El Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO) es un instituto de investigación mixto UAM-CSIC. Fundado en 1975 bajo la iniciativa y tutela de quien fuera Premio Nobel de Medicina, reunió varios de los grupos más activos en el campo de la Bioquímica y la Biología Molecular. Manuel Fresno Escudero, catedrático de Microbiología, es su actual director.
Desde su fundación en 1975, el prestigio logrado por el CBMSO ha ido en aumento ¿usted lo atribuye al impacto social alcanzado por los estudios de Biología Molecular o, más bien, a las líneas de investigación que han ido desarrollando en este Centro en las últimas tres décadas?
Pues un poco a ambas cosas. El impacto social de la Biología Molecular ha ido en aumento desde el momento en que los ciudadanos han asumido que el resultado de estos estudios puede redundar en un progreso notable de su calidad de vida, procurándonos mejores terapias, mejores diagnósticos, mejores vacunas… Al mismo tiempo nuestro centro ha ido aumentando en tamaño y también en su enfoque científico pasando de estudios muy básicos en Biología Molecular a investigaciones transnacionales. Digamos por tanto que ha sido un camino paralelo donde la sociedad cada vez se ha sentido más atraída por nuestro ámbito de especialización científico y nosotros, a su vez, nos hemos ido aproximando a la sociedad.
En este sentido ¿qué nos puede explicar acerca de las distintas áreas científicas que integran el Centro?
Este es un centro mixto –participado por la UAM y el CSIC– y multidisciplinar, que acoge cinco departamentos científicos: “Diferenciación y Desarrollo” donde se estudia cómo los seres vivos se forman; “Neurobiología Molecular” donde se profundiza en el estudio del cerebro y el sistema nervioso con aplicaciones muy concretas sobre el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Párkinson o el Alzhéimer; en tercer lugar está el “Departamento de Microbiología y Virología” donde se estudian los cuerpos más pequeños, bacterias de ambientes muy extraños y organismos que tienen posibles efectos en el tratamiento de virus como, por ejemplo, el del SIDA; el departamento más grande que tenemos es el de “Biología Celular e Inmunología” donde tratamos de averiguar cómo los sistemas inmunes funcionan contra los microorganismos que nos invaden con vistas a hacer mejores vacunas y mejores terapias; por último tenemos el departamento de “Pirámide y Función del Genoma” donde se trabaja observando cómo nuestros genes se dividen, se replican, dan lugar a las proteínas y funcionan.
De entre los distintos proyectos de investigación que ha acogido este Centro ¿cuáles diría usted que han alcanzado una mayor relevancia entre la comunidad científica?
Inicialmente este Centro empezó estudiando las bases moleculares de la materia para llegar a traducir el código genético, ese fue el núcleo de las investigaciones que le proporcionaron el Nobel Don Severo Ochoa, nuestro fundador. Continuando su trabajo ha habido en este Instituto gente como Margarita Salas, Eladio Viñuela o David Vázquez que conformaron los primeros grupos de investigación y dieron al CBMSO bastante prestigio. Hoy en día hemos crecido bastante y en este sentido también los estudios de Biología del desarrollo nos han procurado un gran reconocimiento, sobre todo gracias a los trabajos de Antonio García-Bellido y su grupo y a los posteriores de Ginés Morata, ambos reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, algo que me gusta remarcar ya que somos el único Centro con dos galardonados en su plantilla. Actualmente los estudios de inmunología y de las enfermedades neurodegenerativas también han dado mucha relevancia al CBMSO.
¿Qué tipo de financiación o patrocinio precisan para el desarrollo de estos proyectos?
La investigación en Biomedicina en general necesita dinero y la verdad es que es una pena que en este país donde se había hecho un esfuerzo por dedicar a la investigación un porcentaje significativo de nuestro PIB, a imagen y semejanza de las economías más desarrolladas, ahora con la crisis se haya producido un parón importante y, en algunos casos, un retroceso. Dicho lo cual, la financiación específica de las distintas investigaciones realizadas por los 78 grupos que integran este centro se acomete primero con fondos de la Unión Europea obtenidos en convocatorias competitivas, en segundo lugar gracias al Plan Nacional de Investigación Científica y Técnica y a iniciativas similares desarrolladas por las diferentes administraciones del Estado. Y por último, claro, gracias a la aportación de empresas privadas a las cuáles puntualmente les interesan algunas de las aplicaciones que puedan llegar a tener los proyectos de investigación que hay en marcha. Al margen de esto contamos con una ayuda institucional de dos Fundaciones que nos apoyan generosamente en el mantenimiento del CBMSO como son la Fundación Ramón Areces y la Fundación Banco de Santander.
En el ámbito de la Biología Molecular no se puede decir que España haya llegado tarde a la investigación como ocurre en otras materias ¿no?
No, de hecho la contribución de Severo Ochoa en este sentido fue decisiva para desarrollar una escuela importante de Biología Molecular de la que este Centro es, quizá, su máxima expresión. España por lo tanto no ha llegado tarde lo que ocurre es que tampoco ha llegado de una manera muy potente por así decirlo. En 1975 cuando se creó este Centro la ciencia en España estaba apenas renaciendo tras un período de cuarenta años donde la universidad española fue prácticamente un páramo. Nuestro desarrollo posterior ha sido muy positivo pero nos han faltado los recursos necesarios para terminar de ocupar esa posición de referencia a la que aspiramos. Aún así, en España la relación entre inversión y resultados nos sitúa muy por encima de muchos otros países y eso es algo que está internacionalmente reconocido a través de distintos análisis e indicadores.
El CBMSO basa buena parte de su prestigio en el perfil de sus investigadores, empezando por su fundador, muchos de los cuáles gozan de un gran reconocimiento internacional ¿cree que en nuestro país se valora lo suficiente el papel desempeñado por ellos?
Yo creo que los investigadores muchas veces hemos tenido tendencia a encerrarnos en nuestra torre de marfil y no hemos sabido transmitir a la sociedad que es la que, al fin y al cabo, está sufragando buena parte de nuestras investigaciones, el alcance de éstas. Pero pienso que poco a poco eso ha ido cambiando y ahora los medios de comunicación cada vez dedican más espacio a la información científica y muchos investigadores ejercen de divulgadores de su trabajo, con lo cual ha crecido bastante nuestro reconocimiento social. Quizá lo único bueno de la crisis sea el cambio de modelo productivo que se pretende aplicar invirtiendo más en I+D+i que redundará a largo plazo en beneficio de la ciencia y como tal de la sociedad, lo que contribuirá a fortalecer aún más ese reconocimiento.
¿Podría explicarnos las líneas de actuación del CBMSO en el ámbito de la divulgación científica? ¿Qué actividades se llevan a cabo? ¿En qué iniciativas se participa?
Nosotros en este centro tenemos una oficina de cultura científica que está dirigida por José Antonio López Guerrero, y que se ocupa de organizar eventos dirigidos a la divulgación bien en el contexto de ferias como puede ser la Semana de la Ciencia, bien a través de un programa propio que tenemos para llevar la ciencia a los institutos de Madrid, con visitas de alumnos de secundaria a nuestras instalaciones y presentaciones a cargo de nuestros investigadores y profesores en sus respectivos centros escolares. Creemos que es una tarea importante la de la divulgación y de hecho se ha convertido en uno de los indicadores para la evaluación de los propios científicos del CBMSO, cada vez más se nos exige capacidad para transmitir a la sociedad el peso de nuestras investigaciones, de ahí nuestra presencia activa en los medios de comunicación, no sólo con artículos en publicaciones especializadas sino a través de blogs o en programas de televisión y radio dedicados a la ciencia.
Algo en lo que destaca activamente este centro es en la organización de seminarios ¿en qué consisten estos? ¿Cómo valora el resultado de los mismos?
Es algo por lo que siempre hemos apostado y han crecido de manera exponencial a nuestro desarrollo como Centro. Si hubiéramos de distinguir los diferentes seminarios que organizamos tendríamos, en primer lugar, las “Lecciones Conmemorativas” con las que intentamos honrar el legado tanto de Severo Ochoa como de Eladio Viñuela y David Vázquez. Son seminarios que organizamos coincidiendo con sus respectivas fechas de fallecimiento. Por otro lado tenemos un programa de seminarios llamado “Severo Ochoa” donde convocamos a científicos de muy alto renombre. Luego cada uno de nuestros cinco departamentos organiza una media de tres seminarios anuales donde el protagonismo suele recaer en investigadores extranjeros buscando reforzar ese objetivo que siempre hemos tenido de potenciar el intercambio de información científica. Ahora mismo la oferta de seminarios sobre biomedicina que existe en Madrid, tanto a través de este como de otros centros gestionados por el CSIC, es muy buena.
¿Cómo valora las instalaciones actuales del CBMSO? Su presencia física en este Campus de Cantoblanco es algo que siempre se ha destacado como seña de identidad del mismo ¿está de acuerdo en ello?
No es algo que diga yo sólo sino que cualquier persona con una cierta perspectiva histórica acerca de lo que ha sido la UAM coincide en señalar el papel de referencia que ha tenido el CBMSO en este proyecto universitario. En el número especial que la revista “Cantoblanco” sacó para conmemorar los 40 años de este campus y que recogía las 40 noticias más importantes de estas cuatro décadas, dos de las informaciones se referían al CBMSO. A fin de cuentas este Centro ha sido pionero en algo que ahora estamos celebrando como es la cooperación entre la UAM y el CSIC en la consecución de la Excelencia Académica, algo en lo que siempre confió don Severo Ochoa. Creo que el resultado de esta gestión compartida ha sido muy positivo tanto para nosotros como para la UAM y el CSIC. Respecto a las instalaciones con las que contamos actualmente también conviene echar la vista atrás para indicar que el sueño de nuestro fundador era el de contar con un centro independiente para el trabajo de los distintos grupos de investigación que había entonces y a los que, finalmente, hubo de buscar acomodo en distintas dependencias de la Facultad de Ciencias. Hoy, más de tres décadas después de la creación del CBMSO, contamos con este nuevo edificio que nos ha permitido crecer, ampliar plantilla, y, sobre todo, reunir en un mismo lugar a los distintos grupos de investigación y eso siempre crea una sinergia y facilita nuestra labor organizativa.