El Monasterio de Santa Ana de Tendilla, su Retablo y Mausoleos.


El Monasterio Jerónimo de Santa Ana estaba situado en una colina a unos 400 m al sur de la villa de Tendilla, entre ésta villa y su castillo. Su carta fundacional es de 25 de agosto de 1473 debido al interés de Iñigo López de Mendoza y Figueroa, primer Conde de Tendilla, quien trajo monjes jerónimos de San Isidoro de Sevilla (los llamados "isidros").

El primer conde de Tendilla trajo de su embajada de 1459 ante el Papa en Roma un jubileo plenísimo y la autorización para fundar en Tendilla un convento. Intentó fundar un monasterio de monjes jerónimos en Tendilla. Al negarse los jerónimos de Lupiana por su cercanía, el conde acudió a la rama disidente de los jerónimos que fray Lope de Olmedo creara en Sevilla desde 1423. Éstos aceptaron la oferta del conde, viniendo como primer prior fray Juan Melgarejo. Una de las razones de la disidencia era que fray Lope quiso que los jerónimos se rigieran por una regla monástica basada en la doctrina de San Jerónimo, aunque en su fundación se había establecido que seguirían la regla de San Agustín. No hubo más que siete monaterios "isidros" en toda España, bastante menos ricos que los demás. La separación desaparecería en 1567 cuando Felipe II ordenó que se unifiquen las dos ramas. Asimismo el convento tuvo dos jubileos plenísimos, pues al logrado en 1459 por el primer Conde de Tendilla se unió otro posterior obtenido por el segundo Conde en su embajada de 1486.


Sepulcro del Primer Conde de Tendilla, antes de 1936. Estaba en
Santa Ana de Tendilla y se traslado a San Gines (Guadalajara)     Sepulcro de la Primera Condesa de Tendilla, antes de 1936

SEPULCRO DE IÑIGO, PRIMER CONDE | SEPULCRO DE ELVIRA, PRIMERA CONDESA

 

En el monasterio deseaba el conde fundador que se enterraran él y sus descendientes. Él fue enterrado vestido con el hábito de Caballero de Santiago, en caja con dos llaves, junto a su mujer Elvira de Quiñones en dos preciosos sepulcros, bellas obras anónimas del gótico tardío, en que se representaba al conde completamente armado, pero leyendo un libro, y a la condesa leyendo y/o escuchando leer también a su dueña. Casi con seguridad eran de la misma escuela que la del autor del sepulcro del Doncel de Siguenza (atribuido al toledano Sebastián de Almonacid), anticipándo la unión de las armas y las letras que esta escultura muestra, el ideal del humanismo renacentista que ya siguiera el padre del conde, el marqués de Santillana. Tanto la familia del Doncel como, obviamente, los condes vivieron estrechamente junto a los duques del Infantado y el gran Cardenal Mendoza.

Gaspar Ibáñez de Segovia, IX marqués de Mondéjar, indica en su "Historia de la Casa de Mondéjar" (manuscrito 3315 de la Biblioteca Nacional), sobre la situación en el monasterio de Santa Ana de las tumbas del primer conde y la condesa de Tendilla, que "Cuya capilla se conservan los sepulcros de entrambos en dos nichos de mármol blanco, cuyo ornato de muchas y bien figuradas labores llega hasta la techumbre de la iglesia, y dentro de ellos sus efigies de bulto en dos lechos, de la manera que en el mismo retablo del Altar Mayor permanecen sus retratos en los entrepaños inmediatos a la custodia, puestos de rodillas en sitiales como haciendo oración".

La Relación enviada desde Tendilla al cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, en 1786 dice que: "Asimismo hai fuera del pueblo como a quatrocientos pasos dél un convento de monges Gerónimos llamado de Santa Ana de la Peña, fundado por Don Luis Hurtado de Mendoza, Señor que fue de esta villa, en el que hai fundada una Capilla por Don Thomás López natural de ella dedicada al Santísimo Christo de la Columna en la que está sepultado. Al lado del Evangelio del Altar maior de dicho Monasterio esta depositado el cuerpo de Don Iñigo López de la Vega primer Señor de esta villa, el qual se halla incorrupto." El texto tiene erratas (el fundador fue el abuelo de Luis Hurtado) y se refiere al primer conde Iñigo López de Mendoza. El oidor natural de Tendilla fue Tomás López Medel (hacia 1520- 1582).

En su testamento, el primer conde favorece especialmente al Convento jerónimo de Santa Ana, adquiriendo a cambio el patronato de su capilla mayor dónde sería enterrado cualquier miembro de su familia que lo solicitara hasta la segunda línea, pretendiendo crear en este monasterio un panteón familiar. Sin embargo ningún otro conde sería enterrado allí pues se mudaron a Granada y Mondéjar, aunque si se enterraron algunos segundones y familiares. También favoreció al monasterio el segundo Cardenal Mendoza, Diego Hurtado de Mendoza, que era hijo del primer conde y que, además de ayudar a su padre en la fundación, pidió en su testamento que se dejaran enterrados en Santa Ana "su corazón y sus entrañas", permaneciendo su cuerpo desde 1502 hasta 1508 en que su hermano el segundo conde acabara su mausoleo en la catadral de Sevilla. Edificó la sacristía y, según el padre Sigüenza, costeó el retablo del altar mayor "de la mejor pintura que sabían entonces", poniendo en el banco la imagen orante de sus padres, y las sillas de oro. En el periodo 1505-1509 (AHN, Clero, libro 4213) aparecen pagos de "lo gastado en el retablo" por filacteria, entallado, pintura de respaldos o "lo que dimos a los pintores que vinieron a pintar el retablo por Navidad". No son grandes pagos ni parece que este primer retablo fuera de gran labor artística. Se mencionan asimismo que personas de Tendilla dejaban sus bienes guardados en el convento así como los bienes que el convento tenía empeñados en 1505, entre ellos un cáliz en San Bartolomé de Lupiana.

El convento no fue rico nunca. En su "Historia de la Orden de San Jerónimo" escrita entre 1596-98, Sigüenza escribe que las donaciones "no han sacado la casa de su pobreza aunque han aumentado mucho sus estados", pues tuvo huertos y terrenos en Romanones, Tendilla, Armuña y Aranzueque, junto a una pequeña granja en Hontoba dentro de la cual estaba la ermita de Nuestra Señora de los Llanos, que estos jerónimos cuidaban desde 1483. Los benefactores del convento fueron muchas familias hidalgas de la villa, como los Corteses, y forasteras como los Ruiz de Arellano, de Guadalajara o un caballero de los marqueses de Cañete llamado Carrillo. De hecho parecía más importante para los vecinos que la primitiva iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Zarza, como prueban las menciones en las Relaciones enviadas en 1580 a Felipe II. Asimismo la oración en el convento tenía fama de ayudar a que las mujeres presuntamente estériles pudieran tener descendencia. En general, los monjes jerónimos fueron famosos por su aficción musical, sus boticas y sus rebaños. Los de Tendilla, más pobres, tuvieron algunos rebaños de los que constan concordias con la villa por daños realizados en el siglo XVII. En la historia de la orden han quedado los nombres de fray Juan de San Jerónimo (sobrino de López Medel), fray Pedro de la Cruz y fray Jerónimo de Auñon, todos frailes de Santa Ana.


Paje. Detalle Tumba Primer Conde, antes de 1936     Dueña. Detalle Tumba Primera Condesa, antes de 1936

PAJE. TUMBA CONDE | DUEÑA. TUMBA CONDESA

 

El monasterio tenía dos claustros "con sus fuentes de agua escogida", sus dependencias anejas y una Iglesia de una sola nave y estilo gótico flamígero, más una sacristía. En su interior destacaban los mencionados sepulcros del primer Conde de Tendilla y su esposa, la Capilla del Oidor (fundada por Tomás López Medel tras su vuelta de Yucatán y Nueva Granada, el "mayor bienhechor de la casa" según el padre Sigüenza) y el retablo situado en el testero de la Iglesia, con pinturas flamencas. Se cree que el retablo pudo ser donado al Monasterio por las familias Sotomayor y Arellano al aparecer sus escudos de armas en la parte superior del mismo y luego hablaremos más del mismo. Junto al edificio estaba la "huerta adornada de muchas arboledas con su cerca" y, algo más abajo, una "nevera".

Santa Ana nunca fue un convento muy poblado. El padre Sigüenza menciona "catorce o quince" frailes en 1567, cuando se unieron las dos ramas de los jerónimos. En las Relaciones Topográficas enviadas a Felipe II (1580) se menciona que había 20 frailes en Santa Ana, y era el momento de máximo esplendor de la villa. En el "Vecindario de Castilla" de 1591 se mencionan 18 monjes jerónimos. Pasado el tiempo, el Catastro del marqués de la Ensenada (1752) indica que hay 16 frailes profesos, 6 criados y 3 pastores. Victor Vázquez Aybar ("Tendilla, el Censo de 1752", Wad-al-Hayara, 2002) menciona que cincuenta años antes no llegaban a la decena los monjes capitulares. El Censo del conde de Floridablanca (1787) nos indica que hay 30 varones que habitan en el monasterio jerónimo de Santa Ana (17 profesos y dos niños entre ellos). Los restantes habitantes son los criados o pastores. En el momento de la Desamortización (1835), tras las varias exclaustraciones del siglo XIX, había un sólo sacerdote en Santa Ana.

La noche del 15 de enero de 1809 los soldados franceses saquearon a conciencia Tendilla y, por supuesto, el Monasterio, llegando a abrir la tumba del primer conde en busca de tesoros. Dice la leyenda que usaron los franceses en 1809 la calavera del conde para sujetar unas velas en la noche y la llevaron en procesión. La suma pobreza del lugar (en plena zona de luchas entre franceses y guerrilleros) no permitió siquiera encontrar un ataúd de madera para los huesos del conde, que acabaron en un hueco bajo el altar. Los monjes abandonaron el Monasterio volviendo en 1814, fueron nuevamente forzados a dejarlo en 1822, volvieron en 1825 y acabaron siendo definitivamende desalojados al llegar la Desamortización de Mendizábal en 1835. El Monasterio ya en ruina fue vendido en 1843 por 20.100 reales a Pedro Díaz de Yela, abogado y vecino de Tendilla. Se valoró sólo como fuente de materiales útiles para la construcción.

Los mausoleos de los primeros condes fueron trasladados por la Comisión Provincial de Monumentos en 1845 a la Iglesia de San Ginés (Guadalajara capital) y restaurados por Benito Sagredo. Fueron muy mutilados el 22 de julio de 1936 cuando el asalto e incendio de la iglesia de San Ginés que siguió a la reconquista republicana de Guadalajara. En 2001 se han depositado algunos de los fragmentos rotos en el pequeño museo que esta instalado en la Capilla de Luis de Lucena (Guadalajara). Da pena ver los restos que quedan actualmente dentro de San Ginés.

Actualmente pocas ruinas quedan del Monasterio en Tendilla: la cabecera del templo, con arcos apuntados y contrafuertes, y separado de ella una esquina del edificio del convento con los restos de unas ventanas. Las piedras del Monasterio se "reciclaron" acabando en diversas casas de Tendilla y, especialmente, en los viejos cimientos de la fábrica existente a la salida de Tendilla hacia Sacedón. A la iglesia parroquial fueron algunos ornamentos litúrgicos y no se sabe si una pequeña pila bautismal con los escudos de los Mendoza pudiera proceder de Santa Ana o de la propia iglesia.


Santa Ana. abside.     Retablo cerrado. Copyrigth CAM     Santa Ana en 1999

SANTA ANA | RETABLO CERRADO | SANTA ANA

 

Cuando a mediados del siglo XIX don Valentín Carderera y Solana dibujara su magna obra dedicada a la "Iconografía Española", publicó en el segundo tomo (1864) los dibujos de las estátuas del conde y la condesa con paje y dueña, acompañados de una breve descripción escrita. Cada una de las estatuas "ocupaba el centro de un magnífico mausoleo arrimado a las paredes colaterales de la capilla mayor del monasterio de Santa Ana ... tienen una altura de 32 pies .. descansan las mencionadas estatuas dentro de un espacioso nicho con arcada casi ojival, en cuyo centro y entre muy graciosas labores campea el escudo del gran linaje de los Mendoza". Estos escudos desaparecieron al trasladar el monumento, amén de otros detalles, basta ver las fotos en blanco y negro de comienzos del siglo XX. Sigue Carderera "por ambos lados guarnecen este nicho decorando la fachada los acostumbrados pilares de faces curvilíneas dónde se admiran en lo alto lindas estatuas, y terminan en afiligranadas agujas o pirámides. Sobre el grande arco del nicho, levántanse con suma galanura otros dos, uno inscrito en otro muy agudo (gablete) que remata en una cruz. Todos los espacios que dejan estos arcos todavía subdivididos con otros segmentos están decorados con lindas figuras de ángeles y heraldos que sostienen escudos del expresado linaje, y otros objetos análogos". Para Ricardo de Orueta en su "Escultura Funeraria" (1919), llama la atención la actitud serena de la dueña, la melancolía del pajecillo y cómo el conde parece que se apoya en el codo al incorporarse para leer. Aunque la factura es más tosca, son un claro precedente (el conde murió en 1479) del conocido Doncel de Siguenza.

En los testimonios publicados sobre cuando el Marqués de Bélgida (heredero del Condado de Tendilla y el Marquesado de Mondéjar) visitó el convento a finales del siglo XVIII, así como cuando la Comisión Provincial de Monumentos se interesó en recuperar los restos del conde y trasladó en 1845 los mausoleos del primer Conde y la Condesa a la Iglesia de San Ginés de Guadalajara, no hay ninguna mención del retablo que adornaba la iglesia. La Comisión indica expresamente que nada de valor queda en las ruinas y que encontraron el hueco vacío donde estuvo ubicado el altar mayor. Textualmente "ni altares, ni epitafios, ni vestigios de tal cosa: una fábrica de mampostería indicaba sólamente dónde había estado el altar mayor".

El retablo desapareció, pues, antes de 1845. Desconocemos las manos por las que pudo pasar hasta nuestro siglo. Los datos conocidos por el Art Museum de Cincinnatti (Ohio, USA) son que en 1915 estaba en la Spanish Art Gallery de Harris en Londres, lo poseía French and Co. de Nueva York en 1935, fue vendido al americano Charles Deering, industrial y aficcionado al arte quien lo instaló en su palacio de Maricel (Tarragona) hasta que se fuera en 1921. Deering lo revendió de nuevo a French and Co. y en 1953 fue adquirido definitivamente por el Museo. En 1935 se había exhibido en el Brooklyn Museum de Nueva York. Max J. Friedlander lo cita dentro de los 14 volúmenes de su "Early Netherlandish Painting" editados inicialmente en 1935. Friedlander no proporciona foto alguna pero describe exactamente el retablo con el número 173 del catálogo de Jan Sanders van Hemessen "an altarpiece with many panels, in the centre Christ on the Cross" and Saint Jerome" pero no indica más datos acerca de su origen (salvo expuesto en Art Market, Londres, Th. Harris) o paradero ("desconocido" en su opinión).

Inicialmente, no se porque motivo, se pensaba fuera de España que el retablo era denominado como "Retablo de Tendilla" porque era el "Retablo de los Condes de Tendilla", cuando ninguno de los escudos de su parte superior corresponde a rama alguna de los Mendoza. Siempre se indicó, en sus sucesivas compraventas, que el retablo provenía de la iglesia de un pueblo castellano y fue pintado cerca de 1550. Pienso, y piensan en el C.A.M. que el nombre se debe al lugar de dónde era originario el retablo. En el retablo se muestra en lugar central una imagen de San Jerónimo y en la parte superior estan los escudos de los Sotomayor y Arellano. El monasterio de Santa Ana de la Peña de Tendilla estaba poblado por monjes jeronimos, con ("Relaciones Topograficas enviadas a Felipe II", 1580) una capilla bajo el patronato de los Ruiz de Arellano (familia radicada en Guadalajara, emparentada con los Mendoza) y con un mayorazgo de los Arellano mencionado en el Catastro de Ensenada de la villa de Tendilla (1752) con tierras, molinos, etc. Aunque este retablo no es, obviamente, el primitivo existente en 1505-1509, el escudo de los Arellano, el San Jeronimo y el nombre con el que se fue exponiendo y vendiendo del retablo son, sin embargo, razones suficientes para pensar que pudo provenir del monasterio jeronimo de Santa Ana en la villa de Tendilla. Al menos así ha sido mencionado en repetidas ocasiones por distintos Cronistas Provinciales de Guadalajara, aunque se atribuyera erróneamente a la escuela del también flamenco Ambrosio Benson.


Retablo de Tendilla. Copyrigth CAM.

RETABLO DE TENDILLA. Copyr C.A.M.

 

Al menos podemos asegurar que el conocido como "Retablo de Tendilla" se encuentra en buenas condiciones. El Cincinnati Art Museum lo conserva con especial cariño y cuidado en un lugar preferente en su Galería 204. Ha tenido, pues, un destino mucho mejor que el Monasterio de Santa Ana y todo lo que albergaba. La primera foto que conozco de este retablo ya expuesto en el museo de Cincinnati aparece en un National Geographic de 1955: "spanish altarpiece with scenes of the Old and new Testament" se le denominaba. Curiosamente, y aunque manifiesta haber estado en contacto con responsables del museo, Juan Antonio Gaya Nuño no menciona para nada esta obra en su libro "Pintura Europea perdida por España" (1958).

El retablo mide 355 cm de alto, 229 cm de ancho cerrado y 447 cm abierto, aproximadamente. Consta de una estructura de madera que en su parte central tiene 6 pinturas, dos puertas que se cierran sobre el centro con una gran pintura abajo y una pequeña arriba en la parte exterior y en la interior, y un bancal inferior (o "predella") con tres pinturas más, llenas de color. Son óleos sobre tablas representando escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que se exponían durante las festividades litúrgicas, permaneciendo el retablo con las puertas cerradas en los demás días. Las pinturas situadas a la izquierda corresponden a temas terrenales, las de la derecha a espirituales y las centrales a una unión de ambos temas. En la parte superior de la estructura aparecen los escudos de las familias Sotomayor y Arellano. Desconocemos si dicha estructura de madera vino desde fuera de España o se fabricó (probablemente) aquí.

Las pinturas fueron realizadas en el estudio del pintor manierista flamenco Jan Sanders van Hemessen (1500-1556) por hasta tres pintores. Jan fue uno de los fundadores del estilo realista flamenco y en el Museo del Prado podemos admirar su obra "El Cirujano". Las nueve pinturas de la parte central del retablo y la predella las hizo su hija Caterina van Hemessen (Amberes, 1528-1587?, Catharina en los textos flamencos), una de las pocas mujeres artistas conocidas en esos años. Destacan las figuras centrales de San Jerónimo y el Calvario, un precioso Nacimiento de Cristo y las pinturas de la predella: San Francisco, Santa Isabel y San Sebastián. Como vemos, las pinturas más notables las hizo Caterina.


Dibujo Tumba Primer Conde, Valentin Carderera, antes de 1864     Autoretrato de Caterina van Hemessen. Kungstmuseum

TUMBA CONDE | CATERINA VAN HEMESSEN

 

Ésta recibió de su padre sus conocimientos como pintora. Su autoretrato a los 20 años se encuentra en el Kungstmuseum de Basilea (Suiza) y, aparte del retablo, apenas una decena de obras se conservan de ella. Tuvo que ser una mujer especial pues el destino de la mayoría de las jóvenes de la época era el hogar y ella tuvo reconocimiento en vida como pintora (Vassari le menciona como "miniaturista" en su "Vida de Artistas", 1550, revisado 1568). Casó a los 26 años, una edad mayor que muchas muchachas de entonces, con Cretien de Morien (Kerstiaen de Moryn en los documentos en flamenco) organista en Amberes. Fue dama de honor y protegida de la reina María de Hungría, hermana de Carlos V y regente en los Paises Bajos, la cual le dejó un importante legado económico en su testamento que le permitió vivir cómodamente a su regreso a Flandes con su esposo. Desconozco si Caterina tuvo hijos y entre las obras por ella pintadas solamente se conserva, posterior a su matrimonio, un retrato de 1556.

Cuando la reina María volvió a España en 1556 junto con Carlos V tras su abdicación, Caterina y su marido la siguieron en su corte. Por esas fecha murió Jan Sanders van Hemessen pues hay pinturas de su mano en 1556 y aparece como fallecido en un documento del 10 de marzo de 1557. Desconocemos si las pinturas del retablo habían sido encargadas previamente a Jan Sanders o simplemente vendidas por Caterina durante su estancia en tierras castellanas antes de volver a Flandes tras la muerte de María en Cigales (Valladolid) en 1558. Quizá fuera comprado por los Sotomayor y Arellano en el mercado de arte de la Feria de Medina del Campo y llevara luego a Tendilla. La unidad de las pinturas del retablo, de acuerdo a los estudios realizados en el Cincinnati Art Museum, parecen indicar una obra de encargo, hacia 1550.

Con el legado que le dejara la reina María, Caterina y su marido vuelven a Flandes. En agosto de 1561 su marido es invitado a trabajar como músico en 's-Hertogenbosch (al sur de los actuales Paises Bajos), abandonando el matrimonio esta localidad en diciembre de 1565. Guicciardini en su "Descripción de todos los Paises Bajos" menciona a Caterina como una de las pintoras vivas, y este libro data de 1581. Nada más sabemos de ellos. Pero no fueron tiempos fáciles: en 1568 el Duque de Alba ejecuta a los nobles flamencos Egmont y Horn, y empezó una guerra religiosa e independentista que acabaría ochenta años después. En 1576 fue el saqueo de Amberes (ciudad natal de Caterina) por los Tercios, faltos de salario.

Por desgracia para nosotros, la oportunidad de ver en España la excelente labor de una de las escasas mujeres pintoras del Renacimiento se ha perdido. De todo corazón desearía que una copia autorizada de este retablo pudiera ser admirada en la tierra alcarreña que lo albergó inicialmente.

Addenda escrita en mayo de 2005- noviembre 2006. La investigadora Dra. Karolien de Clippel ha escrito una biografía con todo el catálogo de las obras de Caterina, titulada "Catharina van Hemessen (1528-na 1567). Een monografische studie over een uytnemende wel geschickte vrouwe in de conste der schildreyen" publicada en Bruselas (Koninklijke Vlaamse Academie, 2004). Hace referencia al Retablo en las páginas 128-141, no. cat. B7. Ante mi desconocimiento del idioma, me ha contestado amablemente que "Sobre el Retablo de Cincinnati pienso que ha sido hecho por más que un artista, tal vez tres o cuatro, quienes pertenecieron a la atmosfera de influencia de Jan van Hemessen y probablemente al taller de Jan van Hemessen. Es dificil de probar la contribucion de Catharina, por eso prefiero describir el retablo en su totalidad como el resultado de una colaboracion entre Jan van Hemessen y su taller. Por la realizacion diversos artistas, recurrieron a un repertorio eclectico para garantizar un resultado mas o menos coherente". Resumiendo, es incierto el papel de Catharina en el conjunto de piezas del retablo. Le agradezco esta detallada explicación.

Santa Ana hacia 1920, cortesia de Victor Vazquez Aybar    Santa Ana nevada, 1997, cortesia de Angel Peña

SANTA ANA 1920 | SANTA ANA 1997

 

Importante: las fotos del Retablo tienen Copyrigth. El Cincinnati Art Museum permite su reproducción SOLO si se incluye un pie en la foto que diga: "Copyrigth Cincinnati Art Museum, Fanny Bryce Lehmer Fund."

Información adiccional:

Bibliografía sobre el Retablo y Caterina:



Creada por J.L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 8 de Noviembre de 2006.

Fotos Archivo Personal de Tendilla / 1997©Tendilla.All rights reserved, excepto el Retablo que es Copyrigth Cincinnati Art Museum (USA), Fanny Bryce Lehmer Fund.

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