Investigation
Excavar los orígenes de la adaptación humana en la Garganta de Oldupai
Un proyecto arqueológico internacional investiga en Tanzania cómo los primeros representantes del género Homo respondieron al entorno y clima cambiantes hace unos dos millones de años. Nuevas excavaciones en la Garganta de Oldupai (Tanzania) permitirán reconstruir un capítulo fundamental de nuestra historia evolutiva.
Equipo de excavación del Proyecto ‘Early Human Life at Oldupai Gorge, Tanzania’. Campaña 2026
Hace aproximadamente dos millones de años, el paisaje del este de África era inestable. Bosques y llanuras abiertas se alternaron con importantes periodos de aridez y volcanes activos que transformaron periódica y drásticamente este territorio y la disponibilidad de sus recursos. En ese escenario cambiante vivieron algunos de los primeros representantes de nuestro género. Comprender cómo consiguieron desarrollar la tecnología y cambiar las estrategias de subsistencia para adaptarse a él, es una de las grandes preguntas de la evolución humana.
Una nueva campaña de excavaciones en la Garganta de Oldupai, en el norte de Tanzania, trata de acercarse a esa respuesta. El proyecto dirigido por la profesora María Soto, de la Universidad Autónoma de Madrid y el Madrid Institute for Advanced Study (MIAS), junto a Julio Mercader, de la University of Calgary/ IPHES-CERCA y Abel Shikoni, de la University of Dodoma. En los trabajos participan, además, especialistas de diversas instituciones tanzanas (Dr. Aloyce Mwambwiga, Sr. Abdallah Mohammed), españolas (Dr. Juan I Morales, Dr. Diego Lombao), italianas (Dr. Raquel Hernando) y canadienses (Dr. Paul Durkin, Sr. Stephen Magohe, Ayoola Oladele, Fikeru Mekoneen), formando un equipo internacional que combina arqueología, paleoantropología, paleoecología, geología, bio- y geoquímica.
Un archivo excepcional de la evolución humana
Conocida tradicionalmente como Garganta de Olduvai, Oldupai —en lengua Maa— constituye un enclave fundamental para investigar nuestros orígenes. Sus depósitos sedimentarios conservan una secuencia de más de dos millones de años en la que se entrelazan restos de homininos, fauna, instrumentos líticos y diversos indicadores paleoecológicos.
La excepcional conservación de estos registros permite plantear preguntas que van mucho más allá de identificar qué especies habitaron la región. ¿Cómo obtenían los recursos bióticos necesarios para sobrevivir? ¿Qué territorios explotaban? ¿Cómo elaboraban sus herramientas? ¿Eran capaces de responder a los rápidos cambios climáticos? ¿Hasta qué punto la tecnología amplió sus posibilidades de adaptación?
Las nuevas excavaciones, enmarcadas en el proyecto ‘Early Human Life at Oldupai Gorge, Tanzania’, han abordado estas cuestiones abriendo nuevos yacimientos y analizando materiales arqueológicos recuperados en campañas anteriores, con el objetivo de reconstruir las relaciones entre comportamiento, tecnología y medio ambiente.
Ewass Oldupa: los primeros capítulos
Uno de los principales focos de la investigación se encuentra en Ewass Oldupa, en el sector occidental de la Garganta de Oldupai. Esta área conserva las ocupaciones humanas más antiguas, entre hace 2 y 1,8 millones de años, de este conjunto UNESCO.
Durante ese intervalo, el entorno pasó por situaciones muy diferentes: zonas boscosas, espacios abiertos, paisajes asociados a ambientes lacustres y episodios de mayor sequedad, todo ello acompañado por una intensa actividad volcánica. Lejos de depender de un único tipo de hábitat, las primeras especies humanas fueron capaces de sobrevivir y aprovechar una considerable diversidad ecológica.
Esta capacidad adaptativa, modificar comportamientos, desplazarse por el territorio, identificar recursos y desarrollar soluciones tecnológicas frente a drásticos cambios, es especialmente relevante para comprender la evolución del género Homo.
En el área de Ewass Oldupa, se ha ampliado la excavación del horizonte arqueológico de las primeras ocupaciones de Homo habilis, en el contexto del fósil conocido como OH 65, una parte del rostro y maxilar de esta especie localizada en las proximidades y datada en torno a 1,82 millones de años. Los trabajos buscan documentar con mayor precisión la elaboración de herramientas, el procesamiento de animales y las condiciones ambientales en las que tuvieron lugar esas primeras ocupaciones.
Superficie de excavación del yacimiento Edonyongiro en el área de Ewass Oldupa. Campaña 2026
El registro lítico proporciona además evidencias sobre la movilidad y territorialidad de esta especie. Investigaciones previas han demostrado que los grupos que ocuparon Ewass Oldupa utilizaron materias primas procedentes de fuentes situadas hasta doce kilómetros del yacimiento. Un dato que abre numerosas preguntas sobre cómo conocían y recorrían el territorio, cómo planificaban la obtención de los recursos y qué importancia tenía esa movilidad para su supervivencia.
Dos lados de la garganta, una misma especie
La campaña no se ha limitado al sector occidental, y más desconocido de la garganta. En la parte oriental de Oldupai, el equipo trabaja también en Emugur Eshumata, otro yacimiento perteneciente a Bed I, la misma unidad geológica que contiene las primeras ocupaciones de Ewass Oldupa.
En Emugur Eshumata también se han identificado restos relacionados con Homo habilis. Poder estudiar y comparar las ocupaciones de esta especie en diferentes sectores de la garganta ofrece una oportunidad excepcional. El proyecto podrá analizar en los próximos años si esta especie desarrolló diferentes respuestas ante las condiciones de las distintas áreas de la Garganta.
Una comparación que permitirá pasar del estudio de un yacimiento específico a una escala territorial, en la que comprender cómo los primeros humanos se desplazaron, desarrollaron tecnología y estrategias de subsistencia y utilizaron de manera selectiva los recursos en un espacio heterogéneo con continuos y drásticos cambios.
Piedras que también cuentan historias
Un tercer frente del proyecto se ha centrado este año en los materiales líticos recuperados en Emurutoto, un yacimiento correspondiente a la Bed IV, datado en torno a 0,8 Ma, y excavado en campañas anteriores.
A diferencia de un fósil humano, un instrumento lítico no permite, normalmente, identificar directamente a un individuo. Sin embargo, el análisis tecnológico de estas piezas permite reconstruir gestos y estrategias de hace millones de años. Integrado con la información de Ewass Oldupa y Emugur Eshumata, el estudio del conjunto lítico de Emurutoto ampliará la perspectiva temporal del proyecto y ayudará a analizar cambios en la movilidad, la explotación de los recursos y las adaptaciones tecnológicas desarrolladas por los primeros representantes de nuestro género, Homo habilis y H. ergaster.
Reconstruir un paisaje desaparecido
Durante esta campaña se han obtenido nuevas muestras de sedimentos, fitolitos, polen, microcarbones y otros indicadores paleoambientales. Los fitolitos son microscópicas estructuras minerales formadas en los tejidos de las plantas que pueden conservarse después de su desaparición. El polen permite identificar diferentes tipos de vegetación, mientras que los microcarbones ayudan a detectar episodios de fuego. Combinados con la geología, la fauna y otras evidencias, estos indicadores permiten reconstruir los ecosistemas con un alto nivel de resolución.
Esta aproximación multidisciplinar es especialmente importante en Oldupai. Investigaciones anteriores de este equipo han mostrado que los primeros homininos de la región fueron capaces de utilizar el mismo territorio bajo condiciones ecológicas muy distintas. La continuidad ocupacional frente a esa inestabilidad sugiere que la flexibilidad —ecológica, conductual y tecnológica— desempeñó un papel importante desde etapas muy tempranas de nuestra evolución.
Ciencia internacional y formación sobre el terreno
La dimensión del proyecto se refleja también en la composición del equipo. Además de la Universidad Autónoma de Madrid, participan la University of Calgary, la University of Dodoma, The State University of Zanzibar, el IPHES-CERCA, la Sapienza Università di Roma, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), la Universidade de Santiago de Compostela, el CISPAC y el Museo Nacional de Historia Natural de Tanzania, junto con otras colaboraciones internacionales. La investigación cuenta con financiación de una INSIGHT Grant (Social Sciences and Humanities Research Council, Canada) y de la Fundación Palarq (Ewass Oldupa: en el origen de la tecnología y la adaptación).
El proyecto incorpora también un importante componente de formación y colaboración local. Estudiantes de la University of Dodoma, institución con la que recientemente la UAM ha firmado un MOU, participan de manera práctica en las excavaciones y en el análisis de materiales, junto a personal de diferentes instituciones patrimoniales tanzanas y miembros de la comunidad Maasai que trabajan en las diferentes intervenciones y en la gestión de las colecciones.
Esta cooperación es crucial en un territorio cuyo patrimonio arqueológico tiene una dimensión científica mundial y a la vez se encuentra profundamente ligado a las comunidades locales. La investigación sobre los orígenes humanos se convierte así en eje vertebrador y espacio de intercambio de conocimientos, formación de nuevas generaciones de especialistas y construcción de proyectos científicos internacionales compartidos.
Estudiar dos millones de años atrás para comprendernos
El proyecto y estas nuevas excavaciones en la Garganta de Oldupai permitirán acercarnos a una característica esencial en la historia humana: nuestra extraordinaria capacidad para responder a entornos diversos y variables.
Desde Ewass Oldupa hasta Emugur Eshumata y Emurutoto, buscamos comprender cómo distintas poblaciones interactuaron con un territorio sometido a transformaciones constantes y qué papel desempeñaron la tecnología y los recursos bióticos en esas respuestas.
Dos millones de años después, la Garganta de Oldupai permite preguntarnos cuándo y cómo comenzó a desarrollarse una de las capacidades que mejor nos caracteriza: la adaptarnos a un mundo siempre cambiante.
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María Soto es profesora en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Doctora en Cuaternario y Prehistoria, su investigación se centra en la tecnología y evolución humana, a partir del análisis de las materias primas líticas y las estrategias de movilidad y adaptación durante el Pleistoceno. Desarrolla su trabajo en distintos contextos arqueológicos claves como Oldupai Gorge, Marruecos Oriental, Atapuerca y Cataluña.
Más información: UAM Gazette

