	yo me muero por Inés, 
	cortesana del aliño 
	labradora en guardar fe. 
	De cuyos ojos honestosa 
	se dejo el amor vencer, 
	que aunque su color es pardo, 
	es más bella que Aranjuez. 
  
	Alla en la vegüela 
	a Mata'l Espino 
	en ese camino 
	que va a Lozoyuela 
	de guisa la vy 
	que me fizo gana 
	la fruta temprana 
	A ella volví 
	diciendo "Loçana 
	¿e soys vos villana?" 
	"Sí soy, cavallero…"  
 

Pero el marqués en tres de las serranillas, quizá las más logradas, emplea el nuevo verso hexasílabo, verso que precisamente empleó el docto Arcipreste en su más pura serranilla, la que, con dos de las hexasílabas del marqués, puede formar el trío prodigioso de la serranilla en lengua castellana. Es aquella que empieza:


	Cerca da Tablada 
	la sierra pasada  
	fallem con Aldara  
	a la madrugada. 
  
	Encima del puerto 
	cuydéme ser muerto  
	de nieve e de frío 
	e d’ese rocío 
	e de grande helada.  
 

Y que enlaza directamente con la celebrada y celebérrima serranilla sexta del marqués:

 
	Moza tan fermosa  
	non vi en la frontera  
	como una vaquera  
	de la Finojosa. 
  
	Faciendo la vía 
	del Calatraveño 
	a Santa María, 
	vencido del sueño 
	por tierra fragosa, 
	perdí la carrera 
	da ví la vaquera 
	de la Finojosa.  
 
	En un verde prado  
	de rosas e flores,  
	guardando ganado  
	con otros pastores,  
	la ví tan graciosa,  
	que apenas creyera  
	que fuese vaquera  
	de la Finojosa. 
  
	Non creo las rosas  
	de la primavera  
	sean tan fermosas  
	nin de tal manera,  
	fablando sin glosa  
	si antes supiera  
	de aquella vaquera  
	de la Finojosa. 
  
	Non tanto mirara  
	su mucha beldad,  
	porque me dexara  
	en mi libertad,  
	Mas dixe: "Donosa - 
	por saber quien era- 
	¿do es la vaquera  
	de la Finojosa? 
  
	Bien como riendo  
	dixo: "Bien vengades,  
	que ya bien entiendo  
	lo que demandades:  
	non es deseosa 
	de amar, nin lo espera, 
	aquessa vaquera 
	de la Finojosa. 

Es sabido que el marqués no solo escribio serranillas (aunque sean las más famosas) sino variada poesía, refranes y textos en prosa. Tampoco en sus serranas se circunscribe a la actual provincia de Guadalajara, las escribió en tierras que poseyera o en las que descansara, desde el Moncayo a la sierra madrileña. Así en la serranilla octava dice:


	Madrugando en Robledillo,  
	Por yr buscar un venado,  
	Fallé luego al Colladillo  
	Caça, de que fuí pagado. 

	Al pie d’aquesa montaña, 
	La que dicen de Berqosa, 
	Vi guardar muy grand cabaña 
	De vacas moqa fermosa. 

	Si voluntat non m’engaña  
	Non vi otra más graciosa:  
	Si alguna desto s’ensaña,  
	Lóela su enamorado. 
	
	etc, etc 


Retablo pintado por Jorge en Ingles para el Marques de Santillana     Gran Cardenal Mendoza

RETABLO BUITRAGO | GRAN CARDENAL MENDOZA

 

También el Gran Cardenal Mendoza, hijo del marqués de Santillana y llamado "el tercer rey de España" en tiempos de los Reyes Católicos, hizo algunos poemas amorosos, posiblemente a su amante Mencía de Lemos con la que tuvo sus dos primeros hijos y a la que tuvo alojada en el castillo de Manzanares perteneciente a su hermano mayor Diego. Se conservan cuatro poemas y el mejor de ellos es:


	Dama, mi muy gran querer  
	en tanto grado me toca,  
	que no me puedo valer:  
	mi bivir por se apoca. 

	Apócase mi bivir 
	por amar demasiado, 
	no me aprovecha el seruir 
	ni me aprovecha el cuidado; 
	vóyme del todo a perder. 
  
	La vida mía se apoca, 
	esto causa mi querer 
	que en tanto grado me toca. 

Posteriormente al 1500 hubo otros Mendoza amantes de las letras descendientes del marqués de Santillana como el sobradamente famoso embajador, prosista y poeta Diego Hurtado de Mendoza, el cuarto duque del Infantado, el embajador y espía Bernardino de Mendoza o el virrey tercer marqués de Montesclaros. En otras ramas estuvieron a finales del XV el fraile poeta Iñigo de Mendoza, en el XVI el cardenal Francisco de Mendoza y Bobadilla y en el XVII el genealogista Pedro Salazar y Mendoza, la poetisa Luisa de Carvajal y Mendoza, el poeta cortesano Antonio Hurtado de Mendoza y el dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.

Para finalizar quiero recoger el romance atribuido al poeta alcarreño Alfonso Hurtado Velarde dedicado a la muerte heróica de Pedro González de Mendoza en Aljubarrota. Este hecho fue siempre magnificado por sus descendientes y considerado por ellos como razón inicial de los méritos nobiliarios de todos sus descendientes. Ellos repitieron hasta la saciedad el recuerdo de la muerte heróica de Pedro que por salvar la vida al rey, dió la suya, tras poner bajo su cuidado a su hijo Diego, el "Diegote" del poema:

 

	"Si el caballo vos han muerto, 
	sobid, Rey, en mi caballo; 
	y si no os podeis sobir 
	llegad, subiros hé en brazos. 

	Poned un pie en el estribo 
	y el otro sobre mis manos; 
	mirad que carga el gentío; 
	aunque yo muera librad vos. 

	No os adeudo con tal fecha 
	ni me quedais obligado 
	que tal escatima deben 
	a los reyes sus vasallos. 

	Y si es verdad que lo debo 
	no dirán los castellanos 
	en oprobio de mis canas 
	que vos dexo y nos vos pago. 

	Ni las dueñas de la Alcarria 
	que a sus maridos fidalgos 
	dexé en el campo difuntos 
	y salgo vivo del campo". 

	A Diegote os encomiendo 
	mirad por aquel muchacho, 
	sed padre y amparo suyo, 
	y a Dios que sea en vuestro amparo". 

	Dixo el valiente alavés, 
	señor de Hita y Buitrago, 
	al rey Don Juan el Primero, 
	y entrase a morir luchando. 
   

Bibliografía.

  • "Poetas cortesanos del siglo XV" de José Onrubio de Mendoza, editorial Bruguera (Barcelona, 1975).
  • "Serranllas" de Mary Tere Martín, editorial Afrodisio Aguado (Madrid, 1948)
  • "El marqués de Santillana, poeta alcarreño" de Jose María Alonso Gamo, edición de la Casa de Guadalajara (Madrid, 1999). Es el texto que más he usado.
  • "Historia de Guadalajara y sus Mendoza en los Siglos XV y XVI" de Francisco Layna (1942), reeditado por Aache Ediciones.
  • "Juderías Medievales de Guadalajara" de Francisco Cantera Burgos y Carlos Carrete Parrondo, Sefarad vol 33 (1973) y 34 (1974) contiene el "Dezir" de Pedro González de Mendoza.
  • "Obras Completas del marqués de Santillana", edición de Gómez Moreno, editorial Planeta (1988).
  • "El Cardenal Mendoza" por Fernando Vilches (Guadalajara, 1994).
  • "La Casa del Infantado" por Cristina de Arteaga, vol, I (Madrid 1940).

 
 

Creada esta compliación de textos por José L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 8 de Febrero de 2003.
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