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Tres (2000)
El Acantilado, Barcelona, 2000, 115 págs. ISBN:
84-953559-30-8.
Dos
poemarios y un largo poema de distintas épocas recoge
este volumen titulado “Tres”: “Prosa del otoño en
Gerona”, “Los neochilenos” y “Un paseo por la
literatura”. Tres recorridos por ese perfil en el que
la experiencia de lo real y la imaginación se mezclan,
a veces con la magia del gusto luminoso y otras con la
resaca agria de algunas desilusiones. Una ciudad
silenciosa y borde, el viaje tumultuoso de tres
latinoamericanos por Perú y los sueños que hacen de
Roberto Bolaño un espejo por el que entrar, son
protagonistas de estos libros llenos de fragmentos.
Fragmentos poéticos que narran como un caleidoscopio
girando la memoria. Bolaño es un detective abarrotado
de líneas por descubrir.
Fragmentos seleccionados:
13. Soñé que leía a
Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia:
una sombra se deslizaba por la cerámica de los
reactores. Es el fantasma de Stendhal, decía un
joven con botas y desnudo de cintura para arriba. ¿Y
tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la
cerámica, el húsar de la cerámica y de la mierda,
dijo.
14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la
revolución antes de hacerla y decidía volver a casa.
Al intentar meterme en la cama encontraba a De
Quince y durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía,
ya va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quince
y fuera un vampiro.) Pero nadie me escuchaba y
volvía a salir a las calles oscuras de México DF.
15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand
el mismo día, casi sin intervalo de tiempo, como si
los dos viviéramos dentro de un calendario de piedra
perdido en el espacio.
16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan
enfermo que literalmente me caía a pedazos. Iba tras
las huellas de Gui Rosey. Caminaba por los barrios
de un puerto que podía ser Marsella o no. Un viejo
chino afable me conducía finalmente a un sótano.
Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño
montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po,
le contestaba.
17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que
buscaba a gente perdida hace tiempo. A veces me
miraba casualmente en un espejo y reconocía a
Roberto Bolaño.
*****
21. Soñé que tenía catorce años y que era el último
ser humano del Hemisferio sur que leía a los
hermanos Goncourt.
22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una
aldea africana. Había adelgazado un poco y adquirido
la costumbre de dormir sentada en el suelo con la
cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos
parecían conocerla.
23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de
animales muertos. En una frontera cualquiera
aparecía un veterinario sin rostro. Su cara era como
un gas, pero yo sabía quién era.
*****
31. Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único
ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka.
En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un
asiento de hierro forjado del parque de Nueva York,
Kafka veía arder el mundo.r D.N.
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