La Ronda de Tendilla (1880-1890).


Este poema fue escrito por el farmacéutico Gustavo López García (Tendilla 1873-Zafra 1967) en el mes de diciembre de 1906, siendo incluido en el libro mecanografiado "Mi Tendilla" que enviara al Ayuntamiento desde Zafra en l950.


         "La Ronda: 1880-1890"

         Una música se oye
         en la noche silenciosa,
         como la voz del misterio
         que late bajo las sombras:
         voz de seres invisibles.
         que cantan, ríen y lloran;
         de duendes, trasgos y brujas
         que extraños coros salmodian;
         voz de los mundos lejanos
         que trae el éter en sus ondas.

         Una música - ¡oh, la magia
         de la noche misteriosa! -
         que de las arpas angélicas
         parece al alma que brota;
         música que la corazón
         profundamente emociona,
         con una emoción que anuda
         la garganta, y que se asoma
         a los ojos, en dos lágrimas,
         desahogo de la congoja.

         Y esa música - ¡0h, la magia
         de la noche misteriosa" -
         no es la "quita sinfonía"
         tocada por "la Sinfónica":
         es música popular;
         es la aragonesa jota
         tocada por la ronralla
         de los mozos: es LA RONDA.

         La música lentamente,
         lentamente, se aproxina;
         ya se oyen del acordeón
         las escalas bien distintas
         y el tin, tin, tin argentino
         con que el triángulo vibra,
         y el golpe rotundo y seco
         de la pandera morisca.

         Ya al extremo de la calle,
         negros bultos se divisan,
         que irrumpen como avalancha
         y entre las sombras se filtran.

         Una voz de agudo timbre
         canta una copla castiza:
         "La noche clara y serena
         es buena para rondar,
         para los enamorados
         es mejor la oscuridad".

         Ya se oye de las bandurrias
         la aguda voz cantarina
         y de las guitarras dobles
         la mas llena y masculina,
         y el rasguear bullanguero
         de las guitarras sencillas,
         y el infantil guitarrico
         que sus travesuras chilla.

           ....................

         Ya se oye cada instrumento
         en su voz propia y distinta;
         pero todos acordados
         en combinada armonía;
         que, aunque los mozos ignoran
         musicales teorías,
         tienen la intuición del arte,
         y unas normas muy sencillas,
         y sensibles los oídos
         a ritmos y melodías.
         Y, con estos elementos
         y una aficción decidida
         por el arte musical
         forman conjuntos que admiran.

           ....................

         La Ronda se ha detenido
         a la puerta de una casa
         de fachada patinosa
         que adorna torcida parra,
         orlando con su verdura
         un balcón y dos ventanas.
         Tras una vela, el amor
         de una garrida zagala
         que espera con impaciencia
         de La Ronda la llegada
         que el galán al quien dió el sí
         en la pasada semana
         como primer homenaje
         de su amor, ha de rondarla.
         - Para ello pagó esta noche
         la "patente" acostumbrada,
         sin esperar a la quinta
         que es la ocasión obligada - (1)
         Tras la otra, padres celosos
         de su honor y de su fama.

         Un "tran, tarán" unísono
         al llegar ante la casa,
         pone término a la jota
         que tocaba la rondalla.
         Unos músicos forman corro
         y, dentro de éste, se plantan
         el mayoral (2), los cantores
         y "el ruido" (3), según la usanza.

         El Mayoral, con imperio
         a la orquesta "ordena y manda":
         - "Tres seguidillas, tres jotas (4)
         y la despedía y basta,
         qu'hay apuntás quince rondas
         y ya va la noche avanzada.
         A más qu'el señor Alcalde
         m'ha dicho que, si no acaba
         la ronda a las doce in punto
         m'echa la multa mañana
         qu'en cuanti que den las doce
         no quiere oir ni a las ranas"
 
         Los músicos van templando
         las bandurrias y guitarras,
         y "El Comodín", que dirige,
         atiende a toda la banda:
         - "Sube ese cuarto, Santiago ...
         Esa prima esta muy alta...
         ¿A onde vas con la tercera?
         ¡Qué orejas tenéis, recachas!"
         "Paiceis a los de Lumpiaque
         - dice el Mayoral con guasa -
         qu'amanecieron templando"

         Sale, al fin, por seguidillas
         la orquesta, bien afinada,
         y una voz de tenorino
         la obligada copla canta:

         "Comienzo por dibujarte
         por la cabeza
         que parece tu pelo
         de oro madejas"
         aunque el pelo como cuervo
         tenga la moza rondada.

         Tras de las tres seguidillas,
         en suave transición pasa
         la orquesta a tocar la jota,
         y una voz robusta canta:

         "Si quieres saber, Marcela,
         quien la ronda te ha traído,
         Perico tiene por nombre
         y Doncel por apellido."

         Otro par de coplas más
         en igual tema inspiradas,
         y la despedida cierra
         el homenaje a la dama:

         "Ya te echo la despedida
         porque sé que la mereces,
         que la hierba que tu pisas
         despues de seca, florece"

         Nuevo temple de instrumentos,
         y, de tres en tres formada,
         la orquesta, el ruido a los flancos,
         detrás la anónima masa,
         la ronda va a continuar
         su misión bella y humana,
         de repartir alegrías
         iluciones y esperanzas;
         de bañar los corazones
         en emoción dulce y grata,
         y de halagar el orgullo
         de los humildes: mañana
         se dirán los tendilleros
         al despertar con el alba:
         "¿Oístes anoghe la ronda?
         Daba gozo el escucharla."

           ....................
  
         La Ronda, lenta, se aleja
         y, lentos, van apagando,
         diluidos en las sombras,
         sus ecos, que, ya lejanos,
         en la misteriosa noche
         semejan voces de encanto:
         del misterio que las sombras
         ocultan, sublime canto;
         orquesta angélica; voz
         de mundos imaginarios.

         Frente a la casa rondada,
         como una estátua plantado,
         sigue el mozo que la ronda
         a su amada ha dedicado,
         los ojos en la ventana
         con tenacidad clavados.
         Vago en ella se dibuja
         se dibuja un rostro humano
         desvaído entre las sombras,
         que al mancebo enamorado
         deslumbra, cual si de pronto
         luciera el sol meridiano.
         Del rostro sale una voz
         que dice en tono velado:
         -"Muchas gracias por la ronda"
         -"No hay de qué" - dice el muchacho,
         y, tras un corto silencio,
         pregúntala:
         -"¿Te ha gustado?"
         -"Mucho: iba mu afiná."
         Nueva pausa, y
         -"Habla bajo,"
         ella dice, - "que mi padre
         puede estarnos acechando."
         "¿Quién cantó las seguidillas?
         añade, después de un rato.
         -"El Goyo."
         -"No parecía."
         -"Está un poco acatarrado."

         Más por bajo de esta simple
         conversación, y por bajo
         de pausas y de silencios,
         olas de fuego volcánico
         van de un corazón a otro,
         y en el camino chocando,
         se funden en largos besos,
         como largas vidas largos,
         y ardientes como el deseo,
         y más que el sol meridiano.

         Y de pronto, en este fuego,
         cae de agua helada este jarro,
         que desde la otra ventana,
         lanza un vozarrón airado:

         -"¿No es aún hora, tortolicos?
         ¿Sus habís creido ¡sandios!,
         que vos iba yo a aguantar
         que juguís a los noviazgos,
         cuando habíais de jugar
         a las muñecas y al marro?
         ¿Querís ponerme en redéculo
         ante tó el pueblo? ¡Re...pámpanos!"

         "Cuando venga del servicio (5)
         hablaremos. Entre tanto,
         ¡largo de aquí, monigote!
         ¡con tu mamá! ¡pronto, largo!
         que yo tengo malas pulgas
         y un garrote mu p'al caso
         y, si no te largas pronto,
         como Dios, que te machaco.
         Y tu, mocosa, ¡a la cama!
         si no quiés que te rompa algo."

         Queda el pobre mozalbete
         confuso y avergonzado,
         ante su amor y su hombría
         en su conciencia luchando,
         y, optando por la prudencia,
         se marcha, pasito a paso,
         mientras la moza, aterrada,
         entre suspiros y llantos,
         va a refugiarse en el lecho
         entre dientes murmurando:
         -"¡Cómo está la noche, Virgen!
         ¡qué padre tengo, Dios santo!"

           .....................
  
         Entre airado y afligido,
         marcha sin rumbo el mancebo:
         a veces crispados los puños
         y se desata en denuestos
         y amenazas contra el padre
         tirano, cruel y grosero;
         otras veces se detiene
         con muestras de desaliento,
         y hasta llora como un niño
         ¡si es casi un mozo el mozuelo!

         Ya siente surgir el macho
         los impulsos violentos
         de conquistar a la hembra
         con garras y dientes fieros,
         y exasperado y rabioso
         amenaza al mundo entero;
         ya, calmado, reflexiona
         que los modos violentos
         serán contraproducentes;
         dificultarían su empeño,
         y causarían a su amada
         los dolores más acerbos.

         Oye próxima la ronda
         y cambia su rumbo incierto,
         buscando en la soledad
         del desahogo el consuelo,
         y huyendo de maliciosas
         puyas y amigos consejos,
         con que habrán de asaetearle
         los mozos por el suceso.

         Pero, al volver una esquina,
         topa con un compañero
         que se retira a su casa,
         y éste le relata el cuento
         que, en la ronda, con burlas
         se ha comentado el suceso:
         con burlas poco piadosas
         para él, su novia y su suegro,
         y se dedide a afrontarlas,
         y a contestar digno y serio,
         con razones o con puños
         a maldicientes y necios.

         Y va en busca de la ronda,
         que halla marchando en silencio
         hacia la taberna próxima,
         porque ya las doce dieron.
         Cada uno de los rondantes,
         en competencia de ingenio,
         le recibe con un chiste
         sobre el desahucio violento,
         y él, dirigiéndose a todos
         en tono firme y sereno,
         les dice:
         -"Callad ahora,
         y, dentro de unos momentos,
         os daré razones tales
         de mi conducta, que espero
         que todos la aprobaréis
         y, si hay alguien que siga creyendo
         que es mi proceder cobarde
         verá, en todos los terrenos,
         que soy más hombre que todos
         los que me zahieren, necios."

           ....................

         Silenciosa y solitaria
         está la vieja taberna,
         cuando alegre y bulliciosa
         La Ronda en el local entra.
         El tabernero dormita
         en un rincón, a la espera,
         que el Mayoral le advirtió
         que prevenidos tuviera
         vinos, rosquillas y bollos,
         aguardiente y magdalenas,
         pues habrían de gastar
         las siete u ocho pesetas
         que sacaran delas rondas (6)
         y es tentadora promesa.
         Con un quinqué, a media luz
         mal alumbrada la escena,
         el dueño la luz aviva
         y enciende la otra pareja.

         Es la taberna el portal
         de una casa humilde y vieja,
         de doce metros cuadrados,
         menguados por la escalera
         que al alto piso conduce.
         El uno adosado a ésta
         y otros dos a otros dos frentes
         hay tres bancos de madera
         pintados de almagre y viejos,
         y, ante cada uno, una mesa
         de vitola semejante,
         que por tres lados rodean
         taburetes que, en total,
         sumarán una docena.
         Una repisa con vasos
         en la otra pared frontera
         y, delante, el mostrador
         con jarros de Talavera
         y dos barreños en que
         los vasos se lavotean.
         Y un manojo de zumaque
         del agrietado techo cuelga
         con muchas moscas pegadas
         que el mobiliario completa.

         Acomodados los mozos
         cada cual dónde pudiera
         - que no hay asientos bastantes
         porque son cerca de treinta -
         el Mayoral una ronda
         de bollos y vino ordena,
         y al contristado mancebo
         mándale exponga su queja.
         El cual se bebe su vaso
         tras una rosquilla añeja
         y hace el discurso que sigue
         traducido a culta lengua:

         "Contestar a las injurias
         con injurias más groseras,
         pelearse a puñetazos,
         o a mordiscos, como fieras,
         o a tiros y cañonazos,
         como se hace en la guerra;
         jugarse a un albur la vida
         por sostener una terca
         opinión, eso es corriente:
         eso lo hace cualquiera.

         Reprimir fieros impulsos
         y pasiones violentas;
         someter a la razón
         consideraciones necias;
         regirse por sentimientos
         de la más alta nobleza
         y por los sabios dictados
         de la reflexión serena,
         eso sólamente lo hacen
         hombres que sienten y piensan
         con el corazón en el pecho
         y los sesos en la cabeza.

         Un hombre puede jugarse
         cuanto valga y cuanto tenga:
         su vida, su honra, su dicha;
         más jugarse las ajenas
         es abuso imperdonable
         que a ser la traición más negra
         llega, cuando la persona
         con cuya dicha se juega
         es una mujer amante
         que confiada la entrega.

         Si yo me dejo arrastrar
         por la ira y la soberbia,
         y dejo que el amor propio
         sobre otro amor prevalezca
         si contesto al tío Marcelo
         como entre hombres se contesta,
         y le provoco al salir
         y enredamos la pelea;
         si yo le llego a pegar,
         como suceder pudiera,
         todo se acabó para mí,
         más también para Marcela,
         que no osaría ya verme
         y moriría de pena,
         o quedara condenada
         a una vida de tristeza.

         Por eso callé esta noche
         revestido de paciencia
         y lo que no aguantaría
         de ningún hombre en la tierra,
         lo he aguantaod de su padre,
         ¡por ella, solo por ella!
         y callaré, si me insulta,
         y aguantaré, si me pega.
         ¿Tengo o no tengo razón
         por obrar con tal prudencia?"

         Con un efusivo abrazo
         vivo el Mayoral le aprueba,
         y con vítores y apalusos
         los demás mozos corean.
         Y aquel dice:
         - "Eres un hombre,
         y de sabio has dado prueba
         tal, que a tu lado son
         unos pipis los de Grecia."

         Perico, ya satisfecho,
         una ronda por su cuenta
         de aguardiente y bollos
         al tabernero ordena,
         y, elogiando su condicta,
         se disuelve la asamblea,
         y a dormir se van los mozos:
         mañana hay dura faena.

           ....................

         Poco después, todo queda
         en misterioso silencio,
         que interrumpe una lechuza
         con su estridente siseo,
         el cra-cra-cra de las ranas
         y el glu-glu del riachuelo.
         Silencio lleno de ruidos
         en vago y dulce concierto,
         del mundo de las estrellas,
         del mundo de los insectos,
         del mundo de los fantasmas,
         y de todos el Universo:
         que, a todo, el alma del mundo
         infunde vital aliento.

         Más estos ruidos no turban
         el dulce y plácido sueño
         que con que reparan sus fuerzas
         los humildes tendilleros,
         que, al despertar con el alba,
         se enterarán del suceso
         ocurrido en esta noche,
         notable acontecimiento
         digno de andar en romances,
         y que será con el tiempo
         tema de los comentaros, chismes y cuentos
         de las mujeres curiosas
         y hasta de los hombres serios.


Gustavo López García. Huerta de Valdecarábanos (Toledo), diciembre de 1906.

Notas aclaratorias, escritas por D. Gustavo:

  1. Hay algunas fotos de "Las Rondas" en este enlace. Ya no existe la costumbre de rondar a las mozas, pero "desde siempre" ha existido una rondalla, con más o menos integrantes, en Tendilla.
  2. La "patente" era como la "alternativa del mozo". Sólo quien la hubiera pagado podía ir con La Ronda, y mandar rondar, mediante el pago de dos reales.
  3. El "Mayoral" era el jefe de los mozos. Era nombrado por aclamación en las fiestas de La Salceda, y su mandato duraba un año. Era generalente un "mozo viejo", de "valor acreditado", poque algunas veces había de imponer su autoridad "por puños". En mis tiempos (dice D. Gustavo) ya andaba la institución en decadencia; hoy, supongo que no queda de ella ni el recuerdo.
  4. El "ruido" eran la pandereta y el triángulo.
  5. La rondalla de los mozos sólo tocaba seguidillas y jotas. Por entonces ya comenzaron a tocar algunas piezas como valses y polcas.
  6. El Servicio Militar, claro. Los mozos podían morir durante el mismo en Cuba o Marruecos, o simplemente cambiar de opinión. Asimismo se consideraba hombre al mozo que volvía del mismo.
  7. Por cada "ronda" se pagaban dos reales. El que pagaba la "patente" - trece reales - tenía derecho a mandar una ronda sin otro desembolso.

Versión de 31 de Diciembre de 2003.



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