Kontakta Naturhistoriska riksmuseet

Universidad Autónoma de Madrid

Roberto Bolaño  

  Inicio - Atrás

Biografía

Obras de Roberto Bolaño
 
Novelas
 
Poesía
 
Cuentos
  Otros escritos

Obras sobre Roberto Bolaño
   Artículos
   Libros
Entrevistas
Fotografías
Infrarrealismo
Enlaces
Videos

Tres (2000)

   

El Acantilado, Barcelona, 2000, 115 págs. ISBN: 84-953559-30-8.

Dos poemarios y un largo poema de distintas épocas recoge este volumen titulado “Tres”: “Prosa del otoño en Gerona”, “Los neochilenos” y “Un paseo por la literatura”. Tres recorridos por ese perfil en el que la experiencia de lo real y la imaginación se mezclan, a veces con la magia del gusto luminoso y otras con la resaca agria de algunas desilusiones. Una ciudad silenciosa y borde, el viaje tumultuoso de tres latinoamericanos por Perú y los sueños que hacen de Roberto Bolaño un espejo por el que entrar, son protagonistas de estos libros llenos de fragmentos. Fragmentos poéticos que narran como un caleidoscopio girando la memoria. Bolaño es un detective abarrotado de líneas por descubrir.

 

 

Fragmentos seleccionados:

13. Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia: una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma de Stendhal, decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba. ¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar de la cerámica y de la mierda, dijo.

14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama encontraba a De Quince y durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quince y fuera un vampiro.) Pero nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.

15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un calendario de piedra perdido en el espacio.

16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que literalmente me caía a pedazos. Iba tras las huellas de Gui Rosey. Caminaba por los barrios de un  puerto que podía ser Marsella o no. Un viejo chino afable me conducía finalmente a un sótano. Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po, le contestaba.

17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.

*****

21. Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del Hemisferio sur que leía a los hermanos Goncourt.

22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían conocerla.

23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales muertos. En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro. Su cara era como un gas, pero yo sabía quién era.


*****

31. Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka veía arder el mundo.
r D.N.
 

  Reseñas críticas

  Una síntesis mestiza, por Alejandro Zambra

  Tres, por D.N.

 

I. Briceño - F.J. Murillo                                                                                                                                   Contacto

©  Universidad Autónoma de Madrid