Tendilla: Los pleitos por el vino y la leña.


Este texto contiene dos artículos escritos en agosto de 2001 y agosto de 2002 acerca de los pleitos entre la villa de Tendilla y la ciudad de Guadalajara, principalmente por la venta de vino tendillero en esta ciudad. Un artículo es continuación del otro.

Pleitos por el vino (primera parte)

Testimonio de la riqueza en vinos que hubo en Tendilla son las numerosas bodegas que funcionaron hasta la llegada de la plaga de la filoxera al comienzo del siglo XX. Hubo una disputa entre el tercer duque del Infantado Diego Hurtado de Mendoza (1461-1531) y el segundo conde de Tendilla Iñigo López de Mendoza (1442-1515) que puede seguirse con detenimiento en las cartas que el conde escribiera (su voluminosa correspondencia ha sido publicada en casi su totalidad) o en libros de historiadores como Francisco Layna, Emilio Meneses o Helen Nader.

Las disputas tienen su origen en los privilegios que en 1395 obtuviera la villa de Tendilla al ser separada por Enrique III del común de Guadalajara y regalada al Almirante Diego Hurtado de Mendoza: los vecinos de Tendilla podrían cultivar trigo y recoger leña en el territorio de la ciudad de Guadalajara así como vender en ella sus productos de igual modo que los avecindados en Guadalajara. Tendilla era deficitaria en grano y en leña al estar su territorio principalmente dedicado a la vid y al olivo. Cuando el marqués de Santillana, hijo del almirante, partiera sus dominios entre sus hijos, estos privilegios fiscales impedían a Guadalajara (y por tanto al duque del Infantado, su señor efectivo) cobrar impuesto alguno a los vinos o aceites que se vendían en la ciudad y que venían de Tendilla, la cual era señorío del conde de Tendilla.

Tras ser nombrado en 1492 alcaide de la Alhambra, el segundo conde mudó su casa de Guadalajara a Granada y centró sus esfuerzos en la defensa del reino recién conquistado. Sus dominios alcarreños eran gobernados por mayordomos y el alcaide mayor de Tendilla Juan Rodríguez de Arévalo, honrado pero vanidoso al considerarse como amo y señor efectivo al estar el conde lejos. Asimismo, desde que en 1500 el tercer duque heredara sus dominios comenzó una pugna con el conde, juntándose los intereses económicos con los políticos al militar ambos en facciones políticas opuestas en las pugnas que siguieron a la muerte de Isabel la Católica en 1504.

Uno de los modos que empleara el duque en hostigar al conde fue impedir que los vecinos de Tendilla cogieran leña libremente en el común de Guadalajara, cobrarles impuestos por el grano recogido, impedir la libre venta de vino tendillero en las bodegas de la ciudad (en teoría permitidos por los privilegios de una centuria atrás pero con litigios intermitentes desde 1470), no venderles suficiente trigo (hubo que buscarlo en Tierra de Campos) amén de entablar pleitos del Concejo de Guadalajara al pueblo de Tendilla en 1507 sobre términos. En marzo de 1507 Iñigo obtendría una sentencia favorable en la real Cancillería de Valladolid confirmando los derechos de la villa de Tendilla de acuerdo a los privilegios de 1395.

Pero lo que motivara el mayor enfado del conde Iñigo fue la afrenta a su honor e insulto a su señorío (según el derecho de la época) que hizo el duque al mandar en 1509 un alcalde de Guadalajara, con su propia vara de la justicia, a la villa de Tendilla para investigar y perseguir a unos vecinos que cortaban leña. Iñigo mostró su enfado a su alcaide Arévalo al saber que no había ahorcado al alcalde de Guadalajara en la picota sino que se había contentado en quitar a aquél su vara. Inmediatamente puso pleito al respecto ante la justicia real.

El conde tuvo que ir en octubre de 1509 a defender sus derechos a la corte de Fernando el Católico, visitando sus dominios alcarreños que desde que marchara 1488 a la guerra de Granada no había visto. El conflicto tendillero era una pequeña parte del conflicto total, y el conde aplicó su sagacidad y astucia al problema evitando una confrontación directa con su pariente el duque del Infantado, especialmente al seguir al rey Fernando de Guadalajara a Sigüenza. Cuando a su vuelta se hospedara en las casas que tenía en Guadalajara su primo el conde de Coruña, Iñigo no se hizo el enterado de la ostensible provocación del duque quien en ese mismo día mandara dar de cuchilladas a los odres de vino tendillero y cerrar las tabernas en que se vendían en Guadalajara. Astutamente Diego le dijo a Iñigo que castigase a los que lo hicieron, pero si se hubiera indignado y hubiera castigado con escándalo al regidor de Guadalajara, el duque lo había aprovechado en su contra ante el rey. Ambos se visitaron cortésmente e Iñigo abandonó Guadalajara para ir con la corte a Madrid.

Segundo Conde Tendilla. Catedral Granada    Moneda italiana Segundo Conde Tendilla, 1486


El conflicto continuaría. En febrero de 1513 unos alguaciles de Guadalajara confiscaron leña recogida a unos vecinos de Tendilla, que atacaron a los alguaciles, recuperaron la leña y se refugiaron en Tendilla. Allí les persiguió el pesquisidor (juez) Zomeño que confiscó propiedades de ciento veinte vecinos de Tendilla valoradas en doscientos mil maravedises, conformándose el alcaide mayor del conde, Rodríguez Arévalo, con protestar. El conde volvió a enfurecer y envió a su primogénito Luis con abogados a la corte del rey Fernando. El astuto conde escribió a su hijo en abril que era el momento de entablar el proceso pues había contado los votos favorables que "a priori" tendrían entre los jueces. En julio de 1513 la sentencia favorable permitió recuperar ciento cincuenta mil maravedises, así como la confirmación real del derecho de la villa de Tendilla a vender vino en Guadalajara. El conde reembolsaría a sus vasallos los cincuenta mil restantes, que habían acabado en manos de secretarios reales y abogados, las "costas" del proceso.

Una biografía del segundo Conde de Tendilla.

Tampoco acabarían los pleitos por la venta de vino de Tendilla en la ciudad de Guadalajara, que se recrudecerían de nuevo en el siglo XVIII.

 

Pleitos por el vino (segunda parte).

Testimonio de la riqueza en vinos que hubo en Tendilla son las numerosas bodegas que funcionaron hasta la llegada de la plaga de la filoxera al comienzo del siglo XX. Por la venta del vino de Tendilla hubo disputas entre esta villa y la ciudad de Guadalajara desde los siglos XV al XVIII.

Las disputas tienen su origen en los privilegios que en 1395 obtuviera la villa de Tendilla al ser separada por Enrique III del Común de Guadalajara y regalada al Almirante Diego Hurtado de Mendoza: los vecinos de Tendilla podrían cultivar trigo y recoger leña en el territorio de la ciudad de Guadalajara así como vender en ella sus productos y aprovechar los pastos de igual modo que los avecindados en Guadalajara ("otorgaban a los vecinos de Tendilla que pudieran usar de aquellas libertades como las usaban antes" de la separación del Común). Estos privilegios fiscales impedían a Guadalajara cobrar impuesto alguno a los vinos o aceites que se vendían en la ciudad y que venían de Tendilla.

En defensa de sus intereses, el Cabildo de cosecheros de Guadalajara invocaba el llamado "Privilegio de Bodega Cerrada" que había sido concedido en 1360 por los reyes Alfonso, Sancho y la infanta Berenguela, y revalidado en la Chancillería de Valladolid en 1505. Dicho Privilegio impedía la venta en la ciudad de vino, mosto y uva cosechada fuera de la jurisdicción de su arciprestazgo. Se priorizaba así la venta del vino local frente al traido de fuera. La antigüedad y falta de documentación original hace dudar a algún historiador de la veracidad del Privilegio.

Ya contamos el año pasado los pleitos de los que hay constancia historica en 1470 para impedir la libre venta de vino tendillero en las bodegas de la ciudad de Guadalajara. En marzo de 1507 hubo una sentencia favorable en la real Cancillería de Valladolid confirmando los derechos de la villa de Tendilla de acuerdo a los privilegios de 1395 y otra en julio de 1513, confirmando el derecho de la villa de Tendilla a vender vino en Guadalajara. El monopolio podía dar lugar a abusos, claro, y hay quejas en 1547 de que el vino blanco en Guadalajara era bastante malo y más caro que en otras partes.

En las Relaciones de 1580 la villa de Tendilla cuenta que "tiene un Privilegio contra la Ciudad de Guadalajara, y fué que siendo su aldea, fué apremiada á que los vecinos de la dicha villa llevasen del vino que tenian de su cosecha a vender á la dicha Ciudad, porque carescia y tenia mucha necesidad dello, dándoles licencia y facultad para que lo vendiesen segun su voluntad, sin postura alguna, y habiendo usado muchos años de lo suso dicho en otros tiempos, cogiendo ya la Ciudad el vino que le era necesario ya que el pueblo era hecho villa; quando los vecinos llevaban vino usado de su costumbre, les hacian muchas extorsiones y molestias haciendo ordenanzas de nuevo contra su uso, executandoles las penas que les parescian, y así la dicha villa pidió, y puso demanda á la dicha Ciudad, y travó uno de los más notables pleitos que ha habido en esta Comarca; siguiéronle con varonil pecho hasta le fenescer, y asi consiguieron privilegio y executoria, el mejor y más espléndido que tiene villa en España contra Ciudad, el qual está confirmado de Su Magestad y de sus antecesores de gloriosa memoria, contiene: que los vecinos de la dicha villa puedan poner en la dicha Ciudad todas las tabernas que a su voluntad fuere, sin postura alguna, sí á los precios que quisieren, siendo de la dezmería de la dicha villa; y así mismo que puedan sacar el pan que quisieren de la plaza y calles y tierra de la dicha Ciudad; que puedan pascer sus yerbas y cortar su leña, como ellos, y vever sus aguas, y otras muchas exenciones".

Los pleitos arreciaban los años en que la cosecha de Guadalajara era escasa, pero aún en los años de buena cosecha la ciudad debía importar vino para satisfacer la demanda de sus habitantes.

Hacia 1750 Guadalajara tenía unos 2300 "vecinos" y Tendilla 171. Según los estudiosos, un "vecino" de aquellos tiempos equivalía a unos 4 habitantes. Había en Guadalajara al menos seis tabernas para la venta de vino tinto. El Concejo proveía de vino blanco en una taberna. Solo podían introducir vino tinto libremente en la ciudad (de acuerdo al mencionado Privilegio de Bodega Cerrada) los propietarios y cosecheros de la misma, organizados en un Cabildo de Heredados, organizado como una cofradía. 

Hay constancia en 1750 de protestas debido a que arrieros o postores de Tendilla y de Arganda, apoyados por el Intendente Corregidor en el abasto de vino blanco, introducían sus vinos en Guadalajara amparados en la mejor calidad de ellos (o en la mala calidad del vino blanco arriacense). Asimismo se pidió a la Cámara de Castilla la revalidación del Privilegio y la observancia del mismo, pero aunque se entregara esta revalidación por el rey Fernando VI en 1750 al Intendente Cambí, éste tuvo suspendido el Privilegio hasta su cese en 1755.

El conflicto entre los cosecheros del Cabildo y el libre abastecimiento prosiguió, logrando el Cabildo en 1780 una nueva revalidación del Privilegio y una reglamentación de las seis tabernas legales existentes regulándose la venta del vino y la policía de tabernas, con las consiguientes trabas al vino blanco tendillero que seguía teniendo, como vemos, éxito en su venta.

Un documento del Cabildo del 30 de enero de 1781 muestra un "pleito entre Guadalajara y Tendilla, ganado por Guadalajara, permitiendo pues, la entrada de vino de la villa de Tendilla que estuviera dentro de la dezmería de la cuidad" solamente.

En estos tiempos en que se ha hecho famoso el denominado "botellón", es curioso saber que el Cabildo pedía que "se pusiera un mostrador sin rejas en las tabernas de modo que se pudiera vender vino sin que el comprador pudiera entrar en la taberna, que no se permitiera hacer parada en la taberna, que se prohibiera la venta en vasijas para que no se pudiera beber en parajes (permitiendose la venta en vaso sólo a los que vayan de camino) y que las tabernas no tengan más puertas que la del mostrador".

Pero finalmente creemos que fue imposible poner barreras a la "sed" de los vecinos de Guadalajara pues el 15 de febrero de 1781 ordena el Concejo que se cumpla el Privilegio pero "con la prevención de que no habiendo vino de calidad, se permita la entrada de vino, mosto y uva de fuera, pero siempre guardando las reglas dadas por el Consejo", logicamente pagando los derechos de aduana consiguientes.

No he encontrado más datos de pleitos al respecto. Unicamente Juan Catalina García indica en sus Aumentos a las Relaciones que hubo un expediente incoado en 1821 sobre "comunidad de pastos" en la tierra de Guadalajara, último pleito del que tenemos noticia entre Guadalajara y Tendilla.

patio nevado    cueva con tinajas


Ahora no hay producción vinícola en Tendilla, aunque (como puede verse a la izquierda de la carretera viniendo desde Guadalajara) quedan algunos cultivos familiares de vid, restos de la riqueza vinicola, junto con las cuevas excavadas en la montaña o debajo de algunas casas, dónde aún quedan algunas tinajas en que se maduraba el mosto.


Creada por J.L.G. de Paz / depaz@uam.es / Versión de 2 de Septiembre de 2002.

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