
Podemos imaginar que el cerebro funciona como un ordenador que procesa la información que le llega y produce un resultado que sería el comportamiento. Los pasos intermedios, de cómo se realiza el procesamiento hasta llegar al resultado final son en su mayor parte desconocidos, salvo para algunos reflejos muy sencillos. En el caso de las vías visuales, sin embargo, se ha conseguido tener una idea, al menos parcial, de cómo puede realizarse este análisis de la información.
En el siglo XVII Descartes ya había
comprendido que el ojo recogía las imágenes y las enviaba al cerebro. Descartes
suponía que allí las imágenes del mundo exterior se mostraban como en el
escenario de un teatro (ahora diríamos como en una pantalla de televisión o de
ordenador). El problema con esa hipótesis es que entonces tendría que haber
alguien dentro de nuestro cerebro “viendo” esa pantalla, y ese alguien tendría
que tener “ojos” para verla, con lo que estaríamos como al principio del
problema. En realidad no existe ninguna pantalla en el cerebro, en cambio el
sistema nervioso va extrayendo de la información “cruda” que recoge el ojo los
elementos relevantes para reconstruir un modelo del mundo exterior. Una
hipótesis simplificada de cómo se realiza esto se muestra en esta figura.

Primeramente, si miramos a un cuadrado blanco, se forma una imagen invertida de este sobre la retina. La retina está tapizada de receptores, que son conos y bastones y que son sensibles a la luz. Los receptores que caigan dentro del cuadrado luminoso registrarán la presencia de luz, y los que caigan fuera no. Los receptores se conectan, a través de otras células, con las células ganglionares, que están también en la retina pero en una capa situada por fuera de la capa que alberga a los receptores. Sin embargo, las conexiones están formadas de manera que sólo se activan las células ganglionares que están en los bordes del cuadrado. Las que están dentro del cuadrado, o fuera de él no se activan. Las células ganglionares envían la información a las células de la corteza visual primaria, y estas conexiones están ordenadas de manera que todas las células ganglionares que corresponden a cada uno de los bordes de la figura se conectan a una misma célula de la corteza visual. Por eso, por cada una de las líneas que forman los cuatro bordes del cuadrado se activa un tipo de neuronas de la corteza visual primaria. En una etapa siguiente, las neuronas de la corteza visual primaria se conectan con las de la corteza secundaria, de manera que la información de todos los bordes de la figura se reúne en la figura completa.
Siguiendo paso a paso, se puede comprender que la neurona marcada en rojo en la corteza visual secundaria solo se activará cuando el ojo mire a un cuadrado luminoso. Cuando se mira a un cuadrado, esta neurona se activa y entonces el cerebro reconoce que hay un cuadrado en el campo visual. Podemos suponer que esta neurona activa a otras en otras regiones para que reaccionemos a la visión de ese cuadrado.
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Sabía que... |
LOS CANALES DE MARTE
A principios del siglo XX, el astrónomo
estadounidense Percival Lovell afirmó haber visto líneas rectas en la
superficie de Marte, los llamados “canales”, que se entrecruzaban formando
una malla sobre la superficie del planeta. Puesto que era improbable que un
accidente natural formara una línea recta, supuso que debían ser de origen
artificial, y Lovell elaboró una teoría según la cual los canales eran una
gigantesca obra de ingeniería, creada por seres inteligentes en Marte para
combatir la progresiva desertización del planeta.
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Esta hipótesis nos permite imaginar
cómo puede reconocer las formas la corteza visual. Sin embargo, considerada
estrictamente, esta teoría presenta la paradoja que se ha llamado “de la
abuela”. Igual que habría una neurona para identificar la imagen de un
cuadrado, tendría que haber otras para identificar triángulos, círculos, etc.,
y cada una de las imágenes posibles. Tendría que haber, por ejemplo, una
neurona que se activase específicamente cuando viésemos la imagen de nuestra
abuela, y una neurona para cada una de las personas, objetos, o imágenes que
conozcamos o que concebiblemente podamos conocer. Aunque hay muchas neuronas en
el cerebro, es evidente que no puede haber tantas. Es más probable que haya
neuronas que reconozcan formas sencillas, y las formas más complicadas (como la
abuela) se reconocen combinando formas sencillas y activando grupos de
neuronas.
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Grandes momentos de la Fisiología |
LA DIAPOSITIVA ROTA
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