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UAM Gazette

Documentan una masacre de hace 7.300 años en una cueva de Aragón

27/02/2020
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Distintos restos humanos entre el pavimento de cerámicas de la primera ocupación de la cueva / Manuel Rojo Guerra

Un trabajo internacional dirigido desde la Universidad de Valladolid, en el que participan la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y el CSIC, revela los detalles de un caso de extrema violencia contra cinco adultos y cuatro niños ocurrido en el Neolítico antiguo al interior de una cueva de la Alta Ribagorza aragonesa. Los resultados se publican en Scientific Reports.

Entre 2009 y 2019, las campañas de excavación en la cueva de Els Trocs (San Feliu de Veri, Bisaurri, Huesca) sacaron a la luz —además de numerosos hallazgos arqueológicos— restos humanos de al menos dos docenas de individuos. Nueve de estos (cinco adultos y cuatro niños) se adscriben por cronología y estratigrafía al horizonte más antiguo de la cueva (7.300 años atrás).

Un trabajo publicado recientemente en Scientific Reports (Nature) presenta un estudio exhaustivo de estos nueve individuos. Datos genómicos indican que dos de ellos (un varón en torno a los 30 años y un niño de unos 6) son padre e hijo. Los otros tres niños tienen madres diferentes cuyos genomas no se han detectado en el resto de huesos humanos de la cueva.

Pero lo más revelador para los investigadores es el alto grado de fragmentación de los restos óseos, y su enorme dispersión por la cueva sin conexiones anatómicas claras; lo que les ha permitido deducir que los restos no se corresponden con enterramientos estructurados.

“Lo más sorprendente que ha deparado el estudio antropológico ha sido el hallazgo, en los nueve individuos mencionados, de evidencias de una extrema violencia peri e incluso post mortem”, declaran los autores. 

“Así, por ejemplo —agregan— cuatro de los cinco adultos muestran heridas similares de impactos de flecha en el cráneo que, con mucha probabilidad, fueron los causantes de su muerte. Además, todos los individuos, tanto adultos como infantiles, presentan numerosas lesiones por objeto contundente en el cráneo y otros huesos, especialmente los huesos largos, que también pudieran haber provocado la muerte de estos individuos”.

Según constata el trabajo, en los huesos largos de los brazos y las piernas esta violencia se encuentra a menudo cerca de las articulaciones y ha dado lugar a la ruptura y destrozo de dichos huesos. Por su parte, las características de las lesiones producidas por el impacto de flechas indican que estas fueron ocasionadas fuera de la cueva. Los cuerpos, posteriormente, fueron trasladados al interior, donde sufrieron nuevas manipulaciones traumáticas postmortem.

 “En efecto, los patrones de las lesiones son claros en cuanto a la secuencia de la violencia aplicada. La mayoría de los impactos violentos fueron ciertamente infligidos alrededor del momento de la muerte, sin embargo, y debido a la similitud de las huellas de violencia postmortem, estas pudieron haber formado parte de un ritual de difícil comprensión hoy en día y que podríamos considerar como una ‘segunda ejecución’”, afirma Rafael Garrido Pena, coautor del trabajo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

 

Algunas hipótesis

Los investigadores plantean varias hipótesis para explicar por qué se produjo el asesinato de bebés y adultos mayores y el manejo brutal de los cadáveres. Según indican, podría haber sido una cuestión de disputas territoriales o de robo de ganado o de mujeres, que se intensificaron hasta tal punto que se produjo una especie de ensañamiento con las víctimas.

No es posible determinar con precisión quiénes fueron los atacantes. Según los datos genéticos obtenidos, las víctimas forman parte del elenco poblacional que desde el Oriente Medio aportan los primeros inmigrantes Neolíticos, que se extendieron por toda Europa desde hace 10.000 años. Los perpetradores de la masacre, por su parte, podrían haber sido cazadores-recolectores locales que se sintieron perturbados por las actividades de los pastores neolíticos en su territorio, o bien podrían haber sido grupos agroganaderos rivales, con los que se habrían intensificado las disputas.

La constatación científica de que los ocupantes de la cueva de Els Trocs eran pastores trashumantes sugiere que, con toda probabilidad, el resto de parientes de las víctimas, esto es, los adultos más jóvenes y los adolescentes, se encontraban en otro lugar en el momento de la masacre, probablemente en las tierras bajas del Valle del Ebro, donde cultivarían los campos que les suministraba el sustento cerealístico (trigo y cebada, presentes también en la cueva), y donde toda la comunidad viviría durante los meses de invierno.

El trabajo fue dirigido desde la Universidad de Valladolid y contó con el apoyo de la Universidad de Krems (Austria), la Universidad de Basilea (Suiza), la UAM y el CSIC. Las investigaciones de la cueva de Els Trocs han recibido también el apoyo del Gobierno de Aragón, la Diputación de Huesca, el MICCIN, la FECIT y la Asociación Trashumancia y Naturaleza.

 

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Referencia bibliográfica:

Kurt W. Alt et al. (2020) A massacre of early Neolithic farmers in the high Pyrenees at Els Trocs, Spain. Scientific Reports 10:2131. Doi: https://doi.org/10.1038/s41598-020-58483-9.


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