La Patrona de Tendilla: La Virgen de la Salceda.


El visitante que llega a Tendilla puede observar que en el centro de la villa destaca por su tamaño la inacabada iglesia parroquial de la Asunción, cuya planta fue proyectada (1539-1542) por Rodrigo Gil de Hontañón mientras edificaba la Universidad de Alcalá de Henares.

En la Iglesia de la Asunción se encuentra en lugar preferente del Retablo Mayor, dentro de un templete, la pequeña imagen (8'5, quizá 9 cm) de la Patrona de Tendilla, la Virgen de la Salceda, que presenta a María con el Niño Jesús en brazos sobre una bola de cristal de roca. Sin entrar en temas religiosos o en la veracidad o no de la leyenda que rodea a esta imagen, simplemente os relataremos algunas tradiciones y aquello que la historia relata sobre el tema. Haremos notar que la devoción a su Patrona está sumamente arraigada en Tendilla.

iglesia parroquial de Tendilla    moderna ermita de la Salceda, 1987


Se cuenta que Virgen se apareció a finales del siglo XII o más probablemente a inicios del siglo XIII a dos caballeros de la Orden de San Juan en el interior de un sauce, en medio de una tremenda tormenta en el llamado actualmente "barranco de la Virgen" y antes "del infierno". El lugar esta a unos 5 km de Tendilla, lindando con Peñalver, y junto a él pasa la N-320. Hay incluso un lugar dónde es ahora muy fácil aparcar el coche y acercarse. Las crónicas hablan de la presencia de osos y otros animales de caza en la zona por aquel entonces. Podemos imaginar el terror de los caballeros ante la naturaleza desatada en plena noche con el posible corrimiento de tierras debido a la caída de las aguas libres concentradas en el estrecho barranco que desemboca a la vega por la que discurre el arroyo que desde Peñalver llega a Tendilla y acaba desembocando en el Tajuña. Todo ello les hacía temer por su vida. Desconocemos si la pequeña imagen había sido escondida allí previamente y apareció milagrosamente en ese momento. Quizá el pequeño tamaño de la imagen permitiera que un caballero la llevara en su equipaje a caballo. El caso es que con la milagrosa aparición finalizó la tormenta y los propios caballeros, salvados, levantaron una ermita y horadaron una cueva, siendo conocidos como "los dos hermanicos". Esto es lo que recoge una tradición popular, aunque los especialistas indiquen que la imagen actual sea del siglo XVI. Al aparecerse en un sauce, la devoción popular la conoce como la Virgen de la Salceda.

He leído incluso la temprana fecha de 1130 para la aparición. En un grabado de mediados del siglo XVIII aparece la fecha de 1175, en otro grabado de 1783, apareció en el año de 1173. El profesor Fernando Marías indica la posible fecha de 1236 para la aparición. El todo caso, tuvo que suceder después de que el Concejo de Guadalajara donara a la Orden de San Juan la aldea de Peñalver hacia 1148-1157.

imagen de la Virgen de la Salceda    La Salceda vista por detras


Hay indicaciones históricas de que se edificó allí una ermita en 1226. Pedro de Villacreces (hay muchas lagunas en su vida, según Adelina Rucquoi vivió c. 1362-1422 y según Melquiades Andrés Martín en 1350-1429) entró como franciscano a los 14 años y se recogió en dicha ermita en 1366 pasando luego a Italia para solicitar los correspondientes permisos papales y fundar en 1376 el eremitorio de La Salceda, considerado como la cuna de la reforma observante franciscana en Castilla. Nótese que en los comienzos figura La Salceda como eremitorio y aún no como convento. Villacreces estuvo un cuarto de siglo hasta que partiera y realizara nuevas fundaciones en 1404. Se cree que algunos monjes permanecieron entre 1404 y 1408 y a partir de esta fecha (con datos mas fiables en 1412) el convento franciscano fue creciendo.

Junto al edificio del convento se fueron erigiendo pequeñas ermitas en las que los monjes que lo deseaban podían seguir en aislamiento una vida eremítica de virtud y penitencia. También se usaban para ello las cuevas de los alrededores, como la "cueva de los hermanicos", en el inmediato "barranco de los Cubos" en Peñalver. Un monolito de 1929 junto a la N-320 recuerda que el futuro Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, tras profesar en Toledo, inició su carrera eclesiástica en este Convento, del que fue Guardián hasta que por consejo del Gran Cardenal Mendoza fuera llamado a la corte como confesor de Isabel la Católica en 1492.

Esta documentado que "más de cincuenta años antes" de 1527 monjes ancianos de La Salceda recordaban la practica espiritual del "recogimiento" aprovechando la soledad de sus parajes y las cuevas cercanas como la mencionada "de los hermanicos", con un altar franciscano en su interior. Este misticismo había sido alentado y conocido por Cisneros, quien no realizó mejoras o donaciones al convento para no apartar a sus monjes de su pobreza y oración. En los inicios del siglo XVI profesaron en La Salceda franciscanos reformados que luego extenderían sus ideas por Guadalajara, Pastrana, Cifuentes, Escalona o Toledo. Es interesante que no sólo había conventos franciscanos sino también ferias famosas en varios de estos lugares. En los archivos inquisitoriales aparecen procesados en el primer tercio de ese siglo fray Francisco Ortiz (procesado y "reconciliado"), fray Francisco Osuna (gran predicador, autor en 1527 del famoso "Tercer Abecedario") y fray Cristobal de Tendilla (mencionado repetidamente en los procesos inquisitoriales), todos "recogidos" y franciscanos profesos en La Salceda.

El "recogimiento" era una disciplina de oración mental metódica durante la cual no deben "estar derramados los sentidos, sino procurar desechar de si todo pensamiento y poner el alma en quietud". Los partidarios del "recogimiento" acabaron rompiendo en 1523 (tras una discusión entre Francisco Ortiz y Pedro Ruiz de Alcaraz en Pastrana) sus antes intensas relaciones con los conocidos como "dejados", siendo estos últimos especialmente condenados en 1524 por los franciscanos de Toledo y en 1525 por la Inquisición toledana. La historia recuerda a estos "dejados" con el nombre de "los alumbrados" y es conocida su relación con los antes mencionados franciscanos de La Salceda quienes opinaron en sus defensas que los alumbrados eran un "recogimiento mal entendido". La via espiritual del "recogimiento" seguiría existiendo vigilada pero admitida en el seno de la Iglesia hasta 1700, como cuenta Melquiades Andrés Martín en "Los Recogidos: nueva visión de la Mística (1500-1700)".

estandarte de la Cofradia de La Salceda, Tendilla    el convento de La Salceda hacia 1930


Todos estos procesos desprestigiaron un poco a la orden franciscana que intentó recuperar el prestigio y olvidar el pasado. Dentro de la "ortodoxia" estuvieron en La Salceda fray Diego de Alcalá (1400?-1463), luego elevado a los altares como santo, y fray Julián de San Agustín, muerto en olor de santidad en La Salceda en 1606. La fama de santidad de los monjes junto a los milagros que fueron ocurriendo entre los devotos que se acercaban a la imagen de la Virgen de La Salceda desde mediados del siglo XVI fueron haciendo próspero y conocido al Convento a un nivel provincial y luego en toda Castilla. Ello hizo que miembros de familias nobiliarias tomaran el hábito franciscano en La Salceda. Este es el caso de fray Pedro González de Mendoza, hijo menor de Ana de Mendoza, la Princesa de Éboli, que tomó los hábitos y el nombre de su antepasado el Gran Cardenal Mendoza al entrar en la orden franciscana en La Salceda. Llegaría a ser arzobispo de Granada (1610) y obispo de de Sigüenza (1623), en relación con lo que contamos, publicó en Granada en 1616 la "Historia del Monte Celia" sobre el Convento de La Salceda, su historia y milagros (y sin mención alguna a los "recogidos" de un siglo antes).

La iglesia del convento estaba inconclusa y era de inicios del XVI. Fray Pedro hizo edificar, en estilo manierista, una Iglesia, la Biblioteca junto al claustro y la Capilla de las Reliquias, de planta circular y de la que se conservan aún los restos de sus paredes, para albergar las reliquias de los santos que allí estaban. Se ha mencionado que pudieron participar en la obra los arquitectos Fernando de Mora, Juan García Alvarado y Juan de la Pedrosa. Al convento regaló fray Pedro tres cuadros de Tiziano heredados de su madre. En la iglesia levantó un Retablo Mayor con un Camarín Transparente, de estilo tardomanierista, en el que estaba en lugar prefente el templete que alberga a la imagen de la Virgen.

La imagen de María con el Niño en brazos se colocó dentro de un Templete hecho en Madrid (hacia 1612-1623) en bronce con sobrepuestos de plata, corales, azurita y adornos burilados, por encargo de fray Pedro González de Mendoza cuando era Arzobispo de Granada. El templete se cree que es el que se encuentra actualmente en Tendilla y mide 45 x 44 cm en su base y 78 cm de altura. La imagen estaba protegida por una escultura que representaba las ramas de un sauce, que en la actualidad se encuentra en Peñalver.

Junto al convento estaban una serie de ermitas construidas con materiales de escasa calidad (hasta quince aparecen en la "Historia del Monte Celia") señalaban un recorrido de peregrinación que convirtió La Salceda en un Sacromonte, con toda la simbología religiosa que ello conlleva, sacralizando la zona dentro de la ortodoxia de la Contrareforma, en opinión de Fernando Marías. La ganancia de indulgencias (otorgadas en 1605 por Paulo V) atraían a los peregrinos, para los que existía una hospedería anexa al convento. La pobreza y sobriedad de las ermitas construidas explicaría su pronta desaparición, pues no las mencionan los visitantes a finales del XVIII e inicios del siglo XIX.

grabado de Heylan del retablo y transparente de la Salceda en 1616    grabado de Irala
del retablo de la Salceda, mediados del XVIII


Sin embargo el Retablo inicial fue prontamente reemplazado por otro más moderno. José Ramón López de los Mozos publicó en 1980 un bello grabado de mediados del siglo XVIII que hizo el grabador madrileño fray Matías de Irala. En él se muestra un nuevo retablo de estilo churrigueresco dedicado a Nuestra Señora de La Salceda, obra de estilística ultra barroca e interesante iconografía, según indica el investigador Muñoz Jiménez en 2002.

Indicaremos que el Convento aparece en la "Relación" que escribiera a Felipe II la villa de Tendilla en 1580, había entonces 25 frailes en La Salceda. En el "Vecindario" de 1591 se indican 18 frailes solamente, nuevamente en Tendilla.

grabado del Sacromonte del Monte Celia, 1616    templete de la Salceda, Tendilla

El edificio del Convento de La Salceda se encuentra en el término municipal de Peñalver, aunque el barranco dónde apareciera la Virgen esté en el de Tendilla, y las posesiones y ermitas del convento se extendían por ambos términos municipales. Según un acta de 1913 entre ambos Ayuntamientos corresponde un 95% del convento a Peñalver. Desde el "Catastro de Ensenada" de 1752 se indica que el Convento pertenede a la jurisdicción de Peñalver, en cuyo Libro de respuestas se encuentra, pero ya no en la de Tendilla. Se menciona que tenía 32 religiosos y 13 sirvientes. En el Censo de Floridablanca (1787) se indican 8 profesos, 5 novicios, 9 legos, 4 donados y 4 criados, también en Peñalver.

Como era de esperar, la existencia de un lugar sagrado justo en medio de dos villas (las cuales consideran desde antaño a esta imagen por su patrona) hizo aparecer fricciones entre Tendilla y Peñalver (tierra de mieleros). Con ocasión de la visita de Felipe III y la reina (2 de marzo de 1604) al Monasterio de La Salceda, invitados por el Arzobispo Fray Pedro cuando volvían de Valencia, las disputas por la preeminencia en limpiar el camino a la comitiva real produjeron tres días de luchas entre los dos pueblos con víctimas mortales. Finalmente hubo un acto de concordia entre ambos pueblos, reuniéndose los dos ayuntamientos primero el 16 de julio de 1769 en Peñalver, el 17 en Tendilla y el 18 en el Monasterio de La Salceda. La rivalidad era tal que, como veremos, Madoz da cuenta de ella en su "Diccionario" (1845-50). Esos tiempos de rencillas están ahora olvidados.

portada de La Historia del Monte Celia, 1616    Capilla de las Reliquias hacia 1980

Los ilustrados Ponz (1772), Iriarte (1781) y Cornide (1795) citan en sus escritos al Monasterio. Sin visitar al convento, Antonio Ponz dice "convento de frailes de San Francisco que en el día tiene mucho nombre por ciertos ermitaños retirados en un monte inmediato los cuales, por su vida, nos hacen recordarla de aquellos santos moradores de Nitria y Tebaida". Tras dormir en la Hospedería del Convento, Tomás Iriarte menciona (además de las pulgas de su cama) la belleza del canto del coro de sus monjes y que "está situado aquel santuario en una eminencia en medio de unos bosques frondosísimos" y que "digo que me hubiera estado allí de buena gana tres o cuatro días pues en medio de ser un desierto, es un paraje delicioso". Cornide dice "la situación no es desapacible pues hay bastantes árboles que rodean al convento" y "el convento es bastante pobre en cuanto a edificios a excepción de lo que pertenece al culto pues la Iglesia es bastante regular con un buen camarín lleno de pinturas malas, y medianas, y en lo interior hay una capilla de forma circular con proporcionada media naranja, adornada de pilastras y de muy regular arquitectura … que se destinó para recibir las muchas reliquias y libros donados al convento … La Salceda suele servir de reclusión a varias personas eclesiásticas y seculares a quienes sus extravíos ponen en estado de reforma", como le pasó al eclesiástico, escritor y liberal Joaquín Lorenzo de Villanueva Astengo en 1815.

Villanueva relata su estancia en su "Vida literaria" (1825) y le llama principalmente la atención la biblioteca del convento, como estudioso que era, y la venta de hábitos rotos de los monjes, que los campesinos venían a comprar por el alto precio de cuatro o cinco ducados de entonces y que usaban como mortaja para enterrar a los difuntos. Esto no era un hecho aislado, sorprendió al propio Daniel Defoe cuando lo viera en la España de los inicios del siglo XVIII. Villanueva dice que el convento "esta mirando al norte en la ladera de un barranco, que otro tiempo se llamó del infierno, cercado de sierras inmediatas en que se estrella la vista, sitio además friísimo, y más lo interior de la casa".

Todo ello desaparecería pronto. A la guerra de la Independencia y sus saqueos siguieron la Desamortización y las luchas civiles del siglo XIX. Cuenta el sacerdote de Pastrana Mariano Pérez y Cuenca en su "España Mariana. Provincia de Guadalajara. Partidos de Pastrana y Sacedón" editada en 1868, que en 1827 visitó el Convento de la Salceda el Cardenal Arzobispo de Toledo (1824-1836) Pedro de Inguanzo y Rivero y que los monjes iluminaron el Relicario situado en la Capilla de Las Reliquias. En un descuido quedó una vela encendida y en minutos el fuego acabó con el recinto y con la mayoría de las reliquias. Los monjes guardaron las cenizas recogidas con veneración.

Con la Desamortización de Mendizábal (1835) se expulsaron a los monjes del convento: había entonces 5 sacerdotes, un corista y dos legos en La Salceda. Los muros de piedra se vendieron en 1843 por 12020 reales a Antonio Barbé, vecino de Guadalajara, y muchas piedras serían distribuidas como base de edificaciones de Tendilla (hacia 1932 la portada de la iglesia fue usada para la puerta del antiguo casino-bar) y Peñalver. Otros restos acabarían en Peñalver (el sauce), Renera (los dos caballeros, desaparecidos en 1936) o Budia. Alguno fue al Museo Provincial, al Museo Diocesano o al Archivo Diocesano de Siguenza.

La imagen de la Virgen de La Salceda acabó en Tendilla. Fue traída en 1838 desde el Convento, poco después de las incursiones carlistas por la Alcarria. Ante la protesta de los vecinos de Peñalver, el Intendentela de Guadalajara mandó un comisionado para llevar la imagen a la capital, hasta que hubiera una decisión judicial al respecto de si debía quedar en Tendilla o en Peñalver. Ello fue impedido por los tendilleros, y se mandó por segunda vez un comisionado con soldados en 1842. Debido a la decidida actuación de las mujeres de Tendilla, "con sus voces y aún con sus pedradas", éstas ahuyentaron a los soldados e impidieron que la autoridad sacara la imagen de la villa. Así aparece en la prensa y así lo cuenta el sacerdote Pérez y Cuenca, quien recibió varias veces en su casa de Pastrana a algunas jóvenes tendilleras mientras estuvieron presas allí por los disturbios acaecidos. En Peñalver se contaba que realmente la imagen que fue a parar a Tendilla era una copia. El monasterio cayó en el olvido, anidando los animales silvestres entre las ruinas.

puerta del casino de Tendilla    ruinas portada en 1930, revista Peñamelera


El ministro Pascual Madoz (continuador de la labor desamortizadora de Mendizábal) escribió un "Diccionario Geográfico-Estadístico Histórico"  publicado entre 1845 y 1850, del que en el apartado dedicado al reino de Toledo y a la provincia de Guadalajara, hay un item dedicado a La Salceda.

Dice: "Convento arruinado de frailes franciscanos en la provincia de Guadalajara, partido judicial de Pastrana. Situado en un desierto de 74 1/ fanegas de tierra labrantía y con monte arbolado, que desde tiempo inmemorial pertenece en cuanto a la jurisdicción civil a las villas de Peñalver y Tendilla: era un edificio sólido y de buena construcción, particularmente la iglesia, en la que así como en el convento ocupaban sitio separado los ayuntamentos de los pueblos siempre que concurrían a las funciones, sin ceder nada la una corporación a la otra, bajo ningún concepto, resultando que los derechos de ambas contribuían, mas bien que a la unión, a mantener una especie de rivalidad; en este convento que algunas veces ha servido de reclusión a militares y personas ilustres, estuvo el Cardenal Cisneros y fue guardián del mismo el P. (fray) Pedro González de Mendoza, luego Obispo de Siguenza".

Muchas familias procuraban tener en su casa una imagen de la Virgen o una representación de su aparición. Ello hizo que un pintor del vecino Fuentelviejo, con un cargo modesto en el Museo del Prado de Madrid, se ganara unos dineros vendiendo al precio de 25 pesetas un cuadro que mostraba la aparición de la Virgen a los caballeros y que estaba en muchos hogares de Tendilla hacia 1890, según cuenta Gustavo López y García. Existen varias representaciones de la aparición, tanto en la "Historia del Monte Celia" como en las Iglesias de Tendilla y Peñalver. A finales del siglo XX se ha subastado en Madrid un grabado encargado al cordobés Manuel Albuerne (1764-1815). En la leyenda que lo acompaña menciona la fecha de 1173 para la aparición y que el cuadro fue costeado en 1783 por la devoción de la señora Josefa Manzano y Coronel, síndico de dicho convento. Presentamos abajo a la derecha la pintura "oficial" de la aparición (propiedad de la Hermandad de La Salceda), a color y presente en la Iglesia parroquial de Tendilla, y a la izquierda el grabado mencionado de Manuel Albuerne.

aparicion, grabado de 1783    imagen popular de la Aparicion, siglo XX


Debemos hacer notar que alguien pintó, en un momento dado, a los caballeros Hospitalarios de San Juan con un manto blanco y una cruz roja, probablemente por desconocimiento y por razones estéticas, y ese dibujo erróneo se fue copiando y repitiendo, por lo que en algunas postales y estandartes "modernos" parece como si la Virgen se apareciera a un caballero Templario y no a un Hospitalario.

La pequeña imagen de la Virgen de La Salceda que se encuentra en la Iglesia parroquial de Tendilla muestra a María con el Niño en brazos. Parece que está hecha en el siglo XVI en piedra pintada, aunque algún autor ha indicado el cobre policromado o incluso el coral (sic). Está rodeada con un sol de plata, hecho en Madrid en 1623, y se apoya en una bola de cristal de roca. La corona está sujeta con alambre, similarmente a como aparecí en las fotos de Tomás Camarillo anteriores a 1936. Se encuentra dentro del Templete, antes mencionado, que fuera encargado por fray Pedro González de Mendoza y al que contribuyeron varias damas nobles y el propio rey Felipe III. A comienzos de la Guerra Civil se realizaron acciones antireligiosas con destrucción de todos los altares de la iglesia, excepto el Altar Mayor, y de la imaginería religiosa que allí había. Únicamente se salvó la pequeña imagen de la Virgen de la Salceda la cual fue depositada por manos piadosas en el Ayuntamiento de Tendilla y éste solicitó su traslado al Museo Arqueológico de Madrid en agosto de 1938. Reconocida allí tras la contienda, volvería a Tendilla el 14 de agosto de 1940, aunque con un ojo dañado.

La imagen de La Salceda y su templete salieron de Tendilla el 26 de enero de 2006 hacia Toledo para ser ambos restaurados y formar parte de la exposición "Celosías. Arte y Piedad en los conventos de Castilla-La Mancha durante el siglo del Quijote", que se inauguró en el Museo de Santa Cruz el 25 de abril. Tras el cierre de la exposición, volvieron a Tendilla el 22 de agosto de 2006. La imagen se ha limpiado, restaurado el ojo dañado, los colores del pelo, el manto y los adornos, y arreglado la sujección de la corona que la rodea. En el pleno del Ayuntamiento de Tendilla celebrado el 13 de julio de 2006 se aprobó, por unanimidad, concederle la distinción honorífica de "Alcaldesa Mayor de Tendilla a perpetuidad".

La Hermandad de Nuestra Señora de la Salceda de Tendilla es la más importante de las tres existentes en esta localidad, con estatutos aprobados por el arzobispado toledano en 1898 (entonces Tendilla pertenecía a la Diócesis de Toledo, desde 1955 lo es a la de Sigüenza). Sus estandartes siguen a las procesiones y están presentes dentro de la iglesia en las celebraciones religiosas. En honor a la patrona, muchas jóvenes de la villa son bautizadas con el nombre de "Salce" y se reza a la Patrona "De la Salceda Señora/ nuestros votos escuchad/ En todos nuestros apuros/ Amparadnos con piedad".

esquema restos Monasterio Salceda, 1981    ruinas de la Salceda en 1929


En Tendilla era (y es) tradición ir de romería al barranco dónde apareciera la Virgen. Por ello se ha construido en la parte del barranco que forma parte del término municipal de Tendilla una ermita en la que se pueden realizar las labores del culto y que fue inaugurada en 1987, contruida con fondos de los fieles. La romería y la misa se realizan el último domingo de mayo. Las fiestas patronales de la Virgen de la Salceda (patrona a la vez de Tendilla y del vecino Peñalver) se celebran el 8 de septiembre, precedidas de una novena y seguidas de música nocturna y festejos taurinos en las calles, destacando los encierros de toros bravos los días 9 y 10.

Aparte de los libros que ya se han citado en el propio texto aconsejamos la siguiente bibliografía específica:

Autor: J.L.G. de Paz, e-mail: depaz@uam.es Versión de 26 de agosto de 2006. Con correcciones en 2009.



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