Investigación
Cartografían los refugios estivales del cernícalo primilla y constatan su escasa protección
Un estudio liderado por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en colaboración con GREFA, identifica la red de áreas que utiliza el cernícalo primilla en la península ibérica después de la reproducción. El trabajo, publicado en acceso abierto en Ibis , muestra que más de la mitad de los enclaves identificados carece de protección o apenas coincide con la Red Natura 2000, y que el 27,6 % de las rutas analizadas atraviesa zonas de riesgo asociadas al desarrollo eólico.
Red de corredores post-reproductores del cernícalo primilla (Falco naumanni) en la península ibérica, identificada mediante seguimiento GPS. / Mapa: Hernández-Cabello et al. (2026); fotografía: Daniel Martínez Fernández.
Más de la mitad de las áreas utilizadas por el cernícalo primilla (Falco naumanni) después de la reproducción carece de protección ambiental o apenas coincide con espacios de la Red Natura 2000. Así lo muestra un estudio basado en el seguimiento por GPS de 54 ejemplares adultos, que también revela que estas aves se desplazan una media de casi 200 kilómetros desde sus colonias antes de emprender la migración hacia África.
Los resultados indican que los cernícalos no se dispersan de forma aleatoria, sino que siguen rutas bien definidas y permanecen durante varias semanas en enclaves concretos. Estas zonas les permiten recuperar energía, mudar el plumaje y acumular reservas antes de atravesar el desierto del Sáhara. Sin embargo, las estrategias de conservación se han centrado tradicionalmente en las colonias de cría y han prestado menos atención a esta fase del ciclo anual.
El periodo postreproductor, que se extiende entre julio y septiembre, coincide además con unas condiciones especialmente adversas en los agroecosistemas mediterráneos. Las altas temperaturas, la sequía y la disminución de las presas tras la cosecha del cereal hacen que las áreas de nidificación resulten menos favorables. Por este motivo, muchos ejemplares las abandonan una vez concluida la reproducción y se desplazan hacia otras regiones de la península ibérica.
La investigación ha sido realizada por un equipo del Grupo de Ecología Terrestre (TEG-UAM), adscrito al Departamento de Ecología y al Centro de Investigación en Biodiversidad y Cambio Global (CIBC-UAM), en colaboración con el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA).
El trabajo contó con datos proporcionados por GREFA, SEO/BirdLife y el proyecto LIFE ZEPAURBAN, de la Junta de Extremadura. También recibió financiación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y el apoyo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), SEITT, la Comunidad de Madrid y las juntas de Castilla-La Mancha y Castilla y León.
Una red de conectividad a escala peninsular
El estudio muestra que, después de la cría, los cernícalos se alejan una media de casi 200 kilómetros de sus colonias de origen en la península ibérica. Sus desplazamientos, lejos de ser aleatorios, siguen rutas claramente direccionales que forman una red articulada en torno a dos grandes corredores.
El corredor noreste conecta la Meseta Sur con el valle del Ebro y los Pirineos, mientras que el corredor oeste enlaza la región luso-extremeña y el valle del Guadalquivir con la cuenca del Duero y la cordillera Cantábrica.
Una vez en su destino, las aves permanecen en estos enclaves durante casi un mes de media. Además, tienden a regresar a las mismas zonas en años sucesivos, según señalan los autores.
En busca del equilibrio energético
Mediante modelos ecológicos, el equipo identificó qué características del paisaje condicionan la selección de estas zonas. Los cernícalos eligen principalmente agroecosistemas abiertos de secano, dominados por rastrojos de cereal tras la cosecha, y evitan los cultivos intensivos de regadío.
Además de la cubierta vegetal, esta selección parece responder a la búsqueda de condiciones que reduzcan el gasto energético y favorezcan la regulación térmica. “Las aves buscan vientos de intensidad moderada (de 4 a 6 m/s) que les permiten cernirse para cazar con un gasto calórico mínimo, así como enclaves con estabilidad térmica estacional para sobrellevar el rigor del verano”, explican los científicos.
Una minoría de los individuos adopta otra estrategia y se desplaza hacia pastizales de montaña. Los investigadores consideran que estas áreas podrían funcionar como refugios climáticos y ofrecer recursos alimentarios durante esta fase.
Un vacío en la protección de una especie amenazada
Los resultados también ponen de manifiesto una importante carencia de protección legal. De las 149 áreas funcionales identificadas, más de la mitad —el 52,7 %— no cuenta con ninguna figura de protección ambiental o presenta un solapamiento mínimo con la Red Natura 2000. Además, el 27,6 % de las rutas monitorizadas coincide con zonas de riesgo asociadas al desarrollo de la energía eólica.
“Proteger a las especies solo en sus colonias de cría es una estrategia ineficaz, ya que se debe considerar su ciclo anual completo”, concluyen los autores. “Es urgente implementar medidas de conservación más integrales y transfronterizas a escalas más amplias que protejan estos refugios estivales de amenazas antrópicas antes del viaje migratorio a África”.
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Referencia bibliográfica:
Hernández-Cabello, J., Rodríguez-Moreno, B., Morales, M. B., Garcés-Toledano, F., Martínez-Dalmau, J., & Olea, P. P. (2026). Beyond the breeding grounds: identifying post-breeding staging areas, corridors and ecological niche of the Lesser Kestrel. Ibis. doi: 10.1111/ibi.70082
Más información: UAM Gazette
