Las devociones en Tendilla (Guadalajara).
El visitante que llega a Tendilla puede observar al entrar en el pueblo pruebas de que la religión ha sido parte importante en la historia local.
En el monte destaca al sur el monumento al Sagrado Corazón de Jesús edificado en 1930, cuando se consagró la villa al mismo. Sería reconstruido en 1943. Más abajo están las ruinas del Monasterio jerónimo de Santa Ana. En el centro de la villa destaca por su tamaño la inacabada iglesia parroquial de la Asunción, cuya planta fue proyectada por Rodrigo Gil de Hontañón mientras edificaba la Universidad de Alcalá de Henares. En el Palacio de los López de Cogolludo está la Capilla dedicada a la Sagrada Familia. Y en ambas entradas por la carretera están las dos ermitas dedicadas a La Soledad y a Santa Lucía. El fervor a la patrona, la Virgen de la Salceda, se muestra por la cantidad de mujeres que ostentan el nombre de Salceda, "Salce". La mayor parte del dinero necesario para la restauración de la Iglesia y mantenimiento de las imágenes y ermitas ha venido de los bolsillos de los tendilleros que mediante rifas, videos y donativos conservan de su patrimonio.
Existen actualmente tres Hermandades en la parroquia: la de la Virgen del Carmen, la del Sagrado Corazón de Jesús y, especialmente destacada por su tamaño y actividades, la de la Virgen de la Salceda.
(la Cofradía masculina de San Blas ha desaparecido).
Sus estandartes siguen a las procesiones y están presentes dentro de la iglesia en las celebraciones religiosas, y especialmente, en el rezo del rosario antes de misa. Junto a la Virgen de la Salceda, de la que nos ocuparemos más extensamente, hay devoción por la Virgen del Carmen, la Ascensión, el Corpus, San Roque y el Niño del Remedio.
La imagen de la Virgen de la Salceda fue encontrada en el siglo XIII por dos caballeros de San Juan en el interior de un sauce en medio de una tremenda tormenta en el llamado actualmente "barranco de la Virgen" y antes "del infierno",. El lugar esta a unos 5 km de Tendilla, lindando con Peñalver, y junto a él pasa la N-320. Hay incluso un lugar dónde es ahora muy fácil aparcar el coche y acercarse. Podemos imaginar el terror de los caballeros ante la naturaleza desatada en plena noche con el posible corrimiento de tierras debido a la caída de las aguas libres concentradas en el estrecho barranco que desemboca a la vega por la que discurre el arroyo que desde Peñalver llega a Tendilla y acaba desembocando en el Tajuña. Todo ello les hacía temer por su vida. Desconocemos si la pequeña imagen (8.5 cm) había sido escondida allí previamente y apareció milagrosamente en ese momento. Quizá el pequeño tamaño de la imagen permitiera que un caballero la llevara en su equipaje a caballo. El caso es que con la milagrosa aparición finalizó la tormenta y los propios caballeros, salvados, levantaron una ermita. Esto es lo que recoge la tradición popular.
Todo ello desaparecería pronto. A la guerra de la Independencia siguieron las luchas civiles del siglo XIX.
Cuenta Mariano Pérez y Cuenca en su "España Mariana. Provincia de Guadalajara. Partidos de Pastrana y Sacedón", editada en 1868, que en 1827 visitó el Arzobispo de Toledo, Sr. Iguanzo, el Convento de la Salceda y que los monjes iluminaron el Relicario situado en la Capilla de Las Reliquias. En un descuido quedó una vela encendida y en minutos el fuego acabó con el recinto y con la mayoría de las reliquias. Los monjes guardaron las cenizas recogidas con veneración. Con la desamortización de Mendizábal los muros de piedra se vendieron en 1843 por 12020 reales a Antonio Barbé, vecino de Guadalajara, y muchas piedras serían distribuidas como base de edificaciones de Tendilla y Peñalver. La imagen de la Virgen acabó en Tendilla gracias a la decidida actuación de las mujeres de Tendilla que "con sus voces y aún con sus pedradas" impidieron que la autoridad sacara la imagen de la villa. Así lo cuenta Pérez y Cuenca quien recibió varias veces en su casa de Pastrana a algunas jóvenes tendilleras mientras estuvieron presas allí por los disturbios acaecidos. El monasterio cayó en el olvido, anidando los animales silvestres entre las ruinas.
En Tendilla era (y es) tradición ir de romería al barranco dónde apareciera la Virgen. Por ello se ha construido en la parte del barranco que forma parte del término municipal de Tendilla una ermita en la que se pueden realizar las labores del culto y que fue inaugurada en 1987. Los fondos los aportaron los fieles en su totalidad. La romería y la misa se realizan el último domingo de mayo.
Fray Pedro de Villacreces fundó, tras obtener los correspondientes permisos, un eremitorio franciscano en 1376 en el lugar dónde estuviera la ermita, dando posterioprmente lugar a un convento. Junto al edificio del convento se fueron erigiendo pequeñas ermitas (hasta quince) en las que los monjes que lo deseaban podían seguir en aislamiento una vida eremítica de virtud y penitencia. La fama de santidad de los monjes junto a los milagros que fueron ocurriendo entre los devotos que se acercaban a la imagen de la Virgen de La Salceda fueron haciendo próspero y conocido al Convento a un nivel provincial y luego en toda Castilla. Ello hizo que miembros de familias nobiliarias tomaran el hábito franciscano en La Salceda. Un monolito junto a la N-320 recuerda que el futuro Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros inició su carrera eclesiástica en este Convento del que el Gran Cardenal Mendoza le llamara a la Corte de los Reyes Católicos en el siglo XV. Fue famoso también fray Diego de Alcalá, luego elevado a los altares como santo. fray Julián de San Agustín y fray Pedro González de Mendoza, hijo menor de Ana de Mendoza, la Princesa de Éboli, que tomó los hábitos y el nombre de su antepasado el Gran Cardenal Mendoza al entrar en la orden franciscana. Llegaría a ser obispo de Siguenza, arzobispo de Granada y, en relación con lo que contamos, publicó en 1616 la "Historia del Monte Celia" sobre el Convento de La Salceda, su historia y milagros. Edificaría en él la Capilla de las Reliquias, semicircular y de la que se conservan aún los restos de sus paredes, para albergar las reliquias de los santos que allí estaban, así como el templete que ahora alberga a la imagen de la Virgen. Felipe III visitaría el convento con la reina en 1604. Los ilustrados Ponz e Iriarte (finales del siglo XVIII) citan en sus escritos al Monasterio, mencionando Iriarte la belleza del canto del coro de sus monjes.
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