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La Facultad de Ciencias celebra la festividad de San Alberto Magno subrayando la importancia de la ciencia ante la pandemia

13/11/2020

El microbiólogo José Antonio López Guerrero pronunció la conferencia Coronavirus, los siete no tan magníficos, en un acto presidido por el rector Rafael Garesse. En el transcurso del evento se rindió homenaje a los miembros de la Facultad que se jubilaron el pasado curso académico.

El profesor José Antonio López Guerrero pronunció la 7ª Lección Francisco Jaque
El profesor José Antonio López Guerrero pronunció la 7ª Lección Francisco Jaque

La Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid celebró ayer la festividad de su patrono, San Alberto Magno, en un acto presidido por el rector Rafael Garesse en el que se recordó a quienes nos han dejado en estos meses. Como es tradicional, en el transcurso de la jornada se rindió homenaje a los profesores y personal de administración y servicios de la Facultad que se jubilaron durante el último curso académico. 

En este año en el que, como afirmó el decano, “la pandemia lo ha impregnado todo, el encargado de pronunciar la 7ª Lección Francisco Jaque ha sido el experto microbiólogo José Antonio López Guerrero, que fue presentado por la vicedecana de Investigación, Clara Illescas. Tanto él como el resto de los participantes coincidieron en resaltar la importancia de la ciencia para abordar la excepcional situación que estamos viviendo.

Bajo el título Coronavirus, los siete no tan magníficos, López Guerrero profundizó en la historia de la familia de los coronaviridae, “una vieja conocida de nuestra especie”, repasando coronavirus previos que empezaron a detectarse a mediados del siglo pasado. “Tenemos los coronavirus catarrales, cuatro pandemias silentes de las que no nos hemos dado cuenta porque conviven con nosotros de forma estacional y en cierta armonía”. Pero hace unos 20 años la situación cambió. “Empezamos a sufrir ataques bastante más severos de miembros de esta familia. La primera amenaza de pandemia la tuvimos en el año 2002, con el SARS-Cov-1, que se desarrolló en el sureste asiático. Ese virus era 10 veces más virulento y letal que el actual, pero tuvo una peculiaridad: no se transmitía entre asintomáticos, por lo que fue más fácil detectarlo y confinar a las personas infectadas”. En 2012 se detectó un nuevo brote epidémico, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés), un virus cuya mortalidad es de cerca del 35% de los infectados cuando pasa a humanos y, a finales de 2019, llegó la segunda gran pandemia de un SARS, el Cov-2. “En principio pensamos que era similar al primero, pero tenía el pequeño detalle de poder transmitirse de forma efectiva entre asintomáticos”.

Haciendo honor a su condición de experto divulgador científico –es director de Cultura Científica del CBMSO y colabora habitualmente en programas de radio y televisión–, López Guerrero explicó de forma didáctica muchos de los aspectos fundamentales relacionados con el virus, como su ciclo celular, sus peculiaridades, su origen, los factores de virulencia y dispersión; sus efectos, que no solo son consecuencia de la enfermedad, sino también del estrés y la ansiedad; o la carrera por la vacuna. Habló también de lo que no se sabe –cuánto dura la inmunidad, la viabilidad viral, cuánto perdura el virus en nuestro organismo– y de los posibles factores que pueden explicar que, con medidas similares, unos países, como es el caso de España, tengan más incidencia que otros. “El hecho diferencial de España es su estructura sociofamiliar y cultural, es la tasa de paro y paro juvenil y también las discrepancias de los políticos, que generan desafección en la población por los mensajes contradictorios”, enumeró.

Finalmente, hizo referencia a lo qué podemos hacer, empezando por abordar una estrategia integral “como la que hemos desarrollado una treintena de científicos, basada en la higiene, el rastreo precoz, el refuerzo de la sanidad primaria y el cribado de los sitios donde hay focos detectados; en la comunicación a tiempo real y la pedagogía y publicidad entre la población, llegando a los jóvenes en el lenguaje que entienden y en la apuesta por la ciencia, porque sin ciencia no hay futuro”.  También hizo hincapié en la importancia de evitar la difusión de determinados mensajes que se hacen virales, detrás de los cuales puede haber personajes con intenciones nocivas. “Si se crea mucha desafección y mucha información cruzada al final empiezan a brotar grupos de toda índole, negacionistas, conspiranoicos, antimascarillas, que pueden empeorar mucho más la situación pandémica”, advirtió.

Tras su intervención, tuvo lugar el homenaje y entrega de recuerdos conmemorativos a los miembros de la Facultad jubilados en el curso 2019-20, “el primero de la pandemia”, según recordó el profesor del Departamento de Física Teórica, Alfredo Poves Paredes, que habló en representación del grupo. En su intervención, que comenzó recordando a los compañeros que nos han abandonado en este periodo, recordó que en estos últimos años se ha jubilado la primera generación que no se licenció en la UAM, pero sí comenzó su carrera académica haciendo aquí la tesis doctoral. “Su contribución –afirmó– fue fundamental para establecer las condiciones iniciales que permitieron que una universidad creada de la nada llegara en poco tiempo a ser el referente de investigación para el país y que descollara notablemente entre las demás españolas en los rankings internacionales”. El profesor emérito evocó a Nicolás Cabrera y Severo Ochoa, cuyas ideas, basadas en su experiencia en universidades públicas norteamericanas, fueron la semilla. Y alabó el desempeño de la Facultad de Ciencias. “La mayoría de sus disciplinas ocupan puestos de privilegio en esos rankings. Se han creado en torno a ella institutos de investigación que han ayudado a capear los efectos de la crisis económica, gracias a su capacidad para captar fondos en convocatorias competitivas”. Y esto –aseguró–, “junto con la satisfacción de haber contribuido a formar a generaciones de estudiantes, es un motivo más para despedirnos con la sensación del deber cumplido”.

Por su parte, el decano José María Carrascosa aprovecho su intervención para hablar de la importancia de la ciencia. “La ciencia es una herramienta para obtener conocimiento que puede ser utilizado para muchas cosas, entre otras, para gestionar adecuadamente nuestras sociedades Y su importancia se ha puesto de manifiesto en estos tiempos convulsos, ayudando a identificar en un tiempo relativamente corto la causa de la enfermedad que nos abruma, la composición exacta del virus, sus estrategias de transmisión y a diseñar diferentes aproximaciones terapéuticas, desarrollo de vacunas, etc.”. Y reivindicó la necesidad de reconstruir “ese tejido científico tan dañado del que se ha expulsado a una buena parte de los investigadores”.

La clausuró el acto corrió a cargo de Rafael Garesse. El rector incidió en cómo la pandemia ha golpeado a la universidad, al tiempo que “nos ha enseñado muchas cosas como institución: que somos más fuertes de los que nos creíamos y que para conseguir grandes objetivos tenemos que trabajar juntos”. Según apuntó, aunque hay problemas que resolver, también hay mucho talento en nuestro campus y nuestras aulas. “La buena noticia es que en los programas de captación de talento hemos ido aumentando nuestra apuesta: hay 121 ayudantes doctores de los programas Ramón y Cajal, Beatriz Galindo, Juan de la Cierva incorporación y Tomás y Valiente”. 

Al finalizar el acto, los participantes tuvieron ocasión de acercarse hasta la sala del Salón de Actos del Edificio de Biología, donde se exhiben los libros publicados por los profesores de la Facultad durante el pasado curso académico.