Geoísmo y Cosmoísmo

 

Antonio LAMELA

Presidente Fundador de Estudio Lamela, Premio Rey Jaime I de Urbanismo, Paisaje y Sostenibilidad

alamela@lamela.com

 

Fernando MOLINÍ

Profesor titular de Geografía Humana en el Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid

fernando.molini@uam.es

 

 

 

DEFINICIONES DE GEOÍSMO Y COSMOÍSMO

 

 

El Geoísmo se puede definir como una propuesta de disciplina y de práctica profesional que pretende contribuir a ordenar territorialmente, en primer lugar, el Planeta en su conjunto, dando respuesta a los problemas globales, entre otros posibles métodos a través de directrices e indicadores mundiales, y, en segundo lugar, a partes del mismo, con enfoques más locales, mediante la planificación supramunicipal, que tendría en cuenta aquellas directrices y que se evaluaría respecto a tales indicadores.

 

El Geoísmo, desde una perspectiva de gestión global del Planeta, propugna ordenar el territorio a diferentes niveles: mundial, continental, nacional y supramunicipal. Puede contribuir a hacer operativos conceptos como el de desarrollo sostenible (WCDE, 1987), al ser un instrumento útil para concretar alguna de las preguntas clave (TRZYNA, T.C., 1995, 16) que sobre el mismo se plantean: ¿cómo se puede medir?; ¿cómo se puede convertir el concepto en acción?; y ¿cuáles son los aspectos en que hay que concentrarse?

 

El Geoísmo no debería ser sólo la práctica de una planificación territorial mundial, sino también una disciplina aplicada. Por homología con el urbanismo y la ordenación del territorio, el Geoísmo sería el conjunto de conocimientos y de prácticas de ámbito mundial relativos a la proposición y coordinación de la política medioambiental, económica, social y cultural de los Estados y de los Pueblos, tendente a potenciar sinergias y a evitar disfunciones, para mejor satisfacer las necesidades de la vida humana de las generaciones presentes y futuras, particularmente para disminuir la pobreza y las desigualdades, así como para preservar al máximo la Naturaleza que todavía está poco alterada por el Hombre.

 

La escala mundial es esencial en la ordenación del territorio y, sin embargo, en la actualidad no está contemplada. Incluso los mejores planes del mundo, como un plan particularmente sostenible para un territorio turístico, podrían quedar incompletos sin la perspectiva planetaria. Por ejemplo, se puede lograr disminuir el crecimiento de turistas a dicho territorio, pero ello no tendría necesariamente un impacto medioambiental global favorable. Esto se debe a que los turistas que dejasen de ir allí podrían visitar destinos más lejanos y con un medio ambiente más frágil. Para intentar evitar este posible daño colateral sería conveniente unas directrices territoriales mundiales que favorezcan el desarrollo sostenible del mayor número de destinos turísticos, que es uno de los numerosos aspectos que preconiza el Geoísmo.

 

Los principales elementos de la planificación geoística consistirían en la elaboración de unas directrices territoriales sobre las medidas más eficaces que se pueden adoptar a escala mundial y en la selección de unos indicadores que sirvan para medir la eficacia de las propuestas planteadas, según se recoge en la siguiente figura.

 

 

 

El Geoísmo no es tanto lo que unos investigadores y políticos hayan determinado en un momento dado, sino el proceso permanente de diseñar y aplicar una mejor Estrategia Territorial Mundial. De forma continuada, la versión de cada momento dado debe ser criticada y reformulada, en un intento de elaborar nuevas versiones cada vez más perfeccionadas. A continuación se ofrece los elementos esenciales de un primer esbozo de lo que podría ser una Estrategia Territorial Mundial.

 

 

Dicho de forma breve, el Geoísmo es el intento permanente de diseñar una Estrategia Territorial Mundial. Su necesidad se hace cada vez más evidente, dada la creciente globalización de actividades, flujos e ideas. Problemas planetarios como el cambio climático, la sobrexplotación de los océanos, la disminución de los bosques tropicales, las migraciones internacionales o el crecimiento desordenado de las ciudades, por citar una pequeña muestra, requieren una respuesta mundial.

 

El Geoísmo no propugna hacer una rígida planificación territorial, sino avanzar en diversas estrategias territoriales flexibles que tengan en cuenta los problemas y las oportunidades que afectan a la Tierra y a la diversidad de sus regiones, buscando siempre el máximo consenso posible entre las partes implicadas. Se tenderá hacia la integración del mayor número de variables relevantes –edáficas, forestales, faunísticas, climáticas, hídricas, sociales, económicas, urbanísticas y un largo etc.– , pero, dada la extrema dificultad del enfoque comprehensivo, se propugna no esperar necesariamente hasta disponer de una visión holística, sino poder empezar por aquellos aspectos particulares que puedan tener una mayor incidencia territorial.

 

Por lo tanto, el Geoísmo pretende la elaboración de una Estrategia Territorial Planetaria capaz de afrontar global e integralmente los retos que plantea la creciente mundialización, aunque tendría que empezar por medidas aisladas de gran impacto como las que aquí se proponen. Elaboraría directrices mundiales, aunque contemplando todas las excepciones que estuviesen justificadas en función de la enorme variedad de la Tierra.

 

Una directriz podría tratar sobre el establecimiento de un Impuesto de Desarrollo Sostenible que, entre otras funciones, contribuya a potenciar en las naciones en vías de desarrollo un crecimiento económico respetuoso con el medio ambiente. Estaría financiado sobre todo por las naciones desarrolladas, a cambio de que las menos desarrolladas protejan su Naturaleza. La propuesta implica gravar principalmente los productos que sean responsables de una mayor contaminación y que sean más prescindibles, como las viviendas unifamiliares, por mencionar a uno que podría ser el primero en establecerse.

 

Otro ejemplo de directriz sería recomendar una densidad de vivienda mínima por hectárea, la limitación de las viviendas unifamiliares y favorecer desarrollos urbanos compactos, si bien todo ello dotado con abundantes espacios verdes y permitiendo una alta calidad de vida.

 

Por su parte, el Cosmoísmo plantea la necesidad de ordenar la utilización del Cosmos, cuyo aprovechamiento es muy incipiente, pero, dando ya respuesta a demandas del presente. Así como el Urbanismo es la ciencia de ordenación de la ciudad o urbe, el Geoísmo lo podría ser de la Tierra o Geos, y el Cosmoísmo de la utilización por parte del Hombre del Universo o Cosmos. Hay aspectos urgentes de la utilización del espacio que han tenido que ser abordados desde muy pronto. Unos criterios previos se establecieron en las Naciones Unidas, con el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, de 27 de enero de 1967. Para el espacio exterior se regularon aspectos como: su uso pacífico; el no poder ser objeto de apropiación nacional; o el tener que estar abierto para su exploración y utilización, en igualdad de condiciones, para todas las naciones. En la actualidad hay temas de urgente ordenación que se están abordando. Uno de ellos es la reducción de la peligrosa basura espacial, minimizando los elementos que se pueden convertir en chatarra y maximizando la prevención de las explosiones accidentales. Otro ámbito de preocupación es el aprovechamiento de la órbita geoestacionaria, intentando evitar la posible saturación del espectro de frecuencias ocupado por las comunicaciones vía satélite. Asimismo, es conveniente un mayor desarrollo de la búsqueda, catalogación, y seguimiento de asteroides con posibles trayectorias peligrosas para la Tierra, y de un sistema de defensa que pudiese ser eficaz para evitar una eventual colisión. Al respecto se estima que, para una persona de 25 años, la probabilidad de morir por los efectos del impacto de un asteroide de medio kilómetro de diámetro es aproximadamente la misma que la de morir en un accidente de aviación (REES, M., 2004, 108).

 

Bibliografía citada

REES, M. (2004): Nuestra hora final ¿Será el siglo XXI el último de la humanidad?, Barcelona, Crítica.

TRZYNA, T.C., editor (1995): A Sustainable World. Defining and measuring sustainable development, Sacramento, International Center for Environment and Public Policy

WCDE –World Commission on Environment and Development– (1987): Our common future, Oxford, Oxford University Press (informe Brundtland).
 

 

 

Fernando Moliní
Departamento de Geografía
Universidad Autónoma de Madrid
http://www.uam.es/fernando.molini