La villa de Tendilla ha sido descrita a lo largo del siglo XX por muchos autores, lo cual no es de extrañar pues para el Cronista Provincial Antonio Herrera Casado es "uno de los mejores conjuntos de urbanismo medieval existentes en la Alcarria". Sus soportales y calle mayor lleman mucho tiempo pendientes de catalogar como "Conjunto Histórico", primero por Bellas Artes y ahora por la JCCM. La villa recibió el premio nacional del M.O.P.U. "Conde de Guadalhorce" en 1986 por la labor de embellecimiento del pueblo realizada. Pasemos a leer algunas descripciones.
En este libro se indica que el precio del viaje de Guadalajara a Tendilla
en "coche automóvil" es de 4'50 pts y el mismo precio cuesta de
Sacedón a Tendilla, y los billetes se despachan en Madrid en la
calle Valverde 35 y en Guadalajara en la estación de tren en el
"ventorro de la Pilarica".
Paisaje. Buscando en el sol y en el aire del campo el tónico que necesita nuestro decaído organismo, hemos venido a este querido pueblo alcarreño tendido y adormilado en el fondo de un risueño valle. Pero las nubes no han permitido al sol que alumbró nuestros juegos y travesuras infantiles regalarnos con sus vivificantes rayos, y hemos aquí recluidos en la casa del fraternal compañero que nos brinda franca y cordial hospitalidad.
A través de las vidrieras del balcón contemplamos distraídos la corriente del riachuelo que divide en dos barrios el pueblo; al otro lado, huertas, cuyos árboles nevados de blancas florecillas denuncian la primavera aun disfrazada con mantos invernales; en la falda de la montaña, los verdes sembrados y los rojizos barbechos, cuyos colores aviva la lluvia, encuadrados entre hileras de desnudos olmos; a media ladera, las pintorescas ruinas de un convento, casi reducidas al ábside gótico cubierto de hiedra, y allá, cerca de la cumbre, rodeada de grisáceos olivares, la caprichosa silueta de un paredón, resto del castillo desde el que los guerreros de la Edad Media defenderían y ensancharían la frontera castellana en aquella lucha de ocho siglos, de la que quizá arranque nuestra pobreza y nuestra incultura actuales.
Sobre las cumbres vecinas parece asentarse la bóveda aplanada de
un cielo grisáceo, del que incesantemente cae menuda lluvia que
envuelve el pintoresco paisaje en un velo de tristeza. El ambiente es
propicio a la melancolía y al pesimismo."
Hasta el siglo XIV perteneció a la jurisdicción de Guadalajara, pues el 20 de Noviembre de 1395 expidió un privilegio el Rey, por el que reconociendo los grandes servicios de que era deudor a don Diego Hurtado de Mendoza, le hizo donación Enrique III del lugar de Tendilla, y añade el Rey: "que yo fice Villa e logar sobre si". Continuó en esta familia el Señorío de la villa, hasta la extinción de éstos.
Fue cabeza de condado, siendo el primer conde D. Iñigo López de Mendoza, hijo del célebre marqués de Santillana.
Estuvo murada la villa y la importancia de su castillo nos lo dice la relación de 1580; hoy sólo quedan vestigios de sus defensas en alguna de las puertas de la villa y parte del torreón.
Lo más interesante de todo es su iglesia parroquial, de proporciones enormes si se hubiera terminado. Comenzó su construcción en el siglo XVI y continuó lentamente, pues la portarla es neoclásica y corresponde a los primeros años del siglo XVII. La torre se acabó en el siglo XVIII y es obra de un tal Brandi (Nota: realmente fue Vicente Bradi). Su retablo es muy ostentoso, pero barroco y en él tiene asiento la efigie de la Asunción y cuatro lienzos poco interesantes y de factura amanerada. Llama la atención la imagen de la Virgen de la Salceda, que se conserva en la iglesia, y que tiene unos 12 centímetros de altura, de madera pintada, y al parecer es de fines del siglo XV; una escultura de San Jerónimo procedente del convento de Santa Ana, muy interesante y de buen cincel; una cruz bizantina, un palio y un estandarte bordados.
En el término municipal existen unas ruinas de dos conventos: uno de franciscanos de Nuestra Señora de la Salceda y otro de jerónimos denominado de Santa Ana. El primero fue fundado en 1366 por el V. P. Fr. Pedro de Villacreces, al borde de un gran barranco y a la entrada del famoso desfiladero conocido con el nombre de "El Infierno". Tuvo importancia porque en él vivieron el gran cardenal Cisneros, que tomó en él el hábito en 1484, San Diego de Alcalá, Fr. Pedro González de Mendoza y otros. No fue un gran monumento arqueológico, inspirado en la pobreza franciscana, jamás tuvo objetos de arte dignos de ser reseñados. Salvo sus muros y algunos restos de su portada neoclásica, lo demás no existe ya, habiéndose borrado los recuerdos de su historia.
El otro convento fue el de Santa Ana, fundado por el primer conde de Tendilla, tomando por base una ermita así denominada, que había en extramuros de la villa, construyendo junto a ella una casa conventual, y ofreciéndole dificultades el general de la Orden Jerónima, se entendió con Fr. Juan de Melgarejo, prior de los Jerónimos de San Isidoro, cerca de Sevilla, quien lo aceptó en 25 de Agosto de l473 y allí se asentaron, dotándole espléndidamente según el historiador marqués de Mondéjar, y entre otros protectores tuvo a D. Diego Hurtado de Mendoza, quien costeó la fábrica de la sacristía, la sillería del coro y el retablo de la capilla mayor con pinturas. Todo ello fue en los siglos XVI y XVII y se ignora dónde haya ido a parar, pues hoy sus restos son escasísimos si no es algún lienzo del edificio que se mantiene en pié. Aquí estuvieron enterrados los primeros condes y sus mausoleos se trasladaron a la iglesia de San Ginés de Guadalajara.
Tuvo judería y celebres ferias".
En la "Guia" se informa de las líneas regulares de autobuses
que pasan por Tendilla, como la línea diaria Guadalajara a Sacedón
(6'50 pts todo el trayecto) y otra línea que tres días en
semana va de Guadalajara a Alhóndiga. Por el "empalme de Tendilla",
a 4 km, pasaba la línea diaria de Guadalajara a Pastrana (5 pts
por todo el trayecto). Todas las líneas cobraban 12 céntimos
por viajero y km., y habiendo 28 km. de Guadalajara a Tendilla, es fácil
calcular el precio. Había también servicio diario desde la
provincia de Cuenca, pasando por Sacedón y Tendilla, hasta Madrid.
Sorprendido por la precisión de las cifras de animales citadas (¡habrán contado todas las gallinas a mano!) miré otros tomos del Diccionario de Bleiberg y comprobé que los lugares grandes como Mondéjar o Pastrana dan cifras aproximadas (p.e. unas 4200 gallinas) mientras que los lugares pequeños como Tendilla, Fuentelviejo o Peñalver dan valores numéricos mas detallados.
Tendilla le parece un lugar "bastante pintoresco aunque triste" y piensa que la casa que compraron "por fuera parece que va a desmoronarse y el paisaje de alrededor también da esta impresión". Califica a la villa como "ruinosa y destemplada" y habla del autobús en que venían desde Madrid entre apreturas, pasando por pueblos como "Armuña, San Torcaz y otros pueblos en que el yeso y el polvo imperan". Comenta que "el paisaje de Tendilla es fino; el pueblo, compuesto en esencia por una calle con soportales, no ha cambiado mucho del siglo XVI a aquí según se comprueba leyendo las Relaciones Topográficas mandadas formar por Felipe II. Pero, probablemente, hoy da una impresión mayor de desolación mayor que hace un siglo y que en la época de los Austrias. Los oficios se han perdido, las ferias no son ni sombra de lo que fueron, la filoxera terminó con las viñas. Las bodegas se hunden y aún las casas se caen ¿Qué ha traido de beneficioso a estos pueblos castellanos la técnica moderna? Nada o casi nada: el culto a Madrid en sus habitantes, el deseo de marcharse de dónde nacieron los padree, de dejar los campos, las pobres y secas tierrecillas. Los últimos representantes de la gravedad, del estoicismo hispánico, van muriendo en un ambiente de decadencia y opresión y las nuevas generaciones son flojas y sin carácter".
Le llama la atención a Julio la gran fragmentación de
la propiedad por las compras y ventas, las herencias sucesivas, etc. Las
tierras compradas constituían una propiedad respetable para un lugar
humilde como Tendilla, con muchos renteros pobres. Reconoce que el objetivo
de "comer con un poco de seguridad" fue ampliamente logrado con las tierras
de labor y olivares comprados, recordando del lugar que "hoy no produce
lo que producía en materia de aceite, harina, garbanzos, etc, y
aquellos jamones que eran los de mejor gusto que he comido yo en mi vida".
"En los campos de la Alcarria aprendí nuevas canciones
El arcipreste Juan Ruiz me dio buenas liciones,
E un recio trovero alquimista e yerbero
Me enseño a ligar acíbar y romero
También fui cazador de plumas e de pelos,
Y cargue en el macuto abundantes conejos,
Perdices e avefrias e otros animalejos,
Que regaba entre amigos con vinillos añejos."
Ya en el propio "Romancillo" cuenta que el pueblo era pobre aunque las personas no pasaban hambre, en general, al tener sus propios cultivos, animales de corral y la ayuda de la Feria de ganado de San Matías. En algunas casas había ventanas sin cristales ("con estrechos ventanos/ por los que nacía el sol/ y entraba el cierzo frío/ de los campos"). Pío también recuerda que "no todo era dolor;/ había días de gozo/ cuando sacaban las trillas/ y volvían las canciones/ a brotar con las semillas".
Al pueblo le describe como:
Tenia una calle larga con soportales anchos luego venia el regato con dos hileras de álamos y más arriba los cerros que al mentarlos les decíamos "los altos": un pedregal con viñedos y olivos centenarios, y con conventos en ruinas" "Después estaba la iglesia con una fuente y su olma donde dormian los pájaros"La alameda junto al río y la olma de la plaza ya no existen. Respecto a las vides, la que fuera una de los primeras villas vinícolas de Guadalajara en los siglos XVI y XVIII, perdería todo con la plaga de la filoxera en 1916-17, y apenas quedan vides. Pío recuerda más adelante en su poema un "palacio" que corresponde a la Casona-Palacio que hay hundida en la Calle Franca y que perteneciera a los De la Cerda y Soto. Recuerda la fragua y las nogueras, la fuente vieja ("el pilón"), las mulas, el reloj del Ayuntamiento (que "siempre retrasaba"), los toros que compraban los mozos a escote para las fiestas, la represión de la postguerra ("yo solo digo/ lo que la gente porfía"), algunas coplas y refranes de la tierra en los años 50 (unos de tono político y otros local) y da a los protagonistas del "Romancillo" nombres de personas que vivieron entonces ("Feli", "Margarita", "Antón", "Víctor", "Matea", "Esteban", "tío Urraca") aunque no fueran los protagonistas reales de los hechos que relata noveladamente en un romance como los antiguos "de ciego".
En tono costumbrista, hace decir a un protagonista que "ya esta viejo para dar la matraca y correr la botarga", menciona campos de los alrededores ("Valperdio", "las zorras"), el dicho de "No compres mula en Tendilla...", una copla de la época sobre la Televisión (que se conocía de oídas aunque no hubiera aun en España) y una canción contra el fútbol. También recuerda a la emisora "La Pirenaica" (que algunos escuchaban en secreto), la ermita de Santa Lucia cercana a su casa ("Si llegas a Santa Lucia/ amarra el macho en la entrada/ mira si la lamparilla humea/ y enciéndela si esta apagada"), una canción de la matanza, la feria ("El señor cura y yo/ vamos de trato a Tendilla,/ que es la feria más famosa/ de la Alcarria"), los bailes de la juventud, etc. Pío Caro nos hace una descripción del ambiente rural juntando los hechos reales con sus recuerdos de entonces.
Entre los recuerdos menciona las preocupaciones de los novios de entonces, faltos de recursos para comprar el ajuar y que se podían ver obligados a estar cinco o más años de noviazgo hasta lograr las diez pesetas que costaba el colchón de lana para el nuevo matrimonio. La descripción de los sudores y satisfacciones de la caza están llenas de sus propios recuerdos. El poema va acabando ("estos ripios los dicto/ el trovero Pío Caro/ el día de San Fermín/ de mil novecientos/ y tantos../ sin animo de ofender/ a la Iglesia ni al Estado/ puesto que sabe muy bien/ con quien se la esta rifando") y al final están tres estrofas que le salen del alma pues muestran su sentimiento, el cariño a la madre Carmen y una devoción:
"Adiós juventud perdida, adiós campos de la Alcarria, de amores y de ilusiones sólo quedo la chatarra!" "Te tengo madre, te tengo en un lugar de mi alma, rodeada de olivares, y de palomas que pasan" "Ermita bonita de Santa Lucia he de darte aceite para todo el día si alumbra tu luz nuestra lejanía".
"Tendilla, Tendilla... Dónde ponerla, en qué recodo de un camino, en qué meandro de un riachuelo oscuro se acostará. Yo mismo, ahora, al ponerme a contestar a esa invitación, tengo que vigilar con cierto cuidado mis recuerdos. Tendilla, Tendilla... Y se me enreda en la memoria con otros nombres de por ahí, súbitamente encendidos: Yélamos, Romanones, Torija, Brihuega, Moratilla de los Meleros, Sacedón, Pastrana, Trillo... No sé por qué me empeño en ver un empalme de carreteras, trajín de gentes que esperan el autobús o el camión, con banastas, las alforjas henchidas de los regalos que traen de Guadalajara o de Madrid para los chiquillos anhelantes... Veo una calle con soportales, donde viejecitas prematuras estarán haciendo calceta al sol tibio y limón de las cinco, comentando las últimas noticias de la radio o esperando quizá agruparse, al anochecer, ante un aparato de televisión, que ya habrá caído desdichadamente por ahí. Me supongo las tardes largas, doradas, en las que, al abrigo de la iglesia, pasearán descansadamente el cura, el médico, los dos o tres estudiantes apegados al terruño, saboreando una conversación lenta, honda, de contenida, dignísima emotividad, una conversación donde rebosará el afán de ver pasar la vida imperturbablemente. Supongo esa misma plazuela abigarrada, llena de todo el pueblo, a la hora de la misa, a la que habrán llamado unas viejas campanas, tocadas por un par de chiquillos traviesos, de esos pelados al rape, con grandes ojos oscuros, que lo miran todo, curiosos, asombrados, toda la vida agolpada en la sonrisa. Seguramente hay un pilón, o una cruz con alto pedestal, donde los mozos verán pasar, implacables, a las mozas, súbita vergüenza, taconeando apresuradas. Y claro está que – y me dejaba lo mejor – en el ejido estarán las eras. Se extenderán en grandes círculos amarillentos, al pie de una colina minúscula que tiene, en lo alto, una ermita. Los trilladores irán sentados, o de pie, sobre el trilla, las mulas cansinas, sudorosas, vuelta y vuelta sobre la parva susurrante, un revuelo de tábanos envolviéndolas a cada sacudida de la cola. Irán y vendrán las mujeres trayendo agua fresquita en los botijos bajo el sol indiferente y firme. Y el tamo se irá asentando, leve, lentísimo, al aventar, ya cayendo la tarde, cubriendo todo de un suavísimo oro respirable... A la tardecita, mientras los gañanes llevan el ganado a beber, pasearán las jóvenes, ataviadas con vestidos de colores vivos, discretamente pintadas, quizá sufriendo por los altos tacones, aparentemente contentas, despreocupadas, pero obsesas con los problemas de la casa, que si la sequía, que si las enfermedades, que si los ausentes, toda esa cotidiana congoja de un pueblo viviendo dentro de sí mismo".
"Seguro, seguro que hay en el pueblo una colonia de veraneantes. Se
les conocerá en seguidita, por el vestir, por una distinta (aunque
frecuentemente falaz) desenvoltura. Quizá tengan un cuatrocuatro
o una vespa y, en fugaces excursiones, hablen, con gran prosopopeya, de
los pantanos de Buendía y Entrepeñas, y de los tapices de
Pastrana, y de sus buenos conocimientos en Madrid. Habrá buenas
familias que esperarán que llegue el fin de semana, cuando el padre
vendrá unas horas desde la capital para jorobarle con encargos y
peticiones. Les gustará pasear por la carretera, por las afueras,
ya al crepúsculo, sintiendo un gran alivio en su paseíto
y una enorme compasión por los desventurados que pasan calor en
las ciudades, y volverán una y otra vez a la misma conversación.
Seguramente hay en las afueras del pueblo un frondoso pinar, donde, con
la furia del sol, se levantará insobornable el perfume de la resina,
el aliento de las minúsculas plantitas requemadas (todas esas plantitas
de donde sale la prodigiosa miel alcarreña: el orégano, el
romero, el cantueso, la salvia, el tomillo...)".
"Romanones, los
cuquillos,
Fuentelviejo,
los ahumados,
en Horche los
cabezudos
y en Tendilla
encenagados."
"Baroja tuvo un olivar en Tendilla, lo recuerdan los renovados azulejos
que se leen en el soportal de la botica. Aquí habría que
ponerle el nombre de Baroja a una calle. Su vinculación con Tendilla
es evidente aunque no viniera jamás aquí" ... "La farmacia
esta en un huelgo de la Calle Mayor, en Tendilla en vez de plazas hay holguras
en la carretera".
"A la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora le faltaron
las fuerzas y se quedó en la mitad, se conoce que no calcularon
bien los propósitos y los cuartos. Por las trazas parece que iba
para catedral. !Pues si, pero ya viste en lo que quedó!"
Cela cenó cordero asado y espárragos de la huerta tendillera,
y al llegar los postres dijo "en siendo dulces de Tendilla, lo que me den".
José Luis García de Paz.
e-mail: depaz@uam.es
Versión de 10 de Marzo de 2001.
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