Tendilla. Descripciones en el Siglo XX.


La villa de Tendilla ha sido descrita a lo largo del siglo XX por muchos autores, lo cual no es de extrañar pues para el Cronista Provincial Antonio Herrera Casado es "uno de los mejores conjuntos de urbanismo medieval existentes en la Alcarria". Sus soportales y calle mayor lleman mucho tiempo pendientes de catalogar como "Conjunto Histórico", primero por Bellas Artes y ahora por la JCCM. La villa recibió el premio nacional del M.O.P.U. "Conde de Guadalhorce" en 1986 por la labor de embellecimiento del pueblo realizada. Pasemos a leer algunas descripciones.

Del libro "Guía del Turista de Guadalajara" de Juan Diges Antón, Guadalajara (1914). "Tendilla dio el nombre al primer Conde de este título, célebre hijo del primer marqués de Santillana; a no muy larga distancia, en término de Peñalver, se hallan las ruinas de un convento de franciscanos llamado La Salceda de cuyo convento, edificado en 1378, fue guardian el Ilustre Fray Francisco Jiménez de Cisneros".

En este libro se indica que el precio del viaje de Guadalajara a Tendilla en "coche automóvil" es de 4'50 pts y el mismo precio cuesta de Sacedón a Tendilla, y los billetes se despachan en Madrid en la calle Valverde 35 y en Guadalajara en la estación de tren en el "ventorro de la Pilarica".
 

Revista "La Farmacia Española escrito por Gustavo López García, farmacéutico nacido en Tendilla, número del 1 de Mayo de 1925. Madrid.

Paisaje. Buscando en el sol y en el aire del campo el tónico que necesita nuestro decaído organismo, hemos venido a este querido pueblo alcarreño tendido y adormilado en el fondo de un risueño valle. Pero las nubes no han permitido al sol que alumbró nuestros juegos y travesuras infantiles regalarnos con sus vivificantes rayos, y hemos aquí recluidos en la casa del fraternal compañero que nos brinda franca y cordial hospitalidad.

A través de las vidrieras del balcón contemplamos distraídos la corriente del riachuelo que divide en dos barrios el pueblo; al otro lado, huertas, cuyos árboles nevados de blancas florecillas denuncian la primavera aun disfrazada con mantos invernales; en la falda de la montaña, los verdes sembrados y los rojizos barbechos, cuyos colores aviva la lluvia, encuadrados entre hileras de desnudos olmos; a media ladera, las pintorescas ruinas de un convento, casi reducidas al ábside gótico cubierto de hiedra, y allá, cerca de la cumbre, rodeada de grisáceos olivares, la caprichosa silueta de un paredón, resto del castillo desde el que los guerreros de la Edad Media defenderían y ensancharían la frontera castellana en aquella lucha de ocho siglos, de la que quizá arranque nuestra pobreza y nuestra incultura actuales.

Sobre las cumbres vecinas parece asentarse la bóveda aplanada de un cielo grisáceo, del que incesantemente cae menuda lluvia que envuelve el pintoresco paisaje en un velo de tristeza. El ambiente es propicio a la melancolía y al pesimismo."
 

Del libro "Guía Arqueológica y de Turismo de la Provincia de Guadalajara" de J. García Sainz De Baranda y L. Cordavias, Guadalajara (1929). "Junto a un riachuelo y en un hondo valle esta edificado el pueblo, que dista de Pastrana 34 kilómetros y de Guadalajara 28. Tiene 1146 habitantes, y es Ayuntamiento, y pasa por la villa la carretera de Guadalajara a Sacedón y Cuenca.

Hasta el siglo XIV perteneció a la jurisdicción de Guadalajara, pues el 20 de Noviembre de 1395 expidió un privilegio el Rey, por el que reconociendo los grandes servicios de que era deudor a don Diego Hurtado de Mendoza, le hizo donación Enrique III del lugar de Tendilla, y añade el Rey: "que yo fice Villa e logar sobre si". Continuó en esta familia el Señorío de la villa, hasta la extinción de éstos.

Fue cabeza de condado, siendo el primer conde D. Iñigo López de Mendoza, hijo del célebre marqués de Santillana.

Estuvo murada la villa y la importancia de su castillo nos lo dice la relación de 1580; hoy sólo quedan vestigios de sus defensas en alguna de las puertas de la villa y parte del torreón.

Lo más interesante de todo es su iglesia parroquial, de proporciones enormes si se hubiera terminado. Comenzó su construcción en el siglo XVI y continuó lentamente, pues la portarla es neoclásica y corresponde a los primeros años del siglo XVII. La torre se acabó en el siglo XVIII y es obra de un tal Brandi (Nota: realmente fue Vicente Bradi). Su retablo es muy ostentoso, pero barroco y en él tiene asiento la efigie de la Asunción y cuatro lienzos poco interesantes y de factura amanerada. Llama la atención la imagen de la Virgen de la Salceda, que se conserva en la iglesia, y que tiene unos 12 centímetros de altura, de madera pintada, y al parecer es de fines del siglo XV; una escultura de San Jerónimo procedente del convento de Santa Ana, muy interesante y de buen cincel; una cruz bizantina, un palio y un estandarte bordados.

En el término municipal existen unas ruinas de dos conventos: uno de franciscanos de Nuestra Señora de la Salceda y otro de jerónimos denominado de Santa Ana. El primero fue fundado en 1366 por el V. P. Fr. Pedro de Villacreces, al borde de un gran barranco y a la entrada del famoso desfiladero conocido con el nombre de "El Infierno". Tuvo importancia porque en él vivieron el gran cardenal Cisneros, que tomó en él el hábito en 1484, San Diego de Alcalá, Fr. Pedro González de Mendoza y otros. No fue un gran monumento arqueológico, inspirado en la pobreza franciscana, jamás tuvo objetos de arte dignos de ser reseñados. Salvo sus muros y algunos restos de su portada neoclásica, lo demás no existe ya, habiéndose borrado los recuerdos de su historia.

El otro convento fue el de Santa Ana, fundado por el primer conde de Tendilla, tomando por base una ermita así denominada, que había en extramuros de la villa, construyendo junto a ella una casa conventual, y ofreciéndole dificultades el general de la Orden Jerónima, se entendió con Fr. Juan de Melgarejo, prior de los Jerónimos de San Isidoro, cerca de Sevilla, quien lo aceptó en 25 de Agosto de l473 y allí se asentaron, dotándole espléndidamente según el historiador marqués de Mondéjar, y entre otros protectores tuvo a D. Diego Hurtado de Mendoza, quien costeó la fábrica de la sacristía, la sillería del coro y el retablo de la capilla mayor con pinturas. Todo ello fue en los siglos XVI y XVII y se ignora dónde haya ido a parar, pues hoy sus restos son escasísimos si no es algún lienzo del edificio que se mantiene en pié. Aquí estuvieron enterrados los primeros condes y sus mausoleos se trasladaron a la iglesia de San Ginés de Guadalajara.

Tuvo judería y celebres ferias".

En la "Guia" se informa de las líneas regulares de autobuses que pasan por Tendilla, como la línea diaria Guadalajara a Sacedón (6'50 pts todo el trayecto) y otra línea que tres días en semana va de Guadalajara a Alhóndiga. Por el "empalme de Tendilla", a 4 km, pasaba la línea diaria de Guadalajara a Pastrana (5 pts por todo el trayecto). Todas las líneas cobraban 12 céntimos por viajero y km., y habiendo 28 km. de Guadalajara a Tendilla, es fácil calcular el precio. Había también servicio diario desde la provincia de Cuenca, pasando por Sacedón y Tendilla, hasta Madrid.
 

Del libro "Guadalajara y su Provincia" de la Colección "Guias Provinciales de Bolsillo", de autor desconocido, Madrid (1937). En la sección dedicada al Partido Judicial de Pastrana dice: Villa de 1064 hab. de H. y 536 de D. con Ayunt. de 1069 hab. de H. y de D.; a 28 km. de la capital cuya estación es la más próxima y a 34 de Pastrana- Teléfono (M.) - Telégrafo.
  Del libro "Viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela, Madrid (1948). El "viaje" lo hizo el autor en junio de 1946. Dice: "Tendilla es un pueblo de soportales planos, largo como una longaniza y estirado a lo largo de la carretera. En este pueblo tiene un olivar el escritor Pío Baroja para poder tener aceite todo el año". Cela menciona un parador con el letrero "Parador Antiguo de Juan Nuevo" y en el otro extremo del pueblo una "fonda muy peripuesta con baldosines en el suelo y retratos con marco dorado en las paredes". Mordido por un perro y picoteado por un ganso, Cela piensa que en este lugar "los animales eran de una bravura quizá excesiva".  Luego dice que "en el camino del cementerio se encuentra con unos muros muy bonitos, cubiertos de yedra por algunas esquinas, restos de un antiguo convento. A su lado y en una explanada, había una cruz de piedra, no alta pero si airosa. Desde allí se divisaba bien toda la vega de Tendilla, con sus olivares en la ladera y sus huertas en el llano, al lado de la carretera y el arroyo". Cela recoge asimismo el refrán "No compres mula en Tendilla, .." y que en la venta del Empalme de Tendilla, esperando el autobús a Pastrana, comió pan con chorizo y cerveza, y descabezó un sueñecito bajo un emparrado en una silla de tijera de lona.
  Del libro "Diccionario Geográfico de España" de Germán Bleiberg, Madrid (1961). "Tendilla: Mun. y v. de GU., P. J. de Pastrana, a 28 km. de la C. y 34 de la c. de p. Est. de fc. más próx. Guadalajara. 768 m/a. Ext., 22,96 Km2. 40º 32' 40'' N. y 0º 43' 45'' E.- H. 536.
El t.º está sit. sobre la com. de la Alcarria; está cruzado por un valle, orientado de NE. a SO. y fuertemente encajado en los páramos. La alt. de estos páramos es 977 m. (Peñallana) y 954 m (Cabras) al N., siendo casi igual al S. del t.º ; hay, pues, un ligero descenso de la altitud del NE. al SO. Baña el t.º el arr. de la Vega, en el que vierte el pequeño barr. de Valdeandrés. Al S. corre, en dirección a otro afl. del Tajuña el arr. de Valseca. Abundan los ter. poblados de m. alto y bajo. Zorros y caza menor.
La propiedad de las t. cult. está repartida, y hay colonos y aparceros. Los productos principales son frutas, vino, aceite y trigo. Ganadería: seis cabezas de ganado vacuno, 10 de caballar, 160 de mular, 104 de asnal, 557 de lanar, 369 de cabrío, 80 de cerda y 2.248 gallinas. La industria cuenta con dos fábricas de aceite, dos de serrar madera, una de jabón, una de yeso, dos carpinterías, tres herrerías y dos tahonas. Carr. y servicio de coches de línea a la C. y Sacedón. Cartería y telégrafo.
La pobl. es de 953 hbs. de hecho, según el censo de 1950; en 1900 era de 1.049 y en 1956 de 907. Consta el pueblo de 265 edif. destinados a vivienda, 13 a otros usos y 22 cuevas, en compacto, y tres a vivienda y tres a otros usos, en diseminado. Se celebran fiestas el 8 de septiembre. Hay una posada. Cuatro escuelas. Médico, veterinario y farmacia. Un párroco".

Sorprendido por la precisión de las cifras de animales citadas (¡habrán contado todas las gallinas a mano!) miré otros tomos del Diccionario de Bleiberg y comprobé que los lugares grandes como Mondéjar o Pastrana dan cifras aproximadas (p.e. unas 4200 gallinas) mientras que los lugares pequeños como Tendilla, Fuentelviejo o Peñalver dan valores numéricos mas detallados.

Del libro "Los Baroja" de Julio Caro Baroja, Madrid (Caro-Raggio, 1972). Julio Caro Baroja cuenta en el capítulo XXX de su libro "Los Baroja"  la relación de su familia con Tendilla, dónde su madre Carmen decidió comprar casa (el antiguo "Parador del Tío Ruperto") y unas tierras de labor influidos por una sirvienta llamada Angela Sanabria, natural de Tendilla. Los Baroja solían ir en autobús a Tendilla en primavera y otoño, aunque alguna vez fueron en pleno invierno. Pío Baroja nunca fue.

Tendilla le parece un lugar "bastante pintoresco aunque triste" y piensa que la casa que compraron "por fuera parece que va a desmoronarse y el paisaje de alrededor también da esta impresión". Califica a la villa como "ruinosa y destemplada" y habla del autobús en que venían desde Madrid entre apreturas, pasando por pueblos como "Armuña, San Torcaz  y otros pueblos en que el yeso y el polvo imperan".  Comenta que "el paisaje de Tendilla es fino; el pueblo, compuesto en esencia por una calle con soportales, no ha cambiado mucho del siglo XVI a aquí según se comprueba leyendo las Relaciones Topográficas mandadas formar por Felipe II. Pero, probablemente, hoy da una impresión mayor de desolación mayor que hace un siglo y que en la época de los Austrias. Los oficios se han perdido, las ferias no son ni sombra de lo que fueron, la filoxera terminó con las viñas. Las bodegas se hunden y aún las casas se caen ¿Qué ha traido de beneficioso a estos pueblos castellanos la técnica moderna? Nada o casi nada: el culto a Madrid en sus habitantes, el deseo de marcharse de dónde nacieron los padree, de dejar los campos, las pobres y secas tierrecillas. Los últimos representantes de la gravedad, del estoicismo hispánico, van muriendo en un ambiente de decadencia y opresión y las nuevas generaciones son flojas y sin carácter".

Le llama la atención a Julio la gran fragmentación de la propiedad por las compras y ventas, las herencias sucesivas, etc. Las tierras compradas constituían una propiedad respetable para un lugar humilde como Tendilla, con muchos renteros pobres. Reconoce que el objetivo de "comer con un poco de seguridad" fue ampliamente logrado con las tierras de labor y olivares comprados,  recordando del lugar que "hoy no produce lo que producía en materia de aceite, harina, garbanzos, etc, y aquellos jamones que eran los de mejor gusto que he comido yo en mi vida".
 

Del libro "El Romancillo del Tío Miguelillo e Viejas Trovas" de Pío Caro Baroja, Madrid (Caro-Raggio, 1990). El hermano de Julio, Pío Caro Baroja, es trece años menor y tiene unos mejores recuerdos gracias a sus diversiones juveniles en Tendilla, aunque ambos comparten el triste recuerdo de su madre Carmen, muy encariñada por Tendilla. En el  poema "Milagros del Autor" cuenta. Pío que:

   "En los campos de la Alcarria aprendí nuevas canciones
   El arcipreste Juan Ruiz me dio buenas liciones,
   E un recio trovero alquimista e yerbero
   Me enseño a ligar acíbar y romero

   También fui cazador de plumas e de pelos,
   Y cargue en el macuto abundantes conejos,
   Perdices e avefrias e otros animalejos,
   Que regaba entre amigos con vinillos añejos."

Ya en el propio "Romancillo" cuenta que el pueblo era pobre aunque las personas no pasaban hambre, en general, al tener sus propios cultivos, animales de corral y la ayuda de la Feria de ganado de San Matías. En algunas casas había ventanas sin cristales ("con estrechos ventanos/ por los que nacía el sol/ y entraba el cierzo frío/ de los campos").  Pío también recuerda que "no todo era dolor;/ había días de gozo/ cuando sacaban las trillas/ y volvían las canciones/ a brotar con las semillas".

Al pueblo le describe como:

    Tenia una calle larga
    con soportales anchos
    luego venia el regato
    con dos hileras de álamos
    y más arriba los cerros

    que al mentarlos
    les decíamos "los altos":
    un pedregal con viñedos
    y olivos centenarios,
    y con conventos en ruinas"

    "Después estaba la iglesia
    con una fuente y su olma
    donde dormian los pájaros"
La alameda junto al río y la olma de la plaza ya no existen. Respecto a las vides, la que fuera una de los primeras villas vinícolas de Guadalajara en los siglos XVI y XVIII, perdería todo con la plaga de la filoxera en 1916-17, y apenas quedan vides. Pío recuerda más adelante en su poema un "palacio" que corresponde a la Casona-Palacio que hay hundida en la Calle Franca y que perteneciera a los De la Cerda y Soto. Recuerda la fragua y las nogueras, la fuente vieja ("el pilón"), las mulas, el reloj del Ayuntamiento (que "siempre retrasaba"), los toros que compraban los mozos a escote para las fiestas, la represión de la postguerra ("yo solo digo/ lo que la gente porfía"), algunas coplas y refranes de la tierra en los años 50 (unos de tono político y otros local) y da a los protagonistas del "Romancillo" nombres de personas que vivieron entonces ("Feli", "Margarita", "Antón", "Víctor", "Matea", "Esteban", "tío Urraca") aunque no fueran los protagonistas reales de los hechos que relata noveladamente en un romance como los antiguos "de ciego".

En tono costumbrista, hace decir a un protagonista que "ya esta viejo para dar la matraca y correr la botarga", menciona campos de los alrededores ("Valperdio", "las zorras"), el dicho de "No compres mula en Tendilla...", una copla de la época sobre la Televisión (que se conocía de oídas aunque no hubiera aun en España) y una canción contra el fútbol. También recuerda a la emisora "La Pirenaica" (que algunos escuchaban en secreto), la ermita de Santa Lucia cercana a su casa ("Si llegas a Santa Lucia/ amarra el macho en la entrada/ mira si la lamparilla humea/ y enciéndela si esta apagada"), una canción de la matanza, la feria ("El señor cura y yo/ vamos de trato a Tendilla,/ que es la feria más famosa/ de la Alcarria"), los bailes de la juventud, etc. Pío Caro nos hace una descripción del ambiente rural juntando los hechos reales con sus recuerdos de entonces.

Entre los recuerdos menciona las preocupaciones de los novios de entonces, faltos de recursos para comprar el ajuar y que se podían ver obligados a estar cinco o más años de noviazgo hasta lograr las diez pesetas que costaba el colchón de lana para el nuevo matrimonio. La descripción de los sudores y satisfacciones de la caza están llenas de sus propios recuerdos. El poema va acabando ("estos ripios los dicto/ el trovero Pío Caro/ el día de San Fermín/ de mil novecientos/ y tantos../ sin animo de ofender/ a la Iglesia ni al Estado/ puesto que sabe muy bien/ con quien se la esta rifando") y al final están tres estrofas que le salen del alma pues muestran su sentimiento, el cariño a la madre Carmen y una devoción:

   "Adiós juventud perdida,
    adiós campos de la Alcarria,
    de amores y de ilusiones
    sólo quedo la chatarra!"

    "Te tengo madre, te tengo
    en un lugar de mi alma,
    rodeada de olivares,
    y de palomas que pasan"

    "Ermita bonita de Santa Lucia
    he de darte aceite para todo el día
    si alumbra tu luz nuestra lejanía".




Del libro "Suplemento
Literario" de Alonso Zamora Vicente, Madrid (Espasa, 1984).


En este libro se recogen artículos publicados por este literato
en el suplemento dominical del diario argentino "La Nación" de Buenos
Aires. Para él escribió el 6 de septiembre de 1960 el texto
"Feria en Tendilla", publicado el 13 de noviembre de 1960, del que
entresacamos lo siguiente.

"Tendilla, Tendilla... Dónde ponerla, en qué recodo de un camino, en qué meandro de un riachuelo oscuro se acostará. Yo mismo, ahora, al ponerme a contestar a esa invitación, tengo que vigilar con cierto cuidado mis recuerdos. Tendilla, Tendilla... Y se me enreda en la memoria con otros nombres de por ahí, súbitamente encendidos: Yélamos, Romanones, Torija, Brihuega, Moratilla de los Meleros, Sacedón, Pastrana, Trillo... No sé por qué me empeño en ver un empalme de carreteras, trajín de gentes que esperan el autobús o el camión, con banastas, las alforjas henchidas de los regalos que traen de Guadalajara o de Madrid para los chiquillos anhelantes... Veo una calle con soportales, donde viejecitas prematuras estarán haciendo calceta al sol tibio y limón de las cinco, comentando las últimas noticias de la radio o esperando quizá agruparse, al anochecer, ante un aparato de televisión, que ya habrá caído desdichadamente por ahí. Me supongo las tardes largas, doradas, en las que, al abrigo de la iglesia, pasearán descansadamente el cura, el médico, los dos o tres estudiantes apegados al terruño, saboreando una conversación lenta, honda, de contenida, dignísima emotividad, una conversación donde rebosará el afán de ver pasar la vida imperturbablemente. Supongo esa misma plazuela abigarrada, llena de todo el pueblo, a la hora de la misa, a la que habrán llamado unas viejas campanas, tocadas por un par de chiquillos traviesos, de esos pelados al rape, con grandes ojos oscuros, que lo miran todo, curiosos, asombrados, toda la vida agolpada en la sonrisa. Seguramente hay un pilón, o una cruz con alto pedestal, donde los mozos verán pasar, implacables, a las mozas, súbita vergüenza, taconeando apresuradas. Y claro está que – y me dejaba lo mejor – en el ejido estarán las eras. Se extenderán en grandes círculos amarillentos, al pie de una colina minúscula que tiene, en lo alto, una ermita. Los trilladores irán sentados, o de pie, sobre el trilla, las mulas cansinas, sudorosas, vuelta y vuelta sobre la parva susurrante, un revuelo de tábanos envolviéndolas a cada sacudida de la cola. Irán y vendrán las mujeres trayendo agua fresquita en los botijos bajo el sol indiferente y firme. Y el tamo se irá asentando, leve, lentísimo, al aventar, ya cayendo la tarde, cubriendo todo de un suavísimo oro respirable... A la tardecita, mientras los gañanes llevan el ganado a beber, pasearán las jóvenes, ataviadas con vestidos de colores vivos, discretamente pintadas, quizá sufriendo por los altos tacones, aparentemente contentas, despreocupadas, pero obsesas con los problemas de la casa, que si la sequía, que si las enfermedades, que si los ausentes, toda esa cotidiana congoja de un pueblo viviendo dentro de sí mismo".

"Seguro, seguro que hay en el pueblo una colonia de veraneantes. Se les conocerá en seguidita, por el vestir, por una distinta (aunque frecuentemente falaz) desenvoltura. Quizá tengan un cuatrocuatro o una vespa y, en fugaces excursiones, hablen, con gran prosopopeya, de los pantanos de Buendía y Entrepeñas, y de los tapices de Pastrana, y de sus buenos conocimientos en Madrid. Habrá buenas familias que esperarán que llegue el fin de semana, cuando el padre vendrá unas horas desde la capital para jorobarle con encargos y peticiones. Les gustará pasear por la carretera, por las afueras, ya al crepúsculo, sintiendo un gran alivio en su paseíto y una enorme compasión por los desventurados que pasan calor en las ciudades, y volverán una y otra vez a la misma conversación. Seguramente hay en las afueras del pueblo un frondoso pinar, donde, con la furia del sol, se levantará insobornable el perfume de la resina, el aliento de las minúsculas plantitas requemadas (todas esas plantitas de donde sale la prodigiosa miel alcarreña: el orégano, el romero, el cantueso, la salvia, el tomillo...)".
 

Del libro "Nuevo Viaje a la Alcarria" de Camilo José Cela, Madrid (1986). Cela repite en 1986, y a "cuerpo de rey", el itinerario que hiciera en 1946. En su nuevo libro escribe:
"El pueblo de Tendilla es estrecho y largo, también hortelano y comercial, y se estremece con los camiones que pasan, veloces y despendolados"... "El caserío se extiende a un lado y otro de la carretera y lo más fácil es compararlo con una longaniza"... "La Calle Mayor tiene más de 1 km. porticado de muy graciosa arquitectura, la Calle Mayor es la carretera y hay que andarse con mucho tiento para cruzarla. Hace ya muchísimos años, digamos que en la Edad Media, los judíos la llenaron de prósperas artesanías y muy bullidor comercio, y los plateros, los cereros y los bordadores trabajaban y vociferaban al lado de los traficantes de especias, en finos paños de grana y terciopelo y en bastos cordellates aragoneses; el mayor auge y más rico chorro de dinero y tejemaneje de mercancías solía coincidir con la feria, el 24 de febrero, San Matías, y tan esto era así que los amos, que por estas fechas empezaban a necesitar brazos para el campo, decían a los criados: "en cuanto pase la feria de Tendilla, deja tu casa y vente a la mía". Aquí por San Matías y también pasado el día de Difuntos, venía y alquilaba pianos mecánicos, organillos y fonógrafos el Tío Gregorio Peñuelas, de Cañizar, entre Torija y Torre del Burgo, que llevaba la mercancía en una mula vieja, la Polaca, que se le murió sin darle tiempo siquiera a desuncirla. A los de Tendilla les llaman encenagados, que ya se sabe que esto va en gustos y también en ganas de marear:

          "Romanones, los cuquillos,
          Fuentelviejo, los ahumados,
          en Horche los cabezudos
          y en Tendilla encenagados."

"Baroja tuvo un olivar en Tendilla, lo recuerdan los renovados azulejos que se leen en el soportal de la botica. Aquí habría que ponerle el nombre de Baroja a una calle. Su vinculación con Tendilla es evidente aunque no viniera jamás aquí" ... "La farmacia esta en un huelgo de la Calle Mayor, en Tendilla en vez de plazas hay holguras en la carretera".
"A la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora le faltaron las fuerzas y se quedó en la mitad, se conoce que no calcularon bien los propósitos y los cuartos. Por las trazas parece que iba para catedral. !Pues si, pero ya viste en lo que quedó!"

Cela cenó cordero asado y espárragos de la huerta tendillera, y al llegar los postres dijo "en siendo dulces de Tendilla, lo que me den".
 

Del libro "Tendilla. Historia y Arte" de Antonio Herrera Casado, Guadalajara (1994). "Asienta Tendilla en lo hondo de un valle estrecho y típicamente alcarreño, con laderas abruptas que se forman con la depresión del terreno llano de las alcarrias o páramos altos circundantes, cubiertos los suelos de arcillas yesosas sobre los que crecen abundantes los olivos y los pequeños arbustos de carrascos. Existen pinares en algunos espacios repoblados, y también densas alamedas en el fondo del valle, por el que corre alegre el arroyo que llaman de Pra y que proviene desde el inicio del valle, que antes ha pasado por la villa de Peñalver, cerca de la cual nace, yendo a dar finalmente al río Tajuña.
El término posee también terrenos en la altura de la meseta alcarreña dónde se da abundante el cereal y el girasol, siendo cada vez menos explotados los olivares y más escasos los viñedos, que antaño produjeron exquisito vino criado en múltiples bodegas de la villa. Algo de huerta sirve a la utilidad de los vecinos, y de sus bosques se saca madera que luego sirve para realizar manufacturas con la misma, en forma de tablas y aún de muebles.
El clima de Tendilla es similar al de la Alcarria y Castilla toda, sumamente extremado por cuanto ofrece unos inviernos largos y fríos, y unos veranos cortos y muy cálidos. La crudeza del invierno queda mitigada en la villa por el abrigo que le suponen los cerros y costados del valle en que se refugia. A veces, en el otoño, fuertes tormentas hacen crecer peligrosamente el arroyo Pra, que en épocas históricas llegó a inundar el poblado arrastrando tierra y cascotes. Tantos, que en la memorable tormenta del 9 de junio de 1915 el barro y las piedras llegaron a tapar la fuente vieja y a obstruir por completo los soportales de la Calle Mayor".
  Del folleto turístico "La Alcarria. Páramos y Valles" de Antonio Pareja, editado por la Junta de Comunidades de Castilla-La mancha, Toledo (1997). "Nos acercaremos a visitar Tendilla, situada en un magnífico paraje en el valle del mismo nombre; está declarada de interés histórico y se encuentran edificios de gran valor como el palacio barroco de la Plaza Solano y la capilla anexa, también barroca. Del mismo estilo (sic) es la iglesia parroquial de la Asunción, del s. XVI-XVII; su Calle Mayor, a lo largo de dos kms., nos ofrece decenas de interesantes ejemplos de arquitectura popular alcarreña. Del Monasterio Jerónimo de Santa Ana, de finales del s. XV, sólo queda la planta de la iglesia y el convento y arranques góticos de alguna techumbre. Podremos llevarnos de recuerdo alguna pieza salida de sus alfares".
  Del libro "Guadalajara Entera" de Antonio Herrera Casado, Guadalajara (2000). "Más allá llegará a Tendilla, donde se hace obligada la parada para contemplar uno de los más impresionantes conjuntos urbanos de toda la Alcarria. Tendilla consiste en una calle ancha, de casi un kilómetro, soportalada a ambos lados, en los que de vez en cuando surgen edificios singulares como el palacio de los López de Cogolludo y su anejo Oratorio de la Sagrada Familia; la iglesia parroquial de ingentes proporciones con la imagen de la Virgen de la Salceda (pequeña como un dedo índice) en su altar mayor, y la portada del monasterio franciscano que, ya en ruina total, se puede ver en lo alto de la cuesta que va a Peñalver. En los alrededores, al final de un parque cuestudo, el viajero puede subir a las ruinas del monasterio jerónimo de Santa Ana, donde los condes de Tendilla pusieron a principios del siglo XVI todo el lujo del Renacimiento, que los siglos (y sus aliados los ignorantes) se han encargado de borrar a modo".
 

José Luis García de Paz.
e-mail: depaz@uam.es
Versión de 10 de Marzo de 2001.
 


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