Los Baroja en Tendilla (Guadalajara).


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Se ha celebrado el centenario de la Generación del 98, uno de cuyos miembros fue el escritor Pío Baroja (1864-1956). Su familia tuvo una relación cercana con la provincia de Guadalajara y la región de la Alcarria. La historia la cuenta su sobrino Julio Caro Baroja (1914-1995) en el libro "Los Baroja" publicado en 1972. Julio ha destacado como investigador erudito y riguroso, dedicando uno de sus muchos estudios etnológicos a los/las botargas de Guadalajara. El mismo cuenta como salieron en 1965 de cacería "en busca de botargas". En su casa de Tendilla escuchó costumbres y tradiciones que recordaría en sus libros (por ejemplo en "Los Vascos") y en los dibujos de su cuaderno de campo ("el arado de Tendilla").

Carmen Baroja y Nessi    balcon de la familia Baroja


Vuelto a España tras la Guerra Civil, el soltero Pío Baroja vivió en su piso de la calle madrileña de Alarcón junto a su hermana Carmen, viuda con dos hijos Julio y Pío, y, a veces, su hermano Ricardo el pintor. La historia retratada en el capítulo XXX de "Los Baroja" rezuma la tristeza que sentía Julio. El título, "Adiós a la juventud", es sobradamente indicativo pues la muerte de su madre al final del mismo marca profundamente lo allí escrito. Julio cuenta que, tras algunas estrecheces, entre todos pudieron ahorrar unos dineros y Carmen decidió invertir parte en una casa y unas tierras de labor para eludir las miserias de la postguerra y no tener que recurrir a comprar "de estraperlo" para comer. Carmen "siempre había sentido gran aficción por la agricultura, cariño profundo a la tierra, madre de todos los frutos". Influidos por una sirvienta llamada Angela Sanabria, natural de Tendilla, se decidieron entre varias opciones por invertir un pequeño capital en este lugar. En los planes y negociaciones Carmen fue ayudada por Pablo Sanabria, padre de Angela y del que dice Julio que "era uno de los hombres de campo mas cabales que he conocido".

En 1947 compraron por 19000 pesetas una casa que aún existe al lado derecho de la salida del pueblo hacia Sacedón, casa conocida entonces como "El Parador del Tío Ruperto". Carmen "se reservó la parte menor, que adecentó algo, construyendo un solano o balcón corrido que da al patio" dónde secaban judías y calabazas. El balcón se conserva actualmente y en él comían en el buen tiempo mirando hacia el pinar y las ruinas del Convento de Santa Ana, al sur de Tendilla. En la casa también se instaló Pablo Sanabria con su mujer Margarita e hijos, y un primo soltero, Santiago "el tío Urraca", de quien dice Julio que era "la sensatez campesina hecha carne". Ellos se encargarían del cuidado de la casa y el cultivo de los campos.

Por 60000 pesetas compraron 20 yuntas de olivar (unos 1200 olivos), 57 fanegas de secano, siete de regadío y un trozo llamado "el haza de Santa Lucia". Todo ello estaba fragmentado en unos 63 pedazos. De hecho le llama la atención a Julio la gran fragmentación de la propiedad por las compras y ventas, las herencias sucesivas, etc. No sólo se vendían pequeños terrenos sino que, en caso de necesidad, se llegaba a vender una habitación de una casa al vecino de la casa de al lado. Siguiendo a Julio de nuevo, nos cuenta que las tierras compradas constituían una una propiedad respetable para un lugar humilde como Tendilla, con muchos renteros pobres y con vecinos que eran "los últimos representantes de la gravedad, del estoicismo hispano".

Tendilla le parece a Julio un lugar "bastante pintoresco aunque triste" y piensa que la casa que compraron "por fuera parece que va a desmoronarse", pero el hecho es que hasta el presente (1999) no lo ha hecho. Llega a calificarla a la villa como "ruinosa y destemplada" en aquellos años. En lo que se refiere al clima frío, corroboramos que a finales de septiembre empieza a olerse por las calles la leña quemada en chimeneas y calefacciones (no todas son a gas-oil), no cesando hasta finales de mayo. Comenta que "el paisaje de Tendilla es fino; el pueblo, compuesto en esencia por una calle con soportales, no ha cambiado mucho del siglo XVI a aquí aunque "los oficios se han perdido, las ferias no son ni sombra de lo que fueron, la filoxera terminó con las viñas, las bodegas se hunden". Lógicamente la comparación entre la Tendilla de la edad de oro de las ferias y la que encuentra Julio en la inmediata postguerra civil es deprimente. Julio encuentra en los jóvenes el deseo de marchar a Madrid, dejar los campos y las tierras, y con ellos los valores que representan sus padres.

Los Baroja solían ir en autobus a Tendilla en primavera y otoño, aunque alguna vez fueron en pleno invierno. Carmen estaba ilusionada con su casa y tierras, y le gustaba saborear placeres sencillos como sentarse bajo las nogueras alguna tarde apacible. También era gustoso de los viajes Pío Caro Baroja, el hermano menor, quién realizo algunas correrías de adolescentes junto a Victor Sanabria, hijo de Pablo y de edad pareja a Pío. Varias veces fue a Tendilla Ricardo Baroja pero nunca la llegó a visitar Pío Baroja, ya mayor.

Julio no parece muy contento con la compra. Nos comenta: "sentía un placer triste viendo a muestra pobre madre ilusionada con tan pobre casa, yo que hubiera querido verla rodeada de comodidades y cosas bonitas". Reconoce que el objetivo de "comer con un poco de seguridad" fue ampliamente logrado recordando con posterioridad que "hoy no produce lo que producía en materia de aceite, harina, garbanzos, etc, y aquellos jamones que eran los de mejor gusto que he comido yo en mi vida".

Matricula uno de carros de Tendilla    Arado de Tendilla, por Julio Caro Baroja


A finales de 1947 Carmen empezo a dar muestras de una enfermedad grave, pensando ya en 1948 que habría de morir pronto. Se sometió a varias operaciones y tratamientos y Julio recuerda las angustias que pasó por ello entre 1948 y 1950. Fallecería en junio. Con ella se iba la juventud de Julio Caro Baroja a quien le costó varios años superar la pérdida, confesando "no he llegado después a recuperarme". Todo ello puede explicar la tristeza que emana de todo el texto por él escrito, y que hace extender a Tendilla, la última ilusión que tuvo su madre enferma. Al poco también morirían Margarita (la mujer de Pablo) y el tío Santiago. Tras algunos años, Julio fue menos por Tendilla pues las visitas le traían demasiados recuerdos dolorosos, aunque fuera gustoso de pasear por los campos con Pablo Sanabria o hacer sus investigaciones por la provincia.

En su libro nos cuenta asimismo la historia de su amigo el veterinario de Tendilla D. Miguel Viñas. Era un hombre apreciado por sus vecinos y poco relacionado con la Iglesia. Enfermó y a punto de morir el párroco (D. Conrado Hutschenreuther, de origen alemán) le impuso como condición para obtener la extremaunción el echar de su casa a la señora con la que llevaba haciendo vida marital largo tiempo tras haberse separado de su mujer. El veterinario se negó y al poco murió. El sacerdote se negó a enterrarlo en sagrado, según la doctrina entonces imperante. Llegado la hora del entierro y como el cura no cedía, los vecinos y amigos del muerto le llevaron en cortejo hasta el unico cementerio del lugar y allí le enterraron, vigilados por la Guardia Civil por si hubiera disturbios. Me han contado que el empinado camino que sube al cementerio tenía nieve por media entrepierna aquel día y que cuando bajaron del entierro, se obsequio a los amigos del difunto con medio pan por cabeza. Pío Caro Baroja llegó a hacer un guión de cine, nunca filmado, y un romance titulado "Romance del Tío Miguelillo" en el que describe en verso a Tendilla y los hechos entonces acaecidos. Por lo que cuenta allí parece que a Pío le gustaba Tendilla más que a su hermano Julio.

La presencia de los Baroja en Tendilla la recogió Cela en su "Viaje a la Alcarria" y aparece ahora en una placa en la Plaza Mayor de Tendilla que dice: "Por aquí paso C.J. Cela el 13 de junio de 1946. En este pueblo es dónde tiene un olivar don Pío Baroja para poder tener aceite todo el año". El libro de Cela se publicó en 1948 y en él aparece la frase citada en la placa. La casa de Tendilla sería arrendada a la familia de Angela. La discreta familia formada por Pio Caro Baroja y sus hijos apenas aparecen por Tendilla en la actualidad.

Julio Caro Baroja    Pio Caro Baroja


Para finalizar, a finales de 1998 se han publicado las memorias de Carmen Baroja tituladas "Memorias de una mujer de la Generación del 98", las cuales finalizan en el momento de la aparición del cáncer que la llevaría al sepulcro, antes de la compra de la casa y tierras en Tendilla. El otro hermano, Ricardo Baroja, ha sido objeto en mayo de 1999 de una exposición retrospectiva de su obra pictórica en Madrid.

Más información sobre los Baroja y Tendilla.

 

Autor: J.L.G. de Paz, e-mail: depaz@uam.es Versión de 26 de Octubre de 1999.



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