Gustavo López y García.


"Tu, villa humilde y silenciosa,
no tuviste en tu vida otro cantor
de lira más sonora y armoniosa,
ni tendrás nunca quien con más amor,
de tus virtudes y de tus bellezas
sea el enamorado trovador."
 

En el archivo municipal del Ayuntamiento de Tendilla se encuentra el libro nunca publicado "¡Mi Tendilla!". Consta de 172 páginas mecanografiadas por su autor Don Gustavo López García. Son un emotivo recuerdo que éste envió el 31 de marzo de 1950 desde Zafra (Badajoz), conteniendo en forma versificada sus recuerdos y experiencias relacionados con Tendilla desde 1895 hasta 1948, fecha en que escribiera el último poema. Don Gustavo posiblemente no pase como poeta a la historia, el mismo lo reconoce como luego veremos, pero quien ha tenido la oportunidad de leer algunos de los poemas no pueden negar su valor etnológico y su contribución a la historia local, a la "pequeña historia" de La Alcarria. Algunos fragmentos de sus poemas fueron publicados en los programas de las fiestas de la Salceda de finales de los años 50 y años 60 del siglo XX, así como en los suplementos que por éste motivo editaron los semanarios de Guadalajara.

En mi conocimiento, la primera mención impresa del libro, como tal libro completo, la hace el investigador José Ramón López de los Mozos en Wad-al-Hayara nº 7 (1980), dentro de un artículo titulado "Catálogo de Piezas Menores Religiosas", dónde incluye un poema dedicado a la Virgen de la Salceda en la pag. 190. Indica en una nota de pie de página que el libro "es una colección de versos escritos entre 1895 y 1948, dónde con gran sensibilidad y gran sentido descriptivo glosa, entre poemas de vena sentimental, paisajes de Tendilla y acontecimientos clave para la historia y el folklore de su pueblo." Añade que "son muy interesantes las notas que al final de cada poesía pone. Sitúa a éstas en un marco real y las afirma como verídicas. También explica algunos modismos propios del lenguaje de Tendilla, y aclara los nombres que inserta en el texto". Algunos títulos son: "La alegría del domingo", "La avenida", "La feria", "La mansiega" y "Tipos de mi pueblo". También ha hecho una repetida y elogiosa mención de "¡Mi Tendilla!" Víctor Vázquez Aybar en su "Tendilla: Crónica de un tiempo pasado" (2003).

En esta oportunidad no voy a detenerme en este libro, que espero algún día ver publicado y comentado, sino en la biografía de su autor, que merece considerarse como "alcarreño notable" por los méritos que a continuación contaremos, y que han sido parcialmente olvidados por la mayoría de nosotros, tanto en la provincia como en su villa natal. Y, para no caer en el mismo fallo, debo agradecer en orden temporal a aquellos que me proporcionaron la mayoría de textos en que se basa todo lo que viene a continuación: Juan Antonio Nuevo (anterior alcalde de Tendilla), Inmaculada Cortés (farmacéutica actual), Luis Miguel Prieto Pérez (de Huerta de Valdecarábanos), Francisco Croche (Cronista de Zafra) y Antonio Herrera (Cronista provincial y autor de "Tendilla, historia y arte"). También expongo datos leídos en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia de la Farmacia, las revistas La Farmacia Nueva y Acofar más los recogidos verbalmente en Tendilla. Especialmente estoy agradecido a la nieta y bisnietos de don Gustavo, que viven en Extremadura, por sus atenciones e información, y al Departamento de Historia de la Farmacia de la Facultad de Farmacia de la U.C.M.

Mi Tendilla, por Gustavo Lopez    Orla de Licenciatura 1892. Gustavo Lopez. Museo de Historia de la
 Farmacia, UCM, Madrid


Datos Biográficos sobre Don Gustavo.

Gustavo Pablo López García merece considerarse como "alcarreño notable" por los méritos que a continuación contaremos, y que han sido parcialmente olvidados por la mayoría de nosotros. Nació en Tendilla el 17 de abril de 1873 en la casa familiar, dónde estaba entonces la farmacia, situada en la calle Mayor Alta número 23 (ahora Alférez Agudo), muy cerca de la esquina con la calle de "El Barranquillo" y con la parte de atrás dando hacia el arroyo. Su partida de bautismo, existente en el Archivo Diocesano de Sigüenza, esta fechada el 21 de abril. Venía de una familia con el "gusanillo" de la ciencia y que regentaba la farmacia local. Su padre Pablo López Cortijo y su tío José López Cortijo tuvieron cierta notoriedad en la provincia de Guadalajara en los finales del siglo XIX.


Pablo Lopez Cortijo. RANF     Jose Lopez Cortijo. FyA

PABLO LOPEZ CORTIJO 1866 (RANF) | JOSE LOPEZ CORTIJO 1894 (FyA)

 

Pablo nace y muere en Tendilla (10 de marzo de 1839-23 de abril de 1899) y era hijo de Victoriano López y Ramona Cortijo. Estudia en Guadalajara y luego hace Farmacia en Madrid. Tras acabar en 1861, pone farmacia en Tendilla dónde sería desde 1864 corresponsal del Colegio Farmacéutico de Madrid y desde dónde colaboraría en el "Diccionario de Farmacia" (1865). Casó con la tendillera Carmen García Moreno, fallecida en 1909. Tenía una apreciable biblioteca de unos 3000 libros y puso un laboratorio de investigación en su farmacia. Fue Diputado Provincial en 1888, y alcalde y juez de la villa de Tendilla. Hay una lápida que le recuerda en la capilla de la Iglesia, bajo la vivienda del párroco: "Esta obra se hizo en el año de 1897 siendo párroco de esta iglesia D. Julián Humanes y alcalde de esta villa D. Pablo López Cortijo". Por sus trabajos en la destilación de esencias y alcoholes Pablo lograría algunos premios nacionales (Madrid, 1882 y 1884) y le sería premiada en Guadalajara, en 1891, una memoria titulada "Industrias agrícolas que pueden establecerse en la provincia de Guadalajara".

Su tio José López Cortijo nació también en Tendilla, era médico y escribió una "Topografía Médica" de Guadalajara capital (en la que colaboraría en algunos artículos su hermano Pablo) premiada en 1892 y editada en 1893. En ella dice que "la higiene es la base del bienestar individual y social". Habla de la historia de Guadalajara, temperaturas, meteorología, las aguas de la ciudad, edificios relativos a la sanidad, mejoras sanitarias en la misma, en sus aguas, y mortalidad con sus causas. Inicialmente fue republicano-federal y, finalmente, liberal. Fue alcalde de Guadalajara en 1894 y en 1902, en ambos casos por apenas un año. Fallece en 1909 y es enterrado en Guadalajara, dejando una hija, Matilde.

lapida recuerdo obras iglesia, Pablo Lopez    Gustavo Lopez en 1917


Dentro de esta familia, que juntaba tanto los medios económicos como el interés por la investigación, nació Gustavo López García quien se fue educando en el ambiente que había en la antigua farmacia, que hasta hace pocas décadas estaba en una casa aún en pie en la "calle Mayor" dónde hay, pintadas en gris, una ventana y una puerta dividida en dos hojas horizontalmente por dónde se entraba al despacho. Atrás hay dos pisos, ambos con balconada trasera, desde las que se puede ver el pinar de repoblación, cerros y las ruinas del monasterio de Santa Ana. Esta esquina era punto dónde llegaban las avenidas de agua que las lluvias podían provocar y que Gustavo describe con temor en el poema "La Avenida", fechado en 1912, o desde dónde veía el entorno que describe en "Mi Paisaje".

Siendo niño ya tuvo afición a leer libros de poesía. En 1882, a los nueve años, pasa Gustavo a estudiar en Guadalajara el bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media, comenzando Farmacia en la Universidad Central de Madrid en septiembre de 1887 y graduándose en junio de 1892. La orla de graduación de su promoción, con su foto, está en el Museo de la Farmacia Hispana en la actual Facultad de Farmacia. En Madrid también gustaba de acudir a museos, conciertos y ópera, y a leer a los novelistas y filósofos, ahora clásicos, del siglo XIX.. Encontró su vocación en la profesión farmacéutica. Intentó guardar el apellido familiar "López Cortijo" y firmar como "López-Cortijo y García" pero en Madrid, por imperativo legal, tuvo que eliminar el "Cortijo" de su nombre. Vuelve a Tendilla, a la farmacia paterna, a practicar el oficio, supervisado por su padre, y revisar y ampliar la flora local que había estudiado éste, pues siempre le gustó a Don Gustavo la Botánica.

Los farmacéuticos de entonces, eran "artesanos de la medicina naturalista y conocedores de las plantas y sus riesgos", fabricantes ellos mismos de fórmulas magistrales en las que usaban las hierbas de la comarca junto con quina, ipecacuana, mercurio, laúdano, campeche, etc y, bastantes de ellos, lectores aplicados de las novedades científicas que el progreso traía.

Pero la farmacia familiar iba a ser para su hermano José López y García, que empezaba a estudiar farmacia justo entonces, y luego sucedería a su padre. La fiesta de la Virgen de la Salceda de 1893 fue la última a la que asistió, pero no dejaría de tener a la patrona de su pueblo en su corazón. Gustavo tomó a traspaso la farmacia de Huerta de Valdecarábanos (Toledo) en noviembre de 1893 por 1750 pesetas. ¿Porqué? En su poema "En aquel viejo huerto" escrito en mayo de 1895, Gustavo menciona un intenso amor por una muchacha y "los prejuicios sociales/ nuestro amor con dureza condenaron,/ y órdenes paternales/ crueles nos separaron,/ y a marchar a otras tierras me obligaron./ Al poco tu morías/ feliz, con la ilusión de mi regreso". Este amor juvenil es recordado en otros dos poemas "Perdurable Reflejo" y "Mi Paisaje".

Don Gustavo guardó el recuerdo de esta muchacha toda su vida pero, a pesar de "lloró con desconsuelo", se casó en Huerta en 1895 con Julia Moraleda García-Moya, naciendo en este lugar sus tres hijos (Pablo, Calizto y Gustavo) y una hija llamada Carmen, aunque solo la hija llegaría a vieja. El primogénito, llamado Gustavo como su padre, nace en Huerta en 1902. Los otros dos varones, uno muere con tres y el otro con veinte años. No se le conocen otros amores, y sus escritos y recuerdos muestran un intenso amor y respeto a su esposa, que llenó su vida, no olvidó en su viudez y con la que quiso ser enterrado.

Gustavo estudió los vinos y la flora de Huerta de Valdecarábanos, haciendo un herbario de la misma como el que iniciara su padre en Tendilla. Regentó la farmacia durante 17 años, escribió poemas, creó un grupo teatral aficionado, representando obras en un improvisado teatro, y ayudó al maestro dando clases nocturnas gratuitas a adultos y jóvenes en su rebotica.. El Ayuntamiento de Huerta reeditó la "Crónica de las Fiestas celebradas en Huerta" los días 1, 2 y 3 de septiembre del año 1906 en honor de Nuestra Señora de los Pastores y de la terminación de la torre de la torre de la iglesia, dañada por un rayo, que es un largo poema escrito por Don Gustavo (así se le conocía allí). Más adelante hablaremos sobre la vocación poética que siempre tuvo. En este largo poema se muestra laudatorio hacia las autoridades, iglesia y la clase social alta de Huerta, de la que forma parte como invitado al baile que allí dio el senador Juan Rosell. Indica que en los bailes populares de estas fiestas no pudo bailar la seguidilla clásica manchega pues la gente prefería los "modernos" schotis, polkas y habaneras, y describe con agrado una corrida de toros con alguaciles y toreros que ponen banderillas y torean a pie con capa y muleta.

En Huerta iniciaría su labor periodística en "La Farmacia Española" y "La Farmacia Moderna" y, sobre ella, han dicho que "sin temor a equivocarse, se puede afirmar que ningún otro periodista farmacéutico español ha igualado lo copioso de su producción". En sus lecturas y en sus viajes a Madrid conoció el cooperativismo y comenzaría una labor ardiente a favor de la aplicación del modelo cooperativista y corporativista al mundo de la farmacia, que ocuparía su vida.

La actividad principal que desarrollaría Don Gustavo de 1910 a 1936 fue la mejora de la profesión farmacéutica, tanto desde el punto de vista de la consideración social (recordemos en aquel entonces la caricatura del boticario de "La Verbena de la Paloma" o el refrán "medico viejo, cirujano joven y boticario cojo", citado por el propio D. Gustavo en sus escritos) como en las condiciones laborales y profesionales en que desarrollaban su labor.

En 1909 era elegido secretario de una Comisión dictaminadora del Patronato de Farmacéuticos Titulares para crear una Cooperativa Farmacéutica, que sería creada con el nombre de "Centro Farmacéutico Nacional" (C.F.N.) y del que sería gerente desde noviembre de 1910. Esta labor la desarrollaría en Madrid, a dónde se traslada ese año traspasando la farmacia que tenía en Huerta. Dimite en noviembre de 1916 cuando el Presidente del "Centro" intenta convertirlo en una Sociedad Anónima y busca empleo como representante y "Agente Comercial" de productos químicos nacionales y extranjeros, con bastante éxito económico. Mientras tanto realiza una intensa campaña de prensa en contra de la conversión del C.F.N. y a favor de sus ideas, que también expone en asambleas farmacéuticas y en numerosas conferencias a favor del cooperativismo entre los farmacéuticos.

Gracias a su situación económica, puede tomar las riendas de la revista quincenal "La Farmacia Española" cuyo propietario y director Francisco Marín y Sancho deja primero en sus manos debido a su vejez, y lega a su muerte en 1926. Era un boletín quincenal dedicado a "la defensa de los derechos e intereses de la clase farmacéutica española". Gustavo dirigiría, editaría y escribiría casi todos los artículos allí publicados (excepto los científicos) hasta que en 1930 la dejara en manos de Angel Morales de las Pozas. Usó muchos seudónimos (J.P. Franco, R.E. Porter, Clarita de la Fuente, y muchos otros) para dar la impresión de una redacción numerosa. En su ardua labor encontraba sosiego en la familia y en la escritura de poemas, que no publicaba. De cuando en cuando visita su localidad natal, descansando en la casa-farmacia de su hermano, alcalde constitucional de la villa en 1911 y diputado provincial en 1926. En el número del 15 de julio de 1924 aparece una conferencia suya sobre el aprovechamiento industrial de las plantas aromáticas de La Alcarria, y en el del 1 de mayo de 1925 describe el paisaje de su villa natal y los problemas del farmacéutico rural en un artículo de la sección "Crónica Profesional".

Forma parte en 1914 de la Unión Farmacéutica Nacional (U.F.N.), federación de los cincuenta colegios provinciales, dónde realiza labores de Tesorero de su Junta Directiva (1915 a 1917) que compagina con su labor de Gerente del C.F.N. Es miembro activo del Colegio Farmacéutico de Madrid, y vicepresidente de algunas de sus comisiones (1920 y 1922). Ya era "vocal nato" en 1913 de la U.F.N. como representante del Colegio Farmacéutico de Guadalajara. Durante su labor periodística recibió elogios y, también, ataques por parte de otros profesionales.

manuscrito La Farmacia de mi Tiempo    La Voz de la Farmacia


En octubre de 1920 Gustavo fue nombrado Secretario en la Junta Directiva de la Unión Farmacéutica Nacional (U.F.N.), dejando la actividad comercial. Como Secretario seguiría hasta septiembre de 1926 en que la Junta en bloque dimitiría debido al enfrentamiento de dicha Junta con el Directorio de Primo de Rivera al haberse aprobado una ley que permitía la venta de medicamentos que no necesitaran receta en las droguerías. De no dimitir, hubieran sido desterrados por el Directorio. La nueva Junta, apoyada por Gustavo, estaría presidida por Juan Rhodes Garrido, nacido en Cabanillas del Campo, Guadalajara. Gustavo fue asimismo Secretario Técnico de la U.F.N. desde 1920 a 1936 y gracias a las memorias redactadas anualmente por Don Gustavo y del cuidado que tuvo por el Archivo de esta institución se puede seguir la historia de la Unión Farmacéutica en estos años de su existencia.

En el ámbito periodístico, Gustavo López dirigiría la publicación de la U.F.N. llamada "La Voz de la Farmacia", desde que fuera fundada en enero de 1930 hasta su desaparición en 1936, y colaboraría con "Información Sanitaria", "El Sol", "Diario Universal", "Heraldo de Madrid" y "El Imparcial", en diferentes épocas. Fue también un experto en Legislación Farmacéutica, escribiendo un libro con este título en 1933 que se reeditó en 1942. De hecho había sido invitado a dar un cursillo sobre este tema a alumnos del último curso en la facultad de Farmacia de Madrid de 1910 a 1916. También destacamos que Gustavo fue el autor de la primera "Deontología Farmacéutica" escrita en 1922 y que es el primer código de conducta que tuvieron los farmacéuticos españoles, así como del libro "Sinónimos de Medicamentos Modernos", en 1933.

Entonces vivía del sueldo que recibía de la U.F.N por los cargos en la secretaría o el periódico, que a veces se complementaba con alguna gratificación. Casi todo su tiempo, incluso el "libre", lo dedicaba a estas labores. Volcado en su familia y la profesión farmacéutica llegaría la guerra civil, cuando contaba con 63 años. No muestra ser partidario del bando "nacional", pero el gobierno de la República disolvería "por facciosa" el 30 de julio de 1936 a la Unión Farmacéutica Nacional, y con ello truncaría sus ilusiones. La labor precursora de la U.F.N. sentaría las bases, tras la guerra, para la situación actual, en la que no esta permitido vender medicamentos fuera de las farmacias y el modelo cooperativista farmacéutico es mayoritario.

antigua farmacia familia Lopez    antigua farmacia familia Lopez


Durante la contienda mandó a su familia a Tendilla y él les visitaba algún día cada mes, viajando a veces en carro. En Madrid cuidó del archivo de la U.F.N. y sería herido levemente por metralla en su mano izquierda. Sin empleo desde la disolución de la U.F.N., consigue subsistir gracias a que fue nombrado substituto de Emiliano Colmenar como Secretario Técnico del Colegio Farmacéutico de Madrid en febrero de 1937.

El objetivo de Gustavo durante la guerra será, según sus palabras, "el mantenimiento y defensa de tres personas queridas: mi mujer, mi hijo, enfermo y muerto durante este paréntesis, y mi nieto (Julio), de año y medio de edad y huérfano de madre en su comienzo". En efecto, su mayor desgracia vino cuando en enero de 1938 muere en Tendilla a los treinta años su hijo Gustavo López Moraleda, teniente voluntario del ejército republicano, por una tuberculosis pulmonar, dejando un hijo llamado Julio, huérfano también de madre como hemos dicho.

vista sur desde balcon antigua farmacia    balcon antigua farmacia familia Lopez


Tiene seis poemas fechados Tendilla en 1938 ("La Voz de mi Pueblo", "Amanecer en el valle de mi pueblo"…) llorando por la violencia y los males por él vistos, siempre contrario al mal trato contra los hombres. Escribe a finales de 1939 un sentido "Epitafio" dedicado a su hijo y podemos darnos cuenta que la violencia presenciada durante la contienda y tras "la victoria", le marcaron profundamente. Algo después de la guerra aparecerá en él una religiosidad católica muy fuerte que formaría parte de su personalidad hasta su muerte y que no había estado presente en etapas anteriores de su vida.

Por las fechas de los poemas vemos que está en Madrid en 1940. Luego marcha a Zafra (Badajoz) pues su única hija viva Carmen fue allí con su familia cuando obtuvo la concesión de la cantina de la estación de ferrocarril, que regentaría durante quince años. Gustavo se quedará en las tierras extremeñas y ya no saldría de "su retiro voluntario de Zafra", Sin salir de allí, Gustavo cuida de sus nietos Julio, Carmen e Isabel (esta falleció) y recorre los campos alrededor de Zafra con ellos, recogiendo y enseñándoles plantas y comenzando otro herbario que quedaría inconcluso. También encontró tiempo para aprender carpintería realizando labores manuales que legaría en su mayoría a su familia y allegados. Entierra allí a su mujer Julia en 1948.

Epitafio a su hijo Gustavo, 1939    firma de Gustavo Lopez


Mientras tanto, la farmacia de Tendilla sería llevada por las tres hijas de su hermano José y su mujer Gumersinda Pintado, Maruja, Esperanza y Elvira, hasta que las dos primeras se fueran a Ocaña (Toledo). La farmacia de Tendilla ahora está en la Plaza Mayor y las farmacéuticas de esta villa desde los años 80 del siglo XX no tienen ninguna relación con esta familia.

Profesionalmente Gustavo, ya como jubilado, fue director técnico en Zafra del almacén farmacéutico "Farmaluna" y, "hombre de carta diaria", enviaría algunos artículos para su publicación en el diario "Informaciones" y en el periódico "Hoy" de Badajoz. Fue redactor-corresponsal de la "Revista Farmacéutica" de Buenos Aires desde 1940, escribe en revistas profesionales españolas e iberoamericanas, y tiene una sección propia en la revista "Farmacia Nueva" titulada "De tiempos pasados". Desde Zafra enviaría el libro de poemas "¡Mi Tendilla!" al ayuntamiento de Tendilla en 1950, como dijimos al comienzo de este texto, en previsión de su muerte, que aún tardaría en llegar.

Sin salir de Zafra, fue socio de número de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia en 1951. Escribe en 1952 una biografía de Juan Rhodes, presidente de la extinta Unión Farmaceútica Nacional y natural de Cabanillas del Campo (Guadalajara). Recibió muchos premios por su labor periodística y sus escritos con propuestas de mejora de la actividad farmacéutica. También tuvo la medalla de oro de la Sociedad Farmacéutica y Bioquímica Argentina. Recibe el premio Pérez Bryan de la Real Academia de Farmacia en 1950 por su labor en pro de los farmacéuticos rurales desde la U.F.N.

Siempre previsor, legó en 1951 a la Real Academia de Farmacia treinta originales "escritos en su retiro para su solaz" sobre temas diversos y en distintos géneros literarios, alguno enmarcado por él mismo en madera, así como un excelente conjunto de albarelos y orzas de cerámica de Talavera del siglo XVIII, decorada en azul, procedentes de las farmacias religiosas de los monasterios de Tendilla (jerónimos de Santa Ana y franciscanos de La Salceda) y de Huerta de Valdecarábanos (jesuitas), que están expuestos en el Museo de dicha institución en Madrid, en la calle de La Farmacia. También envió desde Zafra otro un álbum de madera, hecho por él mismo, al Archivo del Departamento de Historia de la Farmacia de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, con una veintena de originales de nombramientos, títulos y diplomas (entre ellos once distinciones) que Gustavo obtuvo, y que allí pueden consultarse.

Gustavo Lopez en 1928    Gustavo Lopez en 1951

GUSTAVO LOPEZ (1928) | GUSTAVO LOPEZ (1951)

 

En 1966 publicó en la revista farmacéutica "Acofar" un texto reivindicando la labor desarrollada por él mismo junto con Jose Poch y Juan Rhodes en los años treinta. Dice al comienzo "Este viejo incapaz, que actualmente vive el año noventa y dos de su vida que, sin vanidad, fue el más destacado luchador y propagandista del cooperativismo farmacéutico en el primer cuarto de siglo". En 1967 aún mantenía la mencionada sección "De tiempos pasados", ayudado por su nieto Julio que escribía sus palabras. Para ella escribió un artículo con intención de finalizarla ("para no desentonar", dice él mismo) cuando muere el 28 de marzo de 1967 en Zafra. Estaba sordo y casi ciego, pero con la mente lúcida. En junio de este año hubiera cumplido setenta y cinco años de labor farmacéutica. Fue enterrado según su deseo junto a su mujer, con una medalla de la Virgen de La Salceda y un poco de tierra de Tendilla traída ex profeso, en un nicho alto y soleado como deseaba.

Han dicho de él que tenía una enorme voluntad y un carácter "nervioso e impulsivo, incapaz de quedarse quieto". Criticado a veces, su labor global mereció el reconocimiento general por los profesionales de la farmacia. Gustavo muestra en sus escritos un gran respeto por la vida y condición humana, en absoluto amante de las violencias y guerras. En sus poemas dedicados a Tendilla sólo muestra una nota discordante con su vehemente amor por pueblo y vecinos, al denunciar el mal (y a veces cobarde) trato que algunos daban a las reses en la lidia durante las fiestas patronales. No le duelen prendas en mostrarse en contra de esta crueldad aunque no era contrario a los toros, sólo a como los "lidiaban" en Tendilla y otros pueblos alcarreños. En todos los poemas siempre se muestra en contra de violencia y crueldad, contra animales y (por supuesto) contra los hombres.

También, aunque tiene cariño a los tipos populares y nunca desdeña su sabiduría, al menos desde que llega a Huerta hasta los años treinta muestra una separación clasista entre los que, como él, tiene estudios superiores sobre los que no los tienen, lo cual, sin embargo, era común en aquellos años. La frase "la pobreza y la mezquindad (sic) de la población rural no lo consienten" que pone en boca de un farmacéutico rural en un artículo de mayo de 1925 es significativa. Aparece como amigo del orden establecido, de la estabilidad, en el poema que escribiera en Huerta en 1906.

Pero en su poema "la Mansiega" de 1945 hay un cambio, aparecen unas ideas políticas "avanzadas" cuando dice " conquistaron los criados/ dignidad e independencia;/ mejoraron los salarios,/ y se abrió campo la idea / de suprimir el derecho/ de propiedad de la tierra,/ y de que, íntegros, sus frutos/ de quien la cultive sean". Y dice: "Y quizá llegará un día/ en que triunfe tal idea,/ y hombres libres, en común,/ cultiven la madre tierra,/ y se repartan sus frutos,/ sin que ninguno pretenda/ parte, si con su trabajo/ no colaboró en la empresa". No apoya a los sublevados en 1936 ni le gusta cómo actúan los vencedores tras la contienda, el Epitafio dedicado a su hijo Gustavo es muy claro al respecto. Pero no parece contento de cómo la República trató a la U.F.N. durante la guerra. En la misma "Mansiega" aparece claro su rechazo a la violencia, al odio, a la intransigencia, al egoísmo y a los "fanáticos sectarismos". También en "La Voz de mi pueblo" (1938) escribe sobre las destruidas campanas de la iglesia que "en los trágicos momentos/ en que el pueblo defendía/ sus legítimos derechos/ se trocaron en cañones/ y en la guerra sucumbieron".

Al final de le guerra se autoexilió a Zafra y aunque añoró mucho a Tendilla nunca volvió. ¿Porqué? ¿Temor a represalias tras la guerra? ¿Situación familiar de su única hija viva? Lo que es cierto es que contó siempre con el reconocimiento de la profesión farmacéutica y que nunca dejó de escribir de estos temas.

Según recuerda su familia, cuando vivía en Madrid era algo agnóstico pero respetuoso con la religión. No le gustó que por hacer un monumento religioso en 1930 se destruyera el castillo de Tendilla, así lo expresa en el poema "Mi Paisaje". Fue más adelante cuando apareció su intensa religiosidad, ya casi al final de su vida, y, en cuanto su salud se resentía, pedía enseguida la Comunión. En su vida influyó la guerra, en la que le tocó sufrir demasiado.

Sobre su vocación poética dice el propio Don Gustavo en el Prologo de su libro de poemas no publicado "Ocios y Desvelos de una Vida", dedicado a mano a su nieta Carmen, que desde su juventud siente el impulso de "expresar en verso mis sentimientos y mis ideas", y que "no tuvo mi mente un momento de descanso que no aprovechase para dejarse arrastras dulcemente por este impulso" lo que le sirvió para rebajar la tensión nerviosa producida por "el agotador trabajo mental a que estuve sometido de 1910 a 1936". Dice que "nunca acabé una composición poética que me dejara satisfecho y, avergonzado de mi impotencia, y, al mismo tiempo, compadecido de mis pobres producciones, las rescataba hasta del conocimiento por mi esposa y por mis amigos más íntimos, que suponía habrían de ridiculizarlas y las guardaba en la más secreta gaveta de mi viejo bargueño. Durante la guerra, en mis estancias mensuales de tres o cuatro días en mi pueblo, dónde estaban refugiados mi esposa y mi nietecito huérfano, se intensificó mi fiebre poética y escribí bastantes composiciones."

Tras la guerra, en el hogar de sus hijos, revisó sus composiciones, rescatando del fuego trescientas diez y ocho realizadas en los "ocios y desvelos" de medio siglo de su vida. Seleccionó cincuenta, que son las que incluyó inicialmente en mayo de 1944 en "Ocios y Desvelos", aunque luego escribió alguna poesía más que incluyó al encargar copias mecanografiadas de este libro para sus nietos en 1953.

 


Epitafio.



	A la memoria de mi hijo Gustavo, soldado
	voluntario, ascendido a teniente,
	del ejército republicano en 1936.


        Los vencidos un día, vengadores
        se alzaron contra el pueblo soberano,
        que ensayaba, de su poder ufano,
        gobernarse sin amos ni señores

        E, impulsado por tu romanticismo,
        fuiste a sacrificar tu joven vida
        a tu España ideal, ya redimida
        del tradicional, negro, despotismo.

        Dominada en las grandes capitales,
        en sus comienzos, fue la rebeldía,
        y ante los pasos de la serranía,
        detenidas las tropas desleales

        Más cambió pronto la voluble suerte:
        pasó el marroquí ejército el Estrecho
        cual densa nube que, en turbión deshecho,
        al llegar sobre España se convierte,
        y el suelo hispano en sangre hispana inunda
        en años tres de fratricida lucha
        tras la cual mata o lanza a extraña tierra
        a los vencidos, cual gente inmunda.

        Tú no había de ver final tan triste
        del mal de los románticos herido, (1)
        el puesto heroicamente defendido
        antes de un año que dejar tuviste.

        Y, en pobre lecho del hogar ajeno
        en que tu madre halló refugio amable
        fuiste a esperar la muerte inexorable,
        resignado y con ánimo sereno

        Y, cual luz que agotó su combustible,
        tu vida en una fría madrugada,
        se extinguió tras la viva llamarada
        de revivir de una ilusión placible.

        ¡Burla cruel con que la adversa suerte
        el dolor envenena de su estrago!
        ¡Cobrar la vida que ofreciste en pago,
        y hurtarte lo comprado con tu muerte!
        ¡Diez meses sometido a la tortura
        de contemplar la incontenible huida,
        al par de la precaria y triste vida
        y la victoria que se vio segura!

        Y a más llegó su crueldad contigo,
        negándote, no sólo la victoria,
        sino la militar - ¡y triste! - gloria
        de un "bell morire" frente al enemigo.

        Más pudo ser mayor nuestro dolor,
        si de la guerra hasta el final vivieras
        y en la ola de sangre sucumbieras
        con que su triunfo afirma el vencedor.

Madrid, diciembre de 1939.

Nota:

Gustavo López Moraleda muere de tuberculosis pulmonar en Tendilla el 13 de enero de 1938, en la casona de la calle Díaz de Yela número 12, que también servía para alojar tropas. La partida de defunción menciona que era viudo de 35 años, natural de Huerta de Valdecarábanos e hijo de Gustavo López García y de Julia Moraleda García-Moya, que dejaba un niño de 3 años, Julio López Giles. Presenta la inscripción José López Pintado, hijo del hermano de Don Gustavo.


Anexo I. La Farmacia de Tendilla en 1925.

Gustavo no olvidó a Tendilla, no solo en los poemas sino en otros artículos. De cuando en cuando vino a la casa familiar en la villa y en ella se refugió su familia durante al Guerra Civil. Revisando la colección de 1925 de La Farmacia Española, en el número del 1 de mayo de 1925 aparece un artículo en la sección "Crónica Profesional" en que describe la vida de los farmacéuticos y sus clientes en un pueblo alcarreño, que si observamos con atención no es otro que Tendilla. Oculto bajo el seudónimo de J. P. Franco con que firma el artículo, Don Gustavo come en la casa de su hermano José y expone la conversación con éste y el farmacéutico del pueblo vecino quienes se quejan de la poca atención que hacia los problemas del farmacéutico rural tenían sus organismos defensores, más preocupados por los farmacéuticos de las capitales. Gustavo les reprocha por el contrario su pasividad y pesimismo, les anima a exponer sus quejas e informar de sus problemas a sus Colegios profesionales y la entonces existente Unión Farmacéutica.

Por aquel entonces existía la "iguala", precedente del seguro de enfermedad que consistía en que pagando un tanto acordado mensualmente, en el caso de sobrevenir alguna enfermedad los gastos de medicinas quedaban cubiertos. El farmacéutico se queja de "cobrar poco más de lo que cobraban sus antecesores hace cincuenta años" mientras había subido el coste de la vida y aumentado los gastos de reposición de las farmacias. Pero es que las llamadas "especialidades farmacéuticas" no entraban dentro de la "iguala" y se cobraban aparte a los pacientes cuando el médico las recetaba. La razón aducida era su alto coste en origen, lo que obligaba al farmacéutico rural a cobrar dicho precio más los gastos de envío desde el laboratorio fabricante hasta la farmacia rural. El farmacéutico rural reconocía que los altos precios marcados "inaccesibles a la mayoría de sus clientes" obligaban a muchos a renunciar a pagar la "iguala", reduciendo sus ingresos fundamentales. Algunos enfermos consideraban más rentable pagar un recadero que fuera a Guadalajara y les trajera la "especialidad", usando el autobús existente.

Todas las soluciones que discuten los tres protagonistas incluyen una subida del coste para el sufrido "paciente", bien subiendo la iguala o pagando aparte las especialidades y sus portes a destino, o creando un seguro de enfermedad. Me parece curioso la repetición en los argumentos que aparecen de la frase "la pobreza y la mezquindad (sic) de la población rural no lo consienten" por parte de los farmacéuticos rurales. La frase es un poco fuerte y da idea de las enormes diferencias sociales de aquellos tiempos. Aquellos farmacéuticos de entonces basan su afirmación en que "mientras el igualado llama al médico a la menor indisposición que siente, y casi le exige que le recete, aunque sea para tirar después el medicamento, el no igualado aguanta sus enfermedades sin requerir la asistencia médica hasta que revisten carácter grave; cuando llama al médico le suplica que le recete lo menos posible y, aún después, o no adquiere el medicamento o lo deja sin pagar". Cuentan también que los médicos rurales (bien por caridad o por congraciarse con la clientela) "secundan frecuentemente estas marrullerías".

Claro está, este es el punto de vista que estos farmacéuticos exponen en el artículo, habría que oír a la otra parte y desconozco, por tanto, cuanto de razón o de verdad hay en las frases anteriores. Mencionan asimismo los "obsequios que, a nuestra costa, hacen los vecinos igualados a los no igualados, de medicamentos que no utilizaron, y con otras habilidades semejantes". "No tenéis idea en las capitales de las marrullerías de esta gente inculta" (dicen) las cuales, según ellos, justifican que algunos farmacéuticos "corresponden procurando cumplir sus compromisos con los menores gastos e incomodidades posibles".

Toda esta declaración me parece en parte una situación de "a ver quien engaña a quien". Es sobradamente conocida la pobreza del campesino en los años veinte, principalmente aparcero del propietario de la tierra o en el mejor de los casos pequeño propietario de tierras que los repartos por sucesivas herencias iban fragmentando en Tendilla hasta un minifundio notable.

La conversación termina con un "la señora de la casa nos avisa que la sopa está servida" indicando el autor que la ha procurado reproducir lo más fielmente posible "para tu conocimiento y enseñanza, lector querido". Del texto del artículo tomamos también una sentida descripción de su pueblo natal:

"Paisaje. Buscando en el sol y en el aire del campo el tónico que necesita nuestro decaído organismo, hemos venido a este querido pueblo alcarreño tendido y adormilado en el fondo de un risueño valle. Pero las nubes no han permitido al sol que alumbró nuestros juegos y travesuras infantiles regalarnos con sus vivificantes rayos, y hemos aquí recluidos en la casa del fraternal compañero que nos brinda franca y cordial hospitalidad.

A través de las vidrieras del balcón contemplamos distraídos la corriente del riachuelo que divide en dos barrios el pueblo; al otro lado, huertas, cuyos árboles nevados de blancas florecillas denuncian la primavera aun disfrazada con mantos invernales; en la falda de la montaña, los verdes sembrados y los rojizos barbechos, cuyos colores aviva la lluvia, encuadrados entre hileras de desnudos olmos; a media ladera, las pintorescas ruinas de un convento, casi reducidas al ábside gótico cubierto de hiedra, y allá, cerca de la cumbre, rodeada de grisáceos olivares, la caprichosa silueta de un paredón, resto del castillo desde el que los guerreros de la Edad Media defenderían y ensancharían la frontera castellana en aquella lucha de ocho siglos, de la que quizá arranque nuestra pobreza y nuestra incultura actuales.

Sobre las cumbres vecinas parece asentarse la bóveda aplanada de un cielo grisáceo, del que incesantemente cae menuda lluvia que envuelve el pintoresco paisaje en un velo de tristeza. El ambiente es propicio a la melancolía y al pesimismo".

Un poco más adelante (página 139) aparece el siguiente anuncio "REGENTE: de preferencia señorita, se necesita para farmacia de huérfanos en pueblo de la provincia de Guadalajara. Informará D. José López, farmacéutico, en Tendilla (Guadalajara)", Un Regente era (y es) un titulado en Farmacia que por una participación en los beneficios administraba una farmacia a la que su propietario no podía atender. Salvando las distancias, es como si alquilara el "negocio completo" a su propietario.

Don Gustavo describe así Tendilla, con el arroyo Prá que le divide en dos, las ruinas del Monasterio jerónimo de Santa Ana y las ruinas del Castillo en lo más alto. Estas últimas ruinas serían destruidas casi en su totalidad en 1930 para la construcción de un monumento al Sagrado Corazón de Jesús. El castillo era de inicios del siglo XVI, pero eso no lo podía saber quien escribe el texto.


Anexo II: Propuesta de una Industria para la Alcarria

La tierra alcarreña tiene abundancia en plantas aromáticas. Su aprovechamiento como fuente de riqueza no ha sido suficientemente explotado, aunque hubo tímidos intentos a finales del siglo XIX y principios del XX. Uno de ellos fue tema de una Conferencia pronunciada en primavera de 1924 y recogida en la revista "La Farmacia Española" el 15 de julio de 1924.

La conferencia fue pronunciada por D. Gustavo López García, farmacéutico natural de Tendilla. Se basa tanto en su experiencia personal (la dirigió durante un año) como de su familia, pues su padre Pablo López Cortijo, alcalde y farmacéutico en Tendilla a finales del siglo XIX, tuvo allí un laboratorio de destilación de esencias. Son interesantes asimismo las precisiones que D. Gustavo hace sobre el campesino alcarreño y los precios y salarios de la época, e indica que esta industria la simultanearon con el ejercicio de la profesión farmacéutica.

Reconociendo los pobres recursos de la Alcarria, región esteparia erosionada por valles con agua abundante y vegetación lozana, es su propia orografía la que permite el crecimiento de plantas como espliego, cantueso, romero, salvia y tomillo, que por otro lado permiten la producción de la famosa Miel de la Alcarria a las abejas. Gustavo comenta que "la condición mísera de los laboriosos y sufridos labriegos alcarreños" permite la recolección de las plantas en "unas condiciones económicas que difícilmente pueden igualarse en otras regiones", aunque los salarios subieron un tanto durante la Primera Guerra Mundial (1914-18) cuando los fabricantes de esencias intentaron obtener allí la materia prima que no se podía obtener en Francia, Italia o Austria. Por su mayor abundancia y también por su mayor demanda es recomendable limitarse a las esencias de romero y espliego. El tomillo es menos recomendable al tener la esencia del tomillo alcarreño una menor cantidad de "timol", por lo que la esencia tiene menor valor.

Podrían obtenerse las esencias mediante un alambique de destilación que se traslada por una cuadrilla por el campo. La esencia se envía a una fábrica de barnices (si es de menor pureza) o a una industria dónde puede purificarse. Pero el mejor precio se puede obtener si la esencia es de mejor pureza y ya rectificada. Es decir, es necesario la vigilancia de la materia prima para evitar que se mezclen plantas de especies diferentes en el procesado, y es recomendable (o lo era en 1924) el uso de un aparato de destilación al vapor. A la derecha hay una caldera de agua que se calienta y el vapor llega a dos depósitos iguales situados en la parte central dónde el vapor entra en contacto con las hierbas aromáticas. Sólo se usa uno de los dos recipientes cada vez, limpiándose y cargándose con hierba nueva el otro. A la izquierda esta el refrigerante que permite licuar el vapor y recoger el líquido con la esencia. Intercambiando los dos recipientes centrales se lograría un funcionamiento continuo.

planta de romero    destilador de esencias usado por D. Gustavo


Todo el aparato costaba unas 7500 pts de la época en Barcelona, y podía situarse en una nave de 12 metros de largo, 5 de ancho y cuatro de alto. Lógicamente necesita de un depósito de agua que le abastezca, una mesa amplia para seleccionar las hierbas aromáticas en la misma nave y que el suelo esté ligeramente inclinado para facilitar el drenado del agua. También necesitaría un secadero de plantas en una nave cercana y un almacén para las mismas, costando el local unas 5000 pts. D. Gustavo calcula que se pueden llenar 20 calderines (10 veces cada uno de los dos que hay) al día, cada uno con de 30 a 50 kg de plantas aromáticas secas, según el volumen de las mismas.

Debido a la época de floración de las plantas, el trabajo empezaría a mediados de marzo coincidiendo con la floración del romero. Debido a la escasez de la demanda de braceros agrícolas en este mes, pueden dedicarse a la recolección de esta planta. En agosto, acabada la siega de cereales, se les puede nuevamente contratar para recolectar el espliego. Lógicamente se debe eliminar la parte leñosa de las plantas aromáticas, siendo el precio de los ramos floridos unas cuatro a cinco pesetas los 100 kg, debiendo adquirirse en los días en que el romero está en plena floración. Luego hay que secarlo y almacenarlo en capas delgadas para que no fermente. La campaña puede durar 150 días, lo que hace necesario un gasto en romero de 6750 pts aproximadamente.

El espliego se puede obtener durante siete meses siendo su precio de dos a tres pesetas la fanega (en tiempos de la guerra de 1914-18 llego a pagarse 5 y 6 pesetas), pesando cada fanega unos diez o quince kilos según el grado de desecación, lo que se traduce en un gasto de 36800 pts aproximadamente en los doscientos diez días de campaña.

Se puede manejar el aparato con un operario (2'50 pts de jornal) y un ayudante (1'50 pts de jornal). Suponiendo tres equipos trabajando en turnos de ocho horas al día sale un gasto de 4320 pts anuales. Aparte está el sueldo del director técnico de la planta, unas 4500 pts anuales, aunque este trabajo puede hacerlo el propio farmacéutico.

A los salarios del director técnico y los obreros que manejan los calderines (calculados en 8820 pts) se suman la contribución, luz y combustible (otras 5180 pts). La industria podría funcionar por 70000 pts la campaña.

Por el producto elaborado se pueden obtener en 1924, mediante su exportación a Estados Unidos, nueve pesetas por kilogramo de esencia de romero y siete pesetas por kilo de esencia de espliego. D. Gustavo indica que el año que dirigió esta empresa obtuvo 1965 kg. de esencia de romero a partir de 150000 kg. de sumidad de romero y 8643 kg. de esencia de espliego de 14700 fanegas de grano. Las operaciones matemáticas pertinentes nos dan un beneficio (ingresos menos gastos) del veinte por ciento con esta sencilla industria.

No conozco que se haya instalado esta industria tras la conferencia. Hay un artículo en "Cuadernos de Etnología de Guadalajara", vol 10 (1989) pag 47 "Aprovechamientos Agrícolas Marginales en la Provincia de Guadalajara: Las Plantas Aromáticas y la Fabricación de Aceites Esenciales" de Aúrea Cascajero Garcés dónde se da cuenta de esta actividad y se indica que en Tendilla se cultivan 30 Hectáreas de aromáticas como espliego y lavandín, y que la industria que en Tendilla las destila tiene unos 16 años de antigüedad. Estaba situada junto al "Haza del Toro" y cerró al poco de publicarse estos datos, pero los cultivos de aromáticas siguen presentes en las provincias de Guadalajara y Cuenca en 2003.


Anexo III: Sumario autobiográfico de Don Gustavo López y García

(redactado en Zafra, febrero de 1960)

Nació en Tendilla (Guadalajara) el 17 de abril de 1873. Su padre fue el prestigioso farmacéutico Don Pablo López Cortijo. Fue un niño de inteligencia precoz y feliz memoria que, a los 7 años leía correctamente y recitaba las poesías clásicas de los libros de lectura de la escuela primaria. A los 9 años ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Guadalajara, con la calificación de sobresaliente, para cursar los estudios del bachillerato.

Los dos primeros cursos los estudió en su pueblo natal, siendo sus maestros, de latín, el párroco Don Víctor Lázcano, y de geografía e historia, su padre. Los tres cursos siguientes los estudió en el Instituto graduándose de bachiller en junio de 1887. En septiembre de este año se matriculó en el Preparatorio de la Facultad de Farmacia, en la Universidad de Madrid, en la que siguió con notable aprovechamiento los cinco cursos que constituían la carrera, siendo designado “ayudante-alumno” en tres asignaturas, y graduándose de licenciado en Farmacia en junio de 1898 a los 19 años de edad.

Había seguido la carrera de Farmacia con el propósito de suceder a su padre en la farmacia de Tendilla; pero posteriores conveniencias familiares hicieron variar este propósito y se estableció en Huerta de Valdecarábanos (Toledo) tomando a traspaso la farmacia allí existente, de la que tomó posesión el 23 de noviembre de 1893. En el año que pasó en Tendilla, después de terminada la carrera, se perfeccionó en la práctica de oficina, hizo el análisis de varias aguas del término municipal, estudió la flora, formando un pequeño herbario, y realizó copiosas lecturas, principalmente históricas, que fueron la base de su cultura general.

En Huerta, su actividad infatigable se desplegó en varias formas útiles, que alternaba, descansando de las unas en el ejercicio de otros trabajos de carpintería y jardinería, ayuda a los maestros en la labor docente, y últimamente, dando clase a varios muchachos, de dibujo geométrico y otras materias; análisis diversos y estudio de la flora del término municipal, etc. Cuando dejó aquel pueblo, para trasladarse a Madrid, dejó muy adelantados su estudio de las constantes de los vinos de la región y un copioso herbario de las plantas indígenas del término municipal.

En Huerta contrajo matrimonio, y nacieron los cuatro hijos que tuvo, una hembra y tres varones, uno de los cuales (Pablo) murió en el mismo pueblo, con tres años de edad.

Una de las actividades que, con mayor empeño cultivó durante los diecisiete años de su residencia en Huerta, fue la de escritor profesional, concurriendo a los concursos académicos científico-profesionales que eran convocados, y colaborando, primero, en la revista más prestigiosa “La Farmacia Española”, después en varias y, por último, en casi todas las revistas farmacéuticas que se editaban en España. Sus trabajos académicos fueron siempre premiados, y, continuando su concurrencia a estos concursos siempre que figurara un tema en que pudiera lucirse, ha llegado a reunir dieciséis premios, cuyos diplomas ha regalado al Museo de Historia de la Farmacia de la Facultad en la Universidad de Madrid. Y sus trabajos periodísticos, fueron solicitados por todas las revistas y fueron objeto de numerosas felicitaciones por las corporaciones farmacéuticas y por farmacéuticos aislados.

Destacado su nombre entre la élite que propugnaban la vindicación de prestigios e intereses farmacéuticos, asistió a la asamblea celebrada en 1909 para la creación de una Sociedad Farmacéutica Cooperativa Nacional. En ella se distinguió como Secretario de la Comisión Dictaminadora, y constituida la Sociedad Centro Farmacéutico Nacional, nombrado Gerente, tras la dimisión de los dos primeramente nombrados.

Consolidó la vida de la institución y la encaminó por cauces de franca prosperidad, en seis años de tenaz e intensa labor, al final de los cuales dimitió por diferencias con la mayoría del Consejo de Administración que pretendía transformar la Sociedad Cooperativa en Anónima.

Al cesar en la Gerencia del Centro Farmacéutico Nacional y mientras se ganaba la vida como agente comercial, el anciano director de la veterana revista “La Farmacia Española” le confió la dirección “de hecho” de ésta, reservándose él la nominal, y la dirigió y redactó casi en su totalidad, dando la impresión de una redacción numerosa con la adopción de diversos seudónimos para cada una de las secciones: “J.P. Franco”, “R.E. Porter”, “Clarita de la Fuente”, “Gil G. de la Huerta”, “Licurgo Pérez”, “X.Y.Z.”, “A. L. Carreño” y algún otro.

Redactó y dirigió de hecho “La Farmacia Española” de 1916 a 1926, en que murió su director propietario Don Francisco Marín y Sancho, legándole la propiedad de la revista, que continuó dirigiendo ya bajo su nombre, y editando por su cuenta hasta 1930. Simultáneamente, fue uno de los más destacados dirigentes del entusiasta grupo que realizaba el gran movimiento farmacéutico del primer tercio del siglo presente, y en 1920, fue llevado con engaño a la Secretaría Técnica de la Unión Farmacéutica Nacional, Federación de los Colegios Provinciales de farmacéuticos, en que había cristalizado aquel fecundo movimiento.

Su labor, como tal Secretario Técnico, de la institución nacional, desde 1920 a 1936, en que fue disuelta por el Gobierno de la República, por considerarla facciosa (Nota: 30 de julio de 1936, Gustavo tenía 63 años), fue muy considerable. Formidables luchas para la vindicación de prestigios e intereses farmacéuticos, principalmente la venta exclusiva de especialidades farmacéuticas que abiertamente realizaban los drogueros, y la organización del Cuerpo de Inspectores Farmacéuticos Municipales, mantenían en permanente tensión sus energías, y su incansable pluma se mantenía en continuo ejercicio para la redacción de campañas periodísticas en su revista “La Farmacia Española” y en algunos periódicos diarios; manifiestos, circulares, ponencias sobre temas diversos, actas de las frecuentes reuniones, etc. El volumen de esta producción puede considerarse que no ha sido igualado por ningún escritor farmacéutico.

En 1929, la Asamblea Farmacéutica reunida en Sevilla acordó la edición de una gran revista, órgano oficioso de la Unión Farmacéutica Nacional, y de los Colegios en esta federados, y por aclamación fue designado para organizar su edición y dirigirla, Don Gustavo López. La revista apareció en enero de 1930, con el título “La Voz de la Farmacia” y de la complacencia con que fue recibida por los farmacéuticos y por las corporaciones profesionales dieron buena muestra las numerosas felicitaciones que aquellos y estas dirigieron a nuestro biografiado. Fue aquella su época triunfal pero también la del máximo trabajo; porque la Secretaría Técnica de la U.F.N. juntamente con la dirección de la gran revista le obligaba a jornadas de trabajo de doce a catorce horas, que, mantenidas sin descanso durante seis años, prueban una resistencia mental no común. El Maestro José Carracido, en la dedicatoria de su novelita “La Muceta Roja”, le calificó del periodista farmacéutico más fecundo y completo de su tiempo.

Ha colaborado también en algunas revistas extranjeras, y fue, durante unos años, redactor por España del “Boletín de la Federatión Internationale Pharmaceutique”, en el que publicó algunos trabajos suyos en francés.

El Movimiento de 18 de julio de 1936 cortó bruscamente esta carrera, al disolver la Unión Farmacéutica Nacional e impedir, en consecuencia, la publicación de su revista “La Voz de la Farmacia”. De ideario republicano Don Gustavo, los bárbaros, criminales, excesos de las milicias obreras para la represión del Movimiento provocaron en su sensible corazón una reacción contraria y le apartaron de toda posible colaboración con el régimen republicano, proponiéndose mantener en la contienda una callada neutralidad, mientras se ganaba la vida en oficios subalternos, entre peligros, molestias y miserias de todo género (Nota: residió en el Madrid sitiado).

Durante la guerra, refugió a su familia en su pueblo natal, donde había de estar más segura, y allí murió el último de sus hijos varones (Gustavo), dejándole un nieto (Julio López Giles, de tres años), que ya había perdido a su madre en los primeros días de la contienda. Otro hijo (Calixto) había muerto en 1920 a los veinte años de edad, cuando prometía un porvenir brillante, amargando sus triunfos de aquellos días. Le quedaba una sola hija (Carmen), a la sazón en Málaga, que, a la entrada en esta ciudad de las tropas nacionalistas, se trasladó a Zafra.

No obstante la neutralidad por él mantenida durante la guerra, y no obstante los favores que prodigo a algunos perseguidos en Madrid por el Gobierno republicano, cuando cesó la guerra y se presentó a los triunfadores para continuar su interrumpida labor, fue rechazado como la cigüeña de la fábula por el labrador, por su convivencia con los “rojos”.

Y, abrumado por crueles desengaños y sin medios de vida con que mantener la de su esposa y de su nieto huérfano, se refugió con éstos en el acogedor hogar de su hija, en Zafra, dispuesto a terminar allí sus días que creyó más cortos que fueron. Pero su pluma no podía estar ociosa y, en aquel retiro, fue realizando un voluminoso acervo de trabajos literarios -escritos históricos, ensayos, novelas, poesías, etc – que forman más de treinta volúmenes, que ha confiado a la Real Academia de Farmacia, para su mayor perduración, sin otro propósito que el de desahogar su grafomanía.

A la vez, en relación epistolar con varios distinguidos compañeros argentinos, la “Revista Farmacéutica” de Buenos Aires le nombró redactor-corresponsal para España y, como tal, ha venido enviando para su publicación en dicha revista, y bajo el título genérico de “Informaciones de España”, en todos sus números, amplias informaciones del movimiento farmacéutico en España, biografías de farmacéuticos ilustres, etc, hasta que los sucesos políticos de la Argentina obligaron a reducir la publicación del “Boletín Farmacéutico a algún que otro número esporádico.

La lectura de estas informaciones por viejos amigos, prestigiosos farmacéuticos españoles, les hizo estimar injusto el ostracismo en que vivía su autor, y estos buenos amigos, principalmente el ilustre doctor Obdulio Fernández, el Secretario Perpetuo de la Real Academia de Farmacia, doctor Toribio Zúñiga, y el prestigioso Presidente del Colegio de Murcia, doctor Enrique Gelabert, hiciéronle volver a la palestra periodística-farmacéutica, en la redacción de la revista “Farmacia Nueva”, en la que, durante ocho o diez años, ha redactado una interesante sección de Historia Contemporánea, bajo el título genérico de “Tiempos Pasados”.

Ha pronunciado conferencias en el antiguo Colegio de Farmacéuticos de Madrid, hoy Real Academia de Farmacia, y en algunas otras tribunas académicas, algunas de las cuales han sido editadas en folletos. Sobre la copiosa producción desperdigada en todas las revistas farmacéuticas durante más de sesenta años, tiene publicados:

- “Estado actual de la Farmacia. Cómo puede evitarse su decadencia”. Trabajo premiado por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona en 1907.

- “Estudio de la limitación de Farmacias”, premiado por el mismo Colegio en 1918.

- “Funciones que corresponden al farmacéutico en la inspección sanitaria”, premiado por el mismo Colegio en 1919.

- “Actuación del farmacéutico como hombre de ciencia, en la vida de las pequeñas poblaciones”, premiado por el Real Colegio de Farmacéuticos de Madrid en 1920.

- “Deontología Farmacéutica”, premiado por el mismo Colegio en el mismo año. De este trabajo se hizo una edición de siete mil quinientos ejemplares, costeada por el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Almería, doctor Vivas Pérez, para distribuir entre todos los farmacéuticos españoles.

- “Doctrinario de Ética profesional”, premiado por el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona en 1921.

- “Cultivo y recolección de plantas medicinales”, premiado por el Colegio de Farmacéuticos de Madrid en 1923.

- “Industrias químico-farmacéuticas que podrían instalarse en España”, premiado por el mismo Colegio en el mismo año.

- “Conocimientos de orden legal, indispensables al farmacéutico en el ejercicio”, premiado por el mismo Colegio en 1927.

- “Rumbo que se impone”, discurso leído en la sesión de aniversario del Colegio de Madrid, hoy “Real Academia”, en 21 de noviembre de 1918. De este discurso, fervorosamente aplaudido por los asistentes a la sesión, se acordó por unanimidad de éstos, hacer una tirada para distribuir entre todos los colegiados.

- “Una industria químico-farmacéutica española”, conferencia en el Real Colegio de Farmacéuticos de Madrid el 21 de marzo de 1924.

- “Necrología de Marin y Sancho”, conferencia en el mismo Colegio el 21 de noviembre de 1920.

- “Cooperativismo farmacéutico”, dos conferencias en el mismo Colegio, en los días 7 y 14 de noviembre de 1931.

- “El pasado de la Opoterapia”, conferencia en el mismo Colegio el 11 de marzo de 1932.

- “Sinónimos de medicamentos modernos”, un volumen en octava de 144 páginas, editado por el autor.

- “Legislación Farmacéutica”, primera edición, editada por la Editorial Reus S.A. en 1935.

- “Legislación Farmacéutica”, segunda edición, editada por la misma editorial en 1943.

El apasionado amor que profesa a su pueblo natal ha inspirado algunos de sus trabajos literarios, inéditos, especialmente poesías, de las que buena parte compiló en un volumen, con el propósito de hacer de él una edición limitada, y distribuirla gratuitamente entre todos los vecinos de Tendilla, cuando su situación económica lo permitiera. Pero la sensible decadencia de ésta, paralela al encarecimiento progresivo de éstos, hizo imposible tan generoso propósito y lo sustituyó por la tirada de tres ejemplares mecanografiados que dedicó al Ayuntamiento de Tendilla, a la Diputación Provincial de Guadalajara y al conde de Tendilla.

Tal es el sumario biográfico de don Gustavo López y García, escrito sin exaltaciones ditirámbicas y sin atenuaciones ni ocultaciones de falsa modestia.

Zafra, febrero de 1960.

Comentarios: En otra autobiografía más mucho corta escrita en 1963 “en el nonagésimo año de vida”, aclara que no llegó a tomar posesión de su puesto en la Academia gaditana. Asimismo hace hincapié en que de 1910 a 1936 dio varias conferencias en la tribuna del Real Colegio de Madrid, y otras tribunas farmacéuticas, y un cursillo de Legislación Farmacéutica a los alumnos del último curso de la Facultad de Farmacia, por encargo de ésta. Nuevamente agradece a “Luna Farmacéutica S.L.” el trabajo y sueldo que tuvo allí. Esta empresa extremeña volvió nuevamente a cambiar de nombre por “Farmaluna” y ha desaparecido, su último balance fue depositado en el Registro Mercantil en 1991. Don Gustavo se definió, en un momento dado, a sí mismo como “boticario que hacía versos”.


Alguna Bibliografía:

  1. Díaz Lafuente, Mercedes (1990), "La Unión Farmacéutica Nacional (1913-1936). Veinticinco años de vida corporativa". Editorial de la Universidad Complutense de Madrid. Colección Tesis Doctorales 74/90.
  2. García de Paz, José Luis (2001), "Gustavo López García". "ACOFAR", número 395, 11-12.
  3. García de Paz, José Luis (2001), "Gustavo López García, farmacéutico, periodista y poeta". "Henares al Día" número 3, pag 22.
  4. García de Paz, José Luis (2005, 2006), "Gustavo López y García y "¡Mi Tendilla!". Cuadernos de Etnología de Guadalajara, vols 37, pp. 217-264, y 38 pp. 135-193.
  5. García de Paz, José Luis (2010), "Gustavo López García, Tendilla y cómo La Salceda fue llevada allí". Cuadernos de Etnología de Guadalajara, vol 42 pp. 329-353.
  6. Herrera Casado, Antonio (1994), "Tendilla: Historia y Arte". Aache Ediciones, Guadalajara.
  7. López García, Gustavo (1906), "Crónica de las Fiestas celebradas en Huerta los días 1, 2 y 3 de septiembre del año 1906 en honor de Nuestra Señora de los Pastores y de la terminación de la torre" reeditada en 2001 por el Ayuntamiento de Huerta de Valdecarábanos, con notas de Luis Miguel Prieto Pérez.
  8. López García, Gustavo (1950), "¡Mi Tendilla!". Libro mecanografiado por el autor y no publicado aún. Existen copias en el Archivo Municipal de Tendilla (Guadalajara) y en poder de los descendientes de don Gustavo en Zafra (Badajoz).
  9. López de los Mozos, José Ramón (1980), "Catálogo de Piezas Menores Religiosas II" Wad-al-Hayara número 7, 167-201.
  10. Roldán Guerrero, Rafael (1975) "Diccionario Biográfico y Bibliográfico de Autores Farmacéuticos Españoles". IMPHOE, Madrid. Tomo III, 61-62 (Pablo López Cortijo) y 65-81 (Gustavo López García).
  11. Vázquez Aybar, Víctor (2003), "Tendilla: Crónica de un Tiempo Pasado". Edición del autor.

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