Marques de Santillana

 

Apuntes Históricos
y Biográficos compilados
por José L. G. de Paz..

 

Desde los libros de texto
a los libros de Historia

encontramos la figura del Marqués de Santillana (1398-1458).

Iñigo López de Mendoza y de la Vega, primer marqués de Santillana, fue uno de los grandes protagonistas de la historia de Castilla en la primera mitad del siglo XV, pero se le recuerda principalmente por su labor literaria, por sus obras escritas. Sus restos mortales han sufrido los avatares de los tiempos. ¿Dónde se encuentran los restos del marqués de Santillana?


El Marques de Santillana     El Gran Cardenal Mendoza

MARQUES SANTILLANA | GRAN CARDENAL

 

Hacia el año 1330, Isabel, hija de Sancho IV, concedió autorización a los franciscanos para edificar una casa junto a las murallas de Guadalajara, en el lado Este. Sería el comienzo del futuro convento de San Francisco, del que ya existe constancia cierta en 1364 y que, durante casi dos siglos, sería la única residencia de frailes mendicantes en la ciudad, con los consiguientes beneficios y limosnas por parte de la población.

Pedro González de Mendoza, "el de Aljubarrota", casó en 1363 con Aldonza Fernández de Ayala, hermana del Canciller Ayala. Dejó en su testamento mandas a favor de los frailes franciscanos y en 1389, su viuda, Aldonza, fundaba seis capellanías cantadas en el mismo, cumpliendo así, la voluntad testamentaria de su difunto esposo.

Desconozco dónde fue enterrada la viuda Aldonza de Ayala, pero su marido Pedro González de Mendoza sería el último miembro de los "Mendoza de Guadalajara" en enterrarse en la iglesia de San Martín de Mendoza (Alava), hoy desaparecida. Su lápida fue vendida en 1832 al secularizarse la iglesia.

Su hijo Diego Hurtado de Mendoza sufragó la reconstrucción de la iglesia de San Francisco, tras el incendio que padeció en 1394, a cambio de obtener el privilegio de ser sepultado en su Capilla Mayor, de la que obtuvo el patronazgo, que compartió con su primera esposa María de Castilla y sus descendientes. También sería allí enterrada, en 1431, su hermana Juana de Mendoza, la "ricahembra de Guadalajara", bisabuela de Fernando el Católico.

El famoso marqués de Santillana Iñigo López de Mendoza, finalizaría las obras iniciadas por su padre Diego, muerto prematuramente en 1404, esculpiendo los sepulcros familiares y levantando la iglesia del convento de San Francisco, dónde sería enterrado, en 1458, junto a su mujer Catalina Suárez de Figueroa y junto a su padre.

El Gran Cardenal Pedro González de Mendoza, hijo de Iñigo, continuó favoreciendo al convento: prolongó la Capilla Mayor tirando la cabecera del templo y la reconstruyó ampliada para que los mausoleos familiares no estuvieran tan estrechos. También acabó la gran nave única de la iglesia de 54 metros de larga.

En la capilla mayor, sería enterrado el primer duque del Infantado, los sucesivos duques y muchos de sus familiares, incluyendo a algunos de los Mendoza "de Molina". También otros Mendoza "del Infantado" serían enterrados fuera de la capilla, bajo el pavimento, pues el cardenal Juan de Mendoza fue enterrado, en 1612, en el plano del altar mayor, al lado de la epístola.

Al ser durante largos años el único, y luego el principal convento de Guadalajara, otras familias nobles alcarreñas obtuvieron las capillas laterales para su enterramiento, llegando a haber en el siglo XVI, 70 frailes en el monasterio para cumplir las repetidas mandas testamentarias piadosas.

Ana de Mendoza, sexta duquesa del Infantado, dispuso a comienzos del siglo XVII el inicio de las obras subterráneas de un panteón familiar, detrás del tabernáculo, para depositar los sepulcros de su padre, los de sus dos maridos, Rodrigo y Juan, respectivamente, los de sus hijos y el suyo propio.

Nuñez de Castro escribió en su "Historia" de 1653 que había "en la capilla mayor de San Francisco entierro de estos señores duques" y luego "no tenía bóveda, abrían sepulturas en el suelo", indicando que por ello hizo la duquesa Ana la obra subterránea (que Nuñez denomina bóveda) la cual se llenó apenas fallecida ella.


Plano del panteon de la duquesa Ana     Ana de Mendoza, VI duquesa del Duques Infantado

PLANO PANTEON ANA | DUQUESA ANA

 

En un plano hecho en vida de la duquesa Ana presente en el archivo Osuna, carpeta 5, plano 118, aparecen 22 huecos de sepulturas con nombres en 15 de ellos. Se mencionan en las numeradas 18 y 19 que "hay diferentes huesos en cajas hechas pedazos", correspondiendo los demás espacios a Mendozas contemporáneos de la duquesa, dos para con niños pequeños, otro con un caballero con hábito de Calatrava y otros dos con restos de señoras de las que no se menciona su nombre.

No hay indicación documental alguna respecto a los fallecidos en el s. XV. En la actualidad sólo pueden verse en la iglesia los restos de un arco parietal funerario en la capilla más próxima al presbiterio, al lado de la epístola, con espacios para sepulcros bajo arcos que indican su antigüedad de finales del gótico. Los autores de la bibliografía consultada no indican a quien pueden corresponder.


San Francisco, en la actualidad     Escalera del Panteon de los Duques Infantado

SAN FRANCISCO | ESCALERA PANTEON

 

Las casas de Pastrana e Infantado se unirían por pacto matrimonial en la persona del noveno duque del Infantado, que sería enterrado en Madrid. Los duques de Pastrana descendían del matrimonio entre Ana de Mendoza y Ruy Gómez de Silva, nombrados Príncipes de Eboli por Felipe II. El sexto hijo varón de ambos, el obispo fray Pedro González de Mendoza, engrandecería la iglesia de Pastrana durante la primera mitad del siglo XVII, hasta convertirla en colegiata. Hizo construir una cripta para enterrar, en unas urnas, a su abuelo y a sus padres, en 1637. Los cuatro primeros duques de Pastrana fueron enterrados en esta cripta.

En 1696, el décimo duque del Infantado y a la vez sexto duque de Pastrana, don Juan de Dios de Silva, Haro y Mendoza, reanudó las obras en la iglesia de San Francisco de Guadalajara para ampliar el panteón familiar de los duques del Infantado. El antiguo panteón realizado por la duquesa Ana sería aprovechado para pudridero del nuevo. La hermosa obra imitaba el panteón real de El Escorial, es de forma oval y se baja a él por 55 escalones. Tiene mármoles y jaspes, y era obra de Felipe Sánchez y Felipe Peña, siendo acabada en 1728. En el Inventario publicado en 1983 aparecen en el panteón 26 hornacinas, 17 de las cuales se hallan ocupadas por féretros marmóreos usados como sepulturas dónde descansarían los duques y sus familiares. Separado del panteón por un tabique está el pudridero que en el "Inventario" de 1983 se encontraba vacío y con las paredes desnudas y encaladas.


Planta del panteon de los duques del Infantado por Layna (Guadalajara)     Panteon de los Duques Infantado

PLANO PANTEON | PANTEON DUQUES

 

Aunque es presumible, debemos indicar que no hay documentación que pruebe que todos restos de los "Infantados" y sus familiares que estaban en los enterramientos que había en la Capilla Mayor, bien en mausoleos o bien en el suelo, fueran bajados al panteón de la duquesa Ana, a los lugares marcados como "huesos en cajas hechas pedazos", y luego trasladados en 1729 a algunas de las urnas del panteón que hizo el duque Juan de Dios.

Durante la guerra de la Independencia, la iglesia fue ocupada por los franceses a finales de 1808, sirviendo como cuartel general por su situación estratégica, por lo que sufrió apreciables daños. Allí residió el general Hugo, padre del novelista Víctor Hugo. Sin embargo, en 1813, tras la reconquista de Guadalajara por los franceses, hubo un saqueo generalizado por las tropas de

Napoleón, que causó más daño en Guadalajara que el hecho durante todos los años de la ocupación anterior. La cripta fue saqueada y los sepulcros profanados en busca de botín. Los restos de los duques se dispersaron, se mezclaron, e incluso se perdieron. La biblioteca y el archivo del convento también desaparecieron víctimas del incendio que provocaron los franceses tras el saqueo de la iglesia.

Los pocos restos humanos recuperados (entre los que se cree que estaban los del marqués de Santillana), estaban mezclados. Fueron recogidos y guardados cuidadosamente en septiembre de 1813. Los monjes se instalaron de nuevo en el convento de San Francisco hasta la expulsión temporal en el trienio liberal (1820-1823) y la definitiva en la desamortización de Mendizábal. Una lápida en la iglesia indica que estuvo sin culto desde el año1833. Durante las guerras carlistas se convirtió en un cuartel para las tropas, siendo llamado desde entonces "el fuerte". Los soldados españoles permanecieron en "el fuerte" hasta el 31 de diciembre de 1999.

Al morir el XIII duque del Infantado hubo pleito entre su hijo natural legitimado Manuel de Toledo Lesparre y el heredero legal, el duque de Osuna. Al final llegaron a un acuerdo en el que Mariano Téllez-Girón, XV duque del Infantado, simplemente como tenia tantos títulos le cedió en 1852 uno, el de duque de Pastrana, a Manuel de Toledo Lesparre (1805-1886). Manuel era muy religioso y, con el permiso de Osuna, llevó en 1859 los restos de Infantados y Pastranas en siete urnas intactas desde San Francisco (Guadalajara) a la cripta de la Colegiata de Pastrana, que fue modificada para ello abriéndose asimismo el actual tragaluz.

El sacerdote Pérez y Cuenca fue testigo presencial de los hechos y cuenta en su "Historia de Pastrana " la disposición de los enterramientos en la cripta, los duques primero a cuarto, conde de Galve, duques XII y XIII del Infantado y varios familiares, amén de un sepulcro donde reposan los restos que fueran mezclados en 1813 en el saqueo de San Francisco. Cuenta asimismo que en el pavimento bajo la bóveda "hay dos estancias más profundas cada una de ellas cubierta por dos grandes piedras, cada una con sus argollas o asas de hierro. En cada una hay varias cajitas con asas y galones dorados, sin duda serían los niños de los duques".

Pero en la cripta se fueron acumulando poco a poco más cuerpos. En 1862 se encontró el cuerpo de fray Pedro González de Mendoza en el trasparente del Altar mayor y se bajó en 1863 a la cripta. También se llevaron en 1868 desde Madrid a Pastrana los restos del noveno duque del Infantado y los de su esposa. Asimismo Manuel hizo enterrar en la cripta a su hermana y, tras fallecer sin hijos, Manuel de Toledo también sería enterrado en 1886 en la cripta, en el lugar ocupado inicialmente por el V duque, el cual se traslada al lugar dónde ahora descansa mezclado con otros restos tras una lapida de mármol negro en la que está escrito "V, VI y VII duques de Pastrana y otros Infantado". Se encuentra la primera en la pared entrando en el crucero de la cripta, mirando abajo a la izquierda.


Panteon de Pastrana, la flecha indica la posible tumba del marques     Manuel de Toledo, duque de Pastrana

PANTEON PASTRANA | MANUEL DE TOLEDO

 

Parece presumible que si algún resto del marqués de Santillana quedó tras el saqueo de 1813, éste fuera trasladado a Pastrana y depositado tras la lapida "V, VI y VII duques de Pastrana y otros Infantado", pues todos los demás sepulcros tienen indicación precisa de quien los ocupa. El testimonio de Pérez y Cuenca respecto a las tumbas situadas bajo el suelo de la cripta indica que no parece cierto que el marqués repose en una fosa común en el suelo.

Hace años, cuando un visitante llegaba a visitar la cripta y sus sepulturas, se cuenta que las mujeres que enseñaban cripta o los guías, sacaban una calavera y la enseñaban diciendo: "esta es la calavera del marqués de Santillana". Según testimonio de uno de los actuales guías turísticos, Juan Gabriel Ranera, la tapa que levantaban correspondía a la tumba de Pedro Alcántara de Toledo, XIII duque del Infantado y amigo de Fernando VII, tumba situada justo enfrente de la antes mencionada "V, VI y VII duques de Pastrana y otros Infantado". Puesto que Pedro no se casó, es extraña la presencia dentro de su sepulcro de dos calaveras en vez de solo una, según testimonio del propio Juan Gabriel Ranera. No parece probable que alguna de las dos pueda ser la calavera del marqués de Santillana.

Sin poder descartar absolutamente, por el incendio del archivo del monasterio de San Francisco, que el famoso marqués de Santillana no esté oculto bajo su suelo, parece más probable que lo poco que de él quede este en la cripta de la Colegiata de Pastrana, mezclado con otros de sus descendientes, en el lugar marcado por la citada lápida que dice "V, VI y VII duques de Pastrana y otros Infantado". Evidentemente, tanta gente en tan poco sitio implica que deben quedar pocos restos óseos de cada individuo.

Como curiosidad final es sabido en Pastrana que en la cripta se encuentra un ataúd de madera extraño a los duques, conteniendo los restos de un tal "mosén Rubí".

Bibliografía:

  • "Historia de Pastrana" de Manuel Pérez y Cuenca (1871).
  • "Historia de Guadalajara y sus Mendozas" de Francisco Layna (reedición de 1993-96).
  • "Los conventos antiguos de Guadalajara" de Francisco Layna (1945).
  • "La Casa del Infantado" de Cristina de Arteaga (1940 y 1944).
  • "Monasterios y conventos en la provincia de Guadalajara" de Antonio Herrera Casado (1974).
  • "Inventario Artístico de la Provincia de Guadalajara" de José María Azcárate de Ristori (1983).
  • "El Monasterio de San Francisco de Guadalajara" de Víctor Bonilla Almendros (1999).
  • Más informacion sobre el monasterio en http://www.aache.com/personal/monumentos/sanfrancisco.htm
  • Más informacion sobre Pastrana en http://www.aache.com/personal/pastrana.htm



 


Creada por José L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 10 de Mayo de 2003.
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