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SOBRE
UNA REDUNDANCIA: EL DARWINISMO SOCIAL |
Uno
de los valores relevantes que las ciencias sociales, o las humanidades, han
aportado al progreso del conocimiento es un aspecto autocrítico o relativista.
La conciencia de que las explicaciones de fenómenos son, en muchos casos,
interpretaciones es, sin duda, una actitud más fructífera que la fe ciega en
las "observaciones objetivas". Así, los historiadores, que saben de
"la historia escrita por los vencedores", nos pueden ayudar a los
biólogos a reinterpretar la historia del darwinismo escrita por darwinistas.
La
entusiasta versión de esta historia en los textos tanto académicos como
divulgativos sobre la evolución contiene, generalmente, ligeros matices sobre
este tema: "la aparición, en 1859 del libro "El origen de las
especies" de Charles Darwin supuso una revolución intelectual que inauguró
una nueva era en la historia cultural de la Humanidad..." "Darwin,
con la Teoría de la Evolución, completa la revolución copernicana que comenzó
en los siglos XVI y XVII con los descubrimientos de Copérnico, Galileo y
Newton..." "Su libro constituyó una (a veces "la")
de las mayores hazañas intelectuales que el hombre haya llevado a cabo
jamás". Generalmente, tras una (no siempre) piadosa referencia a
Lamarck y a su error de la creencia en la herencia de los caracteres
adquiridos, se reconoce a A.R. Wallace (quien en 1858 envió desde Java su
manuscrito a Darwin en el que proponía el proceso de selección natural) un
pequeño papel en la copaternidad de la Teoría, pero puntualizando que Wallace
difería de Darwin en algunas cuestiones importantes como por ejemplo negar que
la selección natural era suficiente para explicar el origen del hombre (lo que
parece ser un grave error porque "está demostrado"). Los más
objetivos (o menos entusiastas) llegan a admitir que la idea de la evolución
"estaba ya en el aire" cuando Darwin publicó la teoría definitiva.
Pero los datos históricos nos demuestran que ya estaba expresada en soportes
más sólidos que el éter. Aunque autores como G.C.Gillispie (59) y B.Glass (59)
han identificado más de treinta naturalistas y filósofos que expusieron
claramente antes que Darwin la idea de la evolución y/o la selección natural (y
lo que es más importante, para algunos la selección natural no era considerada
un mecanismo de evolución y para algunos otros ésta se consideraba confinada a
los límites de las especies), vamos a limitarnos a los antecedentes más
inmediatos a Darwin y que él conoció.
En
1809 se publicó en París "Filosofía Zoológica ", el primer
tratado completo sobre la evolución. Su autor, Jean Baptiste Pierre Antoine de
Monet, caballero de Lamarck, conservador del Jardin du Roi, había
adquirido una amplia formación en Historia Natural. Había realizado estudios de
Botánica, a menudo en compañía de Rousseau, y obtenido puestos prestigiosos en
instituciones científicas bajo el apoyo de Buffon. Entre sus muchos logros
están el aportar criterios científicos actuales, como por ejemplo el término
"invertebrado" (hasta entonces los taxónomos usaban la presencia o ausencia
de sangre), o la denominación "Biología", que ponía nombre a una
nueva ciencia que estudiaba los principios de la vida.
La
versión satírica que la mayoría de los biólogos hemos recibido de la obra de
Lamarck, elimina drásticamente su aportación a nuestra ciencia con la sentencia
de su "errónea creencia en la herencia de los caracteres adquiridos"
(ya saben, el cuello de la jirafa). Pero ni esta era la idea fundamental de su
obra ni fue original de Lamarck. Era simplemente un criterio muy común por entonces,
que por cierto Darwin utilizó en los (muchos) casos que no podía explicar
mediante la selección natural. Su "error" fundamental era que su
visión global de la evolución sugería una tendencia natural de los organismos a
incrementar su complejidad (un error tan "grave" que todavía ocupa
tratados, debates y congresos encaminados a explicar esta complejidad, "dependiendo
de lo que consideremos progreso" (Ayala, 88). Otro de sus
"errores" derivados de la citada visión globalizadora del proceso
evolutivo es que veía éste fenómeno como un camino por el que una especie
podría sobrevivir, en una forma alterada, a pesar de los cambios ambientales,
es decir, una forma de escapar a la extinción. Por si esta idea suena extraña,
lo explicaremos, en terminología más moderna, en palabras de Niles Eldredge
(97): "...Como nos dice tan elocuentemente el registro fósil, el
sistema se degrada y tiene que ser reconstruido, utilizando sus supervivientes
para moldear una nueva versión que funcione"[1].
Aunque la obra de Lamarck tuvo una importante repercusión entre los
naturalistas del siglo XIX (los partidarios de la evolución eran llamados
lamarckianos), el final de su vida cuya narración por sus detractores no
resulta exenta de cierta mordacidad ("En sus ratos libres, Lamarck
adquirió seis hijos y una esposa -en ese orden-. Más adelante tuvo dos hijos
más y otras dos o tres esposas" (Harris, 85) [2] no parece
muy merecido. En la ancianidad, fué vapuleado científicamente por un joven y
brillante Cuvier, catedrático de Historia Natural, de Anatomía comparada y
secretario de la Academia de Ciencias de París. Pasó sus últimos once años de
vida ciego y en la indigencia. Fue enterrado en una fosa común y sus
detractores no olvidan recalcar que sus huesos fueron exhumados cinco años más
tarde para hacer sitio para otros. Sin embargo, finalmente, su memoria fue
rehabilitada: "La estatua de Lamarck en los jardines de Luxemburgo, le
reivindica de modo chovinista (el subrayado es mío) como "fundador
de la evolución" (Strathern, 99) [3].
Pero
Lamarck no fue sólo el fundador de la teoría de la evolución, no sólo aportó
conceptos hoy obvios y fundamentales y nos indicó y ensanchó a los biólogos
nuestro campo de investigación; si releemos sus textos veremos que también nos
enseñó (lo intentó, al menos) a pensar científicamente sobre la Naturaleza de
la vida y a buscar el sentido de este misterioso y complejo fenómeno. En
palabras de C. Leon Harris (85): "A partir de 1790 Lamarck empezó a
ponerse cada vez más pesado con sus grandes ideas de unificar toda la ciencia
bajo una filosofía general basada en unas pocas leyes" [4].
Estas son las suyas:
"Sabemos que cualquier ciencia debe tener su filosofía y que sólo por este
camino hace progresos reales. Los naturalistas gastarán vanamente su tiempo
describiendo nuevas especies, captando nuevos matices y todas las pequeñas
particularidades de sus variaciones para agrandar la lista inmensa de las
especies inscritas, en una palabra, instituyendo diversos géneros, cambiando
sin cesar el empleo de las consideraciones para caracterizarlas; si la
filosofía de la ciencia se descuida, sus progresos no serán reales y la obra
entera quedaráimperfecta" (Filosofía Zoológica), (1809)[5].
Algunos historiadores darwinistas admiten que "Tras la aparición de los
"Principles of Geology" de Lyell en 1832 y tras la aparición en 1834
del popular "Vestiges of the Natural History of Creation", de Robert
Chambers (1802-1871), ningún ingles culto podía considerar como propia la idea
de la evolución" (Harris, 85)[6]. Lo que, tal vez, les
cueste más trabajo admitir es que ningún inglés, culto o inculto, puede
considerarse propietario de la idea de la selección natural. En 1750,
Pierre-Louis Moreau de Maupertuis, uno de los científicos más prestigiosos de
la ilustración escribió en su "Essai de Cosmologie" una lúcida
interpretación de este fenómeno. Lo resumiremos en unas pocas líneas: "El
azar, podríamos decir, produjo un vasto número de individuos: de éstos, una
pequeña proporción estaba organizada de tal forma que los órganos de los
animales podían satisfacer sus necesidades. Un número mucho mayor no mostró ni
adaptación ni orden; estos últimos han perecido todos... Así pues, las especies
que vemos hoy no son más que una pequeña parte de las que el destino ciego ha
producido.[7]" Leon Harris reconoce que Maupertuis era
consciente del papel destructivo de la selección natural en la eliminación de
los no aptos, "pero no alcanzó a ver que de un proceso así podrían
surgir nuevas especies" [8]. Quizás Harris no haya
considerado que mediante la observación y la reflexión es muy poco probable
llegar a pensar que la "eliminación de los no aptos" sea un medio de
producción de nuevas especies, a no ser que te graben laboriosamente la idea en
el cerebro a lo largo de tus estudios de Biología.
Conceptos semejantes de selección natural fueron repetidamente planteados por
Denis Diderot (1713-1784), William Charles Wells (1757-1818) y Patrick Mattew
(1790-1874). Este último, que al igual que Darwin admitía la creencia,
generalizada por entonces, de la herencia de los caracteres adquiridos anticipó
conceptos científicos que podrían haber resultado muy fructíferos de no haber
sido sepultados en el olvido: los ecosistemas y la coevolución: "Entre
los millones de variedades específicas de seres vivos que ocupan la porción
húmeda de la superficie de nuestro planeta hasta donde podamos remontarnos, no
parece, con excepción del hombre, haber existido ninguna raza especialmente
acaparadora, sino un equilibrio bastante justo de los poderes de ocupación, o
más bien, una maravillosa variación de las circunstancias paralela a la
naturaleza de todas las especies, como si estas o aquellas hubieran crecido
juntas" ("Accomodation of Organized Life to Circunstance, by
Diverging Ramifications" 1831)[9].
Parece pues, meridianamente claro que los conceptos científicos de evolución y
selección natural no fueron en absoluto originales de Darwin. En concreto,
Matthew murió reclamando la prioridad del "Principio de la Selección
Natural". Darwin, muy molesto por ello, se alegró mucho cuando le
comunicaron que en 1813 el doctor Wells lo había explicado con toda claridad
por lo que "el pobre y viejo Patrick Matthew no es el primero"[10].
Entonces: ¿Cuál fue exactamente la "proeza intelectual" del "autor
de una de las mayores ideas de la humanidad" [11]
(Strathern) (99) que completó la revolución copernicana? Dado que las
interpretaciones y argumentos científicos no parecen poder aportar mucha luz a
estas preguntas, habremos de recurrir una vez más a la historia. Y hay que
reconocer que, en este caso, el personaje, en lo que respecta a sus
características y personalidad, por lo que ésto pueda tener de influencia en su
obra, no necesita de comentarios maliciosos de sus detractores. Con las
narraciones de sus apologistas tiene suficiente.
No
parece necesario recurrir a profundos estudios psicológicos para sospechar que
la historia personal de Darwin y su formación como clérigo, junto con el
entorno social en el que ésta se desarrolló, contribuyeron en gran medida a
conformar su visión del mundo. Para no dar la impresión de una animadversión
personal (inexistente) contra él, me limitaré a recomendar a este respecto la
lectura del brevísimo pero sustancioso libro "Darwin y la
evolución" de Paul Strathern (Ed. Siglo XXI) y a comentar sucintamente
un episodio de su vida que puede dar cuenta de esta posible influencia. Los
asfixiantes convencionalismos que constreñían a la clase media de la Inglaterra
victoriana, obligaban a llegar al matrimonio como único medio de mitigar la
frustración sexual. Tras unas prosaicas y poco edificantes evaluaciones sobre
el matrimonio y las mujeres que se han encontrado entre sus notas personales,
(Thuillier, 90) Darwin llegó a la conclusión de que le interesaba una mujer "que
sea un ángel y que tenga dinero"[12]. Sin ir más lejos, su
prima Emma Wedgwood representaba una buena inversión. No era precisamente una
belleza, pero su familia disponía de unas magníficas rentas. Tras meticulosos
cálculos sobre lo que le correspondía, Darwin se casó con ella. La narración de
esta pequeña (pero práctica) hazaña intelectual no viene a cuento aquí con el
objeto de cuestionar su grandeza de espíritu, sino para comprender su posible
influencia en sus observaciones científicas. En "El Origen del Hombre"
sus ideas sobre la selección sexual, consideradas fundamentales para reforzar
la, ya para él debilitada, selección natural, estaban basadas en su observación
de que, en todas las especies, las crías, tanto hembras como machos, se
asemejaban a las hembras. Esto le llevó a concluir que los machos representaban
un "estadío evolutivo más avanzado que las hembras"[13].
Según Paul Strathern: "Su trabajo en este terreno parece resentirse
de una falta de rigor científico atípica en él, así como de conclusiones
extraídas de un solo espécimen, su esposa" [14].
Pero
esta tendencia a convertir sucesos restringidos en leyes generales, no parece
limitarse a su opinión sobre más de la mitad de la humanidad. Su (aparente)
logro científico que se ha perpetuado hasta la actualidad, la selección
natural, no tenía un campo de visión mucho más amplio. Su versión de este
fenómeno, bastante más "sencilla" que las precedentes, basadas en la
observación de la naturaleza, era una extrapolación directa de las actividades
de los ganaderos y criadores de palomas de su país (posiblemente sin ir muy
lejos de su casa): "Viendo que, indudablemente, se han presentado
variaciones útiles al hombre, ¿puede acaso dudarse de que de la misma manera
aparezcan otros que sean útiles a los organismos mismos, en su grande y
compleja batalla por la vida, en el transcurso de las generaciones?.Si esto
ocurre, ¿podemos dudar -recordando que nacen muchos más individuos de los que
acaso pueden sobrevivir- que los individuos que tienen ventaja, por ligera que
sea, sobre otros, tendrán mayor probabilidad de sobrevivir y reproducir su
especie?. Y al contrario, podemos estar seguros de que toda variación
perjudicial, por poco que lo sea, será rigurosamente eliminada. Esta
conservación de las diferencias favorables de los individuos y la destrucción
de las perjudiciales es lo que yo he llamado Selección Natural"[15].
En palabras del genetista de poblaciones F.J. Ayala (99): "La
explicación darwinista de la evolución de los organismos (el
subrayado es mío) por medio de la selección natural ,es, como tantas otras
proezas de la mente humana, extremadamente simple, al mismo tiempo que
poderosa" [16]. Y es cierto que, a juzgar por los
resultados de su implantación social, se ha convertido en muy poderosa. Pero es
más cierto aún que es extremadamente simple (probablemente esta sea la causa de
su poder). Incluso la selección forzada por los ganaderos de animales extraños
o defectuosos que en condiciones naturales lo tendrían muy difícil (con
enanismo, obesos, con gigantismo...) o con variaciones superficiales o
accesorias se ha realizado desde hace 10.000 años pero, como habían observado
Maupertuis y Diderot, sin transgredir los limites de la especie. Y el que en la
naturaleza los individuos defectuosos sean eliminados por la
"selección" o que una característica superficial resulte favorecedora
en un medio concreto (como el manido ejemplo del "melanismo industrial"
de la polilla del abedul [Ayala, 99]) tiene muy poco que ver con los complejos
cambios de organización genética y morfológica que conlleva la evolución.
Pero
esta argumentación no en nueva. Experimentados naturalistas contemporáneos de
Darwin tenían claro este hecho: según Fleeming Jenkin "Una planta o un
animal no puede modificarse más que dentro de ciertos límites. Existe una
esfera de variación de la que el organismo no puede salirse". Además,
como se puede comprobar en animales seleccionados cuando retornan a la libertad:
"no solamente no pueden variar indefinidamente, sino que muchos sujetos
vuelven a la condición primera " (Thuillier, 90)[17]. Ya en
la década de 1860 se dudaba de si unas variaciones muy débiles bastaban para
explicar la formación de especies nuevas. Por ejemplo, según Strathern (99), el
zoólogo católico George Mivart (por cierto, no es fácil encontrar referencia al
clérigo anglicano Charles Darwin, aunque cabe sospechar que tendrá posiblemente
un significado semejante) puso objeciones bien precisas y sólidas: los órganos
bien desarrollados (tales como el ojo) constituían una evidente ventaja pero,
¿qué beneficios representaban estos órganos en las primeras fases de su
desarrollo?, ¿cómo es
posible que la selección pueda "percibir" innovaciones que al
principio no podían ser más que mínimas y poco ventajosas para el organismo?
Estos son sólo unos pocos ejemplos de las repercusiones científicas de la
"revolución darwinista". Sin embargo, cuando en los libros
"oficiales" se habla de las controversias que suscitó la obra de
Darwin, se mencionan las planteadas por las fuerzas conservadoras ante el
ataque a las creencias religiosas establecidas (el debate entre Huxley y el
obispo Wilbeforce se ha constituido en una reiterativa rutina en estos libros).
Pero es más difícil encontrar información sobre criticas epistemológicas muy
sólidamente argumentadas por científicos prestigiosos. El reverendo Samuel
Haughton, filosofo y geólogo, afirmó: "Si a un químico o un
mineralogista cualquiera se le ocurriera establecer una teoría geológica (tan
mediocre) sobre el origen de la sosa y de la cal, sus colegas le tomarían por
un chiflado". Comentarios semejantes le dedicó William Hopkins,
especialista en matemática aplicada a la física y a la geología, que añadió: "La
teoría del señor Darwin no puede explicar nada, ya que es incapaz de asignar
una relación necesaria entre los fenómenos y las causas que les atribuye".
(Thuillier, 90)[18].
Críticas
y objeciones cada vez más contundentes se pueden seguir encontrando a medida
que nuevas simplificaciones de los procesos naturales (que veremos más
adelante) han ido consolidando el darwinismo científico. Pero posiblemente las
más relevantes sean las dudas y objeciones planteadas por el mismo Darwin. Y
éstas son tantas y tan variadas que su transcripción sobrepasa, en mucho, las
dimensiones de este artículo. Vamos pues a limitarnos a reproducir algunas
significativas.
En
sucesivas ediciones de "El Origen de las Especies", Darwin fue
introduciendo nuevas y confusas aclaraciones, "intentando remediar las
dificultades que surgían" (Thuillier, 90)[19]. El problema
para explicar como en la naturaleza un pequeño cambio individual podía
mantenerse, le obligó a proponer una "tendencia a variar de la misma
manera"[20]. Esta tendencia sería impulsada por el medio.
Más tarde, ante la observación de que una variación única tendería a diluirse
entre la población, propuso que estas variaciones "debían aparecer
simultáneamente en gran número de individuos"[21]. En otros
casos, sus explicaciones se encuadran dentro de lo que llamamos neutralismo, es
decir, variaciones "sin importancia para la prosperidad de la
especie"[22] debido a que "han podido actuar diversas
causas que han hecho constantes las diferencias, pero sin ninguna intervención
de la selección natural"[23]. En otras ocasiones, "El
uso (...) refuerza y desarrolla algunas partes, mientras que la falta de uso
las disminuye; y (...) estas modificaciones son hereditarias"[24]].
Pero, tal vez, las objeciones más lúcidas dentro de esta confusión son las que
siguen: "Hasta este punto he hablado como si las variaciones (...) se
debieran al azar. Esto, por supuesto, es una expresión totalmente incorrecta, pero
sirve para reconocer sin ambages nuestra ignorancia acerca de las causas de
cada variación particular"[25]. O "¿Por qué si
las especies han descendido de otras especies mediante gradaciones
insensiblemente diminutas, no vemos en todas partes innumerables formas de
transición? ¿Por qué no está toda la naturaleza en confusión, en lugar de estar
las especies como las vemos, bien definidas?"[26]. Pero
esta evidente contradicción con su teoría no sólo se mostraba nítidamente en
los seres vivos, sino que reflejaba su historia en el registro fósil, ya que,
según Darwin, si las transiciones de las morfologías de unos tipos de
organismos en otras se produjeran de forma gradual; "...La cantidad de
eslabones intermedios y de transición entre todas las especies vivas y
extinguidas ha de haber sido inconcebiblemente grande"[27] .
Y, aunque justificaba esta ausencia como consecuencia de " imperfecciones
en el registro fósil", le intranquilizaba la opinión de los más eminentes
geólogos y los más grandes paleontólogos contemporáneos suyos que mantenían la
persistencia sin cambios de las especies en el registro fósil[28].
Ante
todos estos problemas "Darwin continuó buscando una teoría de la evolución
largo tiempo después de darse cuenta de que se produce algún tipo de selección
natural" (Harris, 85)[29]. Finalmente, abandonó la
idea de la selección natural. En palabras de Paul Strathern: "De lo
sublime a lo ridículo. En su lugar propuso una teoría pergueñada por primera
vez en el siglo V a.C. por el filósofo griego Demócrito, conocida como
Pangénesis. Su versión moderna afirmaba que cada órgano y sustancia del cuerpo
segregaba sus propias partículas características, que luego se combinaban para
formar las células reproductivas. Las partículas segregadas por cada órgano
eran un eco fiel no sólo de las características, sino también de la respectiva
fuerza, tamaño y salud del órgano". Como vemos no tiene nada de
ridículo ya que es una especie de "camino inverso" de los mecanismos
genéticos desconocidos por aquel entonces. El error más terrible es que "Suponía,
por ejemplo, que si un individuo expandía su musculatura haciendo pesas, su
aspecto musculoso sería transmitido a la descendencia. En otras palabras, la
pangénesis conducía a Lamarck y sus características heredables"[30].
Pero, posiblemente, esta fue su única "convergencia" vital con
Lamarck. Darwin, que murió rodeado de fama y abundancia económica, fue
enterrado entre honores en la catedral de Westminster a pocos metros de Isaac
Newton.
En definitiva,
la historia de Darwin escrita por darwinistas nos muestra al hombre responsable
de la "proeza intelectual" que condujo a una "nueva era en la
historia cultural de la humanidad" como una persona no muy brillante (en
palabras de su padre "un chico muy corriente, más bien algo por debajo
del promedio" [Hemleben, 71])[31], siempre perseguido, como
hemos visto, por las dudas derivadas de su honestidad intelectual, que queda
demostrada en la plañidera carta que escribió al geólogo Lyell sobre el manuscrito
de Wallace recibido en 1858: "...Por favor, devuélvame el manuscrito,
ya que aunque él no me dice que desee que lo publique, escribiré inmediatamente
y lo ofreceré a cualquier revista. Así, toda mi originalidad, valga lo que
valga, quedará destruida, aunque mi libro, si es que alguna vez llega a tener
valor, no quedara deteriorado, ya que todo el trabajo consiste en la aplicación
de la teoría"[32]. Sin embargo, a pesar de sus dudas sobre
su creatividad, era un trabajador metódico y voluntarioso. A lo largo de su
vida publicó abundantes obras sobre observaciones geológicas, orquídeas,
percebes y animales y plantas domésticos que posiblemente ofrezcan una
dimensión más real de sus aportaciones científicas. Lo que resulta más difícil
de explicar, basándonos en sus propios escritos, es cómo sus paisanos
contemporáneos consiguieron convencerle (si es que llegaron a hacerlo) de que
su obra principal había desentrañando los misterios de la naturaleza. Aunque
según Leon Harris: "...Darwin no fue, en efecto, el primero en sugerir
la idea de la evolución y de la selección natural. No obstante, una cosa es que
los evolucionistas anteriores propusieran la idea, y otra bien distinta
que consiguieran convencer a los científicos" [33]. A los
que nos han inculcado el noble ideal de que las aportaciones científicas son
patrimonio de la humanidad y de que la única compensación que al autor le cabe
esperar de ellos es el reconocimiento, nos resulta extraña la justificación de
la consagración de Darwin como una de las más relevantes figuras de la
humanidad en función de unos méritos exclusivamente publicitarios.
De
todos modos, la afirmación de que "consiguió convencer a los
científicos" quizá sea una generalización injustificada, tanto por las
reacciones que, como hemos visto, suscitó, como porque ni él mismo lo estaba.
Lo que sí es cierto es que su principal libro "El Origen de las
Especies" tuvo una gran acogida y un éxito inmediato. El primer día de
su publicación, la edición de 1.250 ejemplares se agotó, y lo mismo ocurrió, en
unos pocos días, con la segunda edición de 3.000 ejemplares. Estos hechos
sorprendieron a Darwin, ya que, según él, su libro era "bastante
aburrido". Pero este éxito, que lo convirtió en "la obra
científica más leída del siglo" (Hemleben, 71[34], no fue,
evidentemente, un éxito científico (cabe suponer que de los 4.250 lectores
iniciales, solo una pequeña proporción estaría formada por hombres de ciencia).
¿Cuál pudo ser, pues, el verdadero motivo del éxito? Para comprenderlo habrá
que situar el hecho en un contexto histórico y social.
La
situación social de la Inglaterra de finales del siglo XVIII y los primeros
años del siglo XIX era turbulenta. Fueron los tiempos de la masacre de Peterloo
y de los mártires de Tolpuddle. En pleno auge de la expansión colonial y de la
revolución industrial se había producido "un desplazamiento de riquezas
que no actuó de igual forma sobre los beneficiarios y las víctimas" (Mozaré,
77)[35]. Las leyes de cercamiento de fincas, promulgadas en el siglo
XVIII, permitieron a los propietarios vallar sus tierras para utilizarlas como
pastos para el ganado y al mismo tiempo, desalojar a sus renteros,
condenándoles a ser barata mano de obra industrial en las ciudades. La miseria
y la superpoblación inquietaron al clérigo y economista Thomas Malthus, quien
convenció a su primer ministro de que en las "casas de trabajo"
destinadas a los indigentes, los sexos deberían estar separados. Su "Ensayo
sobre el principio de la población", publicado en 1798 y
ampliado en 1803, proponía que el aumento geométrico de la población en un
mundo en el que la producción de alimentos aumentaba aritméticamente impondría
siempre la "lucha por la supervivencia". Y no eran precisamente
principios filantrópicos los que guiaban a Malthus. Según R.C. Lewontin (92) el
ensayo era un argumento contra la vieja "Ley Inglesa de los Pobres",
que encontraba demasiado protectora, y en favor de un control mucho más
estricto de los pobres para que no se reprodujeran y crearan inquietud social
(lo cual no le impidió tener numerosos hijos). Para C. Leon Harris, "El
razonamiento de Malthus era que el progreso era imposible a menos que exista un
abastecimiento ilimitado de alimentos, por lo que las políticas dirigidas a
mejorar la situación de los pobres eran equivocadas (...) Los defensores del
Laissez faire podría así ignorar a los niños hambrientos con la conciencia
tranquila"[36].
Los
defensores del Laissez faire habían trasladado a Gran Bretaña una
simplificación de la visión "científica" de la economía de los
fisiócratas franceses, convenientemente adecuada a los intereses de las clases
dominantes. Su figura más influyente fue Adam Smith, que tradujo ese término
mediante la metáfora de "la mano invisible del mercado" y al que también
preocupaba que los trabajadores y "otras clases inferiores de
personas" engendraban demasiados hijos, los cuales harían disminuir los
salarios a un nivel de subsistencia. Había nacido el Liberalismo económico, que
convirtió a los ciudadanos y a los países en competidores, y con el murió la
idea del precio justo, ya que desde entonces los precios estarían regulados por
la "ley" de la oferta y la demanda (El poeta Oscar Wilde describió
perfectamente (una vez más) las consecuencias: "Es posible saber el
precio de todo y no conocer el valor de nada")[37]. En
1851, el filósofo y economista Herbert Spencer, en su libro "La
Estática Social" acuñó el término de "supervivencia del más
apto" para definir el motor de las relaciones sociales. En su opinión el
intento de ayudar a los pobres era un entorpecimiento de las Leyes naturales
que se regían por la competición. La ciencia apoyaba totalmente estos
argumentos: según Spencer, "las civilizaciones, sociedades e
instituciones compiten entre sí para sobrevivir, y sólo resultan vencedores
aquellos que son biológicamente más eficaces". (Woodward,82)[38].
Estas eran las ideas que a mediados de siglo "flotaban en el aire"
entre la burguesía inglesa (parece evidente que no serían compartidas por los
trabajadores y "otras clases inferiores de personas"). También parece
obvio que el éxito de ventas del libro de Darwin tuvo lugar dentro de esta
clase social, sobre todo si tenemos en cuenta que su titulo completo, del que
en los tratados darwinistas se suele omitir habitualmente, posiblemente por
descuido, párrafos en cantidades variables (a veces hacen referencia a "EL
Origen") es "Del Origen de las Especies por medio de la Selección
Natural, o la Conservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la
Vida".
En
definitiva, cabe sospechar que el éxito del libro de Darwin (naturalmente,
limitado a las personas con capacidad económica para adquirirlo) pudo deberse
menos a su profusa recopilación de datos y a sus, a menudo, confusas y
contradictorias explicaciones científicas, que a la aplicación a la naturaleza
de las doctrinas económicas y sociales de Malthus y Spencer, a los que Darwin
reconoce el mérito de los conceptos "lucha por la vida"[39]
y "supervivencia del más apto" [40]. En 1882,
Friedrich Nietzshe, que no se caracteriza precisamente por su dulzura, pero
tampoco por su simpleza, escribió: "Alrededor de todo el darwinismo
inglés ronda algo así como un aire pestilente de exceso de población inglesa,
un olor a pequeñas gentes marcadas por la necesidad y la estrechez. Pero como
naturalista, debería de salir de su rincón humano: en la Naturaleza no reina la
necesidad, sino la abundancia, el derroche hasta lo insensato".
(Hemleben, 71 ) [41]
Sin
embargo, no parece que los paisanos de Darwin tuvieran interés en explicaciones
sobre cómo "...Una raza de osos, gracias a la selección natural, se
haga cada vez más acuática en su estructura y sus costumbres, con un hocico
cada vez más grande hasta que surja una criatura tan monstruosa como la
ballena"[42]. Lo que identificaba, lo que definía a los
darwinistas era la adopción de la "explicación científica" de la
situación del mundo y de su sociedad, y no la preocupación por las vicisitudes
de los pinzones en las Islas Galápagos. De hecho, el primo de Darwin, Sir
Francis Galton, llamado "padre de la eugenesia", escribía en 1869 en
su famoso libro "El Genio Hereditario" que "las altas
clases inglesas poseen la máxima capacidad hereditaria, y, por lo tanto, el
privilegio biológico de ser caudillos y dirigentes" [43].
Galton propuso que se prohibieran los cruzamientos entre razas, puesto que
acarrearían la disolución de aquellas dotadas con mayor intelecto. También se
sorprendía de encontrar en algunas personas "cierto pesar, en su mayor
parte inexplicable, por la extinción gradual de las razas inferiores".
Estas ideas repugnantes forman parte de lo que se conoce como Darwinismo
social, tendencia que según el tópico "horrorizaba a Darwin", una
afirmación que, como veremos más adelante, es rigurosamente inexacta. Pero antes
de hablar del darwinismo social cabe preguntarse si existe algún darwinismo que
no sea social, o más bien qué es el darwinismo "científico". Desde
luego, no la idea de la evolución. Tampoco la hipótesis de la selección
natural, ya sea en su versión anglosajona de Wells y Matthew o en la francesa
(tal vez más ajustada al realidad) de Diderot y Maupertuis. Entonces: ¿tal vez
el neutralismo?, ¿la herencia de caracteres adquiridos?, ¿la pangénesis? Si
revisamos las fuentes originales, da la impresión de que, de la misma forma que
de toda la obra de Lamarck parece que sólo ha quedado "su" visión
errónea de la herencia de los caracteres adquiridos, la "destilación"
de todas las explicaciones y dudas de Darwin ha producido los indiscutibles
conceptos básicos del azar como fuente de variabilidad (oportunidades) y la
competencia como motor de cambio (progreso). En palabras de Bertrand Russell
(35): "una extensión al mundo animal y vegetal de la economía de
Laissez faire"[45]. De hecho, entre otros muchos científicos,
el propio Lyell (otro "precursor") percibió claramente las
implicaciones biológicas del principio malthusiano como un argumento contra la
evolución (en términos actuales, adaptación no es sinónimo de evolución sino
todo lo contrario). Como ha escrito el filósofo de la ciencia R.M. Young (73)
sobre el principio malthusiano: "Lejos de ser un mecanismo en favor del
cambio, era una defensa del status quo, tanto en la naturaleza como en las
sociedades"[46].
Por si esta argumentación no resulta convincente, volvamos al otro manido
tópico: el supuesto horror de Darwin ante la aplicación a la sociedad de
"su" teoría. Permítanme reproducir el final de una carta de Darwin a
Heinrich Fick, un profesor de leyes de la Universidad de Zurich partidario de
la aplicación de la teoría darwiniana a la legislación. En dicha carta, fechada
el 26 de Julio de 1872 en Beckenham, Kent, Darwin comenta lo interesante que le
había parecido el ensayo elaborado por el citado jurista, en el que sugería que
el gobierno debería imponer restricciones al matrimonio de los individuos
"no aptos" para el servicio militar. También utilizaba el darwinismo
para oponerse a los intentos de crear una igualdad socioeconómica, "porque
esto puede beneficiar a los débiles y conducir a la degeneración".
Darwin finaliza su carta (en su característico estilo) con estas palabras :
|
" ...Me gustaría mucho tener la ocasión de
discutir con usted un punto relacionado, si se consolida en el continente, en
concreto la idea en la que insisten todos nuestros sindicatos, de que todos
los trabajadores, los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, deben
trabajar el mismo número de horas y recibir las mismas pagas. Los sindicatos
también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda competición). Me temo
que las sociedades cooperativas, que muchos ven como la principal esperanza
para el futuro, igualmente excluyen la competición. Esto me parece un gran
peligro para el futuro progreso de la humanidad. No obstante, bajo cualquier
sistema, los trabajadores moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán
más descendientes que los borrachos y atolondrados. Con mis mejores agradecimientos por el
interés con que he recibido su ensayo, y con mi respeto, quedo, querido
señor. Suyo sinceramente C. Darwin". |
Entre los aspectos informativos de esta carta sobre la concepción
"spenceriana" que Darwin tenía de la sociedad (por ejemplo la idea de
"trabajador ideal", que coma poco y no se divierta) cabe destacar uno,
sin duda derivado de su condición victoriana; su curiosa visión de los
comportamientos sexuales de los trabajadores. El último párrafo de la
argumentación debió probablemente dejar boquiabierto al jurista.
En
cualquier caso, el significado de esta carta rescatada por Richard Weikart y
publicada en la revista Isis (95)[47], puede ser considerado como un
lapsus (un desliz) del dubitativo Darwin, abrumado por el entusiasmo de sus seguidores.
Pero hay más documentación sobre el carácter eminentemente social de lo que se
conoce como darwinismo (y sus consecuencias).
Michael R. Rose es profesor de Biología Evolutiva en la Universidad de
California, Irvine. Investiga con el (rentable) objetivo de encontrar los
"genes responsables de la longevidad" (es famoso por haber
seleccionado Drosophilas que viven el doble de lo normal dejando reproducirse
sólo a moscas "viejas"). Ha publicado recientemente un libro que
sorprende por la cruda sinceridad con que expresa sus duras convicciones
darwinistas (que habitualmente se suavizan) y asume los aspectos negativos del
darwinismo (que habitualmente se ocultan). Dicho libro, titulado "Darwin's
Spectre. Evolutionary Biology in the Modern World" (1999), es una
ardorosa defensa de los "beneficios prácticos" que el darwinismo ha
aportado a la "civilización moderna", lo cual no le impide reconocer
el aspecto (al parecer secundario) de sus terribles repercusiones sociales. En
lo que respecta a una de éstas, las prácticas eugenésicas, Rose comienza por
informarnos del origen victoriano de la eugenesia de su concepción de
"buenas practicas de cruzamiento" y de que Darwin, al igual que su
primo Galton, era eugenista (en este apartado nos relata el ridículo caso de "dos
importantes pedigríes para esta teoría, las familias Wedgwood-Darwin-Galton en
las que hubo dos matrimonios de primos en primer grado, un "fiasco
genético") [48]. Más adelante nos habla de que ambos primos
también compartían el concepto de razas superiores e inferiores, lo cual no
necesita más apoyo que la relectura de "Viaje de un Naturalista
" o "El origen del Hombre"* .
Pero
las aplicaciones con consecuencias más notorias comienzan con lo que Rose
denomina "la llegada de la eugenesia mendeliana", como consecuencia
del "redescubrimiento" de las Leyes de Mendel. Y aquí, quizás resulte
conveniente un nuevo inciso dedicado a este otro tópico repetido hasta la
saciedad en los textos científicos. Las "Leyes" de Mendel no
estuvieron nunca ocultas. Fueron publicadas en las Actas de la Sociedad de
Historia Natural de Brno en 1866. Simplemente, fueron rechazados por los
científicos de la época porque no eran reproducibles en su totalidad y porque
contradecían fenómenos más complejos (lo que se conoce como
"ligamiento"), que ya eran conocidos y Mendel explicaba que había
estudiado siete caracteres de la planta del guisante en veintidós variedades
que, según él diferían en un sólo carácter y los restantes seis eran idénticos.
Pero también porque dedujeron, acertadamente, que Mendel había falsificado sus
resultados (y William Bateson, un mendeliano, fue el primero en reconocerlo)
(Di Trocchio, 97). Al parecer el supuesto "redescubrimiento" se
produjo a primeros del siglo XX como consecuencia de una disputa entre Hugo de
Vries, Correns y Tschermak, por la prioridad en la autoría de la "Teoría
Cromosómica de la Herencia" que se solventó atribuyendo el mérito a
Mendel, aunque sus "hallazgos" eran sólo un aspecto parcial de los
descubrimientos de sus supuestos discípulos (Torres,94). En todo caso, el
aspecto más significativo de este "redescubrimiento", el que tiene
una implicación más clara con nuestro argumento es la consecuencia directa de
otra simplificación de los fenómenos biológicos: la idea de la transmisión
simple de los caracteres complejos. Pero veamos; sin considerar la existencia
de los múltiples alelos, el ligamiento, la recombinación, la pleiotropía, la
codominancia, la dominancia incompleta, la expresividad, la penetrancia, el
efecto de posición etc..., que constituyen un número de matices y excepciones
de las leyes de Mendel que supera, con mucho, los casos que las confirman, lo
que se transmite según el modelo mendeliano son errores genéticos (a veces muy
graves) o matices superficiales que también son, en muchos casos, consecuencia
de defectos: de pigmentación, características de la piel, lo cual no ha sido
obstáculo para que la genética de poblaciones actual, siga intentando explicar
la evolución como consecuencia de "un cambio gradual de las frecuencias
génicas", que serían modificadas por mutaciones al azar. Y en el caso de
que una mutación (desorganización) "confiera una ventaja" seria
"fijada" por la selección natural.
Hoy
sabemos que los genomas animales y vegetales forman una complejísima red en la
que la expresión de cada gen está condicionada por muchos otros genes y, a su
vez, sometida a varios niveles de regulación por cientos de proteínas que se
regulan entre sí, regulación controlada a su vez por retroacción desde la
fisiología del organismo y, por tanto, desde la relación de éste con el
ambiente externo. Pero, además, también sabemos que muchos de estos genes (mas
bien grupos de genes) están en forma de elementos móviles, transposones y
retrotransposones (que en el hombre constituyen, por el momento, más del 45%
del genoma), responsables de reordenamientos y duplicaciones y con un más que
posible origen viral (Sandin, 97) (muchos están en forma de virus endógenos que
se expresan como parte constituyente en diversos órganos y tejidos, y que en
algunos casos, como el transposón Gypsy de Drosophila, son capaces de
reconstruir su cápsida y reinfectar de nuevo). Finalmente, el más sorprendente
(y desconcertante) descubrimiento: los genes homeóticos que controlan el desarrollo
de distintos tejidos, órganos y estructuras de animales y plantas. Situados en
el mismo orden en los cromosomas, son secuencias repetidas en tándem que han
mostrado ser idénticas en invertebrados, peces, aves y mamíferos. Se han
identificado "homeoboxes" que controlan la aparición de ojos, alas,
oído, globinas, proceso de gastrulación....(Gilbert et al. 96), de modo que si
se inserta artificialmente una secuencia Hox "ojo" de ratón en un
embrión de Drosophila y se activa en distintos sitios, se producen ojos
ectópicos de Drosophila (que son compuestos)...." como
consecuencia de la regulación de "unos cientos de proteínas
especificas" (Morata, 99)[49]. Esto implica que todos estos
grupos complejos (y concretos) de genes estaban presentes en la Tierra, al
menos desde el Precámbrico, cuando "aparecieron" simultáneamente
todos los grandes tipos de organización (y algunos más), todos los grandes
phyla actuales de la vida animal. ¿Alguien podría explicar que tienen que ver
estos hechos con la explicación de las características de éstos phyla como
consecuencia de la selección natural actuando gradualmente sobre mutaciones al
azar?
Volvamos, pues, a nuestra historia. Habíamos dejado a Michael Rose en el
comienzo de su relato de las "aplicaciones practicas" de la ideología
darwinista a la sociedad, como consecuencia del reforzamiento que supuso el
"redescubrimiento" de la transmisión simple de las características
biológicas: " En Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX,
la eugenesia alcanzó un alto grado de influencia entre científicos y
administradores gubernamentales en el mundo angloparlante. Un moderado número
de leyes y directivas burocráticas tomaron un sesgo eugenésico, si no una razón
explícitamente eugenésica" [50]. Aunque no cita datos
concretos, veamos alguna de este "moderado número de leyes". En 1907
fue aprobada en Indiana la primera ley eugenésica, cuyo preámbulo decía:
"Considerando que la herencia tiene una función de la mayor importancia en
la transmisión de la delincuencia, la idiotez y la imbecilidad...".
Cuatro años más tarde, la asamblea legislativa de Nueva Jersey añadió a la
lista "debilidad mental, epilepsia y otros defectos" y dos
años más tarde el parlamento de Iowa a "los lunáticos, borrachos,
drogadictos, perversos sexuales y morales, enfermos morbosos y personas
degeneradas" [51]. En 1930 las leyes eugenésicas se habían
establecido en treinta y un estados norteamericanos, con la dramática
consecuencia de la esterilización, según cifras oficiales, de más de sesenta
mil personas (Woodward,82). La "cooperación" con la selección natural
por parte de las autoridades científicas y políticas tuvo distintos frentes.
Uno de ellos fue la aplicación de otra simplificación con el mismo origen: la
evaluación del llamado "cociente intelectual" mediante test a los
inmigrantes que, huyendo de la miseria o la persecución política, llegaron
hacinados en penosos viajes a la isla de Ellis en Nueva York, según sus
"resultados" científicos, entre el 80% y 90% de los judíos, húngaros,
italianos y rusos eran "débiles mentales". L.M. Terman, fundador del
"movimiento americano de valoración psicológica" encontró que un IQ
entre 70 y 80 era "muy común en familias hispanoamericanas, indias y
mejicanas, y también en las negras. Parece que la causa de su estupidez es
racial o, al menos, atribuible a condiciones innatas de su familia (...) y,
desde el punto de vista eugenésico, el hecho constituye un grave problema
debido a la elevada proliferación de estas gentes". Como consecuencia:
"Si tratamos de conservar nuestra patria para un pueblo que la merezca,
debemos impedir, en la medida de lo posible, la propagación de la degeneración
mental reduciendo su alarmante aumento"[52]. (Lewontin, 82)
El
"modus operandi" lo aportó, en 1972 William Shockley, de la
Universidad de Stanford, y premio Nobel de Física, que fue el que redactó la
proposición de ley pidiendo la esterilización de aquellas personas cuya
calificación de IQ fuera inferior a 100, y propuso comenzar este programa en
personas dependientes de la seguridad social, a cambio de una compensación
económica. En ese año, un mínimo de dieciséis mil mujeres y ocho mil hombres
fueron esterilizados por el gobierno de Estados Unidos. En 1974, catorce
estados tenían en estudio propuestas legislativas de ese tipo. En esas fechas,
el fiscal general de Estados Unidos, William Saxbee, declaró que "los
genes determinantes del comunismo tienden a agruparse con mayor frecuencia en
familias judías" [53].
Según M. Rose, los científicos anglosajones compartían los valores de la clase
media de su época sobre la inmoralidad sexual y la pequeña delincuencia y tanto
Charles Davenport en Estados Unidos como los británicos Pearson y Fisher (todos
ellos padres de la Genética de Poblaciones) eran eugenistas. Estas ideas aún se
mantienen oficialmente y "leyes promoviendo la esterilización
permanecen con fuerza en un número de estados en los 90"[54].
Pero quizás la más sorprendente revelación, viniendo de un darwinista
convencido, es la que viene: "la mayoría de los biólogos evolucionistas
* no quieren ni pensar sobre el grado en el que el darwinismo (siempre con
mayúsculas en el texto) contribuyó al desarrollo de ideologías racistas en
el mundo moderno". Pero su base científica es irrebatible: "...La
idea de que existen diferentes razas humanas, cada una con un propio ancestro y
destino compartido, llevó a muchos biólogos y virtualmente a cualquier otro a
la visión de que la evolución humana estuvo ligada a la competición entre
razas"..."La idea de evolución por modificación gradual llevó a
muchos lideres culturales y políticos a caracterizar a los grupos despreciados
en términos de su supuesto origen racial"..."Añadida a esta idea fue
la de la competición, en la que las razas superiores pudieron vencer -posiblemente
eliminar- a las otras razas"[55] (aquí me permito observar
que esto último no es una "idea", sino la "explicación
cientifica" que se encuentra en la práctica totalidad de los textos sobre
la evolución humana de la "sustitución" por competencia de unos "homínidos"
con otros). Pero la más dramática aplicación de estas "ideas" fue la
que tuvo lugar durante el nazismo. Según Rose: "Aunque la eugenesia
logró triunfos legislativos en los Estados Unidos, fueron los alemanes los que
tomaron la eugenesia con mayor entusiasmo". Es más: "La
edición de 1937 del manual del joven Hitler estaba llena de la teoría
darwinista y genética, y como tal ciencia fue tomada como justificación para el
exterminio de los judíos"[56] .
En
efecto, uno de los más tempranos frutos de las leyes eugenésicas
norteamericanas fue la "Ley de la sanidad genética" alemana. Con su
promulgación el 13 de Julio de 1937, se esterilizó a más de doscientas
cincuenta mil personas durante su período de vigencia... No parece necesario hablar
del siguiente paso.
En
palabras de Rose: "Esto no niega la antigua existencia de elementos
racistas en la cultura alemana. El darwinismo no los llevó a esa condición.
Pero fue el combustible para ese particular fuego demoníaco
"[57]. Efectivamente, otro premio Nobel (en este caso por sus
estudios sobre comportamiento animal), Konrad Lorenz, escribía esta glosa del
darwinismo desde la Alemania nazi en 1940, cuando ya estaban en marcha las
prácticas genocidas:
|
"En el proceso de civilización, hemos perdido ciertos mecanismos
innatos de liberación que normalmente persisten con objeto de mantener la
pureza de la raza: alguna institución humana debe seleccionar la fortaleza,
el heroísmo, la utilidad social, (...) si es que el sino de la humanidad,
carente de factores selectivos naturales, no va a ser la destrucción por la
degeneración que el proceso de domesticación lleva consigo. La idea de raza
como base del estado ya ha obtenido buenos resultados a este respecto"[58] . |
Es
decir, no parece riguroso seguir argumentando que el llamado darwinismo social
sea producto de una deformación o una mala interpretación de la teoría
darwiniana, porque en definitiva, es la interpretación (y en su caso,
aplicación) literal de lo único totalmente claro y concreto de la gran obra de
Darwin: el titulo.
De
hecho, dos de los más prestigiosos teóricos actuales del darwinismo, el
entomólogo Edward O. Wilson y el zoólogo Richard Dawkins, no parecen estar
situados muy lejos de los planteamientos anteriores. Para el primero, el
comportamiento social humano es sólo un ejemplo especial de categorías más
generales de comportamiento y organización social del reino animal. En
consecuencia, tanto los comportamientos individuales como los de grupo (léase
pueblos o razas) han evolucionado como resultado de la adaptación dirigida por
la selección natural. Por si estos argumentos científicos no les resultan familiares,
me limitaré a mencionar que entre las "virtudes" humanas resultantes
del proceso de la selección natural figuran la agresividad, la competitividad,
la división del trabajo, el núcleo familiar, el individualismo y la defensa del
territorio nacional* .
En
cuanto a la visión "científica" de la Naturaleza de Richard Dawkins
no es menos "poética": para él, la unidad y el objeto de la
evolución, de la selección natural, es "el gen o fragmento de ADN"
cuyo objetivo es "alcanzar la supremacía sobre los otros genes".
Los organismos seríamos, simplemente, utilizados por los genes como
"máquinas de supervivencia", y las relaciones entre los seres
vivos se producirían guiadas por este principio: "Toda máquina de
supervivencia es, para otra máquina de supervivencia, un obstáculo que vencer o
una fuente que explotar". Sentencia que podría perfectamente figurar
en letras de oro en la sede central de cualquier gran empresa. Desde luego no
disgustaría a John D. Rockefeller para el que "El crecimiento de un gran
negocio consiste simplemente en la supervivencia del más apto (...) Es
sencillamente el desarrollo de una ley de la naturaleza"[59]
(Lewontin et al., 87).
Poco
más se puede decir de intentos concretos de los teóricos por actualizar el
darwinismo ortodoxo. Desde luego, sí hay que decir que no todos los biólogos
comparten estas posiciones tan explícitamente ideológicas (si es que a la
sociedad de mercado, al liberalismo económico se le puede considerar
ideología), e incluso existen, a veces, duras confrontaciones entre distintas
tendencias (Gould y Dawkins por ejemplo) * pero, hasta los aparentemente más
críticos o "heterodoxos" no parecen capaces de transgredir los dogmas
centrales del darwinismo: el azar como fuente de variación y la competencia
como motor de cambio, concepto este último que provoca entre algunos
científicos "triunfadores" un entusiasmo verdaderamente fervoroso.
Aunque a estas alturas de las argumentaciones no parezca muy oportuna (tal vez
ni necesaria) la referencia al tan denostado por los darwinistas, concepto
Kuhniano de Paradigma, quizás sea útil para resumir las consecuencias de la
proyección sobre la Naturaleza de las convicciones culturales, sociales y, en
un plano más individual, de las ideológicas, que en ocasiones conduce a
conformar y a transmitir una, casi podríamos calificar de paranoica, concepción
"científica" de la Naturaleza y la sociedad como la que nos transmite
Dawkins.
En
cualquier caso, el problema quizás más grave desde el punto de vista científico,
no es lo que podríamos llamar "integrismo darwinista" sino lo que
Lamarck describía como "descuidar la filosofía". En efecto, a pesar
de la incongruencia de los últimos descubrimientos paleontológicos, genéticos,
embriológicos, moleculares, etc, con el modelo teórico darwinista, se mantienen
de una forma rutinaria el vocabulario, cargado de valores, y las supuestas
"explicaciones" reduccionistas (y el reduccionismo es -ha sido-
eficaz como método de trabajo pero, seguro que no lo es como interpretación),
para "comprender" estos fenómenos de significado tan poco darwiniano.
A modo de ejemplos podemos citar la interpretación del fantástico proceso de
control de la expresión de los genes, clave de la diferenciación celular
embrionaria, como resultado de "una competencia entre las
histonas y los factores de transcripción"[60] (Kirschner,
92), o la explicación de la existencia (la aparición) de los complejísimos
"homeoboxes", con un contenido tan concreto, hace 1000 millones de
años porque "la evolución tiende a fijar la aparición de nuevas funciones
que confieren ventaja selectiva" (Morata, 99)[61] (¿Ventaja
sobre que?). Finalmente, y en un ejercicio mental algo más elaborado, la
existencia de un complejo "fenotipo homeótico" en una familia vegetal
(lacandoniaceae), imposible de explicar por la selección natural, se justifica
como única posibilidad por el manido recurso de la deriva genética (Vergara y
Álvarez, 97). Esta extendida actitud no tendría mayor importancia desde el
punto de vista cientifico (sería cuestión de esperar) si no fuese porque está
estrechamente asociada con un enorme peligro: el que representa la tendencia
reduccionista, cada vez más acentuada, a manipular (con el evidente objetivo de
rentabilizar) fenómenos y mecanismos complejos no bien conocidos o no bien
interpretados. La emisión incontrolada a la Naturaleza de secuencias genéticas
alteradas en los organismos genéticamente modificados, cuyas funestas
consecuencias ecológicas, sanitarias y económicas han sido denunciadas por
expertos y organizaciones internacionales (The Ecologist, 98), los peligrosos
experimentos de terapia génica, que han llevado a sus practicantes a plantear
el secreto de sus actividades por el hecho de que sus pacientes-experimento
mueren inmediatamente (El País, 99). Los xenotransplantes, que pueden producir
la activación e hibridación de virus endógenos animales y humanos, con
consecuencias imprevisibles...(Nature, 98).
Estas actividades sí son efectivamente darwinistas, porque siguen al pie de la
letra los conceptos centrales de la teoría, tanto desde el punto de vista
social como económico. Y darwinista es la actividad de las multinacionales de
la biotecnología, de las grandes empresas farmacéuticas, de la alimentación, o
patentadoras de genes y metodologías...
Pero
quizás ésta sea una interpretación sesgada. Permítanme pues, finalizar este
artículo recurriendo de nuevo a Michael Rose: "El darwinismo
probablemente contribuyó al ascenso del racismo a finales del siglo XIX y, por tanto,
ayudó a fomentar en general el racismo del siglo XX. El darwinismo fue usado
también para exacerbar el desprecio por los pobres en el siglo XIX. Considerado
todo ello, el darwinismo ha tenido muchos efectos lamentables y, a veces,
actualmente viciosos en el clima social del mundo moderno. Es comprensible que
tantos odien a Darwin y al darwinismo" (?) "Es, a menudo, una
amarga carga vivir con el darwinismo y sus implicaciones. A diferencia de
tantas doctrinas, religiosas e ideológicas, no es, ciertamente, un opio
intelectual". En consecuencia "nadie puede hacer un juicio al
darwinismo basado en higiene moral" [62].
Una
vez "justificadas" sus repercusiones sociales, finaliza glosando sus
implicaciones económicas y "filosóficas": "En lo que concierne
a los beneficios prácticos del darwinismo el caso es casi el opuesto. El
pensamiento darwinista es esencial en el cruce del ganado, agronomía y
similares. La agricultura moderna depende del darwinismo como una de sus más
importantes piedras fundadoras"[63]. Se refiere a la
ganadería "industrial" y a la llamada "revolución verde" o
agricultura científica, el inicio de uno de los más grandes desastres
ecológicos y sociales a que se va a enfrentar la humanidad (Capra, 85). Pero lo
peor está por llegar: "Estamos sólo empezando a ver el uso de
metodologías darwinianas en medicina, ingeniería genética y campos asociados.
Pero es seguro que más de sus aplicaciones llegarán"[64] .
(¡Que Lamarck nos valga!) "La fábrica de la civilización moderna
depende del darwinismo como uno de sus pilares". Y a continuación
expone sus argumentos filosóficos: "La última cosa es la más importante
de todas. El darwinismo ha sido una mala cosa para la paz social, y una buena
cosa para varios logros materiales" (¿de quién?), "pero para
la ciencia misma ha jugado un papel clave ligando la biología con las ciencias
físicas (?). Sin el darwinismo, la ciencia biológica necesitaría de una
o más deidades para explicar los maravillosos designios de la vida. La física y
la química solas no son suficientes. Y así, sin darwinismo la ciencia debería
necesariamente permanecer teísta en conjunto o en parte".
"Para los que creen que la verdad científica es nuestra mejor guía para la
verdad material, incluso si no es una guía infalible, el darwinismo es un
poderoso aliado". Y finaliza su libro con una frase que, tal
vez, tenga mucho de confesión inconsciente de la verdadera entidad del
darwinismo: "y para aquellos que quieren conocer y entender la larga
historia de la vida en la Tierra, el darwinismo es la gran linterna en la
oscuridad" [65]. Porque es cierto que la fuerte luz de la
linterna, incluso si ésta se convierte en un potente proyector, produce una
brillante iluminación de una parte de la realidad pero, en ese instante, deja
el resto de ella sumido en las más profundas tinieblas.
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[38] En Woodward, V. (1982). "cociente intelectual y racismo
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[39] Darwin, Ch. (op.cit.). Pág. 78.
[40] Darwin, Ch. (op.cit.). Pág. 76.
[41] En Hemleben (op.cit). Pág. 173.
[42] Este párrafo fue suprimido por Darwin en
ediciones posteriores. En la traducción al español de la 7ª Edición, figura la
siguiente versión (pág. 199): "En la América del Norte ha visto Heayne el
oso negro nadando horas enteras con la boca completamente abierta, atrapando
así, casi como una ballena, los insectos del agua".
[43] En Woodward, V. (op.cit.). Pág. 78.
[44] En Lewortin, R.C. (1982). "El
determinismo Biológico como arma social". Pág. 23.
[45] En Harris, C.L. (op.cit.). Pág. 233.
[46] En Harris, C.L. (op.cit.). Pág. 234.
[47] ISIS, Nº 86. Págs. 609-611.
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[49] Monak, G. (1999). "Origen y
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[50] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 138.
[51] Woodward, V. (op.cit.). Pág. 81.
[52] Lewontin, R.C. (op.cit.). Pág. 23.
[53] Woodward, V. (op.cit.). Pág. 83.
[54] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 139.
[55] Rose, M.R. (op.cit.). Págs. 141 y 142.
[56] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 143.
[57] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 143
[58] Grupo de estudios sociobiológicos. En
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[59] Grupo de estudios sociobiológicos.
(op.cit.). Pág. 251.
[60] Kirschner, M. (1992). "Trends in Biochemical Sciences". Pág. 281.
[61] Morata, G. (op.cit.). Pág. 283.
[62] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 210.
[6] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 210.
[64] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 210.
[65] Rose, M.R. (op.cit.). Pág. 211.
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