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El Yacimiento

El yacimiento del Cerro de la Merced y la Cultura Ibérica

El Cerro de la Merced se encuentra en el término municipal de Cabra, a unos cinco km. al este de su casco antiguo. Se alza justo al sur de la actual carretera A-339, Cabra-Alcalá la Real. Es un cerro de forma cónica poco elevado aunque de acusada pendiente, con una cota de 680,5 metros sobre el nivel del mar, aunque apenas se eleva unas decenas de metros sobre el terreno circundante. Preferimos esta denominación a otras tradicionales como la de ‘Jarcas’ (empleada por J. Bernier, pero que lleva  a confusión con el cerro mucho más elevado y abrupto inmediatamente al sur), o a las más descriptivas pero menos usuales ‘Cerro Tinajas’, o ‘Cerro Redondo’.

 El yacimiento es conocido de antiguo. Con independencia de los comentarios que en un manuscrito inédito realizara D. Manuel de la Corte y Ruano  en 1836, fue J. Bernier y su equipo, quien lo incluyó en el elenco de los ‘recintos fortificados ibéricos’ andaluces, definidos en los desde 1970 y por él catalogados de manera sistemática.  Un primer croquis entonces publicado mostraba ya los restos de excavaciones masivas ilegales en la cima, que han destruido parte de la zona central del yacimiento, una pérdida patrimonial irrecuperable.   

Desde los años setenta del s. XX se ha considerado que el Cerro de la Merced es uno de los mejores ejemplos de los recintos fortificados de época ibérica (a grandes rasgos, siglos VI-I a.C.) que jalonan la Campiña cordobesa y las estribaciones septentrionales de la Subbética.

Estos recintos forman parte de un conjunto mayor pero diverso en el centro de Andalucía y son parte nuclear de un debate intenso sobre su fecha y sobre su adscripción cultural (¿ibérica, púnica, romana?). Desde hace décadas se han puesto en relación estos recintos fortificados con las llamadas 'torres de Aníbal' mencionadas por algunas fuentes clásicas y que si así fuera las relacionarían con la presencia cartaginesa en Andalucía en el siglo III a.C.

También hay un intenso debate científico sobre su posible función: ¿sedes locales de los aristócratas locales? ¿control del territorio agrícola o de la minería por las ciudades u oppida ibéricas?,  ¿vigilancia de rutas de comunicación y de transporte de mercancías estratégicas? ¿granjas fortificadas de época ya romana (siglos II-I a.,C., como centros de explotaciones agropecuarias?. La polémica sigue abierta, y el Cerro de la Merced está ya aportando nuevos datos al debate. 

Nuestro trabajo actual en la Merced tiene, entre varios objetivos, el de contribuir a este debate en el que la ausencia de excavaciones amplias ha lastrado el progreso.   

Los resultados que hemos obtenido demuestran que el recinto es en realidad un complejo aristocrático de tipo palacial, con diez habitaciones en planta baja sobre 400 m2  en un recinto cuadrado con una sola entrada, y un segundo piso; terraza monumental hacia el sur y escalinata de losas de piedra.

Primeros resultados de las excavaciones: la historia del yacimiento.

Los trabajos realizados hasta ahora permiten proponer una primera secuencia arqueológica del yacimiento, todavía provisional.

  1. Edad del Bronce. En la Edad del Bronce, entre el III y II milenio a.C. habría un primer asentamiento, localizado por escasos restos cerámicos y metálicos. El conjunto, que ocupaba la cima del cerro, fue destruido en su casi totalidad por la construcción de los grandes muros de época Ibérica.
  2. Fase Ibérica I. Se documenta  un posible monumento conmemorativo de los ss. V-III a.C. Destruido y desmontado por obras posteriores.

         Sobre todo en la campaña de 2013 se han documentado restos, destruidos y reutilizados en la gran muralla visible muralla del s. II a.C., de lo que pudo ser un monumento muy anterior con elementos arquitectónicos y escultóricos, ubicado en la cima del cerro. Estos elementos han sido parcialmente expuestos en la remodelación del Museo Arqueológico de Cabra, y están en estudio. Estos restos incluyen un sillar de gran tamaño tallado con cornisa de gola, con paralelos en monumentos –normalmente funerarios- ibéricos de los ss. V-IV a.C. (e.g. Ilici-Elche). La piedra es local, y nada indica que el bloque fuera subido al cerro desde otro lugar. Igualmente, trozos –lascas quizá extraídas para alisar viejos bloques y reutilizarlos- de frisos de ovas con paralelos en el periodo Ibérico Pleno (ss. V-IV a.C.)

La existencia de un monumento de este tipo, en un contexto escenográfico, es compatible con lo dicho antes sobre ala la visibilidad de la cima del cerro desde el valle. Podría tener paralelos conceptuales en Andalucía (e.g. monumento de El Pajarillo, en Huelma, Jaén), y en las cercanías de Cabra hay ejemplos de monumentos con este tipo de cornisa de gola reutilizados en murallas, en este caso de época romana, como en el Minguillar (Baena, Córdoba). No podemos sino atisbar todavía el carácter preciso –conmemorativo probablemente, mejor que funerario de este monumento.  

Por supuesto, el monumento, de existir, habría sido destruido y sería por completo invisible en el momento de construcción del recinto fortificado doble de época ibérica (un gran cuadrado de 19 m de lado dentro de otro aún mayor)

  1. Fase Ibérica IIa. Se trata del gran recinto interior o principal, cuadrado, con aparejo ciclópeo y de sillarejo. Datable probablemente a fines del s. II a.C.-primer tercio del s. I a.C.

Consta de un recinto masivo cuadrado de unos 19 metros de lado, bien orientado al norte, con su puerta probablemente al este –y bien orientada al sol naciente-  Sus muros tienen entre 300 y 420 cm. De grosor, siendo pues verdaderas murallas. Todo indica la existencia interior, muy dañada por excavaciones clandestinos, de estancias rectangulares paralelas entre sí, de unos 260 cm. de anchura. Este recinto es demasiado masivo y monumental para ser descrito como una granja o asentamiento rural. Parece más bien la residencia fortificada de un aristócrata de rango medio, quizá con control de una zona de campo alrededor del yacimiento

Quizá se buscó  con la construcción de este macizo edifico enlazar simbólica y visualmente el presente de un poder local (que bebía de la tradición de sus ancestros pero que estaba en último extremo sujeto en último extremo al poder aplastante de Roma que ya dominaba la Bética en el s. II a.C.), con una antigua tradición ibérica, con un pasado más o menos remoto y más independiente.

En conjunto, lo hasta ahora descubierto nos lleva a pensar que el recinto fortificado del Cerro de la Merced fue en Baja Epoca Ibérica (o época romana republicana, todo depende del punto de vista) un centro de poder local, probablemente bajo el control de un jefe ibérico (aliado o dependiente del poder romano, no podemos saberlo), cuya cultura material era casi exclusivamente ibérica. La ubicación de este recinto fue cuidadosamente elegida por su impacto visual desde su pie, y sobre una vía natural de importancia comarcal. Fue diseñado con un carácter exageradamente masivo, monumental y ciclópeo, para ser visto, como en una escenografía, desde la llanura y por los viajeros de la ruta, pero además ejerció un papel económico y residencial.

  1. Fase Ibérica IIb. Muy próxima en el tiempo a la anterior,  se trata de la construcción del recinto exterior, menos masivo, de forma cuadrangular y aproximadamente 35-40 m. de lado. Entre ambas murallas queda un espacio de unos diez metros de lado que, en su lado sur, da a una segunda muralla de aterrazamiento del mismo aparejo, que configura, junto con una escalinata de lajas de piedra, un complejo monumental muy representativo. 
  2. Fase Ibérica III. Destrucción intencionada y sistemática del doble recinto, con demolición cuidadosa y completa del recinto. En torno al segundo tercio del s. I a.C. (provisional). Se derribó el alzado de sillarejo, y las esquinas del zócalo ciclópeo fueron desmontadas hasta la hilada de base, en un trabajo verdaderamente hercúleo destinado a asegurar que el recinto no pudiera ser reconstruido con facilidad, ya que probablemente los grandes bloques de las esquinas fueron desmontados con palancas y luego empujados ladera abajo. En la base noreste del cerro se ha encontrado algún bloque enorme que pudiera proceder de estas esquinas. El resultado es que ahora todo el recinto central presenta un aspecto curiosamente desmochado en las cuatro esquinas. Esta demolición sistemática la atribuimos provisionalmente al poder romano. 
  3. Fase Ibérica IV. Se trata de la ‘okupación’ menor de las ruinas, a provechando algunos de los muros para levantar estructuras endebles que reaprovecharon elementos constructivos del recinto derribado (fundamentalmente sillarejos). La ocupación parece haber sido muy breve, sin llegar al cambio de Era.
  4. Fase medieval emiral: Desconocida también antes, se trata de restos de pobres elementos constructivos, fundamentalmente teja curva, y materiales de ss. IX-X d.C. (incluyendo fragmentos de candil y algo de cerámica vidriada de época emiral), en la cima del cerro, sobre las ruinas del gran recinto ibérico.
  5. Fase moderna (de fecha todavía indeterminada). Demolición intencionada de la zona central del zócalo de la muralla occidental.
  6. Fase contemporánea I: Excavación clandestina de gran volumen en el interior del recinto principal, con túneles de cierto volumen en su parte norte. Fecha todavía indeterminada antes de 1950.
  7. Fase contemporánea II: Excavación clandestina en el centro de la cima. Probablemente entre 1950 y años sesenta del s. XX.

Sin duda la parte más sustancial de los restos es la que comprende la ocupación ibérica desde el s. II al I a.C.  Como habíamos apuntado, el Cerro de la Merced se ha considerado parte del fenómeno de las mal llamadas ‘torres de Aníbal’, ‘casas fuertes romano-republicanas’ o, mejor, ‘recintos fortificados’ de época ibérica tardía. El principal rasgo de este problema es la ausencia de excavaciones de los mismos, que ha permitido proponer y sostener las más variadas interpretaciones funcionales y cronológicas para estos recintos, teorías imposibles de probar y falsar por falta de datos. Los que proporciona el Cerro de la Merced, por tanto, son resultados de enorme importancia para un problema histórico y arqueológico de alcance que afecta a toda Andalucía, e incluso a regiones aledañas como Extremadura y el Sur de Portugal.

Entre 2012 y 2014 se han documentado en abundancia elementos como molinos rotatorios, pesas de telar, fusayolas… que demuestran una actividad económica en el yacimiento no sólo de molienda, sino también de hilado y tejido, lo que desmiente el carácter de guarnición exclusivamente militar que a menudo se ha atribuido a estos yacimientos de los ss. II a.C- I d.C. Al contrario, implican una actividad doméstica, con presencia de mujeres, que nos aleja de una explicación en clave exclusivamente militar.

El contexto cronológico de los restos principales (el doble recinto fortificado amurallado de época ibérica tardía, ss. II-I a.C.) es, culturalmente, ambiguo. Desde una perspectiva indígena, es un yacimiento de Baja época Ibérica. Desde una perspectiva romana, centrada en el valle del Guadalquivir, hacía un siglo que la zona estaba bajo dominio romano, y el contexto podrías er clasificado como ‘romano republicano’. Es, pues, una cuestión de perspectiva.

Sin embargo, entre el amplio conjunto de material ibérico local documentado, no se conoce un solo fragmento de cerámica romana como terra sigillata, cerámica itálica de cocina, ánforas romanas por ejemplo de tipo Dressel I, ‘paredes finas’, etc. Y los fragmentos de cerámica de barniz negro (casi todos de tipo A) se cuentan con los dedos de la mano y son plenamente compatibles con un poblado indígena. Por tanto, y por ahora, el yacimiento debe considerarse como ‘ibérico’ desde la perspectiva de sus técnicas constructivas y de los materiales (cerámicos, líticos, metálicos) hallados hasta ahora.

Agradecimientos

Queremos agradecer particularmente su apoyo y colaboración a la totalidad de la población egabrense, que muestra un interés creciente en los trabajos  realizados en el cerro. Son demasiado numerosos para nombrarlos individualmente los peones contratados y los voluntarios egabrenses y andaluces que han trabajado con verdadera constancia y entusiasmo, mucho más allá de la mera obligación contractual.  Estamos orgullosos de su colaboración. La acogida y atención que nos ha dispensado el Ayuntamiento de Cabra, dirigido por su Alcade Fernando Priego y todos los concejales, sin distinción de color político, ha sido siempre excepcional.

Pero queremos citar especialmente a D. Javier Ariza Campos, Teniente de Alcalde y Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Cabra, verdadero impulsor del proyecto y solucionador de todos los problemas que surgen. A D. Alejandro Ibáñez Castro, arqueólogo inspector designado por la Junta de Andalucía para seguir los trabajos.  Fiel al espíritu de fiscalizar con rigor y ayudar en todo lo posible cuando se trabaja con ese mismo rigor, su labor es un modelo de controlar sin impedir, y colaborar en todo, incluyendo útiles sugerencias sobre vías de apoyo, con el equipo de trabajo. Igualmente a los miembros de la Delegación de la cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba. Finalmente, queremos agradecer su apoyo  a los miembros de la Unidad de Policía de la Comunidad Autónoma de Andalucía y de la guardia Civil (Seprona) que visitan con frecuencia el yacimiento, durante los trabajos y fuera del horario de campo, vigilando para que no se produzcan robos y saqueos y asegurando su conservación en beneficio de todos.

Imagenes

Vista escalera monumental y muro desde el suroeste.

Vista muro sur exterior y muro sur recinto principal vista desde el sur

 

Vista muro sur exterior y muro sur recinto principal vista desde el sur

Vista muro sur exterior y muro sur recinto principal vista desde el sur

 

Vista escaleras monumentales de acceso al conjunto desde el este

Vista escaleras monumentales de acceso al conjunto desde el este

 

Escalera monumental del acceso al conjunto desde el Sur.

Escalera monumental del acceso al conjunto desde el Sur.

 

Pesas de telar localizadas durante los trabajos de excavación en el interior del conjunto.

Pesas de telar localizadas durante los trabajos de excavación en el interior del conjunto.

 

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