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Nuevos datos satelitales permiten estimar con precisión el impacto climático del turismo en la Antártida
Un estudio internacional, con participación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), ha estimado que el turismo antártico generó más de 674.000 toneladas de CO₂ equivalente en la campaña 2022–2023, sumando las emisiones de los cruceros y los vuelos internacionales de los turistas antárticos para estimar su huella de carbono.Los datos sitúan al continente blanco entre los destinos turísticos más intensivos en carbono del planeta: cada visitante emite de media más de seis toneladas de CO₂ por viaje, una cifra comparable a las emisiones anuales de un ciudadano europeo.
Turistas realizando un desembarco en la Antártida para visitar una colonia de pingüinos. Fuente: Daniela Cajiao
El turismo en la Antártida generó más de 674.000 toneladas de CO₂ equivalente en la temporada 2022–2023. Así lo revela un estudio internacional liderado por la Universidad de Wageningen (Países Bajos), con participación destacada de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que actualiza con mayor precisión la huella climática de los viajes al continente blanco.
La investigación, publicada en Journal of Sustainable Tourism, combina por primera vez datos de seguimiento satelital de las rutas de los cruceros con las especificaciones técnicas de los motores de 58 buques y estimaciones detalladas de las emisiones derivadas de los vuelos internacionales de los turistas. Esta integración de fuentes permite calcular con mayor exactitud el impacto climático total de una campaña turística completa.
En concreto, los desplazamientos en crucero generaron 437.280 toneladas de CO₂ equivalente (CO₂ eq), mientras que el transporte aéreo aportó otras 237.416 toneladas. En conjunto, más de 674.000 toneladas en un solo año.
Según los autores, estas cifras consolidan a la Antártida como uno de los destinos turísticos más intensivos en la generación de emisiones de carbono del planeta. Cada visitante emite de media más de seis toneladas de CO₂ eq por viaje, una cantidad comparable a las emisiones anuales de un ciudadano europeo.
Turismo multiplicado por veinte en tres décadas
El trabajo —en el que participan Javier Benayas y Pablo Tejedo, investigadores del Departamento de Ecología de la UAM— da continuidad a una línea de investigación iniciada hace más de una década, cuando se realizaron los primeros cálculos rigurosos sobre el impacto climático del turismo en la Antártida.
Aquel estudio de 2011 ya señalaba que la mayor parte de las emisiones procedía de los desplazamientos aéreos y marítimos. La nueva investigación actualiza y refuerza esa evidencia mediante el uso de tecnologías de seguimiento satelital y bases de datos técnicas que permiten estimaciones mucho más ajustadas y precisas.
Además de cuantificar la huella de carbono, el estudio sitúa las cifras en una tendencia de largo recorrido: el número de visitantes al continente blanco se ha multiplicado casi por veinte en las últimas tres décadas. Para los autores, este crecimiento acelerado plantea un desafío urgente para su gobernanza.
“La ampliación de rutas, la aparición de nuevas modalidades de transporte y la diversificación de actividades turísticas dificultan la eficacia del actual sistema de autorregulación”, advierten. Este sistema está gestionado en gran medida por la industria a través de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos.
Urgen medidas inmediatas
Los investigadores subrayan que contar con datos precisos es un paso imprescindible para que las Partes Consultivas del Tratado Antártico refuercen el actual marco regulador. Entre las opciones planteadas figuran instrumentos económicos vinculados a las emisiones reales —como tasas ambientales— destinadas a financiar acciones de compensación, mitigación y monitoreo.
El turismo antártico, a menudo presentado desde la propia industria turística como una experiencia transformadora y de alto valor ambiental, enfrenta ahora un debate crucial: cómo garantizar que su expansión no comprometa la conservación de uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
Según el estudio, la viabilidad del sector dependerá de su capacidad para reducir de forma efectiva su huella de carbono e integrarse en una estrategia climática coherente con la protección a largo plazo del continente. Aunque las tecnologías de cero emisiones avanzan, su adopción generalizada en la flota que opera en la región podría tardar décadas.
Por ello, los autores reclaman medidas inmediatas que contengan el impacto climático y eviten un crecimiento descontrolado en los próximos años.
Con esta investigación, la UAM refuerza su contribución al análisis científico de la sostenibilidad turística y aporta evidencia clave para orientar la toma de decisiones en un momento crítico para el futuro del continente blanco.
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Referencia bibliográfica:
Cajiao, D., Tejedo, P., Aase, J., Benayas, J., Vereda, M., Obermann, A., Lamers, M. & Amelung, B. (2025). The carbon footprint of Antarctic tourism: an update of carbon emissions based on satellite Automatic Identification System (AIS) data. Journal of Sustainable Tourism. https://doi.org/10.1080/09669582.2025.2542823
Más información: UAM Gazette
