|
|
SACRO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO
Coronación imperial de Oton
I:
Reinando, mejor, atormentando, y por decirlo
con mayor exactitud, ejerciendo la tiranía en Italia Berengario y Adalberto,
el sumo pontífice y universal papa Juan, cuya Iglesia había sufrido aquel
tiempo la crueldad de los antes citados Berengario y Adalberto,
envió a Otón, entonces serenísimo y piadosísimo rey, ahora augusto emperador,
como legados de la Santa Romana Iglesia, el cardenal diácono Juan y el
escribano Azón, rogando y suplicando, con cartas y con palabras, a fin
de que, por amor de Dios y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, que
había querido fuesen los remisores de sus pecados, liberase de las fauces
de aquellos a él mismo y a la Santa Romana Iglesia a él confiada, y le
devolviese la salvación y su pristina libertad. Mientras los legados romanos
se lamentaban de esto, Waldeperto, hombre venerable, arzobispo de Milán,
liberado medio muerto de la furia de los citados Berengario y Adalberto,
se acercó al antes citado Otón (...) y le puso en conocimiento que no
podía soportar y sufrir la maldad de Berengario y Adalberto, e incluso
de Willa, que contra todo derecho divino y humano, había puesto a la cabeza
de la sede de Milán a Manasen, obispo de Arlés.
(...)
Por tanto, el piadosísimo rey, convencido de
las lacrimosas lamentaciones de éstos, atento no a los propios intereses,
sino a aquellos de Jesucristo, nombró, contrariamente a la costumbre,
rey a su hijo homónimo, todavía niño, lo dejó en Sajonia, y reunidas las
tropas marchó rapidamente a Italia. Con celeridad expulsó a Berengario
y Adalberto del reino, en cuanto se sabe que tuvo como compañeros
de armas a los santísimos apóstoles Pedro y Pablo. Y así el buen rey,
reuniendo cuanto esta disperso y consolidando cuanto estaba roto, restituyó
a cada uno lo suyo, y después marchó hacia Roma, para hacer lo mismo.
Allí acogido con admirable magnificencia y nuevo
ceremonial, recibió la unción del Imperio del mismo sumo pontífice y papa
universal Juan; y no le restituyó sólo las cosas que le pertenecían, sino
que le honró también con grandes presentes de piedras preciosas,
oro y plata. Y del papa Juan en persona y de todos los más importantes
de la ciudad recibió el juramento sobre el preciosísimo cuerpo de San
Pedro, que ellos nunca prestarían ayuda a Berengario y Adalberto. Después
de lo cual volvió a Pavía en cuanto le fue posible.
Ed. MIGNE, "Patrologia Latina", vol.
136, cols. 898- 899. Recoge M. Riu y otros, "Textos comentados de
época medieval (siglos v al XII)", Barcelona, 1975, pp. 332-335.
Reivindicación del prestigio
de Carlomagno por Otón III (año 1000):
Una vez fallecido Otón II, su hijo Otón, tercero
de este nombre, ocupó el Imperio. Amaba la filosofía y se preocupaba de
los intereses de Cristo para poder devolver duplicado el talento cuando
se presentara ante el tribunal del Juez supremo. Con la voluntad de Dios,
consiguió convertir a la fe de Cristo a las poblaciones de Hungría, así
como a su rey (...)
En aquel tiempo, el emperador Otón fue impulsado
en un sueño a exhumar el cuerpo del emperador Carlomagno, que estaba enterrado
en Aquisgrán. Con el tiempo había venido el olvido y se ignoraba el emplazamiento
exacto donde reposaba. Después de cumplir un ayuno de tres días fue descubierto
en el lugar que había sido revelado al emperador en su visión. Estaba
sentado en un trono de oro, en el interior de una cripta abovedada debajo
de la basílica de Nuestra Señora: llevaba una corona de oro y piedras
preciosas y tenía un cetro y una espada de oro puro. El cuerpo fue hallado
intacto y, una vez exhumado, se le expuso a la contemplación del pueblo.
El cuerpo de Carlos fue enterrado en el lado
derecho del crucero de la basílica, detrás del altar de San Juan Bautista
y se construyó un magnífico altar subterráneo de oro sobre el sepulcro.
Desde entonces ha comenzado a adquirir celebridad por los numerosos prodigios
que ha realizado. No se ha instituído una fiesta solemne para él sino
que se limitan a honrarle con el rito común del aniversario de difuntos.
Su relicario de oro fue enviado por el emperador Otón al rey Boleslao
para contener las reliquias del mártir San Adalberto. Cuando hubo recibido
el donativo, el rey Boleslao lo agradeció al emperador haciéndole llegar
un brazo del cuerpo de este santo. El emperador lo recibió con alegría,
hizo contruir en honor al santo mártir Adalberto una magnífica basílica
en Aquisgran e instaló en ella a una congregación de siervas de Dios.
También hizo contruir en Roma otro monasterio en honor de mismo mártir.
Gerberto, que era de nación aquitana y monje
de la iglesia de San Geraldo en Arillac, visitó primero Francia y después
Córdoba, para estudiar filosofía. El emperador le conoció y le dió el
arzobispado de Ravenna. Poco después, al morir el papa Gregorio, que era
hermano del emperador, el mismo Gerberto fue promovido por el emperador
papa de los romanos, a causa de su saber filosófico. Cambió el nombre
primitivo y fue llamado Silvestre.
ADEMAR DE CHABANNES, "Chronique", París,
1897. Ed. Chavanon, pp. 152-154. Recoge. M.A. Ladero, "Historia Universal
de la Edad Media", Barcelona, 1987, pp. 363-364.
La vida en la ciudad de Praga
en el siglo X:
La ciudad de Praga, construida con piedra y
cal, es la mayor plaza comercial de aquella tierra. De la ciudad de Cracovia
vienen a ella con sus mercancías los rus y los eslavos, y de la tierra
de los turcos vienen a ella, también con mercancías y moneda, mahometanos,
hebreos y turcos, que reciben a cambio esclavos, estaño y pieles.(...)
Por un denario se vende allí tanto grano que basta para sustentar a un
hombre durante un mes, y también por un denario se obtiene la cebada suficiente
para alimentar una cabalgadura durante cuarenta noches. (...) En la ciudad
de Praga se fabrican sillas, bridas y escudos utilizados en toda su tierra.
Además en la región bohemia se fabrican unos paños finos de tejido ancho,
semejantes a redes, que no tienen ningún uso práctico, que tienen entre
ellos un valor constante: 10 paños por un denario. Con tales paños comercian,
dándoselos en pago unos a otros (...) representan su capital y adquieren
con ellos los artículos más preciosos: cereales, caballos esclavos, oro,
plata y demás cosas. Los habitantes de Bohemia, cosa extraña, son oscuros
de piel y cabello, y es poco frecuente entre ellos el tipo rubio.
ENNEN, "Storia della cittá medievale",
Roma, 1978, pp.59-60. Recoge. M.A.Ladero, "Historia Universal de
la Edad Media", Barcelona, 1987, p. 321-322.
|