![]() | ||||||||||||||||||||||
| ||||||||||||||||||||||
|
|
|
||||||||||||||||||||
Tanto la Unión Europea como los demás países industrializados se enfrentan al cambio de paradigma que conllevan la globalización y la nueva economía del conocimiento. Estas sociedades en desarrollo entrañan algunas anomalías que pueden generar desequilibrios estructurales, sumando una «dimensión digital» a las desigualdades sociales existentes. El auge de la sociedad de la información, junto a sus incuestionables ventajas, trae consigo un riesgo de fractura social. Las propias características del proceso de incorporación de las nuevas tecnologías a la vida cotidiana pueden agravar los desequilibrios, al acentuar la exclusión social de diversos colectivos. Este problema, trasladado al plano internacional, se multiplica exponencialmente, fomentando desigualdades económico-políticas. Ante esta situación, el presente Congreso Internacional asume como tarea propia el identificar los problemas y las acciones a emprender en relación con la asimilación contemporánea del nuevo instrumental tecnológico, centrándose en las consideraciones sociales, políticas, filosóficas, económicas, éticas y artísticas, vinculadas al desarrollo de la cultura digital. La investigación de los signos por los que estas nuevas formas de ciudadanía se encuentran envueltas y constituidas hace preciso un acercamiento que complemente al sociopolítico para desvelar las estructuras de significación en las que se produce todo sentido social. Desde esta perspectiva, el arte debe ser enfocado como una vía de análisis cualitativo de las estructuras de la realidad, así como una potente herramienta de prognosis simbólica sobre el devenir social. En este comienzo de milenio, el arte revela las fuerzas sociales de un cambio lingüístico de una virulencia desconocida para nuestra cultura, al tiempo que genera –como laboratorio de ideas– vías de desarrollo tecnológico desde su poder de configuración utópico. La presencia de destacados especialistas en la trama digital del ciudadano contemporáneo ayudará a crear en este congreso un mosaico colectivo que muestre el uso y la incorporación de las tecnologías de la información y de las comunicaciones a la práctica del ejercicio de los derechos ciudadanos de participación social. La división temática del congreso responde a la necesidad de analizar con profundidad el eje central de la cultura digital, a saber, el problema de la conexión. Desde los griegos, como puede apreciarse en el Banquete de Platón, lo conjuntivo ha sido pensado desde la perspectiva del eros. A su vez, la persistencia metafísica del concepto de «identidad», al privilegiar un «sujeto» y un «objeto» estables, ha tendido a oscurecer el hecho de que lo humano depende totalmente de la naturaleza de esas conexiones. Lo cual es reconocido de forma ambivalente por la Modernidad, reduciendo las conexiones a contratos que se establecen entre «individuos» autónomos o a una supuesta pérdida de racionalidad, debida a la intervención residual de las pasiones. Dicha tendencia identitaria ha provocado la ocultación de las conexiones. Un buen ejemplo de ello, especialmente durante el siglo XIX, ha sido la reducción de lo erótico a mera «sexualidad». Con todo, esta ocultación histórica no implica, aunque sea de forma «inconsciente», que la matriz de las múltiples conexiones no haya constituido subterráneamente la cuestión central de la experiencia humana. Nuestro panorama cultural está cambiando radicalmente debido a la automatización de las conexiones realizadas por las tecnologías digitales. La confrontación de la matriz digital con los vínculos tradicionales supone tanto la crisis profunda de los patrones heredados como la irrupción de una nueva visibilidad del problema de la conexión. De ahí la actual e insistente reiteración de conceptos como «link», «interactividad», «on-line», «wired», etc. Sin duda alguna, el cuerpo a cuerpo de las conexiones técnicas no ha sido suficientemente analizado por la postmodernidad, al defender una cultura de la «hibridación» y de la «multiplicidad». Dicho planteamiento constituye únicamente el efecto perverso de la ya mencionada tendencia identitaria. Nada cambia efectivamente al pasar de identidades «fuertes» a otras supuestamente «débiles». Lo que está planteándose realmente es un profundo cambio de las categorías, de las divisiones y de las fronteras institucionalizadas históricamente. En ese marco conflictivo, se está produciendo una fusión entre lo biológico y lo mecánico, entre la carne y la imagen, entre lo real y lo potencial. A su vez, la excesiva euforia de la multiplicidad, de la complejidad y de lo rizomático plantea, como problema central, la necesidad artificial de estar siempre «conectado». De no ser así, el individuo se encontrará «infoexcluido». Esta perturbadora lógica obliga al sujeto a tomar una decisión radical que sólo conoce dos posibilidades: «on» u «off». El efecto inmediato es la constante «compulsión a la conexión» contemporánea. De ahí que el problema de la conexión constituya el verdadero campo de batalla en el que se juega el destino de la ciudadanía, afectando a la cultura, a la política y al arte. En la actualidad, nos encontramos con una nueva «erótica generalizada», orientada por una insólita pulsión tecnológica que requiere una crítica urgente, a fin de replantearnos los problemas que encierra la nueva cultura digital y su estatuto político.
|
Organizan Proyecto POCTI/344367/COM/2000
|
|||||||||||||||||||||
Patrocina
|
||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||