Marques de Santillana

 

Apuntes Históricos
y Biográficos compilados
por José L. G. de Paz..

 

La Casa de Mondéjar:

breve biografía de algunos de los miembros de la familia de los Condes de Tendilla y Marqueses de Mondéjar.

El Pedro González de Mendoza y Mendoza al que nos referimos era noveno hijo, y el menor de los varones, de los once que tuvo el matrimonio celebrado en 1542 entre Iñigo López de Mendoza, futuro tercer Marqués de Mondéjar. y en aquel entonces cuarto Conde de Tendilla, y María de Mendoza y Aragón, hija del que luego sería cuarto Duque del Infantado.


Llegada de Maria de Medici a Marsella, por Rubens     El Caballero Pedro Gonzalez de Mendoza

LLEGADA DE MARIA | CABALLERO PEDRO

 

Nacido en Mondéjar, Pedro acompañaría a su padre cuando fuera nombrado virrey de Nápoles en 1575-79, un modo elegante de alejar a Iñigo de Granada. En 1578 el joven Pedro fue enviado por su padre al mando de diez compañías de infantería contra los "fuoricisti", bandidos calabreses mandados por Marco di Berardo, a los que aparentemente exterminó, aunque el bandolerismo volviera a aparecer en cuanto las tropas se retiraron. Asimismo Pedro estuvo al mando de los 1844 hombres del tercio de Nápoles en la campaña que partiera en 1580 desde Badajoz para lograr el trono portugués para Felipe II. Cuando su hermano Juan Hurtado de Mendoza se casa en Guadalajara con Ana, futura sexta duquesa del Infantado, Pedro pasa en enero de 1582 a felicitarles de camino a Roma, sin poder quedarse a la boda.

Pedro fue Prior de Ibernia, Bailío de Lora y Comendador de El Viso (Ciudad Real) dentro de la Orden de San Juan. Se casó con Isabel de Parla, natural de El Viso, y tuvieron por hijo legítimo a Luis de Mendoza y Parla, que ingresaría en la Orden de Santiago en 1622. Posteriormente Pedro llegaría a ser embajador de la Orden de San Juan en España. Roma y Venecia, y General de las Galeras de Malta. Desempeñando este puesto suceden los hechos que vamos a relataros. La Orden de San Juan u Orden de Malta, era soberana por aquel entonces de dicha isla que le había sido cedida por Carlos V. Allí su labor principal era la lucha contra los turcos.

Cuando que Enrique IV logró acceder al trono de Francia, tras convertirse al catolicismo, y al no tener heredero decidió anular el matrimonio con su primera esposa a la que la historia conoce como "la reina Margot". Al elegir segunda esposa, decidió casarse con la rica heredera María de Médicis la cual era hija del Duque Francisco I de Toscana, había nacido en Florencia en 1573 y era veinte años menor que él.

La boda tuvo lugar en 1600 y la novia fue llevada lujosamente desde Livorno (Toscana) a Marsella (Francia), como haría cualquier familia riquísima que lograra casar una hija con una persona de mucho mayor estatus. Entre las naves que custodiaban a la novia iban cinco galeras de los Caballeros de Malta junto a las naves toscanas y del Papado. Las naves maltesas habían sido invitadas a la escolta tanto por Francia como por Toscana, iban engalanadas y los caballeros vestían sus mejores ropajes transportando a Roquelaure Saint Aubin, enviado del Gran Maestre de la Orden. Al mando de las naves iba el General de Galeras de la Orden Pedro González de Mendoza.

Cuando María llegó a Marsella, el capitán de la nave real francesa invitó a Mendoza a fondear la galera maltesa a su costado, lo que Mendoza hizo rápidamente. Pero esta posición junto a la barca de la reina fue prontamente reclamada por Giovanni de Médicis, dado el gran honor que implicaba fondear junto a la nave real. Mendoza no se movió, como "buen Mendoza" que era, y Giovanni protestó ante la futura Reina y la Gran Duquesa de Toscana Juana de Austria, la cual mandó un mensaje urgente al rey Enrique IV, ausente de Marsella por estar en guerra: La Orden de Malta ultrajaba a Toscana y Francia. Incluso el Duque de Guisa intentó convencer a Mendoza que cambiara de fondeadero o que sacara sus galeras en un corto crucero que permitiera a Giovanni fondear junto a María de Médicis. Pero un Mendoza no podía ceder en sus prerrogativas por lo que el problema fue empeorando. Desconozco que le ocurrió al pobre capitán francés que invitara alegremente a fondear a Mendoza, pero no debió ser nada bueno.

Algunos caballeros de la Orden naturales de Marsella incitaron al populacho marsellés a defender con las armas los derechos de la Orden y Saint Aubin intentó asimismo convencer a Enrique IV a favor de los derechos de la misma. Para empeorar las cosas, cuando María de Médicis se quejó ante el Gran Canciller Pomponne de Bellievre, éste le dijo que "las reinas vienen a Francia a dar hijos, no a dar órdenes".

La esperada decisión del rey tardaba pues al no estar en Marsella no podía determinar quien tenía la razón. Al final, políticamente, el rey intentó alejar a los malteses pero enviándoles costosos presentes como una cadena de oro a cada capitán de las galeras maltesas, una copa de oro al mensajero y un diamante tallado en forma de corazón con una corona engarzada en su parte superior para el propio Mendoza. Este se lo tomo por el lado más favorable a sus intereses, pensando que era una invitación del rey a que pusiera una corona en la parte superior de su escudo de armas.

 Al final Mendoza partió con sus cinco galeras, pero fue perseguido de cerca por las siete galeras toscanas de Giovanni que parecían querer batalla. Entonces Mendoza mandó preparar sus naves para el combate, dio media vuelta y embistió hacia las naves toscanas que al verle llegar prefirieron ir en otra dirección. Nada malo paso, pero por poco. Para acabar, cuando las naves maltesas en su regreso pasaron por Livorno, fueron cañoneadas fieramente desde el fuerte por el Gran Duque de Toscana. En fin, parece mentira como dos países aliados pudieron por poco acabar en guerra por una simple cuestión de prioridad.

Cuando el pintor holandés Pedro Pablo Rubens dedicara varios cuadros a la llegada y a la boda de María y Enrique, pintó uno titulado "La llegada de María de Médicis a Marsella". En la primera versión de este cuadro que está en la Alte Pinakothek de Munich no aparece pero en la versión final que esta en el Louvre (París) hay al lado izquierdo un poderoso Caballero de la Orden de San Juan mirando altivamente a la barca real de la que desciende María. Está claro que aquel que pidió a Rubens que pintara el cuadro quiso que en él apareciera el puntilloso en cuestiones de honor Pedro González de Mendoza, que así ha quedado inmortalizado por el genial pintor.


Pedro retratado por Rodrigo de Villandrando en 1619

PEDRO EN 1619

 

Mendoza no fue reprendido, ni mucho menos. Parece que en 1602 partía para España en una misión diplomática junto con su secretario maltés Abela.

Esta historia no la hubiera conocido si no fuera por mi amigo maltés, el profesor de Arte Sandro de Bono a quien deseo expresar mi agradecimiento por sus informaciones. El primero en relatarla fue Bartolomeo dal Pozzo en su Historia (Verona, 1703).



 

 

Creada por José L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 5 de Septiembre de 2000.


 

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