Universidad Autónoma de Madrid
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4. Análisis territorial

4.1. Condiciones fisiográficas

4.1.1. Marco climático

La ausencia de registros climáticos y de estudios sobre la climatología que presenta el PN-ANMI Cotapata limita la caracterización de este componente ambiental y, por tanto, no puede ser enteramente definida, estando las aproximaciones que se hacen ligadas a registros de estaciones meteorológicas existentes en ambientes similares en otros lugares del país (Ribera, 1995).

La posición latitudinal intertropical da lugar a que el área de estudio tenga un balance bruto de radiación solar positivo y que se encuentre sometido de forma estacional a la influencia del cinturón de convergencia intertropical, lo que se resuelve en unas condiciones climáticas generales, para el nivel del mar, cálidas y relativamente húmedas con existencia de una estación seca en invierno, un clima Aw según la clasificación de Köppen. Pero la situación real es muy distinta ya que el carácter montañoso del área da lugar a importantes variaciones en las precipitaciones y las temperaturas.

Las masas de aire húmedo tropical arrastradas por los vientos alisios al encontrarse con la barrera andina dan lugar a una banda de nubosidad prácticamente constante y abundantes precipitaciones (entre los 2.300 y los 3.400 metros sobre el nivel del mar) lo que provoca que el régimen pluviométrico estacional relativamente contrastado se atenúe o, incluso, desaparezca.

Respecto al régimen térmico, conforme se gana altura éste se hace cada vez más frío, en torno a unos 0,6 ºC cada 100 metros, lo que supone, para un salto topográfico de 4.500 metros, más de 25 ºC de diferencia entre la zona baja del río Huarinilla y las cumbres nevadas más elevadas.

De este modo, para el área andina sobre la que se sitúa el PN-ANMI Cotapata se pueden diferenciar hasta cinco pisos climáticos correspondientes, de menor a mayor altitud, a: (1) un clima subtropical cálido con estación menos húmeda en invierno, Cwa muy cercano a Am; (2) un clima mesotérmico hiperhúmedo relativamente cálido, Cfb; (3) un clima mesotérmico menos cálido con invierno seco, Cwb; (4) un clima mesotérmico frío con invierno seco, Cwc; y (5) un clima polar de alta montaña, EB (a partir de Montes de Oca, 1997, 136-137; y Ribera, 1995, 13), albergando el área oriental del Parque, sobre la que se centra el estudio, los dos pisos climáticos inferiores.

En la zona basal, entre los 1.100 y los 2.200 m, las condiciones climáticas son las típicas del área de Yungas, propias de un clima de transición de tropical a mesotérmico con una estación seca invernal poco marcada. El volumen pluviométrico es elevado, se estima que está en torno a los 1.400 milímetros anuales que se registran en el cercano pueblo de Coroico, y la época de sequía se da entre los meses de junio y septiembre. La temperatura media anual se encuentra entre los 12 y los 20ºC y no presenta una elevada variabilidad estacional.

Foto 5
La presencia casi constante de nubes no permite ver con frecuencia las áreas por encima de los 2.400 m. En este caso, las cimas que cierran por el norte el valle bajo del río Huarinilla.

Por encima de los 2.200 m y hasta los 3.109 metros del Cerro Phuno, que marca el techo del área de análisis, se extiende la banda de nieblas y precipitaciones más abundantes. El régimen pluviométrico es muy elevado, con precipitaciones prácticamente diarias que pueden superar los 3.000 mm anuales, y un régimen térmico en el que se puede dar alguna helada y la temperatura media anual que ronda los 10ºC. Las constantes nieblas, o chilchi que es como se les conoce localmente, permiten, además que exista una precipitación horizontal que podría suponer hasta 2.000 mm más a sumar a la cantidad anterior. El periodo menos húmedo, de septiembre a julio, se ve muy atenuado pero en ocasiones pueden aparecer cortas sequías.

Cabe destacar que a pesar del lo accidentado del relieve, las diferencias entre vertientes es escasa y tan sólo se pueden mencionar algunos gradientes de mayor humedad en áreas culminantes y divisorias de aguas frente a fondos de valles más protegidos.

Las precipitaciones, a diferencia de lo que sucede en las latitudes medias, son todas de carácter tormentoso, asociadas a fenómenos convectivos, y se caracterizan, además de por un aparato eléctrico elevado, por la concentración en el tiempo y en el espacio, son, lluvias, en muchas ocasiones de carácter torrencial y localizadas en las cabeceras de numerosos arroyos.

4.1.2. Relieve, geomorfología e hidrografía

El elemento fundamental en la organización territorial del PN-ANMI Cotapata es, sin duda, el relieve. Como ya se ha comentado, el carácter montañoso del área es el responsable de la modificación de los caracteres climáticos originales, y es el que marca, como se verá más adelante, la existencia de una serie de bandas de vegetación, mejor dicho, bandas bioclimáticas, sobre las que se instalan de forma diferencial los ecosistemas naturales y los aprovechamientos humanos.

La caída hacia el este de la Cordillera Real está marcada por la existencia de un brusco salto topográfico. Bajo las alineaciones NW-SE de las principales cimas se presenta una organización topográfica marcada por una incisiva red hidrográfica de características más o menos dendríticas y unos interfluvios sobresalientes. Las principales líneas del relieve, de dirección inicial SW-NW, se muestran más dependientes de las directrices tectónicas andinas hacia oriente, llegando un momento en el que comienzan a involucrarse en las grandes líneas de fractura o en la disposición de las unidades litológicas de dirección paralela al conjunto andino. De este modo, del eje elevado de la Cordillera Real surgen alineaciones montañosas que van descendiendo hacia oriente de forma ramificada y que, para el caso del área protegida se organiza en dos serranías que surgen de la alineación S-N que constituyen el Cerro Charquini (5.392 m) e Ilampu (5.519 m), en el extremo occidental del Parque, y que encierran en su interior el valle del río Huarinilla, en la mitad oriental y sus dos tributarios y orígenes, el río Chucura y Tiquimani, en la mitad occidental.

Fig. 11
Vista en 3D del área de estudio

En concreto, en el área de estudio la configuración del relieve y la hidrografía mantienen unas características muy distintas según se esté al N o al S del río Huarinilla (Fig. 11). Al N del cauce del citado río el relieve está formado por el extremo oriental de la alineación Cruz Pata – Cerro Tunquini y su vertiente meridional organizada en pequeñas cuencas hidrográficas, donde sobresalen, de W a E y con altitudes sensiblemente menores, el Cerro Phuno (3.109 m), el Cerro Huarinilla (2.932 m) y el Cerro Perolani (2.334 m). Al S, la organización topográfica está directamente vinculada a la Serranía del Cerro Nogalani y su apéndice el Cerro Azucarani. La fina divisoria que se organiza en torno al Cerro San Rafael (2.922 m) mantiene una dirección N-S, mientras, el Cerro Nogalani (2.942 m), conectado al S con el anterior, se ensancha perpendicularmente y configura una amplia ladera que cae al río Huarinilla, fundiéndose, por el W, con la confluencia del citado río con el Chairo y al E con la confluencia del río Elena. El Cerro Azucarani (2.582 m), que tiene su conexión con la alineación de los anteriores en el Cerro Chuspipata (3.433 m), resalta como un apéndice entre el al río homónimo y el Elena. Estos dos ríos, a su vez, constituyen una red hidrográfica estrecha sin tributarios relevantes, sólo quebradas que descienden desde las abruptas laderas, y que, al igual que le sucede al río Chairo, al otro lado de la Serranía del Nogalani, llegado un momento cambia su rumbo general S-N para pasar a SW-NE y desembocar en el Huarinilla.

A falta de tributarios de importancia y sobre las abruptas pendientes, las quebradas, que se hunden en las laderas y que son las responsables de la canalización de las aguas en estos lugares, constituyen un elemento hidrográfico, geomorfológico y topográfico de gran interés por sus dinámicas e implicación en el conjunto del sistema.
Por otro lado, hay que precisar que la topografía existente en el área de análisis responde a una configuración geomorfológica particular que tiene su origen en la morfotectónica andina que se remonta al Paleozoico, pero que toma sus rasgos definitorios en el modelado más reciente.

La gran mayoría de las litologías presentes en la Cordillera Real tienen su origen en la cuenca de sedimentación marina del Paleozoico Medio levantada y plegada, a finales de esta era, por el ciclo orogénico hercínico, y reactivada, fracturada y metamorfizada, desde el Triásico Inferior, por los empujes de la Orogenia Alpina. A grandes rasgos, en el PN-ANMI Cotapata existen tres grandes grupos litológicos: (1) los correspondientes a la sedimentación paleozoica (Cambrico a Devónico) con dos ciclos diferenciados y representado por materiales metasedimentarios, (2) el magmatismo triásico del eje granítoide cordillerano y (3) los depósitos sedimentarios cuaternarios procedentes de la erosión del conjunto (Geobol, 1994). Tan sólo los dos últimos grupos de materiales se encuentran representados en el área de análisis.

Ocupando prácticamente la totalidad del área se encuentran las litologías metasedimentarias ordovícicas asociadas al ciclo Tacsariano de sedimentación marina, afectadas tras el plegamiento hercínico por un metamorfismo zonal y emergidas, tras la denudación de los materiales suprayacentes, en la orogenia Alpina. Estos materiales se dividen en dos unidades que presentan una edad consecutiva y son originarias de unas facies cada vez más proximales: la recogida bajo el nombre de Familia Coroico, metalimolitas, pizarras y metareniscas mayoritariamente, y la Familia Amutara, metacuarzitas y metalimolitas. Estas unidades se disponen en una faja plegada intensamente y dispuesta en bloques desnivelados por fallas inversas asociadas a los estrechos y replegados anticlinales, quedando en el interior amplios sinclinales en cuyo núcleo se alojan los materiales de la Fm. Amutara, más modernos y resistentes (ver mapa geológico del anexo, ídem, 1994).

Esta disposición morfotectónica, en la que hay que tener siempre presente el gran levantamiento andino aún activo, es el que ha dirigido la erosión desde la emersión de la cordillera. El activo proceso de erosión remontante, que ha configurado profundos valles, ha aprovechado la mayor deleznabilidad de unos materiales frente a otros y se ha dejado guiar por numerosas fracturas.

Los diferentes procesos morfoclimáticos que se han sucedido a lo largo de la historia geológica del Parque, especialmente los desarrollados desde el Pleistoceno, han ido dejando su huella a través de las diferentes agentes morfogenéticos que llevaban asociados. De este modo, hay que citar la acción glaciar y periglaciar que labró las cabeceras de los valles andinos y actualmente ha quedado reducida a las cotas mas elevadas, los movimientos de ladera que aún hoy son de gran relevancia en las áreas de elevada pendiente, y, por supuesto, todos aquellos procesos asociados a una intensa dinámica fluvial (debrisflow, ríos, quebradas, etc.), que han ejercido un doble papel de encajamiento y evacuación de materiales. En el extremo oriental del Parque, estos agentes morfogenéticos son los responsables de las unidades litológicas cuaternarias presentes en la cartografía, que se asocian, como se puede observar, con dinámicas de ladera y agentes fluviales. Respecto a los vestigios glaciares o periglaciares, en esta zona, hay que indicar que las morrenas glaciares tienen su cota más baja a 3.500 m (Ribera, 1995, 10) y, por tanto, la presencia de formas heredadas de la época glaciar quedaría reducida a depósitos periglaciares ocultos bajo la vegetación de las áreas más elevadas o se habrían perdido antes de la fitoestabilización de las laderas.

Foto 6
El Cerro Azucarani (2.584 m) constituido por litologías resistentes (metacuarcitas) sobresale con sus paredes casi verticales entre el río homónimo, a la derecha de la foto, y el río Elena, constituyendo una de las geoformas más sobresalientes del PN-ANMI Cotapata.

La combinación de condiciones climáticas tropicales y litologías cristalinas y/o silíceas resultan de una intensa meteorización de la roca originaria y, por tanto, la existencia de un regolito, una capa de alteración, muy potente. Esta meteorización se asocia, por un lado, a procesos químicos de hidrólisis y, por otro, a la acción biológica. La presencia de gran cantidad de agua en el medio, unida a altas temperaturas, especialmente en las áreas bajas, provocan un perfecto medio de reacción química en el que el agua actúa disociando los componentes químicos de la roca, evacuando las bases y, parcialmente, el sílice (Gutiérrez Elorza, 2001, 449). La meteorización biológica se complementa con la anterior y se acentúa gracias a la elevada esquistosidad de los materiales presentes en el área de estudio.

Foto 7
Los movimientos de ladera, como el deslizamiento que se observa en la foto en el valle del río Elena, al pie del camino actual a los Yungas, constituyen uno de los elementos más relevantes en la geomorfología del Parque.

Por tanto, la erosión diferencial, en la que tiene un papel determinante la dinámica fluvial remontante, ha dejado en resalte los materiales metamórficos más resistentes, constituidos en el área de estudio por las litologías Fm. Amutara, que, como se puede ver en el mapa geológico, constituyen las principales cotas. Esta erosión, también dirigida por las numerosas fracturas, tiene su más claro ejemplo en el Cerro Azucarani, de litologías resistentes, y el río homónimo que le limita al N, labrado profundamente en la línea de una fractura (Foto 6). Por otro lado, y en una visión más de detalle, los fenómenos de ladera (landslides, rockslides, creeping,…) acentuados por la meteorización de la roca madre son muy destacables en un territorio donde las pendientes son tan elevadas (ver mapa de dependientes y Foto 7).

Foto 8
Las dinámicas fluviales, en este caso del río Elena, se han visto gravemente alteradas por la construcción de la nueva carretera. El equilibrio erosión-transporte-sedimentación se ha visto truncado por la gran cantidad de materiales aportados por los desmontes de la nueva infraestructura.

Como se verá más adelante, en la actualidad el principal agente modelador del territorio es el hombre a través de sus actividades. Y entre todas ellas destaca la ejecución del Proyecto vial Cotapata-Santa Bárbara, que ha influido en los procesos de ladera y, aportando gran cantidad de materiales a los ríos, ha alterando gravemente las dinámicas fluviales, aumentados, a su vez los depósitos del fondo de los valles afectados (Foto 8).

4.1.3. Pisos ecológicos

La variabilidad climática altitudinal, como ya se ha comentado, dan lugar a que dentro del PN-ANMI Cotapata se puedan diferenciar entre cinco y seis pisos ecológicos que se suceden en los cerca de 4.500 m de desnivel del Parque, tal y como se recoge en la Fig. 12.

Fig. 12
Perfil esquemático de los pisos ecológicos del PN-ANMI Cotapata

Fuente: modificado de Ribera, 1995

Como se puede observar, en el esquema quedan representados esos seis niveles ecológicos, la banda de neblinas, lluvias orográficas y fuertes tormentas (de 2.300 a 3.400 m.), así como el perfil esquemático del Cerro Nogalani y las cotas al N del área de estudio. Por tanto, la distribución de las formaciones vegetales, en particular y las comunidades faunísticas quedan directamente vinculadas a este al patrón altitudinal.

Dado que el piso nival no contiene formas de vida superiores, a continuación se describen brevemente las cinco ecoregiones, pisos bioclimáticos o ecológicos restantes, detallándose en apartados posteriores la caracterización de la vegetación y la fauna en el extremo oriental del Parque. Esta descripción biológica está fundamentalmente centrada en la vegetación y flora puesto que el muestreo de la fauna exige periodos de observación y muestreo superiores a los del trabajo de campo realizado, razón por la cual se hace una descripción de cada piso altitudinal tipificando, en gran medida, la vegetación.

Desierto helado periglaciar

Se extiende entre los 4.900 y los 5.600 m, circundando las zonas de nieves perpetuas. Las precipitaciones que se dan son, casi exclusivamente, en forma de granizo y nieve de manera que abundan las zonas rocosas denudadas y debido a las heladas nocturnas el suelo se encuentra sometido a una solifluxión constante (Ribera, 1995).

Condiciones tan extremas no permiten una alta diversidad y, de hecho, se trata de un ambiente esencialmente abiótico hasta el punto de no poder establecer comunidades típicas por encima de los 5.100 m en este piso. Desde los 4.900 hasta los 5.100 m solamente se puede hablar de comunidades vegetales puesto que la fauna es sólo ocasional; la flora más común está constituida por algunos hemicriptófitos  y escasos caméfitos de pequeño porte y de hábito saxícola y rupícola, que se hallan siempre en microambientes protegidos; son así Valeriana nivalis, Cerastium soratense ó Nototriche flabelata. Asimismo se pueden llegar a observar líquenes costrosos como los del género Umbilicaria (ídem, 1995).

Por encima de los 5.100 m el componente vivo del medio se reduce a microorganismos existentes en el hielo y en la nieve que conforman el crioplancton.

Sector altoandino

Esta ecorregión se encuentra entre los 4.200 y 4.900 m. y se sitúa sobre depósitos y formas heredados del periodo glaciar: valles en forma de U, morrenas laterales y terminales, escarpes abruptos,  coluviones de crioclastos, etc.

La biocenosis está conformada por un mosaico de ambientes de praderas, turberas o bofedales y vegas, donde destaca Festuca andicola y diferentes especies del género Stipa y Poa. Además, es común, hacía el límite inferior de este piso encontrar matorrales bajos de algunas Asteráceas como Satureja boliviana o Baccharis. Entre los 4.400 y los 4.900 m se dan matorrales más diversos de Calamagrostis spp. y se dan algunas especies de matorrales pulvinoformes, como Azorella sp. A partir de los 4.600 m dominan sobre todos paisajes pedrogosos con suelo denudado y vegetación rala de pastos y caméfitas (Killeen, 1993).

Los bofedales, llamados también turberas, humedales y otros, son un tipo de pradera nativa poco extensa con humedad permanente, vegetación siempre verde y de elevado potencial productivo; son ecosistemas clave en un medio con severas limitaciones climáticas y edáficas para la producción agrícola, constituyen hábitats y nichos para numerosas especies de fauna y flora nativa y, por otra parte, tienen una influencia definitiva en el microclima local (Alzérreca, 2001)

Las vegas, a diferencia del bofedal, antes que constituir una turbera sensu estricto conforman una pradera altoandina de inundación estacional, con un periodo marcado de sequedad en el invierno. Son abundantes las mismas gramíneas que en los bofedales y las juncáceas Juncus y Scirpus.

Páramo Yungueño

Este piso ecológico se presenta en los terrenos de fuertes pendientes, amplios valles glaciales y mesetas entre los 4.200 y 3.600 m de altitud, constituyendo, en realidad, una zona de transición entre el bosque nublado y la zona altoandina. La disponibilidad hídrica es mayor que en el ecosistema anterior y, a pesar de recibir parte de las lluvias orográficas del piso altitudinal inferior, el aporte hídrico mayoritario se da a través de la precipitación horizontal. Por ello, la vegetación que ocupa este piso está formada por especies hacia el límite inferior algo más estenohidrícas y de porte mayor, y hacia el límite superior por otras con menores exigencias hídricas y más resistentes al frío. (Maldonado et al., 2002)

Foto 9
En el piso del páramo yungueño del Parque, generalmente, entre la niebla, es posible ver  algunos pies de quinua (Polylepis spp.). Esta planta es la especie arbórea situada a mayor cota.

Así, en las zonas más elevadas de este piso, se encuentran pastizales cespitosos y densos de Stipa hans-meyeri, Festuca andicola, etc. Alrededor de los 4.000 m y en zonas cercanas a las quebradas y pequeños valles se encuentran pies de Polylepis spp, así como matorrales de Baccharis pentlandii (Foto 9).

La aproximación hacía el límite inferior supone un incremento en las especies, además de un aumento del porte; por ello, en esta zona los matorrales de Stipa pueden alcanzar hasta 170 cm, y aparece una orla arbustiva microfoliada de Hesperomeles cuneata, Pernettya spp. y Satureja boliviana.

En general, el suelo de esta formación vegetal que habita en el páramo está formado por una gruesa capa de materia orgánica y humus donde hay una grandísima profusión de musgos, líquenes y hongos.

En la mayor parte de la Cordillera Real los ecosistemas parámicos han sido alterados por fuegos y pastoreo, quizá sea el PN-ANMI Cotapata uno de los espacios que mejor conserva el páramo (Ribera, 1995, 26).

Piso de niebla o ceja de monte

Los diferentes autores que han trabajado en la vegetación andina sitúan este piso entre los 2.800-2.400 y 3.600-3.400 m. En el PN-ANMI Cotapata, esta banda ecológica supone cerca de la cuarta parte de su superficie y corresponde a la franja climática en la que se concentran las neblinas y formaciones nubosas de origen orográfico. Por tanto, en esta zona, como ya se ha dicho, las precipitaciones son muy copiosas, se dan en forma de lluvias tormentosas de carácter torrencial, lloviznas constantes y/o también a través de la llamada precipitación horizontal que genera, dentro del bosque una lluvia interna generada por el goteo de las hojas del dosel arbóreo sobre estratos inferiores. El suelo permanece húmedo todo el año y el recurso hídrico es constante y muy abundante (puede acercarse a los 5.000 mm anuales).

Foto 10
Bromelias, como la de la foto, lianas, orquídeas y otros epífitos son muy abundantemente en el interior del bosque de niebla.

Sobre estas condiciones climáticas se desarrolla un bosque que contiene múltiples estratos y es de difícil tipificación por la presencia, en las retorcidas ramas de los árboles, de muchos briófitos, líquenes y otras epífitas como las especies de orquídeas o del género Bromelia (Foto 10).

Aunque hacía su límite superior del bosque nublado éste es bajo y mantiene una fisonomía con plantas de porte entre 3 y 6 m, la mayoría de la superficie del bosque de niebla está constituida por un alto dosel arbóreo que varía entre los 10 y 15 m y en el que, de vez en cuando sobresalen algunos pies de pino de monte (Podocarpus sp) o Miconia thaezans que pueden alcanzar los 30 m de altura (Killeen, 1993).

Las condiciones, climáticas y topográficas adversas sobre las que se instala este piso ecológico han frenado la actividad y presencia humana existiendo aún grandes áreas con excelente grado de conservación.

Piso del bosque húmedo montano de Yungas

Concordando con las características climáticas, este piso constituye una transición hacia condiciones netamente tropicales y las especies que allí se desarrollan tienen que hacer frente a un menor recurso hídrico, la aparición de una cierta escionalidad y unas mayores temperaturas. De este modo, se puede diferenciar otro piso entre las cotas de 1.200 y 2.400 m donde se da una formación boscosa de composición florística y fisonomía muy similar a la del bosque nublado y que ocupa la sexta parte del área protegida (Ribera, 1995).

El dosel arbóreo de este bosque se encuentra entre los 15 y 20 m, aunque sobresalen, al igual que sucede con la formación boscosa del piso superior, algunos pies de hasta 30 m, pero, en esta ocasión, estos pies más altos corresponden a los géneros Ficus y Aniba. El sotobosque sigue siendo muy denso y se mantiene un alto grado de epifitismo siempre mayor conforme nos aproximamos a la banda de nieblas superior. Uno de los árboles más característicos y comunes en los bosques húmedos estacionales es el nogal, Juglans boliviana, el cual generalmente persiste aisladamente incluso en zonas degradadas.

Foto 11
Los helechos arborescentes, en primer plano en la foto, son muy numerosos en el área del bosque húmedo montano de Yungas. Esta formación, al fondo, tiene un dosel arbóreo de altura variable y una estructura interna compleja, con diferentes estratos y un sotobosque muy cerrado.

Este ecosistema es el más intervenido dentro de la región de Los Yungas, y dentro del PN-ANMI Cotapata es el más amenazado por la actividad humana, aunque aún existen algunas zonas donde se conserva en buen estado dado que el bosque se sitúa en zonas escarpadas o de difícil acceso (Killeen,1993).

Ecosistemas alterados y vegetación secundaria

Bajo este epígrafe no se enumera ningún piso ecológico concreto, ni se aborda un único ecosistema propiamente dicho, sino que se trata de aquellas áreas afectadas, de forma decisiva, por la mano del hombre. Ubicadas mayoritariamente en las zonas de mayor accesibilidad, generalmente en el fondo de los valles menos angostos, estas zonas presentan diferentes formaciones vegetales secundarias, generalmente de escasa diversidad y complejidad estructural, más baja que los bosques mejor conservados, que también muestran una variabilidad en pisos altitudinales. Pajonales o pastizales de origen antrópico, muchas veces relacionados con fuegos frecuentes, bosques alterados y/o en regeneración e incluso los cultivos y otras formas de aprovechamiento agroganadero quedarían incluidas en esta categoría.

Así mismo, hay que comentar el dudoso carácter primigenio de multitud de áreas boscosas del Parque. Y es que a pesar del alto grado de conservación que presenta el área protegida, como ya se verá más adelante, la presencia humana en la zona se remonta a etapas prehistóricas y desde entonces este territorio ha sido área de transito, y si no de explotación compartida, entre el Altiplano y la Cuenca del Beni.

4.1.4. Vegetación y flora

Cuadro resumen de las diferentes unidades de vegetación del área de estudio:

Nombre de la formación

Descripción

Taxones frecuentes
(1) árboles; (2) en el sotobosque; (3) epífitas vasculares

Bosque nublado

Bosque mediano a alto denso
Por encima de los 2.400 m
Dosel de 10 a 15 m

(1) Podocarpus oleifolius, Juglans boliviana, Clethra scabra, Weinmannia boolviana, Miconia sp, Myrsine sp (2) Chusquea, Gleichnia sp., Sticherus sp.; (3) Tillandsia sp., Guzmania sp.; (helechos arbóreos) Cyathea sp, Alsophila sp.

Bosque húmedo montano

Bosque alto y más abierto
De 1.200 a 2.400 m
Dosel de 15 a 25 m

(1) Alchornea sp., Brunnellia sp, Cinchona, Clethra, Clusia. Cedrela lilloi, Nectandra y Ocotea.; (2) Siparuna guianensis, Baccahris perubla, Triplaris spp., Miconia affinis y M. axinaeoides; (3) variedad de orquídeas y bromeliáceas

Bosque intervenido

Bosque secundario en recuperación
De 1.200 a 2.900 m
Dosel de 10 a 15 m

(1) Sauraria peruviana. Inga heterophylla, I. adenophylla, Hyeronima alchornoides, Croton angustifolium; (2) Baccharis, Barnadesia, Ribes y Berberis

Barbechos y campos en descanso

Barbechos jóvenes
De 1.200 a 2.900 m
Dosel de 3 a 7 m

(1) Cecropia angustifolia, Piper semimetrale, Hyeronima alchornoides; (2) Pteridium aquilinum,Miconia spp..

Vegetación de riberas y quebradas

Bosque alto pero no muy cerrado
De 1.500 a 2.900 m
Dosel de 10 a 20 m

(1) Juglans boliviana, Cederla lilloi, Alnus acuminata,Myrica pubescens, Hesperomeles sp.; (2) Chusquea sp. ; (3) Tillandsia y diferentes especies de Selaginela

Vegetación pionera de derrumbes

Bosque sucesional pobre en especies, bajo y ralo.
Distrib. altitudinal var.
Dosel menor de 3 m

principalmente Chusquea y Pteridium

Pastizales de origen antrópico

Praderas con escasa flora leñosa y con un origen pirofítico.

Conformada sobre todo por Andropogon, Trachypogon e Imperata

Cultivos

Explotaciones agroforestales de pequeña extensión
De 1.200 a 1.450 m

Cítricos, plátano, aguacate, mango, pacay, como cultivos arbóreos, y cafetales, cocales, maíz, locoto, diferentes tubérculos, racacha, hualusa y yuca,  como cultivos arbustivos y herbáceos.

En el área oriental del PN-ANMI Cotapata se pueden encontrar dos de los cinco pisos ecológicos comentados, los de cota más baja: el piso del bosque nublado y el del bosque húmedo montano de Yungas, a los que habría que añadir la vegetación asociada al fondo de los valles, ríos y quebradas.

Sin embargo, el área de análisis está dentro de una de las zonas más intervenidas en el interior del Parque, de manera que la vegetación potencial, bien conservada o cercana a la climax de la zona, si bien ocupa un área considerable, se concentra en las cotas más elevadas y las áreas menos accesibles. Además, a media ladera se pueden encontrar distintos estadios sucesionales de bosque secundario, encontrándose las áreas más intervenidas y/o alteradas por el hombre en los tramos más bajos.

A continuación y siguiendo la cartografía de vegetación (ver anexo cartográfico) y el cuadro resumen anterior, se describen las unidades de vegetación diferenciadas en el área de estudio:

Bosque nublado

Se estima que el bosque nublado contiene alrededor de un millar de especies diferentes de plantas vasculares. Los árboles del dosel son de hojas típicamente coriáceas y gruesas, son así Weinmania boliviana, Juglans boliviana, Miconia thaezans, Podocarpus rusbyi, Podocarpus oleifolius, Cederla lilloi, Alnus acuminata.

Foto 12
El pino de monte (Podocarpus spp.) cosnstituye una de las especies del bosque de niebla más representativas y a la vez más amenazadas. En la foto desdibujándose en la niebla un pequeño grupo de pinos de monte en el Cerro Nogalani.

Por debajo de los 3.000 m comienzan a aparecer algunos géneros de helechos arbóreos como Cyathea sp. y Nephelea spp (Ribera, 1995). En cuanto al estrato arbustivo, denso, de muy difícil tránsito y repleto de lianas, contiene hasta cuatro especies del género Chusquea que forman marañas entre las que se pueden encontrar Ribes pentlandii, Brachyotum microdon.

Bosque húmedo montano

Como en el piso anterior aparecen los pinos de Monte, Podocarpus, pero en menor número y aisladamente; se dan las especies Podocarpus rusbyi y P. ingensis. Se dan algunas especies con valor etnológico, tanto por la calidad de la madera como por el aroma de sus resinas; algunos ejemplos de ello son Palicourea briophyla, Myroxylon balsamum, Protium bangui, Tetragastris altissima u otras con gran número de alcaloides en frutos y cortezas como Anadenanthera colubrina, así como Cinchona por el valor medicinal antipalúdico que posee (ídem, 1995) De frutos comestibles es el pacay, Inga velutina, cuya madera se emplea para realizar aperos rurales y el fruto es aprovechado aunque no tiene un valor comercial.

Foto 13
Las gramíneas del género Chusquea como la de la foto son elementos florísticos definitorios de los bosques húmedos montanos tropicales y siendo muy comunes en el cortejo forestal y en la etapas de recuperación siempre y cuando exista humedad suficiente.

Como se ha indicado, la mayor proporción de bosque intervenido se encuentra en el bosque húmedo montano por sus condiciones climáticas más templadas que en los pisos superiores, así como por su accesibilidad. Esta zona ha sido manejada desde tiempos prehispánicos; por ello, y especialmente en el Nogalani, la vegetación de la zona húmeda montaña está fuertemente alterada excepto en algunos puntos.

En este sentido, uno de los impactos que más relevancia ha tenido, como se verá más adelante, fue la existencia de un aserradero en la década de los sesenta en las faldas del Nogalani, que diezmó la población de Juglans boliviana y otras especies con maderas nobles.

Por otra parte la actividad perturbadora más intensa en la actualidad, y que da lugar a un bosque intervenido, es la agrícola.

Bosque intervenido, barbechos y campos en descanso:

Las zonas recientemente deforestadas presentan barbechos iniciales con una estructura de matorral denso que se encuentra entre los 3 y 5 m, y en donde abunda el helecho, vulgarmente denominado chusi, Pteridium aquilinum (denominado helecho águila en España), la melastomatácea Miconia clathrantha y otras como Piper psilophyllum, Vernonia ferruginea y Mimosa spp.

Foto 14
Las áreas de bosque en recuperación o tierras en descanso, con una intervención humana no muy antigua, presentan una composición florística característica en la que destaca la Cecropia angustifolia. A la izquierda una foto de esta especie a orillas de la nueva carretera creciendo sobre un área deforestada durante la construcción de ésta.

Los barbechos que tienen entre 10 y 20 años presentan un dosel arbóreo cuyas copas ya pueden alcanzar los 15 m como máximo, y está compuesto por una asociación de especies muy característica de Cecropia angustifolia, Piper semimetrale, Inga heterophylla, y Hyeronima alchornoides. En aquellas zonas de los barbechos que fueron abiertas hace más de 20 años, se observa una mayor altura del dosel con algunas especies propias del bosque húmedo, como Ceiba salmonea, Cavendishia bracteata, Acalypha mapirensis, Palicourea guianensis. También se encuentran individuos jóvenes de Ficus spp. y Myroxylon balsamum, ó Cinchona calisaya (la afamada quina, cuyos principios activos son empleados como remedio contra la malaria). En estos sectores se dan rodales de vegetación en un estadío sucesional más avanzado, y que se asemejan fisonómicamente al bosque primario, en el interior de estas áreas se encuentran árboles de cítricos de antiguas huertas abandonadas, que pertenecieron a propiedades muy antiguas (Maldonado et al. 2002)

Vegetación de riberas y quebradas

Aunque esta vegetación no se ha recogido en la cartografía adjunta, pues supone, en ocasiones franjas de vegetación demasiado estrecha para ser representada a la escala con la que se trabaja, hay que tenerla presente pues constituye un elemento florístico particular asociado a los cauces de agua del territorio. En la Serranía del Nogalani esta unidad de vegetación es una de la más afectadas por la acción humana, en concreto por la construcción de la nueva carretera (ver Foto 8 más arriba). Esta vegetación se aprovecha de la proximidad del curso de agua y las posiciones relativamente encajadas, dando lugar a formaciones, especialmente en la zona más baja, en la que el recurso hídrico es más escaso, con especies diferentes al entorno y más similares a las del piso del bosque nublado. El encajamiento de muchas quebradas y valles han limitado la implantación de actividades y cuando no ha existido una intervención, aguas arriba, como sucede con el Proyecto vial Cotapata-Santa Barbara, la vegetación se muestra bien conservada.

Foto 15
Aguas arriba del puente que cruza el río Huarinilla en Villa Esmeralda, antes de que las aguas de este río se encuentren con las del Chairo, se presenta una vegetación riparia con gran porte.

Vegetación pionera de derrumbes

Esta vegetación es la que se da de forma natural en los lugares en los que se producen deslizamientos. Se trata de un bosque sucesional que adquiere forma de parches o manchones tras estas alteraciones. En la cartografía de vegetación estas unidades no se han recogido pues se presentan de forma puntual en las áreas de mayor pendiente del área analizado como es bajo los altos picos del N del Huarinilla o la vertiente occidental de la alineación Cerro San Rafael-Nogalani en las que las empinadas pendientes condicionan, de manera natural el desarrollo de la vegetación y, en ocasiones se dan deslizamientos. En torno al Cerro Nogalani la mayoría de estas formaciones aparecen asociadas a los derrumbes, como se verá más adelante, que generan los buzones originados por la creación de la carretera Cotapata- Sta. Bárbara. La sucesión comienza con el chusi, antes citado, para ser continuado con los helechos arbóreos, sobre todo Cyathea. Así mismo, se dan algunas gramíneas como las del género Imperata. Cuanto más recientes son los deslizamientos menor cobertura vegetal presentan, por lo que la ausencia de la misma pone de manifiesto la actualidad de las dinámicas de ladera en las vertientes.

Cultivos y pastizales de origen antrópico

Mientras los cultivos y aprovechamientos agrícolas que suponen buena parte de la superficie de esta unidad se explicaran más adelante, hay que mencionar, por otra parte, la existencia de sectores de vegetación muy degradada que mantienen el aspecto de un pastizal, con la estructura de una sabana de origen antropogénico, a las que las poblaciones locales denominan pajonal. Estas zonas presentan una vegetación dominante de gramíneas y ocupan una superficie aunque no muy elevada, si significativa del Parque, en torno al 5%. Estas zonas se concentran sobre todo en el área en donde se da la mayor densidad de población, es decir, en el sector oriental del área protegida, y suelen ser producto de sucesivas quemas, lo que ha originado que la capacidad de intercambio catiónico se haya visto fuertemente reducida, hasta el punto de tener tan escasa productividad y actividad ganadera que permanecen como praderas abandonadas, en las que no se da ningún uso (Ribera, 1995, 33).

Los géneros de gramíneas que comúnmente se encuentran en estos espacios abiertos son Imperata, Andropogon, Sporobolus, Setaria, que crecen entremezclados con Pteridium aquilinum y arbustos dispersos de Miconia y Baccharis.

Vegetación pionera de derrumbes

Esta vegetación es la que se da de forma natural en los lugares en los que se producen deslizamientos. Se trata de un bosque sucesional que adquiere forma de parches o manchones tras estas alteraciones. En la cartografía de vegetación estas unidades no se han recogido pues se presentan de forma puntual en las áreas de mayor pendiente del área analizado como es bajo los altos picos del N del Huarinilla o la vertiente occidental de la alineación Cerro San Rafael-Nogalani en las que las empinadas pendientes condicionan, de manera natural el desarrollo de la vegetación y, en ocasiones se dan deslizamientos. En torno al Cerro Nogalani la mayoría de estas formaciones aparecen asociadas a los derrumbes, como se verá más adelante, que generan los buzones originados por la creación de la carretera Cotapata- Sta. Bárbara. La sucesión comienza con el chusi, antes citado, para ser continuado con los helechos arbóreos, sobre todo Cyathea. Así mismo, se dan algunas gramíneas como las del género Imperata. Cuanto más recientes son los deslizamientos menor cobertura vegetal presentan, por lo que la ausencia de la misma pone de manifiesto la actualidad de las dinámicas de ladera en las vertientes.

Cultivos y pastizales de origen antrópico

Mientras los cultivos y aprovechamientos agrícolas que suponen buena parte de la superficie de esta unidad se explicaran más adelante, hay que mencionar, por otra parte, la existencia de sectores de vegetación muy degradada que mantienen el aspecto de un pastizal, con la estructura de una sabana de origen antropogénico, a las que las poblaciones locales denominan pajonal. Estas zonas presentan una vegetación dominante de gramíneas y ocupan una superficie aunque no muy elevada, si significativa del Parque, en torno al 5%. Estas zonas se concentran sobre todo en el área en donde se da la mayor densidad de población, es decir, en el sector oriental del área protegida, y suelen ser producto de sucesivas quemas, lo que ha originado que la capacidad de intercambio catiónico se haya visto fuertemente reducida, hasta el punto de tener tan escasa productividad y actividad ganadera que permanecen como praderas abandonadas, en las que no se da ningún uso (Ribera, 1995, 33).

Los géneros de gramíneas que comúnmente se encuentran en estos espacios abiertos son Imperata, Andropogon, Sporobolus, Setaria, que crecen entremezclados con Pteridium aquilinum y arbustos dispersos de Miconia y Baccharis.

4.1.5. Algunos aspectos sobre la fauna

La riqueza faunística, tanto del área como del Parque, es elevada dado que la concatenación de tal variedad de pisos de vegetación supone la existencia de varias situaciones transicionales o ecotónicas que promueven la aparición de gran número de taxones capaces se explotar de forma óptima diferentes nichos. A su vez, existen numerosos microambientes dentro de cada rango altitudinal, por lo que se suma otra fuente de biodiversidad.

Dentro del área sujeta a estudio, no se han podido realizar muestreos sistemáticos de la fauna, ni está dentro de los objetivos y el alcance del texto, sin embargo,  se sabe que se han realizado numerosos estudios de algunas especies concretas y que, a diferencia de lo que ocurre con la componente vegetal de la biocenosis, apenas existen trabajos de comunidades completas de taxones faunísticos o de las relaciones que existen entre ellos.

Foto 16
El PN-ANMIC también posee una gran variedad de especies faunísticas, en la foto una cría de tejón (Nasua sp.).

Dentro de este sesgo en el campo de la fauna, hay aún otra derivación hacía los mamíferos y la avifauna dejando de lado al más numeroso de los grupos que se encuentra constituido por los invertebrados artrópodos y no artrópodos así como la ictiofauna.

En cualquier caso, en el Nogalani y valle bajo del Huarinilla se han citado de forma aislada algunos taxones de gran interés endémico como son el oso andino (Tremarctos ornatus), la llapa (Dynomis branickii, Foto 15), el jochi (Agouti paca), un roedor del tamaño de un tejón, el oso hormiguero (Tamandua tetradactila), el puercoespín (Coendu bicolor), varias especies de monos (Ateles paniscus y Aotus azarae), el perezoso (Bradypus variegatus). Es muy probable que esta fauna, por la presión humana, especialmente en el entorno de la nueva carretera, haya emigrado en la actualidad hacia lugares menos intervenidos como podría ser el Cerro Azucarani o las áreas más inaccesibles al N del Huarinilla. Asimismo en la zona de bosque nublado se han citado algunos felinos como el puma (Felix concolor), aunque no hay registro fiable de esta especie dentro de la zona de estudio (Ribera, 1995, 38 y 39).

En cuanto a las aves han proliferado los estudios de ornitólogos norteamericanos como Remsen y Taylor (1985) en los que entonces se decía que había sólo en Cotapata alrededor de 400 especies de aves diferentes. Entre ellas destacan el tunqui, también llamado gallito de monte (Rupícola peruviana), que da nombre a una de las comunidades agrícolas y que junto al jucumari son el símbolo del PN-ANMI Cotapata; la perdiz serrana (Crypturellus obsoletus), el colibrí Ensífera ensífera, así como numerosos troglodítidos como el Odontorchilus branickii (Remsen, 1989) de aspecto parecido al mito europeo. En el Cerro Nogalani la existencia de estas aves es escasa y se remite a un sólo avistamiento por muestreo en la mayoría de los casos. En las laderas altas y medias el norte del Huarinilla hay una mayor abundancia de aves por la menor intervención humana.

Hay que señalar, además, que en la zona de estudio se encuentran numerosas especies de ofidios, algunos peligrosos, como la serpiente coral o la de cascabel, y otros que no son agresivas, como diversas culebras de río.

Por último hay que mencionar algunas especies de mamíferos como los chanchos de monte (Tayassu pecari y Tayassu tajacu) que, en ocasiones, entran en grupo en los cultivos y arruinan la producción de los campesinos, por lo que estos los persiguen y cazan a menudo.

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© Investigación en el Parque Nacional y ANMI Cotapata - Dpto. de Geografía - UAM
Última actualización 15 de marzo de 2004